¿Por qué ya los científicos temen que el Cambio Climático Abrupto, que nos trasladaría en un corto periodo de tiempo a una nueva glaciación, se esté acercando cada vez más deprisa?

Aviso a navegantes: Este año, el informe científico del IPCC sobre la evolución del Cambio Climático va a ser demoledor. Nuestro dirigentes cobardes y corruptos han traicionado a la raza humana y nos han puesto en una grave situación de muy difícil solución. El Cambio Climático Abrupto que sumirá a Europa y a Norteamérica en una nueva glaciación cobra cada vez más sentido.

Cuando uno observa a la velocidad a la que el deshielo se está produciendo en Groenlandia o en la Antártida comienza a estremecerse. Sería muy importante que se convirtiera en un proceso que se integrara en la sabiduría convencional. Como bien lo recoge Eugene Linden en su artículo de opinión del New York Times: “How Scientists Got Climate Change So Wrong” acerca de lo que dijo el historiador científico Spencer Weart: “¿Cuán equivocado fue el descubrimiento del cambio climático abrupto?

Muchos expertos del clima señalarían un momento que el día en el que leyeron el informe de 1993 que describía el análisis sobre los núcleos de hielo de Groenlandia fue un antes y un después. Antes de leer el informe, casi nadie hubiera creído con confianza que el clima pudiera cambiar tan brusca y masivamente en tan sólo una o dos décadas. Después de leerlo, ya nadie se sintió seguro de que un cambio climático abrupto nunca llegara a suceder.

En el año 2002, las Academias Nacionales de Estados Unidos reconocieron la realidad del cambio climático rápido o abrupto en un informe, titulado: “Cambio climático abrupto: sorpresas inevitables”, que describió el nuevo consenso como un “cambio de paradigma“. Ello representó un cambio copernicano de su propio informe de 1975.

El informe constataba que se habían producido grandes y abruptos cambios climáticos y que habían afectado repetidamente a las diferentes regiones hemisféricas, como lo demostraban numerosos registros paleoclimáticos y añadía que se habían producido cambios de hasta de 16º C en períodos tan cortos como décadas o incluso, de algunos años.

El informe de las Academias Nacionales añadía que las implicaciones de tales cambios rápidos potenciales aún no habían sido consideradas por los políticos y economistas. Hoy en día, 17 años después, podemos decir que una gran parte de la gente, tanto de Estados Unidos, como de la Unión Europea y otras regiones mundiales no son conscientes o no están convencidos de lo que esté sucediendo.

Si las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida se derritieran, el nivel del mar aumentaría unos 77 metros en todo el mundo. Pocos esperan que esto suceda pronto. Sin embargo, no es verdad y ya no hay lugar para la esquiva y el disimulo. Esas capas de hielo ahora se ven mucho más frágiles que lo que observó el Panel de Cambio Climático en 1995, cuando dijo que se esperaban pocos cambios en los próximos cien años.

Desgraciadamente, en los años posteriores, los datos han demostrado que tanto el deshielo de Groenlandia como el de la Antártida ha estado produciéndose mucho más rápido de lo que era previsto. Las plataformas de hielo, que son extensiones flotantes de hielo terrestre, impiden que los glaciares se deslicen hacia el mar y finalmente se derritan.

A principios de la década de los años 2000, las plataformas de hielo comenzaron a desintegrarse en varias zonas de la Antártida, y los científicos se dieron cuenta de que el proceso podría acelerarse, en gran medida por la desaparición de las capas de hielo mucho más grandes. Actualmente, algunos glaciares importantes están arrojando el hielo que desprenden, directamente al océano.

En el año 2014, varios científicos concluyeron afirmando que un colapso irreversible de la capa de hielo de la Antártida Occidental ya había comenzado y que los resultados de la aplicación del modelo de simulación en el año 2016, indicaban que su deshielo podría ocasionar una subida del nivel del mar de hasta 1,85 metros para el año 2100, aproximadamente el doble de lo esperado. El aumento se describió como uno de los posibles escenario más negativos solo tres años antes. De seguir a ese ritmo, algunas de las grandes ciudades costeras del mundo, incluidas Nueva York, Londres y Hong Kong, se inundarían.

Posteriormente, este mismo año, se realizó una revisión de las imágenes satelitales de los últimos 40 años y se constató que la capa de hielo de la Antártida Oriental, que se pensaba que era relativamente estable, también podría desprenderse de grandes cantidades de hielo.

A medida que van creciendo los mares, también éstos se están calentando a un ritmo superior al de hace cinco años. Estos hechos son muy malas noticias. Por un lado, un océano más cálido significa tormentas más poderosas y mayor número de muertes de la vida marina, pero también sugiere que el planeta es más sensible al aumento de las emisiones de dióxido de carbono de lo que se pensaba.

La fusión del permafrost también ha desafiado las expectativas. Se trata de una gran extensión de terreno que ha permanecido congelado durante al menos dos años consecutivos y que cubre alrededor de una cuarta parte de la masa de tierra expuesta al frío polar del hemisferio norte. Hasta fechas recientes como 1995, se pensaba que el permafrost era estable. Pero, en el año 2005, el Centro Nacional de Investigación Atmosférica estimó que hasta el 90 % de la capa superior de permafrost del hemisferio norte podría descongelarse para el año 2100, liberando así grandes cantidades de dióxido de carbono y metano a la atmósfera.

Dado que todas las predicciones se quedaron muy corta, se trabaja ya con los hechos comprobados, debidos a los cambios reales que se están produciendo en el clima, y que nos confirman las expectativas de que nuestro globo terráqueo estaría acompañado por un aumento de la frecuencia y severidad del clima extremo. A su vez, se están realizando nuevos hallazgos, que fueron del todo imprevistos por los primeros estudios sobre el clima, y que confirman la intensificación extremadamente rápida de las tormentas.

Tal hecho es el que aconteció el 1 de septiembre, cuando los vientos sostenidos del huracán Dorian se intensificaron de 150 a 185 millas por hora en tan solo nueve horas, y el año pasado cuando el huracán Michael creció de ser considerado una depresión tropical a convertirse en un huracán de grandes proporciones en tan olo dos días.

Si la administración Trump se hubiera salido con la suya, incluso los peores escenarios revisados ​​hubieran podido resultar demasiado optimistas. A fines de agosto del 2020, la Administración Trump anunció un plan para revertir las regulaciones destinadas a limitar las emisiones de metano resultantes de la exploración de petróleo y gas, a pesar de la oposición de algunas de las compañías energéticas más grandes que están sujetas a este tipo de regulaciones.

También durante el 2020, a pesar de haber perdido por siete millones de votos la elecciones, la actuación de la Administración Trump se aproximó a lo que podríamos considerar ya como surrealista cuando el Departamento de Justicia abrió una investigación antimonopolio sobre aquellas compañías automotrices que, en principio, acordaron cumplir con los estándares más altos de consumo de gasolina por milla recorrida que se exigen en California

La Administración Trump también revocó formalmente una exención que permite a California establecer límites más estrictos que el gobierno federal, en cuanto al nivel de emisiones de gases que se expulsan por los tubos de escape de los automóviles.

En conclusión, podemos decir que la situación de haber continuado Trump en la presidencia hubiera sido mucho más grave de lo que nos pensamos. Incluso, si los científicos hubieran terminado bajando sus últimas evaluaciones sobre las consecuencias de los gases de efecto invernadero que seguimos emitiendo a la atmósfera, sus predicciones serían lo suficientemente graves como para que Trump mintiera diciendo que en nada lo que a ciencia repite constantemente afectaría a lo que probablemente nos fuera a ocurrir. Su intuición era la misma que tuvo con el coronavisrus cuando dijo que desaparecería para abril del 2020.

La cortoplacista Administración Trump, tan apegada a facilitar ganancias fáciles a las empresas yanquis, dejó su postura sobre el Cambio Climático muy clara pero al Planeta Tierra le daba igual y así hemos llegado a un momento en el que solo nos queda sufrir más o menos el inevitable, acelerado y progresivo Cambio Climático que nos aguarda. Ya no se trata de convencer a nadie. Lo irán viendo a medida que la situación vaya empeorando.

La Unión Europea, a su vez, nos engaño miserablemente. El Acuerdo verde o “Green Deal” es otra estafa que solo pretende favorecer al sector financiero y a as empresas de combustibles fósiles. Creíamos que le habían visto las orejas al lobo. Pero solo era pura hipocresía y lo que están haciendo con la estafa del hidrógeno que nos impedirá utilizar la electricidad verde para eliminar combustibles fósiles es un atentado contra la humanidad.

Lo mejor de todo es el presidente BIden. El único ejemplo que tenemos y al que no podrán acusar de comunista bolivariano. Biden quiere liderar la lucha contra el Cambio Climático. Aunque también sabe que llegamos tarde. Mejor si se empezara a pensar en cómo plantear el traslado progresivo de la población europea y norteamericana a aquellas regiones que se verán menos afectadas por una nueva glaciación.

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