La necesaria creación del partido político de los jubilados

18 septiembre, 2008

Cuanto más se avance en esperanza de vida, mayor será el grado de envejecimiento de la población. Así, el grupo de personas, de edades comprendidas entre 65-74 años, se habrá multiplicado, aproximadamente, por 1,5, en tan sólo dos décadas. El grupo de los de edades comprendidas entre 75-89 años se habrá multiplicado, a su vez, por 2; pero el grupo de más de 90 años se habrá multiplicado por 4, en el mismo periodo. En consecuencia, se espera un gran aumento de las necesidades médico-sanitario-sociales, en razón del gran aumento de los grupos de edad más proclives a necesitar este tipo de cuidados.

En los países industrializados, las personas de más de 65 años producen un gasto médico-sanitario-social, 4,6 veces superior al producido por las personas de menos de 65 años. Cara al futuro, dada la falta de solidaridad de nuestra sociedad actual, la grave situación económica en la que nos encontramos y el manejo interesado que los rentistas del sistema están haciendo de la política, el problema de cómo financiar las jubilaciones depende cada vez más, de la capacidad de movilización y de incidencia, en la sociedad, que tengan las personas de mayor edad.

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Un pasado que ya no explicará más el futuro

22 agosto, 2008

A pesar de todas las previsiones realizadas, el futuro de las personas mayores y ancianas de mañana será muy diferente a lo que ahora quizá pudiéramos imaginar. Para poder entender el alcance de los cambios, sería necesario tener la mente abierta a las mutaciones que se presienten y trabajar, muchas veces, con las ideas contraintuitivas más provocativas porque, en el cambio de era en el que nos encontramos, el pasado ha dejado ya de explicar el futuro.

En efecto, cuando se fagocitan las mutaciones, las sociedades emergen completamente renovadas. Por eso es que estamos viviendo, a pesar de nuestros justificados temores —en esos instantes cruciales de la historia de la humanidad, donde el futuro cada vez está más cargado de incertidumbres— unos momentos decisivos y, a la vez apasionantes. El futuro de nuestras sociedades, una vez hayamos balizado el abanico de los escenarios posibles y realizables, habría que reinventarlo y forjarlo en función de nuestros deseos, nuestra voluntad y nuestra libertad para que ese futuro por el que apostamos pudiera ser la razón de nuestras actuaciones en el presente.

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Envejecer sí, pero… ¿Cómo envejecer?

15 agosto, 2008

En lo que se refiere al envejecimiento de la población y continuando con mis reflexiones sobre este tema que tanto me preocupa —independientemente de que pronto empezaré a formar parte de este colectivo— os diré que también soy de los que consideran cierto que un aumento del número de las personas enfermas de edad puede contribuir a un aumento de los costes de salud. Esto no es nada nuevo y hay muchos expertos que lo comentan.

Sin embargo, apenas se dice nada acerca de que, a pesar del aumento del número total de personas mayores de edad de la tercera edad y cuarta edad —entre 65 y 74 años y más de 75 años, respectivamente— que conlleva el envejecimiento de la población, no deberían generar unos costes médico-sanitarios suplementarios que pudieran llegar a ser considerables, siempre que estas personas se mantengan en buena salud.

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Las paradojas del envejecimiento

8 agosto, 2008

El envejecimiento de la población es un hecho incontestable en nuestras sociedades. La observación estadística, que predice que el número de personas mayores de 65 años no cesará de crecer en los próximos años, se acompaña, obligatoriamente, de la necesidad que tienen las sociedades actuales de estudiar las consecuencias del envejecimiento de la población sobre las mismas para poder hacer frente, de manera anticipativa, a los grandes cambios y mutaciones que ello entraña. Ésa es la única manera de evitar que los pequeños problemas de hoy se conviertan en verdaderos traumas sociales, más tarde.

Por otra parte, y aunque, después de numerosos años, las estadísticas efectuadas siguen estableciendo las mismas categorías, para las personas mayores de edad, ello puede conducirnos a errores de interpretación muy fácilmente. Hemos de tener también en cuenta el hecho de que los datos de este colectivo, hoy en día —sobre todo en lo referente a la esperanza de vida y a los niveles de formación— no tienen nada que ver con los datos que ofrecian las personas mayores de hace tan sólo veinte años. Su estado de salud, sus niveles de formación, su voluntad de participar en la vida social, cultural, política y familiar han variado tanto que ello nos obliga a reconsiderar si la edad de 65 años es el límite inferior de lo que se conoce como la tercera edad.

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La soledad solidaria

11 julio, 2008

Damos muy fácilmente por hecho que nuestros hijos, cuando son niños y hasta cuando son jóvenes adultos, acostumbran a vivir en el seno de las familias donde se les educa enseñándoles a compartir el cariño, el esfuerzo, la ayuda mutua y la solidaridad. Por otro lado, y de manera totalmente gratuita, pensamos que a ningún hijo le gustaría ver envejecer a sus padres pasando penurias físicas y económicas, sobre todo si se le ha educado en la generosidad y en la solidaridad y se da el caso que ambas virtudes las ha asumido como valores propios. ¿Es eso cierto o tan sólo es producto de nuestros deseos?. Ésta es una cuestión de las que más nos deberíamos preocupar cuando estamos educando a nuestros hijos. ¿El sistema de valores sobre el que basamos la educación de nuestros hijos plantea que la generosidad es una virtud primordial?. ¿Con el ejemplo que les damos como padres, pensamos que se están fortaleciendo los vínculos intergeneracionales?.

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