¿De dónde proviene la cultura del apretón de manos?

La cultura del apretón de manos viene desde antiguo. Se dice que el hecho de darse la mano derecha, de darse dos besos o de abrazarse significaba que uno venía en son de paz, demostrando así que no sostenía arma alguna.

Actualmente, a pesar de que la Covid-19 esté trastocando hábitos sociales tan antiguos como el «apretón de manos» y aparcando provisionalmente este entrañable gesto, al menos, para no olvidarlo nunca es bueno recordar sus ancestrales orígenes.

El rey Antíoco I le saluda a Hercules en son de paz, dándole la mano

El hecho de estrechar la mano demostraba que el otro no sostenía un arma y el mismo gesto de mover las manos arriba y abajo era una forma de asegurarse uno de que el otro no llevaba nada escondido bajo la manga. En el mundo antiguo, la figura o el relieve del apretón de manos aparece en jarrones, lápidas y losas en escenas de bodas, donde aparecen dioses cerrando tratos o guerreros jóvenes que parten a la batalla o cuando se produce la llegada de los muertos al más allá. A su vez, su descripción literaria se remonta a los tiempos de Homero cuando nos narraba la Ilíada y la Odisea.

De igual manera, merece la pena recordar lo que nos enseña un bajorrelieve del siglo IX a.C. donde aparece la figura del rey asirio Salmanasar III mientras estrecha su mano a la de un emisario babilonio y lo hacen como saludo y señal de paz entre gente amiga.

En un excelente artículo de Nina Strochlic sobre la «historia del apretón de manos» que publicó National Geographic, también ella insistía en que el coronavirus estaba afectando a este hábito tan antiguo y arraigado en nuestra culturas, cuyas raíces se extienden por todo lo ancho y largo de este planeta.

La utilidad general del apretón de manos, usado en la amistad, el romance y los negocios por igual, dificulta su interpretación. «El apretón de manos sigue siendo una imagen popular en la actualidad porque también lo consideramos un tema complejo y ambiguo», escribe la historiadora del arte Glenys Davies en un análisis sobre su uso en el arte clásico.

En Estados Unidos, es probable que la popularidad del apretón de manos fuera impulsada por los cuáqueros del siglo XIX. En un esfuerzo por evitar la jerarquía y la posición social, descubrieron que el apretón de manos era una forma de saludo más democrática que hacer una reverencia o quitarse el sombrero. «En su lugar, los amigos ponen la práctica del apretón de manos, extendido a todo el mundo independientemente de su clase social, como todavía hacemos», escribe el historiador Michael Zuckerman.

Quizá su persistencia tenga una explicación científica. En un estudio de 2015, un equipo de investigadores de Israel grabó apretones de manos entre cientos de desconocidos y descubrieron que casi un cuarto de los participantes se olían las manos a continuación. Plantearon la teoría de que un apretón de manos podría usarse de forma inconsciente para detectar señales químicas y posiblemente como medio de comunicación, como hacen otros animales cuando se huelen.

El beso como saludo tiene una historia igualmente amplia. Se incorporó al cristianismo temprano y se usaba en ceremonias religiosas. «En su Epístola a los romanos, san Pablo dio a sus seguidores la instrucción de “saludarse con un beso sagrado”», escribe Andy Scott en el libro One Kiss or Two: In Search of the Perfect Greeting. En la Edad Media, se usaba un beso como señal de fidelidad y para sellar acuerdos como cambios de propiedad.

En la actualidad, uno o dos besos en la mejilla son un saludo estándar en gran parte del mundo. La palabra beso podría remontarse a los romanos, que tenían un término diferente para cada tipo de beso y llamaban a la versión cortés basium. En París, lo habitual son dos besos. En la Provenza puedes esperar tres y en el valle del Loira la costumbre son cuatro. El beso en la mejilla también es habitual en países como Egipto, donde la tradición son tres besos, y también en Latinoamérica y las Filipinas.

Se cree que durante la peste en el siglo XIV, la bise podría haberse abandonado y no se recuperó hasta 400 años después, tras la Revolución francesa. En 2009, la bise quedó en pausa temporal por la preocupación ante la gripe porcina. A finales de febrero, el ministro de Sanidad francés recomendó no darse besos conforme aumentaban los casos de coronavirus. «Se recomienda la reducción de los contactos sociales de naturaleza física. Eso incluye la práctica del beso», afirmó.

En su libro Don’t Look, Don’t Touch, la científica conductual Val Curtis, de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres, afirma que un posible motivo de que el beso y el apretón de manos sean saludos es para indicar que se confía lo suficiente en la otra persona como para compartir gérmenes con ella. Por esto, la práctica puede ponerse o pasar de moda según los problemas de salud pública.

En un estudio de 1929, una enfermera llamada Leila Given escribió un artículo en el American Journal of Nursing lamentando la pérdida de los saludos tradicionales de la generación anterior en favor del apretón de manos. Advirtió que las manos «son agentes de transferencia bacteriana» y citó estudios anteriores que demostraban que un apretón de manos podía propagar gérmenes con facilidad. Como conclusión, recomendó que los estadounidenses se adaptaran a la costumbre china de la época, estrecharse la propia mano al saludar a un amigo. «Al menos así nuestras bacterias se quedarían en casa», escribió.

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