LOS AMIGOS DE LA UTOPÍA—2 Capítulo–II Sección

por Juanjo Gabiña

CAPITULO 2

El encuentro de Delhi

II

La habitación del hotel donde Mikel Pierre se hospedaba en Delhi tenía video-teléfono. La llegada de Latsa-Gurtu estaba anunciada para el día siguiente, a finales del mes de Mayo. El canadiense marcó el número de teléfono de la casa del profesor Oriol Castells. No esperaba encontrarle en casa pero, al menos, podrían indicarle allá dónde localizarle. Una conocida voz de mujer respondió a la llamada con la señal de video anulada.

— Digui. Qui és? —(Diga, ¿Quién es?)

— Soy yo, Mikel Pierre Garmendia —contestó también en catalán el canadiense, muy contento por encontrarse con alguien a la que consideraba casi como su madre.

— ¡Mikel Pierre!,  ¡Qué alegría oírte, hijo!. ¿Estás bien verdad?. Cuanto me alegro. A ver si vienes pronto a vernos. Un beso y un fuerte abrazo. Ahora te paso a Oriol, que lo tengo a mi lado, para que os habléis.

La señal video comenzó a emitirse y en la pantalla apareció la figura de un hombre anciano que todavía daba muestras gozar de grandes dosis de salud. Su voz, en contraste con su figura parecía más seria.

—  ¿Qué cuentas Mikel Pierre?. ¿Ya ha llegado Latsa-Gurtu a Delhi? —y añadió— tengo el sistema de encriptado del SIEVISE en marcha. Así que podemos hablar tranquilos. Nadie de este planeta podrá interceptar o escuchar nuestra conversación.

— No, aún no ha llegado pero según un mensaje que he recibido, vía SIEVISE, es seguro que llegará mañana. Yo acabo de llegar a Delhi en avión aquí desde Katmandu.

— Ya lo sabía. Ayer hablé con Meng-Tzu. Lo hice también a través de la red del SIEVISE y nuestro amigo el profesor chino me informó de todo. También me contó, con toda clase de detalles, la situación tan grave que atraviesa China. Es horrible ¿No?

— Sí, la situación es muy preocupante y mucho peor de lo que te imaginas. Como sabrás es casi seguro que los chinos invadirán las dos, dentro de pocas semanas. Hablamos con el vicepresidente de la República Popular de China, aprovechando el viaje del Presidente Chino a Moscú. A pesar de ser un hombre abierto al diálogo, a mí me pareció que la actitud tan cerrada que nos manifestó Chu-Tsiao no deja abierta ninguna puerta a la esperanza de que mantengamos la paz. No se creen que los americanos se atrevan a hacer nada contra ellos y a Japón lo consideran como un perro que ladra mucho pero que no hará nada porque ni puede ni quiere. La situación en Tibet es también alarmante. A los tibetanos, lo ocurrido en Xinjiang parece que no les amedrenta lo más mínimo. Tienen muchas armas de última tecnología que han ido recibiendo de la CIA, durante más de tres años. Principalmente son misiles y drones de combate indetectables, dotados de IA y con un alto poder destructivo. Las han probado y han sido capaces de destruir diferentes objetivos estratégicos.

 — ¿Y cómo plantean los tibetanos ganar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo con tan sólo misiles y drones inteligentes? —le interrumpió Oriol.

— Han empezado a recibir equipamiento militar muy sofisticado y contratado a un ejército de más de 50.000 mercenarios que se están encargando de  improvisar un ejercito.

— El objetivo no es que el de que ganen al ejercito rojo, sino que los mantengan a raya durante el máximo tiempo posible. Estados Unidos se ha comprometido en enviar a corto plazo mil unidades de robots del tipo avanzado modular (MAARS), dos mil vehículos de combate no tripulados, quinientos sistemas de armas láser (LaWS), cuatro mil exoesqueletos hidráulicos (HULC) para apoyar a los soldados tibetanos en el campo de batalla, y, a la vez, permitirles transportar cargas pesadas durante largos períodos de tiempo sin sufrir el cansancio habitual que conllevan esas tareas a altitudes que superan los 3.000 metros —subrayó Garmendia.

— ¿Y tú crees que con esos innovadores equipos militares podrán detener un contraataque chino? —preguntó incrédulo Oriol Castells, para continuar argumentando— sobre todo, después de las ganas de revancha que tendrán los chinos por la humillante derrota que sufrieron, cuando hace un mes los derrotaron en Tibet.

— En el fondo lo que ellos esperan es que Estados Unidos entre en guerra contra China. Las armas con que cuenta el ejército americano son mucho más avanzadas y poderosas que sus equivalentes chinas. Estoy hablando del cañón electromagnético de rieles capaz de disparar proyectiles a una velocidad que supera los 8.000 km/h y de destrozar estructuras de hormigón situadas a casi 180 kilómetros de distancia. Me refiero a los cañones laser anti-drones, a los lanzagranadas semiautomáticos XM25 que incorpora con un sistema de determinación de distancias por láser que permite a los soldados calcular la distancia al objetivo para un uso de combate muchísimo más efectivo, a los “Micro Air Vehicles” (MAV) y los “Micro-Electro Mechanical Systems” (MEMS) como los insectos cyborg y criaturas aladas que han sido esclavizadas para cumplir con las órdenes de vigilancia y ataque selectivo, a las armas para rechazo activo (ADS) que son armas de energía no letal diseñada para ayudar con el control de multitudes y disturbios. También conocido como el “rayo de calor”, 

— ¿También utilizarán otras armas con mayor impacto disuasorio, no? —preguntó el profesor catalán a su amigo el canadiense.

— Por supuesto que sí, aunque dichas armas las utilizarían solamente unidades especiales del ejercito americano que fueran desplazadas a Tibet o desde unidades de ataque situadas en cualquier lugar del planeta. Me refiero a los misiles hipersónicos, a los indetectables destructores Zunwalt, al helicóptero no tripulado MQ-8C, a los nuevos tanques Quantum que son tanques sigilosos de séptima generación, blindados con cerámica indestructible y del todo invisibles para los sistemas de detección por infrarrojos y por radar y las nuevas bombas nucleares inteligentes como las armas nucleares de bajo rendimiento sino que enfatiza la necesidad “crucial” de modernizar las armas estacionarias actuales, como los nuevos misiles de crucero y los misiles balísticos intercontinentales, como parte de la tríada nuclear. 

— Ya veo que estás muy bien informado Mikel Pierre

— ¡Gracias, amigo Oriol! Pero ese es mi trabajo de estratega.  Finalmente, se guardan la carta de utilizar, además de todo el arsenal nuclear del que disponen, el lanzamiento de las monstruosas armas nucleares conocidas como B61-15 que son bombas nucleares de potencia variable, diseñadas para el transporte en aviones de combate de alta velocidad ya que tienen una cubierta aerodinámica capaz de soportar velocidades de vuelo supersónicas. 

— Eso quiere decir que la Tercera Guerra Mundial está ya servida —concluyó su breve comentario el profesor catalán.

— Eso me temo y, cada día que pasa, las probabilidades de que ello ocurra son más altas. Per el motivo de esta guerra, no te confundas, no es la situación en Tibet. China sabe que debe hacerse con todo Asia. Por otro lado, los tibetanos, que llevan décadas de ocupación y represión por parte de los chinos, saben que el momento de la verdad es ahora o nunca. Son conscientes de que mucha de su gente morirá masacrada pero tienen, a través de su religión budista, una gran fe en su destino y se encuentran, por ello, muy confiados en su victoria. Además, ahora que se ha producido un golpe de estado en los Estados Unidos y que saben que el ejército americano les apoyará claramente, los ánimos están más exaltados y son muchos allí los que desean iniciar, cuanto antes, la rebelión armada. Se habla de que, incluso, el Dalai Lama, regresará a Tibet de un momento a otro, si no para dirigir la rebelión, sí para bendecirla  y apoyarla tácitamente desde el interior.

— Pues en eso no andan mal desencaminados —subrayo Oriol— El golpe militar en los Estados Unidos ha sido un éxito total para los fascistas. Controlan ya casi todo el este y centro del país y la posible oposición que podría existir ha sido masacrada, por el momento. El General Lancaster podrá ser un loco pero sabe que no puede dudar a la hora de eliminar a sus enemigos y ello implica atacar primero. Tan sólo en Estados Unidos, han debido asesinar a más de treinta mil civiles y ha dicho claramente que luchará con todas las armas de que dispone, incluso las nucleares si es necesario, para reconquistar Taiwan y para ayudar al Tibet a que alcance su independencia. Para ellos, China es la nación enemiga a la que hay que combatir cuanto antes.

— ¡Vaya temporada más aciaga la que se nos ha presentado!

— Podía haber sido todavía peor. No te olvides de que la temida guerra por el momento no se ha producido y eso quiere decir que el miedo a la destrucción mutua funciona. De todos modos — El profesor Oriol Castells, el que fuera mentor de Mikel Pierre, cambió de tono y de sentido a su conversación— para todos nosotros, también hay alguna que otra buena noticia: nuestro amigo Lynch, el que fuera Premio Nobel de Ciencias, John M. Lynch, ha conseguido escapar de una muerte cierta y está reorganizando nuestras asociaciones “Amigos de la Utopía” de Estados Unidos para combatir en la clandestinidad al fascismo dictatorial.

— ¡Cuánto me alegro!, había tenido miedo de preguntar por su suerte —replicó llenó de alegría el canadiense

— También contamos con otra buena noticia que a ti te afecta de una manera muy directa y, a su vez, también lo hace especialmente.

— ¿De qué se trata? —respondió Mikel Pierre con inusitado interés.

— La noticia se refiere sobre la mujer que era tu novia, Sharon. Me han confirmado que se ha enrolado con nosotros en una asociación israelí para defender nuestra lucha antifascista. Por las noticias que tengo y que provienen de Israel, ahora vive en casa de nuestras amigas extra-terrestres, Ari-Mariko y Olatz-Eneko. Antes de ayer, Urbión y yo cenamos en Barcelona con Olatz-Eneko y nos dijo que Sharon se encontraba todavía muy enamorada de ti y que el que ha roto las relaciones sentimentales entre los dos has sido tú.

Mikel Pierre Garmendia hizo amago de protestar porque no estaba nada de acuerdo con aquella aseveración que acababa de realizar el catalán pero Oriol le hizo señas para que escuchara todo lo que quería decir. Así que continuó con su exposición.

— Pienso que te estás engañando porque, aunque trates de ocultarlo, tú bien sabes que estás totalmente enamorado de ella, Mikel Pierre. Otra cosa es que Sharon no sea una mujer fácil, como tú tampoco lo eres. Pero, si en el fondo de tu corazón, tú crees que ella es la mujer de tu vida, perdona entonces lo que tengas que perdonar y llámala o mándale un mensaje que el amor os vuelva a reunir. Seguro que no te arrepentirás. No creo que seas un hombre que haya nacido para vivir, sólo como nuestros amigos staezerinos Urbión o Meng-Tzu que pertenecen a un mundo que no es el nuestro. Tú eres diferente. Tú eres terrícola. Tu gran corazón, como dice mi mujer, tiene cabida para todo pero, en especial, para una mujer tan inteligente, tan buena de corazón, tan guapa y con tanto garbo como lo tiene Sharon. Tú no podrías compartir tu vida con otra mujer que no fuera como ella y eso debes reconocerlo.

El silencio abrió su espacio, donde no hubo más lugar que para los sentimientos y los pensamientos de cada uno de ellos que se entremezclaron para concluir con un agradecimiento, por parte de Mikel Pierre, y un hasta pronto, por parte de su mentor catalán. 

Sin esperar a otra ocasión y sin pensárselo dos veces más, cuando hubo terminado su conversación videotelefónica con el profesor Castells, Mikel Pierre Garmendia marcó el número-clave del teléfono de la casa que tenía el SIEVISE en Tel Aviv. Su corazón latía algo desbocado y estaba lleno de ansiedad. Sentía que su alegría inicial se estaba volviendo agridulce mientras sonaban las llamadas electrónicas. Temía que el orgullo de aquella mujer diese al traste con sus ilusiones. Presentía que la reconciliación habría de ser más difícil de lo que Oriol Castells esperaba. A pesar de todo, la sombra de preocupación, aunque latente, no logró que colgase antes de oír su voz y ver la imagen de Sharon a través de la pantalla del videoteléfono.

— ¡Hola Sharon!, soy yo —Mikel Pierre comenzó por un saludo, intentando aparentar que se encontraba más sereno de lo que estaba.

— Ya veo que eres tú —contestó la mujer morena sin apenas inmutarse o más bien, fingiéndolo de un modo tan real, que hizo imposible que el canadiense notara la diferencia.

— Me he enterado de lo tuyo, de que estas enrolada en una asociación israelí de los Amigos de la Utopía y me he puesto muy contento. Por eso te he llamado.

— ¿Y has tenido que esperar tantos meses para buscar una excusa para llamarme? —contestó rauda Sharon, poniendo intencionadamente un cierto aire de reproche en sus palabras. Mikel Pierre, al que no se le había escapado este detalle, hizo como si no hubiera percibido dicho desaire y continuó con el mismo tono.

— Te llamé alguna vez pero, o no estabas en casa o no te querías poner al video-teléfono. Te dejé incluso varios recados tanto en el correo electrónico como en mensajes por Facebook o WhatsApp que no contestaste. También te dejé un saludo por tu cumpleaños e, incluso llegué a comprarte un regalo que todavía lo tengo conmigo, confiando en que algún día tendría oportunidad de dártelo.

— Me parece muy bien. Perdona. Mikel Pierre, pero hoy me has cogido en un mal día. Lo siento pero tengo que colgarte y dejar esta conversación para otro día. Ya te llamaré la semana que viene. Me están diciendo que me están esperando para que comencemos a comer. Tenemos invitados y he estado, toda la mañana, demasiado acelerada, preparando una conferencia que tengo que dar mañana en Haifa, en la sede local de los “Amigos de la Utopía”. Aquí, aunque en Delhi sean las siete de la tarde estamos atrasados dos horas y media tarde y, por si lo has olvidado, son horas de trabajo en Israel —Garmendia la veía, la escuchaba y no se lo podía creer. Por una parte, su sentido de la vista le decía que Sharon ofrecía una imagen radiante de felicidad y que, incluso, sus ojos estaban brillando por la emoción que le embargaba. Por la otra, su sentido del oído le transmitía algo desagradable y que partía precisamente de los labios de ella. Algo que dejaba traslucir que ella no estaba enamorada de él, ni mucho menos, paro que le quería algo más que a un amigo.

Mikel Pierre experimentó un sentimiento profundo, mezcla de amargura y de decepción, al escuchar aquellas palabras y esperar el fatídico momento en el que ella cortase la conversación con un lacónico “Leitraot Jamud” o “adiós majo”, en castellano. Sin embargo, ese momento todavía no se produjo y Sharon continuó hablando. Aquella mujer era imprevisible en sus reacciones. Mostraba indiferencia por él cuando, en realidad, estaba enterada hasta los más últimos detalles de todo lo que él hacía. Mikel Pierre sabía, porque se lo decía el corazón, que, en el fondo, ella también le quería y por eso, por que lo sus sentimientos no le engañaban, le costaba comprender porqué cuando hablaba con ella le parecía que Sharon le trataba como si fuera para ella el ser más insignificante de la Tierra. Mientras tanto, Sharon seguía con su monólogo. Por un instante, el canadiense se sintió verdaderamente consternado y se arrepintió, sobre manera, de haberla llamado. Bajo la mirada hacia el suelo y una cara de desesperación y de angustia se reflejó en sus ojos, cuando de nuevo miró hacia la pantalla del video-teléfono. Levantó la vista para seguir hablando y sus ojos tropezaron con la sonrisa enigmática de la mujer que le observaba fijamente, sin pestañear. Mikel Pierre pensó que estaba excesivamente hermosa.

— ¡Perdona!. Ahora, que ya sé dónde vives, te enviaré el regalo por mensajeros. Se trata de una medalla de oro que contiene un diamante.

— ¿Un diamante?. Tú estás loco. Ya sabes que no quiero regalos tan caros como ese y menos de ti. No hace falta que me lo mandes. Te lo agradezco igual —contestó Sharon con cierto tono de desaprobación pero con un contenido lleno de diplomacia que le obligaba a añadir— de todos modos, te agradezco el detalle y, sobre todo, que me hayas llamado. Lo siento Mikel Pierre pero ahora tengo que colgarte. ¡Leitraot, Jamud!. Te llamaré, en una o dos semanas,  cuando tenga mayor tiempo libre para poder hablar.

Tras cortar la videoconferencia, el canadiense se puso a dar vueltas por su habitación, yendo de un lado a otro, sin parar y como si fuera un loco al que se acaba de quitar la camisa de fuerza, de vez en cuando pegaba fuertes manotazos contra las paredes de su habitación. Estaba dolido, humillado y, sobre todo, enfadado consigo mismo porque era consciente de que aquellos actos de violencia le tranquilizaban. Durante casi media hora, las paredes devolvieron aquel rítmico cumplido, expulsando un ruido seco y muy sonoro que retumbaba en toda la escena de la habitación del hotel. Mikel Pierre se desesperaba por recordar todos y cada uno de los detalles de aquella agridulce conversación. Estaba sencillamente aturdido y perplejo pues se había quedado mucho peor de cómo estaba antes de llamarla. 

Mikel Pierre no entendía nada de lo que pasaba. Si aquella mujer estaba enamorada de él, francamente, ya no sabría nada acerca de lo que era el amor entre un hombre y una mujer. Se sentía como un idiota y lo que más le preocupaba era que, ni tan siquiera, llegaba a comprender porqué personas tan sabias y serias como el profesor Castells le daban consejos de este tipo y actuaban como “celestinas” con respecto a Sharon. Un buen amigo debía desear lo mejor para su amigo y no desear que mantuviera una relación sentimental que le hiciera sufrir. De pronto, sintió que, a lo mejor, la culpa era suya pero que aún no había descubierto porqué. Aquello le calmó un poco. 

Cuando, después de transcurrir un cierto tiempo, sintió que ya se había tranquilizado un poco y que se le empezaba a enfriar el enojo que había contraído, recapacitó que todos estaban equivocados, incluido él. Sharon Trahtemberg, si es que estaba de alguien enamorada, era evidente que no lo era de su persona. 

Cualquier observador neutral, no alertado, se hubiera apercibido, rápidamente, de que aquella mujer no deseaba saber nada de él. Al contrario, parecía que aunque no lo odiara prefería mantener una actitud fría y distante. Para su desgracia, Mikel Pierre era consciente de que todavía le seguía queriendo y de que dicho amor, lejos de disminuir, había crecido y madurado, enormemente. Lo supo nada más verla y el ser consciente de ello, más que reconfortarle, le sobresaltaba y le aturdía aún más. Tenía miedo de que el llamado “mal de amores” se apoderase de él. Aquella triste constatación le aconsejó que lo mejor que podía hacer era olvidarse de ella, distrayéndose con otras cosas. En consecuencia, con gran juicio por su parte, decidió salir fuera del hotel y perderse por las calles de Delhi. Eran las nueve de la noche y ésta prometía ser muy larga, al menos si se hubiera quedado sin salir, encerrado en la habitación de aquel hotel.  

Mientras esto ocurría en Delhi, a unos 4.000 kilómetros de distancia de las calles de la capital hindú, Sharon Trahtemberg se había encerrado a llorar en su habitación. Se sentía triste y deprimida. Durante la cena, apenas había hablado nada, ni probado bocado alguno. Olatz-Eneko que conocía bien a su amiga, le preguntó disimuladamente quién era el que le había llamado a media tarde y le había importunado tanto. Quería saber el motivo de aquel cambio de humor tan repentino. La mujer israelí no tuvo necesidad de contestar porque Olatz-Eneko se anticipó antes de que hablara la otra staezerina, citando el nombre de Mikel Pierre. Haciendo algunos gestos mudos con sus labios, Sharon asintió con la cabeza y no pudo evitar que algunas lágrimas empezaran a aflorar de sus ojos y recorriesen velozmente sus mejillas. De pronto, se sintió ridícula delante de los invitados y se levantó avergonzada de su silla, ocultando su rostro con la servilleta. Disimulando aquel impulso indeseado y repentino, se puso a recoger los platos que estaban usados sobre la mesa para llevarlos al lavaplatos. 

Ya, una vez se uso activa a recoger el interior de la cocina del apartamento, Sharon se sintió más dueña de sí y procuró pasar allí un rato más hasta tranquilizarse. No lo consiguió y regresó al comedor, a los diez minutos. Intentando disimular sus sentimientos todo lo que pudo, se despidió cortésmente de los amigos invitados, se excusó diciéndoles que le dolía la cabeza y se encerró, a continuación, en su cuarto. Maldecía el comportamiento prepotente y orgulloso que había tenido hablando con Mikel Pierre. No intentaba disculparse aunque también se consolara pensando que peor hubiera sido si no hubiera llegado a dominar sus sentimientos y, entonces, sí que hubiera parecido como una ingenua colegiala que se echa en brazos de un amante esquivo. 

Lo que le hacía llorar era el temor de que pudiera perderle. Sharon sabía que estaba profundamente enamorada del canadiense. El hombre más duro que había conocido en su vida y, precisamente, era a él al que amaba más que a su vida. Pero ese mismo sentimiento de amor era lo que le hacía sentirse abandonada e insegura y esta sensación era lo que más le preocupaba y la ponía inquieta pues la hacía sentirse insegura con respecto al futuro. Lo tenía para ella sí, pero siempre sería de prestado. 

Cuando empezaron a salir juntos, él le confesó que era un hombre que pertenecía a dos mundos diferentes. Su padre era terrícola y su madre staezerina. Sharon no sabía entonces donde se encontraba ese país y como son los israelíes, se lo preguntó directamente y sin andarse con rodeos. 

— ¿De dónde dices que es tu madre?. ¿De Staezer…qué? —y concluyó diciendo como si quisiera excusarse— Perdona mi ignorancia “Ahava Sheli” (¡Amor mío!), pero nunca fui muy buena en geografía y, de verdad, nunca oí hablar de ese país.

— ¡Es normal amorcito! —sonrió el joven canadiense con una amplia sonrisa llena de cariño— Nadie lo sabe porque, en realidad, es un  satélite como la Tierra que se ubica en el sistema planetario del sol que forma la estrella Sirio. En realidad, Sirio es una estrella binaria que en latín se conoce como Alfa Canis Maioris y es la estrella más brillante de todo el cielo nocturno que en una noche estrellada vemos desde la Tierra y que sitúa en la constelación del hemisferio celeste sur del Can Mayor. Esta estrella tan notable, a lo largo de la historia ha estado siempre presente en civilizaciones tan dispares como la griega, la escandinava, la maya y la polinesia. 

— ¿Y eso que tiene que ver con tu madre? —Sharon preguntó, más que ansiosa, un tanto incrédula, pero no sin acabar de plantear una nueva cuestión— ¿No me irás ahora a decir ahora que tu madre procede de esa estrella?´

— Pues así es —respondió brevemente su novio, con cierta estela de ironía en la comisura de sus labios, al tiempo que le estampaba a la israelí un cariñoso beso en sus labios.

— ¡Mikel Pierre, No te burles de mí! Te lo estoy preguntando muy en serio. Me acabas de comenzar a contar una historia de tu vida que me parece increíble y alucinante y todavía no sé si me estás tomando el pelo o no? ¸ya pasando a un tono más meloso y sentimental, la joven añadió— ¿No te parece amorcito, que si queremos construir un futuro en común, como pareja que somos, deberíamos evitar tener secretos entre nosotros?

El muchacho carraspeó y sintió que no tenía otra escapatoria que la de contar la historia que él mismo había empezado. Así que se detuvo sobre el muro de cemento del puerto deportivo de Hertzeliya, dio un salto y se sentó sobre él, contemplando el bello panorama del azul del Mar Mediterráneo e invitándole a su novia para que hiciera lo mismo.

— El planeta se llama Staezer y de allí llegó mi madre hace unos treintaicinco años. MI padre era biólogo marino y trabajaba como investigador oceanográfico. Sus abuelos paternos procedían de Baskonia norte o del territorio pirenaico que también se conoce como el País Vasco francés. Ellos emigraron al Canadá para dedicarse a la pesca del bacalao. La familia de mi padre tenía barcos pequeros que desde hace tiempo pescaban en las costas de Terranova y en la desembocadura del río San Lorenzo. Algunos antepasados  míos incluso se quedaron a vivir allí.

A Sharon, aquella historia le parecía apasionante, de modo que cuando Mikel Pierre hizo un amago de detener su narración, ella con un gesto simpático le hizo una señal para que continuara y no se detuviera en su relato, ya que lo que estaba contando le parecía muy interesante. 

Mikel Pierre, accediendo a los deseos de su novia Sharon, le contó que, a principios del siglo XVII, sus ancestros por parte de su padre eran pescadores del pueblo de San Juan de Luz o Donibane Lohitzune, como se dice en el idioma de los baskones, y frecuentaban con sus barcos pequeros la bahía de Placentia, Terranova, donde tenían sus secaderos de bacalao. En 1604, para defenderse de corsarios ingleses y escoceses, construyeron un fuerte al que denominaron “San Juan”. 

En 1621, la Corte del Rey Luis XIII de Francia, ubicada en la Ciudad de París, concedió permiso al pueblo de San Juan de Luz para construir y equipar cuatro navíos para la protección de su comercio del bacalao con Terranova. Sus capitanes fueron François Lohobiague, Jean d’Artetche, Martin Hirigoyen y Joachim Haristeguy. Junto a la enseña real, izaban el pabellón rojo y negro con las armas de San Juan de Luz. La escuadra vasca llegó por primera vez a Terranova en 1627. 

Allí vivieron sus antepasados hasta que, en 1713, el Tratado de Utrecht obligó a los vasco-franceses a abandonar sus asentamientos de la Bahía de Placentia y a emigrar a Louisbourg, y Placentia se convirtió en una posesión británica. Muchos de los pescadores vasco-franceses que vivían allí tuvieron que abandonar las pesquerías en Placentia y terminaron desarrollando su actividad en las pesquerías de la isla Royale, también conocida como isla de Cap-Breton, Canadá.

Pasaron más de dos siglos hasta que un antepasado de los Garmendia emigrara a Canadá. Ocurrió cuando el abuelo de Mikel Pierre aceptó una oferta para irse a vivir a un lugar ubicado en la desembocadura del río San Lorenzo, donde la pesca del bacalao era muy abundante y necesitaban pescadores con experiencia y, para ello, nada mejor que los pescadores de Baskonia. Así, a comienzos del siglo XX, un primo lejano solicitó ayuda a la familia de su abuelo para que le ayudaran a encontrar un patrón de pesca pues estaban ampliando la empresa pesquera y lo necesitaban con urgencia.

Ofrecían casa y terrenos, una educación universitaria para los hijos, los gastos de viaje de la familia que le acompañara hasta Cap-Breton y un excelente salario. Su abuelo acababa de casarse y lo consultó con su joven esposa que no dudó en decirle que sí, sobre todo cuando supo que el sueldo era casi diez veces mayor que el que podría ganar haciendo lo mismo en Baskonia.

El padre de Mikel Pierre había nacido en el pueblo pesquero de Gaspé, situado en la Provincia de Quebec, Canadá, y estudió una licenciatura sobre actividades pesqueras en el centro “Institute of Fisheries”, de la Universidad de la Columbia británica en el campus de Vancouver, UBC. Después se dedicaría a la investigación marina y allí fue donde conoció a la madre del canadiense Mikel Pierre que, a su vez, estaba realizando una investigación sobre la biología marina terrícola. Se enamoraron a primera vista, y al cabo de año y medio se casaron y a los ocho años nació él. En aquel tiempo, estaba realizando diversos trabajos para la NOAA —Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. Al llegar a este punto, Sharon, sin disimular ni un ápice su curiosidad, preguntó:

— ¿Y como es que te pusieron el nombre de Mikel Pierre?

— Muy fácil —respondió el canadiense— mi madre se llamaba Mikeleta y mi padre, Pierre.

Aquel recuerdo de esa conversación que Sharon mantuvo con Mikel Pierre, le crearon a Sharon un profundo recuerdo que le llenó de ternura y de bienestar. Lo mismo le pasaba cuando Mikel Pierre le contaba otras historias de la época en la que él vivió en el Planeta de su madre o al regresar de un viaje intragaláctico al Planeta Staezer para coordinar las asociaciones “Amigos de la Utopía” de las cuales él era el máximo responsable. 

Sin embargo, aquella vez no funcionó del todo. A pesar de sus miedos por perderle, ella no podía evitar el sentirse culpable y el tener mala conciencia de sí misma. Sobre todo, cuando recordaba los consejos que Olatz-Eneko le había dicho, una vez, acerca del amor que sentía por Mikel Pierre y que ella intentaba, inútilmente, olvidar:

— Lo que tienes tú, Sharon, es miedo a amar a alguien con toda tu alma y que, incluso, llegues a quererlo más que a ti y que a tu vida misma. Los judíos sois así. Aparentáis ser muy duros pero sois “Tsabarim”, como el higo chumbo mismo que es espinoso y áspero por fuera pero que, a su vez, es terriblemente dulce por dentro. Te diré una cosa más, Sharon. Ese miedo que tienes de amar sólo se puede superar cuando, a cambio de su amor, uno no espera nada y apuesta porque este amor, día a día, vaya creciendo. Amor es también entrega y compromiso con aquel al que se ama pero nunca es posesión.

Sharon era consciente de que algo de eso le pasaba. El problema era que no sabía cómo superarlo. Sus años en la Tsavá, o ejército de Israel, a Sharon le habían enseñado a ser en todo, tan dura como los hombres. Pero, a pesar de todo, Sharon era demasiado egoísta y orgullosa y, siendo Mikel Pierre tan idealista y desprendido como era, sabía que tendría que compartir el amor de Mikel Pierre con otras personas pero Sharon, en aquellos momentos, no estaba en condiciones, ni quería, ni estaba dispuesta a compartir el amor de Mikel Pierre con nada ni con nadie. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: