La lacra de la corrupción política del hidrogeno y las empresas gasistas

Informe publicado por Corporate Europe Observatory,
Food & Water Action Europe y Re:Common en Diciembre de 2020.

Autoría: Belén Balanyá, Gaëtane Charlier, Frida Kieninger and Elena Gerebizza. Editado en su versión en inglés por Katharine Ainger, James O’Nions y Pascoe Sabido. Diseño: Emily Sadler.

Esta es una traducción y adaptación del informe realizada por Ecologistas en Acción y Observatori del Deute en la Globalització con el expreso permiso de las organizaciones autoras del informe que se puede encontrar en completo en inglés en el siguiente link: https://fweuro.pe/HydrogenHype

1.- RESUMEN

La campaña de la industria del hidrógeno está en pleno apogeo. Un análisis de más de 200 documentos obtenidos gracias a las normas sobre transparencia y libertad de información ha dejado al descubierto una intensa campaña de presión organizada por la industria del gas natural en la UE.

El objetivo principal ha sido convencer a la UE de que aceptase el hidrógeno como combustible ‘limpio’ del futuro asegurándolo como base para una economía que cuenta con apoyos políticos, financieros y normativos.

El segundo punto es asegurar el apoyo para el hidrógeno derivado tanto de combustibles fósiles como de electricidad proveniente de fuentes renovables. Si esta presión tiene éxito, significará que la industria del gas natural podrá esperar con confianza un futuro lucrativo aunque éste suponga un grave peligro para el clima así como para las comunidades y los ecosistemas afectados por la extracción de combustibles fósiles.

2.- Los hechos que denuncia el Informe publicado por Corporate Europe Observatory, Food & Water Action Europe y Re:Common en Diciembre de 2020 y que recogen Ecologistas en Acción y Observatori del Deute en la Globalització con el expreso permiso de las organizaciones autoras del informe

Los descubrimientos clave incluyen:

  • El lobby del hidrógeno, cuyos actores principales son las empresas de gas natural, declaró un gasto anual conjunto de 58,6 millones de euros en intentar influir en los procesos de decisión y elaboración de políticas de Bruselas aunque se cree que, en realidad, la inversión es mucho mayor.
  • Representantes de la industria del hidrógeno se reunieron con los comisarios europeos Timmermans, Simson, Breton, con sus gabinetes y directores generales en 163 ocasiones para tratar temas energéticos entre diciembre de 2019 y septiembre de 2020. Esta cifra contrasta con las 37 reuniones mantenidas por los altos cargos de la Comisión Europea con ONGs.
  • Las puertas giratorias han estado en pleno apogeo: el exdirector general adjunto de Energía Klaus- Dieter Borchardt, uno de los funcionarios más influyentes de la Comisión Europea en materia de gas e hidrógeno, dejó su cargo para incorporarse al bufete de abogados Baker McKenzie. Allí se unió a su antiguo compañero Christopher Jones, quien también fue director general adjunto de Energía de la Comisión Europea y se convirtió en miembro principal del equipo de Hidrógeno de McKenzie.
  • La firma de relaciones públicas FTI Consulting, la misma empresa denunciada en Estados Unidos por crear falsas organizaciones sociales a favor de los combustibles fósiles por encargo de Big Oil and Gas, ha sido clave en la creación del lobby del hidrógeno. Está detrás de Hydrogen Europe y del Hydrogen Council, los grupos de presión responsables de crear el “boom” del hidrógeno.
  • La estrategia europea del hidrógeno de la Comisión Europea, publicada en julio de 2020, es preocupantemente similar a las demandas del grupo de presión Hydrogen Europe, incluidos los objetivos y las inversiones necesarias para el hidrógeno tanto dentro como fuera de la UE, cuyo coste asciende a 430.000 millones de euros para 2030.
  • La Comisión Europea ha puesto a la industria del gas al frente de muchos nuevos organismos centrados en el hidrógeno, como la Clean Hydrogen Alliance, encargada de elaborar una lista de proyectos de hidrógeno elegibles para fondos públicos, en un evidente conflicto de intereses.
  • La industria del hidrógeno ha tenido acceso a más de mil millones de euros en fondos públicos para sus proyectos entre 2014 y 2020 gracias al proyecto investigación público-privado “Fuel Cells and Hydrogen” formado por la Comisión Europea e Hydrogen Europe. La alianza ha sido clave para crear el “boom” del hidrógeno, así como para garantizar un mayor flujo de fondos públicos a los miembros de Hydrogen Europe en los próximos años.
  • Los proyectos de hidrógeno ahora disfrutarán del apoyo normativo y financiero de la UE en el marco de la Estrategia Europea del Hidrógeno y la Estrategia de Industria de la Comisión Europea, entre otros, y serán promovidos en las próximas revisiones del Reglamento de las Redes Transeuropeas de Energía (TEN-E) y la directiva de Energías Renovables. Los proyectos relacionados con el hidrógeno también disfrutarán de acceso a fuentes de financiación de la UE nuevas y existentes, como el Plan de Inversión Sostenible, el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, el Mecanismo Connecting Europe y mediante normas revisadas sobre ayudas estatales como son los ‘Proyectos Importantes de Interés Común europeo (IPCEI)’
  • La tecnología fallida de ‘captura de carbono y almacenamiento/uso’ (CCSU) has sido resucitada y está recibiendo gran apoyo político, financiero y normativo de manera que la UE pueda justificar la inclusión de hidrógeno basado en combustibles fósiles en sus planes climáticos para 2050.
  • La industria ha rebautizado la red sobredimensionada de gas fósil de la UE como la futura ‘Red Troncal de Hidrógeno’ de Europa (‘Hydrogen Backbone’ en el originial), mezclando pequeñas cantidades de hidrógeno en los gasoductos existentes a corto plazo y adaptando los gasoductos para el hidrógeno a largo plazo. La Comisión Europea parece apoyar estos planes de la industria que darían luz verde a las compañías para construir y operar en nuevas y existentes infraestructuras de gas fósil.
  • La ‘Red Troncal de Hidrógeno’ está siendo utilizado por la industria y los Estados miembros como excusa para resucitar megaproyectos muy controvertidos en su día como el gasoducto franco- español-portugués MidCat, que fue rechazado por motivos climáticos.
  • Los Estados miembros europeos también se están uniendo al “boom” del hidrógeno, por medio de estrategias nacionales y financiación sustanciosa. Alemania ha prometido 9.000 millones de euros, con 2.000 millones para gastar en proyectos internacionales, mientras ha utilizado su presidencia de la UE para actuar como un fuerte aliado del lobby del gas y promover el hidrógeno azul a pesar de la oposición pública a los combustibles fósiles.

El Gobierno Español lanzó en octubre de 2020 su ‘Hoja de Ruta del Hidrógeno: una apuesta por el hidrógeno renovable’ que se centraría únicamente en el hidrógeno verde. La Hoja de Ruta incluye objetivos nacionales de implantación del hidrógeno renovable a 2030, incluyendo 4 gigavatios de potencia instalada de electrolizadores. Se incorpora un hito intermedio para 2024: contar con una potencia instalada de entre 300 y 600 MW.

La UE parece haberse subido al tren del hidrógeno a toda máquina, adoptando el hidrógeno como el combustible ‘limpio’ del futuro y prodigándolo con apoyo político, financiero y normativo. Sin embargo, en la actualidad, “menos del 0,1% del hidrógeno producido en Europa proviene de electricidad proveniente de fuentes renovables o bajas en carbono. Si bien el hidrógeno se presenta como una panacea climática, el lobby de la industria del gas ya ha asegurado que durante al menos las próximas décadas, la mayor parte de la tan publicitada ‘economía del hidrógeno’ estará basada en hidrógeno elaborado a partir de combustibles fósiles. En cuanto al hidrógeno ‘verde’ prometido, la industria y la UE planean obtener la mitad de él en Ucrania y el norte de África, continuando la relación neocolonial que ha caracterizado la política energética de la UE hasta hoy, extrayendo recursos y sin prestar atención a los impactos sociales, políticos y ambientales.

Europa tiene la oportunidad de transformar su sistema energético y recuperar el control que han ostentado un pequeño grupo de empresas ávidas de combustibles fósiles pero parece que es demasiado reacia a romper con el statu quo. Los responsables de la toma de decisiones y la industria están apostando por tecnologías no probadas como la captura y almacenamiento de carbono o el ‘hidrógeno verde’, difícil de generarse de manera sostenible en las cantidades necesarias. En su lugar, necesitamos descarbonizar nuestro sistema mediante una transición adecuada y justa, con la eliminación gradual y bien planificada de todos los combustibles fósiles y de su infraestructura conforme a laciencia y tecnologías disponibles, al mismo tiempo que se protege a las comunidades y al colectivo de trabajadores/as anteponiendo sus derechos y bienestar al de las ganancias corporativas.

3.- CONCLUSIÓN: ¡No te dejes llevar por las modas!

Este informe muestra como la industria del gas está promocionando el ‘hidrógeno renovable’ junto con un hidrógeno supuestamente ‘bajo
en carbono’, ‘limpio’ y ‘descarbonizado’. ¡No te dejes llevar por las modas! Caer en esta peligrosa trampa supondría la permanencia del gas fósil en nuestro mix energético durante décadas con las terribles consecuencias que esto acarrearía. Solo hay una forma de abordar el cambio climático,

y es dejar de lado los combustibles fósiles, gas incluido. Las empresas de gas son plenamente conscientes de esto y, aun así, su estrategia principal sigue siendo la de distribuir gas fósil, y en algunos casos mezclándolo con una pequeña cantidad proveniente de fuentes renovables que les permite tener la etiqueta de ‘sostenible’.

La Comisión Europea y los gobiernos nacionales también son conscientes de esto. A pesar de ello, se han embarcado en un frenesí normativo y financiero para facilitar las ambiciones de la industria e inflar aún más la burbuja del hidrógeno.

A pesar de la palabrería y tecnología de aspecto futurista, toda esta publicidad no busca una transformación, sino que persigue una adaptación del mismo status quo. Aceptar esta burbuja que nos intentan vender significaría seguir
con el modelo energético centralizado, basado en grandes infraestructuras y cuya producción y distribución se mantendría concentrada en manos de unas pocas empresas muy poderosas. No podemos olvidar, además, que este modelo se sustenta en unas profundas raíces coloniales y perpetúa un sistema divide el mundo entre áreas ‘privilegiadas’ y ‘de servicio’, es decir, aquellos que proporcionan los recursos necesarios que alimentan a la economía europea.

Los proyectos a gran escala, como los desarrollos mega-solares en la región del Sáhara o la presa de Inga en la República Democrática del Congo, se han construido para servir a los/as consumidores/as europeos/as sin tener en cuenta las necesidades energéticas de la población de estos países, ni por supuesto los costes sociales y ambientales, ni la deuda que pueda generar esquemas financieros multimillonarios, ¿y a costa de quién? La burbuja del hidrógeno solo aumentará la dependencia que tiene Europa de la importación de fuentes de energía, ya sea gas fósil o energía renovable a gran escala.

Este informe pone al descubierto los trucos y las tácticas desplegadas por el lobby del hidrógeno, su poder, el fácil acceso a los espacios de toma de decisiones y su poder para influenciar. Es esto, junto a la existencia de funcionarios gubernamentales entusiastas del tema tanto a nivel nacional como europeo, lo que ha impulsado el “boom” del hidrógeno. Hasta ahora se ha logrado esconder detrás de una capa‘verde’, pero ni si quiera el hidrógeno ‘verde’ está exento de graves consecuencias si se produce a la escala necesaria para convertirse en una parte sustancial de la matriz energética

En lugar de apostar por tecnologías no probadas como la captura y el almacenamiento de carbono o el ‘hidrógeno verde’, difícil de obtener de manera sostenible en las cantidades requeridas, necesitamos descarbonizar nuestro sistema mediante una transición adecuada y justa, con la eliminación gradual y bien planificada de todos los combustibles fósiles y de su infraestructura conforme a la ciencia y tecnologías disponibles, al mismo tiempo que se protege a las comunidades y al colectivo de trabajadores/as anteponiendo sus derechos y bienestar al de las ganancias corporativas.

El “boom” del hidrógeno se ha creado de la mano de la industria del gas fósil. Se está utilizando parareducir el espacio existente para la participación política en torno al debate de la transición ecológica. El empeño de la industria en los proyectos a gran escala de generar electricidad de origen renovable para producir hidrógeno tiene un impacto en la reducción del apoyo del sector público a proyectos comunitarios renovables de producción a pequeña escala, descentralizados, para la mejora de la eficiencia y el ahorro energético; soluciones que suponen un desafío almodelo energético actual y un cambio sustancial del mismo. Sin embargo, es esa misma industria la que se opone a la electrificación total de la economía, e incluso al hidrógeno verde. No es de extrañar que la única solución que proponen sea la que coincide con la obtención de beneficios. Por tanto, ¿se puede realmente confiar en la industria del gas, cuyo producto principal está contribuyendo seriamente al cambio climático, para que nos lleve hacia una solución?

LA RESPUESTA ES NO ¡NO TE DEJES ENGAÑAR POR EL BOOM DEL HIDRÓGENO!

4.- Recomendaciones

4.1.- Un cambio del apoyo político y financiero:

El apoyo del que disfruta actualmente el hidrógeno debe dedicarse a apoyar a la energía eólica, solar y undimotriz, con planes de ahorro energético y con un enfoque que priorice infraestructuras y proyectos comunitarios y públicos, dado el fracaso del mercado y de las grandes empresas para alejar a nuestra economía y sistema energético de los combustibles fósiles.

4.2.- Fin al acceso privilegiado del que disfruta la industria del gas:

Como ya pasó con las tabacaleras, la inclusión de la industria en el proceso de elaboración de políticas obstaculiza gravemente el proceso de cambio. Se necesita un cortafuego entre los responsables de la elaboración de políticas y la industria del combustible fósil en los niveles nacionales, regionales y en los espacios de Naciones Unidas. Y la UE tiene que dejar de bloquear este cambio y empezar a apoyar el proceso. La campaña Fossil Free Politics ha desarrollado una serie de demandas en esta línea.

4.3.- Un cambio en la cultura de las relaciones con los grupos de presión:

Como primer paso, necesitamos total transparencia en la elaboración de un registro de grupos de presión legalmente vinculante y plenamente implementado, así como una transparencia activa y sustancial de todas las instituciones de la UE y de los gobiernos nacionales, paso esencial para conocer hasta donde llega realmente la influencia de la industria. La experiencia dentro de las instituciones europeas nos enseña que incluso cuando la transparencia resalta casos claros de acceso privilegiado para la industria, como las puertas giratorias o grupos de expertos, hay una clara carencia de voluntad política a la hora de solucionar el problema. La elaboración de políticas encaminadas al interés general en lugar de las que se hacen para beneficiar a la industria requerirá un cambio fundamental en la cultura Comisión y de los gobiernos nacionales de la UE en su manera de relacionarse con estos lobbies.

4.4.- Dejar de poner la investigación financiada con fondos públicos en manos de las empresas:

La Comisión debe dejar de financiar los intereses de investigación de las grandes empresas a través de las múltiples vías creadas para tal fin a lo largo de los años (por ejemplo, la European Technology Platform, Joint Undertaking Initiatives, partenariados público-privadas) y, en su lugar, utilizar el dinero de los y las contribuyentes para investigaciones que aborden adecuadamente los desafíos sociales, como es el caso de la emergencia climática. La ciencia independiente, así como las prácticas tradicionales comunitarias, deberían estar a la cabeza de la lucha contra una crisis como ésta.

4.5.- No más infraestructura fósil:

El respaldo financiero y normativo, como el proporcionado por la UE y por los gobiernos nacionales a través de la lista de proyectos PCI e IPCEI, debe limitarse a los estrictamente necesarios para una transición energética genuina, y en ningún caso debe involucrar combustibles fósiles. Dados los costes exponenciales y el financiamiento público de tales proyectos, la Comisión y los estados miembros deberán garantizar un seguimiento independiente (que excluya a la industria) y brindar información clara sobre estos proyectos, incluido el apoyo financiero público total y los impactos ambientales, sociales y climáticos de cada proyecto.

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