LOS AMIGOS DE LA UTOPIA—2 Capítulo–III Sección

por Juanjo Gabiña

CAPITULO 2

El encuentro de Delhi

III

A finales de Julio, la temperatura exterior en Delhi podía llegar a ser excesiva y superar los 35º C, tal como efectivamente ocurría aquel día. Incluso durante la noche, el ambiente húmedo que se respiraba, asociado a las nubes que cubrían el cielo, no permitía que la temperatura descendiese. Sobre todo, cuando aquel día no se había producido la correspondiente tormenta de verano. Caminando sin rumbo por la ancha avenida Panchkun Marg, Garmendia desembocó en la circular plaza Connaught, situada en el centro de Nueva Delhi y rodeada de edificios de tiendas y galerías comerciales que estaban repletas de gente que salían con paquetes de compra, dándole un gran colorido especial a aquel lugar.

Allí emprendió al azar el recorrido de otra gran avenida, Kastubha Gandhi Marg, que le condujo hasta un monumento singular conocido popularmente como la “Puerta de la India” o “India Gate”, aunque oficialmente, según rezaba una inscripción, fuese el “All India War Memorial Arch”. Cansado de aquella caminata superior a los cinco kilómetros, el canadiense se sentó en un banco y se puso a contemplar con mayor detenimiento aquel arco, junto al que circulaban, ininterrumpidamente, una gran multitud de transeúntes, mezcla de turistas y de hindúes.

— Si las cosas continúan, como parece que están evolucionando, mucho me temo que este arco se quedará pequeño para el que tendrán que levantar, después de una III Guerra Mundial —comentó, en un tono alto y a su espalda, una voz que le resultaba muy familiar y que se expresaba en un idioma que Mikel Pierre conocía perfectamente.

— ¡Latsa-Gurtu! —exclamó Mikel Pierre, levantándose como un rayo del asiento. Se dio la vuelta y se tropezó con la imagen bonachona y regordeta de su amigo staezerino. Saltó con sus brazos en alto hacia su cuello y los dos se fundieron en un abrazo.

 El Director del Instituto de Investigaciones Robóticas de Amarate, la capital mundial del Planeta Staezer, cada vez se parecía más a Sócrates. De mediana estatura, el cuerpo fuerte y rechoncho, la cabeza medio calva y redonda, el rostro ancho y bonachón y la nariz chata serían las más ajustadas definiciones de la fisonomía de un Sócrates del siglo XXI que también portase, como su amigo, un cuidada barba blanca. Aquella figura era también la descripción viva de su amigo Latsa-Gurtu que pareciendo, al igual que Sócrates, un entero trabajador manual era, sin embargo, uno de los seres más inteligentes y más cultos de la Galaxia. Ambos practicaban el método socrático y lo que para uno era el famoso “gnothi seauton”, para el otro era el no menos famoso dicho en Staezer de “zutaz sakon”. Ambas expresiones venían a decir lo mismo: conócete a ti mismo.

— ¡Qué casualidad, menuda sorpresa!. No te esperaba hasta mañana. Te encuentro mucho mejor que cuando nos vimos la última vez. No se cómo puedes aguantar un calor como éste —empezó Mikel Pierre a conversar, escupiendo las frases como si fueran los disparos de una metralleta. Después, se acordó de que no le había hecho la pregunta más pertinente —¿Cómo has dado conmigo, en este lugar y en una ciudad tan grande y populosa como Delhi?. El viejo robotista, que había dirigido los trabajos de Mikel Pierre en Investigaciones Robóticas cuando vivía en Amarate, la capital del Planeta Staezer, no dejaba de reírse.

— ¡Bueno!, te contestaré a todas tus preguntas pero, de una en una, y siempre que no me interrumpas como acostumbras o que no me escuches cuando hablo, como me lo hacías, en Amarate, cuando discutíamos sobre algún problema que te apasionaba y que intuías que no estabas de acuerdo conmigo. Reconozco que en un 90% de las veces tenías razón pero había un 10% de las veces que te perdías la ocasión de aprender algo nuevo. ¿No?

Garmendia asintió con la cabeza y soltó una carcajada para exclamar:

— Fuiste consciente de ello y entonces no me dijiste nada Latsa-Gurtu. Tú sí que eres un sabio y eso indica que sabes contener tu impaciencia y disponer del tiempo en función de la oportunidad. Algo que creo que a mi me falta mucho todavía —respondió pensativo el canadiense.

— No tanto como crees Mikel Pierre. Sólo te falta un hervor que todavía no puedes, ni quieres experimentarlo —calló un rato y prosiguió poniendo otro tono más grave y solemne— pero ya te llegará cuando sea tu hora.

Mikel Pierre se encogió de hombros, al tiempo que extendía todos los dedos de sus manos. Intuía lo que su maestro staezerino quería decirle y sabía que era algo que tenía que ver con la evolución de la guerra y su inestabilidad en la relación sentimental que mantenía con Sharon. Así que se calló y le hizo la clásica pregunta formal sobre cuándo había llegado.

— He llegado antes de lo previsto porque, como ya te comentaré luego, con mayor detalle, el viaje espacial desde Staezer lo he hecho en una giga-nave de las que tú ya conoces. Gracias a su hipervelocidad a través del hiperespacio he podido llegar a vuestro sistema planetario, con un adelanto de una semana de tiempo terrícola. Durante estos días, he aprovechado estos días para intercambiar impresiones con varios oficiales del ejército staezerino que están destacados en Ganimedes. En segundo lugar, si he dado contigo es porque, en todo momento, un agente del SIEVISE te ha estado siguiendo, desde que llegaste al aeropuerto de Delhi, en vuelo desde Katmandú. 

— ¿Que me ha seguido quién? — Inquirió Garmendia con cierta curiosidad pues llevaba encendido todo el rato el sensor anti-vigilancia y éste no había detectado anda.

— No te preocupes por nada. Tu modelo es viejo y requiere un cambio de dispositivo que te entregaremos más tarde. Todo lo hemos hecho para garantizar tu propia seguridad. Cuando he llegado a la India, me he puesto en contacto con ellos y hace poco me han dicho que paseabas por este lugar de Delhi, caminando hacia India Gate. El resto ha sido más fácil. Con tu enorme cabezota te reconocería hasta en el interior de un gran estadio donde se jugase un importante partido de fútbol —concluyó su exposición Latsa-Gurtu, al tiempo que le pegaba a su amigo terrícola un manotazo en la espalda en señal de cariño. 

Mikel Pierre se río con él, pero sin dejar de observar quién sería su ángel guardián. El Director de Estrategia del SIEVISE o Servicio Secreto Staezerino se dio cuenta de ello y llamó a una mujer morena, alta y de rostro muy bonito, que se había sentado en el banco de al lado. Parecía una hindú auténtica pero, sin embargo, no era más que una alienígena, originaria del planeta Staezer. Cuando se acercó a ellos, reclamada por Latsa-Gurtu, la mujer, de algo menos de cuarenta años, miró fijamente a Garmendia. Latsa-Gurtu hizo las presentaciones, con cierta ironía y humor.

— Mari-Nara, te presento, a alguien del que, para ahora, ya conoces lo suficiente. ¿Me figuro?. Te presento a Mikel Pierre Garmendia, uno de nuestros mejores colaboradores terrícolas y staezerinos a la vez —después volvió la mirada hacia donde su amigo se encontraba y comprobó que sonreía, al percatarse de la entonación y del bombo que el director de estrategia le estaba dando a lo que debiera ser una sencilla ceremonia de presentación.

— Mikel Pierre te presento a la responsable-jefe de enlaces intragalácticos y que ha venido especialmente, hace una semana, desde Staezer, para ayudarnos en la peligrosa y delicada situación en la que se encuentra actualmente el planeta Tierra. Te añadiré que es también tu compañera de hotel y, por si no lo sabes, se aloja en la habitación contigua a la tuya.

— ¡Dios mío! —exclamó avergonzado Mikel Pierre, haciendo amago de golpear con los puños al aire— entonces, es seguro que ha escuchado los  gritos y los manotazos que he pegado, está tarde, en las paredes de mi habitación, en el hotel.

Mari-Nara asintió con la cabeza riéndose, al tiempo que le lanzaba una mirada cómplice al estratega staezerino. Mikel Pierre debió presentir que algo más se escondía en aquella seña porque inmediatamente preguntó.

— ¿No me digas que también escuchaste la conversación que tuve por videoteléfono?.

— La conversación la escuché, a medias, pero sí que escuché muy bien los comentarios y juramentos que dijiste después. Lo hiciste durante casi media hora y eso es mucho tiempo para que pasara desapercibido. Creo que algunos de tus lamentos debieron oírse en toda la planta. ¡Además, menudos golpes contra la cama que dabas!. No es que gritaras demasiado fuerte pero es que tu voz es muy potente. Por lo que decías deduje que habías estado videoconferenciando con una mujer. No quiero ser indiscreta y tampoco me debería importar pero me muero de las ganas por saber si he acertado. ¿A que era una mujer?.

— Sí, ¡Pues claro!. Era Sharon Trahtemberg una antigua novia que tuve —comentó en voz baja Mikel Pierre mirándole a Latsa-Gurtu que le observaba con aquella cara siempre sonriente— ¿Te hace gracia? —le preguntó el canadiense un tanto malhumorado.

— ¡Naturalmente!, eso de estar enamorado es una de las cosas más bonitas y agradables que le pueden pasar a uno. Lo malo es que el hecho de estar enamorado también necesita su dedicación y su tiempo. Si no, mira a mi sobrina Haitz-Eder que se va a casar pronto con tu amigo Rami Sheffer y que, próximamente, vivirán también en Israel. El otro día le llamé desde Ganimedes para preguntarle cuando se casaban, pues, como te figurarás, quisiera asistir a su boda. Pues bien, me contestó que no sabía si se iría a casar alguna vez, ya que, desde que regresó a la Tierra con Rami desde Staezer, sólo había tenido oportunidad de estar con él dos fines de semana, a solas. Me dijo, también, que tanto tú como él os pasáis el tiempo viajando, de un lugar a otro, ininterrumpidamente y que eso no es vida para vivir casados. Yo creo que, en vista de la vida que lleváis, es normal que vuestras mujeres no estén muy satisfechas con llevar esa vida de viudas y se quejen. Las staezerinas y los staezerinos son muchísimo más comprensivos y pueden aguantar mejor cuando se dan situaciones como éstas, pero, en tu caso, ya que has elegido una terrícola, que encima es israelí, lo que no entiendo es porqué todavía no ha cortado contigo definitivamente o, como decimos nosotros, no te ha sacado los billetes para el planeta Garuna. Y si no lo ha hecho es porque está perdidamente enamorada de ti y quiere compartir tu vida. Por eso se ha enrolado en la asociación telavivi de los Amigos de la Utopía. No entiendo cómo no te has dado cuenta de ello.

— No es tan fácil como crees, Latsa Gurtu. Yo también veo esas actuaciones que me hacen creer que ella me corresponde pero, como ha ocurrido hoy, conmigo se comporta como un témpano de hielo. Otro en mi lugar la hubiera enviado al planeta Garuna —contestó Mikel Pierre apesadumbrado— lo que pasa es que si no lo he hecho ha sido porque yo se lo perdono porque la quiero demasiado y, sin ella, me sería más difícil vivir mi soledad.

— Y ella también te ama a ti. Por lo que sé y me han contado, estoy seguro de que Sharon te corresponde. Es una ley que se repite cuando las parejas empiezan a plantearse la convivencia juntos cuando se parte de vidas muy alejadas la una de la otra. Es algo muy general que ocurre entre los humanos y, aunque no lo parezca, también entre los staezerinos. Lo que pasa es que nosotros sabemos que los dos tenemos que ceder —afirmó Latsa-Gurtu— no es una cuestión de género sino de encarar con valentía y cierto desprendimiento que para compartir una vida, tanto las mujeres como los hombres debemos resolver conjuntamente las fases y las situaciones dificultosas. A veces, dos horas de estar juntos representan más que toda una semana estando bajo el mismo techo. ¿Verdad que sí, Mari-Nara?.

— ¡Depende! —exclamó sorprendida por la pregunta la morena mujer staezerina— El corazón de cada uno suele saber mejor que nadie cuando uno es correspondido y cuando no. En tu caso, parece ser que el tuyo.., ¿Qué es lo que te dice el tuyo Mikel Pierre?.

El canadiense dudó antes contestar. Se sentó en el banco de piedra y lo mismo hizo Latsa-Gurtu, situándose a su lado. Mari-Nara, más discreta permaneció de pie, a cierta distancia. La mujer era consciente de que a Mikel Pierre no le agradaba hablar en público de sus sentimientos. También lo pensaba Latsa-Gurtu pero a éste, eso le daba igual, ya que consideraba que, la amistad que sentía por Mikel Pierre, le perdonaría aquello y muchísimo más. Le veía al terrícola padeciendo una fuerte dosis de ansiedad y era muy consciente de que aquello no sería bueno para el normal desenvolvimiento de la misión que tenían que proseguir haciendo. Por ello, Latsa-Gurtu prefirió seguir con el tema amoroso de Mikel Pierre porque lo que menos deseaba era, empezar a hablar de otros temas, sin que su amigo expulsase, previamente, los demonios que tenía dentro. 

Por el contrario, la situación era incómoda para Mikel Pierre. En cierto modo, se sentía ridículo, aunque también el canadiense sabía muy bien que su solución era vital para lograr la estabilidad emocional que él tanto necesitaba. Durante su larga estancia en Staezer, sabía que para los staezerinos el tema del amor no era ninguna frivolidad, sino todo lo contrario. Seguramente, cualquier terrícola pensaría que si no tendrían otras cosas más importantes de las que hablar pero, para ellos, para los staezerinos, el amor era lo primero. Siempre se lo tomaban como si fuera la cosa más seria e importante del mundo. Familia y amigos eran el principal valor que atender. Los staezerinos consideraban el amor y el cariño, como lo más esencial en su cultura y lo que mayor sentido daba a sus vidas. Sin dichas virtudes, era absurdo plantearse alcanzar la felicidad algún día. Además, también para ellos sería un signo de egoísmo, de mala educación y de una gran falta de sensibilidad, si no ayudasen a sus semejantes a curar sus heridas, tanto las del alma como las del cuerpo. El alma de Garmendia se había desgarrado hacía algo menos de dos horas y todavía no había sanado, del todo. Necesitaba un último retoque, antes de que el grupo empezara a hablar de otros temas.

Latsa-Gurtu lo sabía y por eso cortó el silencio con una pregunta muy tajante que no daba lugar a ningún mal entendido.

—Entonces, tú crees que Sharon te corresponde como te lo decimos todos, si o no?

— Sí y no —respondió por fin el canadiense, apoyando su barbilla sobre una de sus manos.

— Será sí o será no, pero nunca serán las dos respuestas —matizó Latsa-Gurtu.

— Bueno creo que sí… pero también creo que no.

— ¡Oh!, eso quiere decir que no sabes o que tienes dudas. ¿Se lo has preguntado a ella?.

— ¡No!

— Entonces, ¿De qué te preocupas?. La próxima vez que estés con ella, le preguntas a la cara si te ama o no y todos quedaremos en paz. Le adelantas que quieres saber la verdad, por cruda que está sea, y observa con detenimiento lo que te digan tus ojos y tu corazón. No hagas mucho caso a sus palabras, pues pueden ser evasivas porque teme que decirte la verdad le hará luego sufrir. Pero, por ahora no te preocupes de lo que es tan fácil enterarse cuando estéis juntos. ¿De acuerdo?.

Mikel Pierre no contestó, pero tampoco fue necesario, y el director estratégico del SIEVISE, mientras se levantaba del banco, le dio un pescozón cariñoso a Mikel Pierre en la cabeza. Después apoyó sus manos sobre sus hombros, indicando con dicho gesto que daba por finalizado aquel tema. A continuación, miró el reloj de Mikel Pierre para ver la hora que era y se dirigió a su compañera, cambiando de tema:

— ¡Mari-Nara!. Debes estar cansada y, ya que Mikel Pierre y yo hemos contactado un día antes, te sugiero que, si quieres, te vayas ahora a tu habitación del hotel y descanses. Mikel Pierre y yo iremos juntos a cenar y empezaremos a hablar del plan esta misma noche. Necesito intercambiar con él ciertos datos que, como sabes, nos ocuparán a ti y a mí los próximos días, hasta la entrevista que, dentro de tres días, mantengamos con el Primer Ministro de la India.

— ¿Qué ganas tenéis de desembarazaros de mí?. ¿Tanto os importa que os acompañe? —respondió la mujer entre risas y asiéndoles a ambos hombres por el brazo, les empujó para que comenzasen a caminar calle abajo, mientras continuaba regañándoles:

— Gracias por tus sugerencias, Latsa-Gurtu, pero no estoy, en absoluto, cansada. Al contrario, estoy con muchas ganas de salir fuera y de irme a cenar con vosotros. Además, ya llevo viviendo, en esta ciudad, cuatro días y conozco un restaurante que nos podrá preparar la mejor cena del mundo. Es un restaurante indio, situado en la ciudad vieja. El lugar es discreto y podremos hablar con la mayor tranquilidad del mundo durante todo el tiempo que haga falta —Latsa-Gurtu y Mikel Pierre se miraron asintiendo y le agarraron del brazo a Mari-Nara, al tiempo que el canadiense levantaba un brazo para solicitar un taxi. 

Al entrar en le taxi, Mikel Pierre, un tanto suspicaz, preguntó divertido, mientras le guiñaba un ojo a su amigo:

— ¿Y qué local es ese tan maravilloso que Mari-Nara nos has descubierto y que, por lo que parece, no cierran en toda la noche?. ¿No será un lujoso lugar de esos donde se realizan las citas entre caballeros, falsamente reputados, y damas que buscan el enriquecimiento fácil — Mari-Nara puso cara de extrañeza. Quiso objetar algo pero se calló, dejándole proseguir al terrícola.

 — Sí, no disimules, de esos locales que, aunque no existen en Staezer, los estudiáis al analizar la costumbres chocantes de la Tierra, en las clase de ética y comportamiento habitual de civilizaciones intragalácticas. Son una especie de garitos que funcionan en las grandes ciudades y que pienso que también los habrá en Delhi. ¿No se tratará de uno de esos?.

— ¡No señor! —respondió la mujer que por fin había cogido la burla del terrícola— Se trata, primitivo aborigen de bajos y torcidos pensamientos, de un restaurante típico y normal, aunque muy famoso, conocido y respetado, a su vez, que se encuentra en esta hermosa y populosa ciudad en el “parata-wallah gully” o avenida de los panaderos. Para tu información, te diré que aparece su reseña en todas las guías turísticas que tenemos en el escritorio de nuestra habitación del hotel. Es el local de Ranjan Chopra, el director de la Asociación “Amigos de la Utopía” de Old Delhi. El restaurante se encuentra muy próximo al río Yamuna, entre las callejuelas de una zona conocida como Chandni Chowk junto a Red Fort.

—¡Caramba, cuanto sabe nuestra querida extraterrestre!. ¿Y de que le conoces al dueño del restaurante? — exclamó Mikel Pierre, agradablemente sorprendido.

—Conocí a Ranjan Chopra, hace tres días, cuando le fui a saludar por ser el director de la Asociación “Amigos de la Utopía” de Old Delhi. Os comentaré que fue muy amable conmigo desde el principio. Además, tuvo la gentileza de invitarme, antes de ayer, a cenar. Os confesaré también que, además de ser un gran cocinero, es un gran conversador y muy culto, por supuesto. La vez anterior, su hija me tuvo que acompañar en coche al hotel, a las tres de la mañana después de obsequiarme unos suculentos platos en base a los inagotables “paratha”, una clase de pan fresco sin levadura, perfumado y muy caliente que sacan rociado con polvo de comino, sésamo y alcaravea y a los que rellenan con gisantes, cebolla y patatas. Son unos platos deliciosos de paratha que vienen acompañados por el “subze” hecho a base de legumbres sazonadas que sacan a la mesa cuando están recién cocinadas. También deben ser muy sabrosos los “chutney” de plátano y de cuajada de leche que seguramente degustaremos hoy. Espero que yendo con vosotros, con los parlanchines que sois y con lo poco que dormís los dos, esta vez no nos den las cinco de la madrugada, en el restaurante de Ranjan Chopra  —miró a sus acompañantes para ver la cara que ponían y añadió sonriendo— ¡Bueno!, me arriesgaré — Y los tres amigos rompieron a reír de buen gana.

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