¿Por qué este obsoleto modelo capitalista financiero basa su propio desarrollo en el mantra del “crece o muere”?

Si hay tantos límites al crecimiento debido a las limitaciones propias del planeta Tierra, ¿Por qué este obsoleto modelo capitalista financiero basa su propio desarrollo en el mantra del “crece o muere”? ¿No es una apuesta de locos? ¿Es que vamos a dejar que la avaricia de unos pocos nos arrastre a todos al precipicio? El coronavirus, el cambio climático ya irreversible, el agotamiento de las materias primas básicas, la usura de los alquileres, el encarecimiento abusivo del transporte de mercancías, las inminentes crisis energética, alimentaria, de materias primas que desde hace tiempo amenazaban y están ya pegando a nuestras puertas.

El modelo capitalista actual es un desastre y no funciona sino para enriquecer a unos pocos y crear problemas al resto. Encima, tenemos unos líderes tan corruptos y mediocres que ni se enteran, ni quieren enterarse y, si se enteran, esconden la cabeza como lo hacen los avestruces cuando sienten el peligro, esperando que el siguiente político sea el que resuelva los problemas. De este modo, cuando llega un político responsable y pretende reaccionar, se encuentra con que siempre llegara tarde y mal a la solución de los problemas porque sus antecesores en el cargo han sido uno mediocres irresponsables, cuando no, unos corruptos de tiempo completo.

Hace casi cincuenta años, en 1972, fue cuando el Club de Roma nos avisó diciéndonos que si se mantenían las tendencias de población, industrialización, contaminación, producción de alimentos y, de este modo, la explotación de los recursos continuaba al mismo ritmo y sin alterarse, como así ha sido, los límites del crecimiento de nuestro planeta se alcanzarían en menos de 100 años. Fueron excesivamente optimistas porque ya se han alcanzado.

En realidad solo se necesitaba la mitad de tiempo. Con cincuenta años transcurridos la situación es ya insoportable. La década que se inicia, 2021-2030, va a ser terrible. O acabamos de una vez por todas con que el motor de la usura sea la mano invisible o, lo que es lo mismo, el que impulse, controle y guíe el capitalismo actual y lo volvemos radicalmente sostenible, o el futuro estará tremendamente hipotecado para nosotros y las próximas generaciones. ¿Hay alguien que lo desea y se atreva a decirlo? Sin embargo, todo esto ocurre porque hay demasiados que miran cómo las cosas pasan y no dicen nada o no hacen nada, ni tan siquiera lo hacen por sus hijos y nietos.

Hace unos tres años murió Joel Kovel el fundador del ecosocialismo, el que fuera el líder carismático del partido verde de Estados Unidos, a lo largo de sus libros siempre mantuvo un discurso muy provocador que me resultaba muy sugestivo aunque he de reconocer que en algunas apreciaciones de Kovel estoy muy alejado, cuando no soy del todo contrario a sus ideas, sobre todo en su critica facilona y simple al sionismo de aquel que mira los toros desde la barrera y toca de oídas me era muy interesada. Una mayor crítica al comunismo o al islamismo fanatizante que a Israel le amenaza todo el rato en su existencia no le hubiera ido mal y hubiera sido su crítica más acertada.

En lo referente a la crítica al capitalismo, —que es el caso que sí nos ocupa— Joel Kovel utiliza conceptos profundos que llegué mejor a comprender durante mi estancia de casi un año en la India. Así es el concepto de “mantra” que utiliza para definir las esencias del capitalismo y que estuvo muy acertado. Según la tradición hindú, las cosas no existen sino en la medida en que son nombradas y nos son útiles. El mantra es un instrumento del pensamiento. Existe en la medida que la intención y la visión mental del acto a realizar precede a la acción misma. Para Kovel, el mantra del capitalismo es “crece o muere”.

En otras palabras, acumula todo el capital que puedas, al coste que sea, si no quieres perecer. De este modo, a medida que el capital se hace más grande, más destructivo se vuelve para con los ecosistemas. Para el capital, lo que cuenta es la proporción de sus ganancias que necesitan una expansión constante. Este es un ejemplo que observamos todos los años cuando las empresas y entidades financieras dan cuenta de sus ganancias anuales y que nos resultan tan escandalosas. Además han impuesto que desde las empresas se persiga el máximo beneficio para el accionista convirtiendo a la usura en un principio rectos del capitalismo.

Para mantener estos altísimos márgenes de ganancias, el capital no sólo ha de ser devorador de recursos —recursívoro— sino que también ha de serlo cada vez más hasta alcanzar ritmos de crecimiento exponenciales. Para el capital y su lógica de acumulación, cualquier límite a su expansión es como una amenaza mortal. Esta necesidad de crecimiento del capital es la que, en su lucha contra los límites del crecimiento que imponen los factores tecnológico, social y natural, está destruyendo la integridad de nuestros sistemas ecológicos, a nivel planetario.

Desde este nuevo enfoque, resulta obligado y responsable decir que el capitalismo dominante actual, en la versión neoliberal que no toma en cuenta el capital social y el capital natural, es un verdadero cáncer para el futuro de nuestro Planeta. El cambio climático ya irreversible es una consecuencia de dicho capitalismo salvaje y enfermizo donde las empresas de combustibles fósiles con el mayor exponente de estas empresas tóxicas para el futuro de la humanidad.

El capitalismo es también un sistema de clases donde sus clases ricas dominantes que representan casi el 7% del total poseen más del 80% del total de la riqueza y con la crisis del coronavirus sus ganancias han crecido estrepitosamente.  La plutocracia, además de intentar perpetuarse, no asume el futuro de nuestros hijos. Por ello, se achaca a los gobiernos esa tibia intervención que hacen en materia de lucha contra el cambio climático y se sostiene que los gobiernos de los diferentes países sólo sirven a la meta de la acumulación.

Todo ello se traduce también en que, aunque hablen mucho a favor del desarrollo sostenible, se muestren incapaces de responder pronta y adecuadamente a los retos que nos plantea el calentamiento global. De igual manera, el capitalismo —y con el permiso de los chinos— que tan fácilmente se apunta los tantos de producir la riqueza, es también el causante principal de la pobreza que se genera en el planeta.

El capitalismo insolidario y avaro que conocemos ha ampliado de una manera increíble la distancia entre los ricos y los pobres. Es el causante principal de la miseria y de la marginación creciente de los países pobres y perpetúa un ambiente de egoísmo internacional que hace que la cooperación necesaria para integrar el desarrollo sostenible en las políticas mundiales sea casi del todo imposible.

Bajo estas circunstancias, a pesar del progreso de algunos países a favor de la lucha comprometida contra el cambio climático, las emisiones de CO2 siguen yendo en aumento y ya hemos superado los 420 ppm de CO2 en la atmósfera como lo ha registrado el observatorio de  Mauna Loa, (islas Hawaii). Esta dato no deja lugar dudas de la irreversibilidad  del cambio climático que no hace olvidarnos de la fase de mitigación a la fase de sufrimiento,

También se van agudizando los efectos debidos al agotamiento de los recursos, especialmente el agua, la pesca y las tierras cultivables. De igual modo, muchas materias primas como la chatarra, algunos metales como el cobre y las tierras raras están conociendo un notable encarecimiento. ¿Los alimentos y el petróleo serán el próximo envite debido a la situación de Emergencia Climática? Ninguna de estas alteraciones beneficia al mundo. ¿Se está haciendo algo al respecto? Mi opinión es que muy poco. Como diría Karl Hess en “The Death of Politics”: Esto es lo malo de tener políticos sin ideas que sólo buscan poder y perpetuarse en sus cargos y venderse a los intereses del gran capital, en lugar de gente con ideas que se hacen políticos para garantizarnos a los ciudadanos un mejor futuro.

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