¿Por qué la política es un ámbito que se presta admirablemente a la hipocresía y al cinismo?

No es el único, pero quizá sí sea el terreno que mejor abonado esté para ello y donde los frutos de la hipocresía y el cinismo más florecen Así pues, la política es un campo que se presta admirablemente a la hipocresía. Sin duda es el terreno donde menos amigos hay, donde el cinismo más prospera y donde se obtienen mejores réditos con las traiciones.

Con la llegada de la era de posverdad, muchos de los países desarrollados se han visto inmersos en una mar de paradojas, de contrasentidos, de incongruencias y donde se ha creado un reality show con los políticos de turno convertidos en actores del entretenimiento mediático. En ese escenario es donde todo supura falsedad, hipocresía y cinismo a partes iguales.

En el ámbito de la política, la hipocresía es una componente más del arte de la simulación, de parecer que se sabe cuando no se sabe nada, y el cinismo, es lo que le da sentido a la desvergüenza, que combinan con osadía y descaro. Por ello, abundan los políticos que en la vida privada son unos hipócritas y, en cambio, en la vida pública ejercen de cínicos.

Gracias a los medios de comunicación para los que la política se ha convertido en un tema de negocio, la inmensa mayoría de los ciudadanos ya está habituada a este tipo de perfil del político. El postureo de la casta política ya no causa asombro ni extrañeza, lo cual no conlleva a que se pueda contemplarlos con total normalidad pues siempre están mostrándose crispados y amargados.

A veces, pareciera que de un momento a otro le van a saltar a la yugular del contrario que, a veces, se les escapa llamarles enemigo a lo que tan sólo es la mera razón de su existencia: la bendita oposición que le permite seguir cobrando todos los meses sin más trabajo que el de jugar al tiro al blanco con el presidente y acusarle de haberse convertido en el más abyecto de los mortales.

En España, un país de escaso recorrido democrático, donde la presunción de inocencia no se aplica y donde Montesquieu, como dijera Alfonso Guerra, había muerto, la diplomacia se confunde con la simulación y la mano izquierda, la altura de miras y el tacto brillan por su ausencia.

Los políticos españoles podrían estar sin gobernar, disputándose hasta dos veces al año, unas insultantes y mediocres elecciones competitivas en el Juego de Tronos que se han inventado. Se han convertido en unos personajes donde la franqueza hiriente y la rudeza en el hablar abunda en esa clase de políticos hipócritas y cínicos al mismo tiempo, cuyo cinismo encubre su hipocresía y la hipocresía encubre su cinismo según la circunstancia, el momento y el caso.

La hipocresía y el cinismo ha campado estos días a sus anchas en el ámbito de la política. La manía que tienen los partidos de poner cordones sanitarios es ridícula. Sobre todo porque después aceptan los votos de los vetados o sus abstenciones para alcanzar el poder. ¿Eso es cinismo o hipocresía? ¿O son las dos cosas juntas?

La hipocresía política cuando se une al cinismo, siempre apunta hacia una complicidad manifiesta, ordenada y sociológicamente concertada, que repercute directa o indirectamente, en la exaltación indiscriminada de la improbidad, de la práctica maliciosa y de la doble moral.

Los políticos de la posverdad no es que mientan para ocultar una verdad. Han superado esa fase. Ellos utilizan las medias verdades o las mentiras según les interese para conseguir un propósito que no es otro que el de crear un estereotipo falso y calumnioso en torno a su mayor contrincante político.

Más que mentir, los políticos de hoy ya no dicen la verdad, ni saben cual es pues se han convertido en unos auténticos mitómanos que se creen las mentiras que sus asesores les trasmiten. Así, soltando medias verdades y ocultando lo poco que saben, hablando con gran descaro y sin parpadear para nada, es como se desenvuelven, como pez en el agua, cuando están enfrente de los micrófonos y las cámaras de la televisión. Es lo que hay y seguirá habiendo, mientras no haya listas abiertas para que los ciudadanos podamos elegir directamente a quienes votamos con conocimiento de causa.

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