Una forma sencilla de explicar la nueva Revolución Industrial

25 febrero, 2021

Quizás una forma sencilla de empezar la explicación sea la de realizar un breve recorrido por la historia de la ciencia y la tecnología donde podemos concretar que se produjeron las siguientes revoluciones industriales:

La 1ª Revolución Industrial supuso la mecanización de procesos industriales , la utilización del vapor como fuente de energía a partir del carbón y el aprovechamiento de la energía hidráulica. Comenzó en Europa, a mediados del siglo XVIII, principalmente, en Francia, Suiza e Inglaterra y siguió durante el siglo XIX, como fue el caso del ferrocarril.

La 2ª Revolución Industrial significó la producción industrial en masa y la electricidad. Comenzó en los años 1820-1850 primero en los Estados Unidos y Alemania, pero fue particularmente importante entre 1870 y 1914, cuando las fuentes de energía primaria fueron el gas, el petróleo y la electricidad como fuente de energía secundaria. De igual modo, se conocieron nuevos materiales y nuevos medios de transporte como el avión y el automóvil y nuevos medios de comunicación con el teléfono y la radio. Todo ello afectó fuertemente a la organización del trabajo y al sistema educativo y científico, al tamaño y gestión de las empresas, al consumo y a la política.

La 3ª Revolución Industrial, también llamada RCT (Revolución Científico Tecnológica) se refiere al desarrollo de electrónica, la informática y la comunicación, (TIC) y la automatización. Apareció en la década de 1970, principalmente en Estados Unidos con la comercialización de microprocesadores y ordenadores de mesa y, rápidamente, se extendió al resto del mundo.

La 4ª Revolución Industrial parecía que se centraría en la digitalización de los procesos de trabajo, en la impresión 3D, y alcanzar la automatización masiva donde la robótica ocuparía un lugar distinguido. Es evidente que se ha desarrollado mucho más y que, tras la superación de la pandemia de la Covid-19, se acelerará esta revolución de modo que trastocará por completo los mundos del trabajo y de la educación e, incluso, hasta la propia democracia y las libertades.

Todo depende de quienes se hagan los dueños o controlen el uso y desarrollo de esas nuevas tecnologías. En el horizonte temporal, asoma una sociedad «neofeudal» conformada por una clase oligarca dominante que, a pesar de no llegar a ser el 8% de la población controla el 83% de la riqueza y de las tecnologías, y el resto formada por los nuevos siervos de la gleba que viven adocenados en marcos de democracia carente de contenido.

Si bien es cierto que nada está determinado y que depende de lo que ahora hagamos para alcanzar un futuro u otro, dada la alta tasa de corrupción política que permite gobernar a las empresas por encima de los intereses de los ciudadanos,  las tendencias basadas en una abusiva concentración del capital y la riqueza en unas pocas manos, me obligan a presagiar futuribles muy conflictivos que, con seguridad, darían paso a nuevas revoluciones.

De cualquier modo, es algo innegable que la década de los años 2020 va a ser del todo rompedora con el pasado y, si no nos preparamos a tiempo, será brutalmente disruptiva, deshumanizante y caótica. Por ahora, es evidente que no nos estamos preparando a tiempo. Los niveles de incoherencia entre la formación-educación que se imparte en los centros educativos y las competencias que demandan los nuevos puestos de trabajo, y los antiguos puestos de trabajo que requieren una urgente adaptación, han llegado a convertirse en unas incoherencias de escala que son ya astronómicas.

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El futuro de los puestos de trabajo y la necesidad de transformar las competencias profesionales

20 abril, 2018

Los cambios bruscos y disruptivos en los modelos empresariales tendrán un profundo impacto en lo que se refiere al empleo de los próximos años. Se espera que muchos de los principales factores de transformación que afectan actualmente a las empresas, a nivel mundial, tengan un impacto significativo en los actuales puestos de trabajo, afectando a su propia existencia, a su transformación y a las competencias requeridas para poder cubrirlos.

Esperar algo del sistema educativo a corto y medio plazo, con sus inercias, negocios y privilegios de los que disfrutan, es un desideratum. No nos olvidemos de que, hoy en día. el sector educativo se han convertido en un negocio en sí mismo, en un fraude, en una estafa que nos cuesta mucho pero que no da casi nada a cambio. El sistema educativo entretiene llenando de conocimientos inútiles, y a veces falsos o insanos, pero no capacita para el desempeño laboral.

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El peso de las inercias de los sistemas educativos es un lastre para construir el futuro

22 marzo, 2018

La lógica de la urgencia en la que se han instalado muchas actividades no permite, ni muchos menos, una investigación reflexiva que busque las soluciones a largo plazo. Ignora la gran utilidad de la la prospectiva por lo que las soluciones que aporta son improvisaciones y, como tales, muy parciales e incompletas. No nos olvidemos nunca de que nuestra civilización actual tiene enormes problemas que no pueden resolverse en el corto plazo pues requieren hacer frente a las grandes inercias e intereses creados que sobre los asientan los factores de cambio. El sistema educativo y el de la coherencia formación-empleo son un claro ejemplo de ello.

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Para lograr la coherencia entre la formación y el empleo necesitamos conciliar el corto plazo con el largo plazo: La formación de hoy con el empleo de mañana

15 febrero, 2018

Desde la Prospectiva se se achaca a nuestros tiempos que muchos de los males que padecemos se deben a las consecuencias derivadas del cortoplacismo en el que hemos instalado nuestra vida social, política y económica, desde hace tiempo. Sin embargo, no se trata, en absoluto, de un problema que afecte exclusivamente a un sólo país. También es un fenómeno que lo sufre el conjunto de los países del mundo.

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