Lo más probable es que no haya más vida en nuestra galaxia que la que existe en el planeta Tierra

La probabilidad de que los seres humanos sean la única vida inteligente en la Galaxia de la Vía Láctea cada vez es más alta, según un nuevo estudio presentado a la revista Proceedings of the Royal Society of London A. Como informa Quartz, los investigadores del Future of Humanity Institute de la Universidad de Oxford aplicaron los conocimientos existentes de biología, química y cosmología a la ecuación de Drake (abajo). El Instituto Future of Humanity fue creado por el astrónomo Frank Drake en 1961 como un intento de calcular el número de civilizaciones inteligentes que podrían estar en nuestra galaxia. Incluyó factores como la tasa promedio de formación de estrellas y la vida media de las civilizaciones inteligentes.

N = R* x Fp x Ne x Fl x Fi x Fc x L

N = El número de civilizaciones tecnológicamente avanzadas en nuestra galaxia de la Vía Láctea

R* = La tasa de formación de estrellas que sean adecuadas para el desarrollo de la vida inteligente.

Fp = La proporción de esas estrellas que cuenten con sistemas planetarios

Ne = El número de planetas, por sistema solar, que tengan un entorno adecuado para la vida.

Fl = La proporción de planetas adecuados en los que la vida realmente aparece

fi = La proporción de planetas portadores de vida en los que emerge la vida inteligente

Fc = La proporción de civilizaciones que desarrollan una tecnología que emite señales detectables de su existencia en el espacio.

L = El tiempo que tales civilizaciones llevan emitiendo señales detectables en el espacio.

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Calculan que hay una probabilidad del 53,0 % al 99,6 % de que estamos solos en la galaxia, y una probabilidad del 39 % al 85 % de que seamos la única vida inteligente que se encuentra en todo el universo. Sin embargo, si se afina más utilizando factores que condicionan la vida en nuestro planeta, la probabilidad que nos sale es muchísimo más pequeña.

“¿Dónde están?”, Preguntan los investigadores, refiriéndose a la clásica Paradoja de Fermi, que afirma que existen seres extraterrestres inteligentes y que ya deberían haber visitado la Tierra y algunos contestan: “Probablemente estén extremadamente lejos, y muy posiblemente más allá del horizonte cosmológico y siempre inalcanzable”.

Pero hay quien no está tan de acuerdo con esa afirmación tan vaga. Es el caso de Shostak que trabaja como astrónomo en el Instituto SETI, una organización de investigación que analiza las señales de radio en busca de signos de inteligencia extraterrestre. Parte del desafío con el modelado matemático como éste es que los datos son limitados. Los científicos no han mirado muchos sistemas estelares. Shostak se olvida que él es arte y parte interesada en continuar con su investigación y que no le recorten los presupuestos del “txiringuito”. Pero el hecho es que esos datos que sugiere que no han explorado también se tienen en cuenta ya que se habla en base a los porcentajes que recogen las probabilidades condicionadas.

Es cierto que no porque sepamos que algo no existe en algún sitio determinado, podemos negar que no exista en ninguna parte. También, es posible que ni siquiera sepan qué buscar en los sistemas solares que han revisado. Dicha afirmación es cada vez menos aplicable y el Instituto SETI que examina las comunicaciones de radio y las señales de luz, lo sabe. Además, el hecho de que siempre exista la posibilidad de que una civilización inteligente haya intentado contactarnos utilizando medios que aún no hemos desarrollado o incluso considerado, viene contabilizado por default.

De cualquier modo, hay científicos interesados que no entienden o no les conviene entender la Paradoja de Fermi y, sin demostrar nada, se dedican a descalificar una paradoja que es más que razonable ya que la paradoja de Fermi lo que hace es subrayar la gran contradicción que existe entre las gratuitas estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes en el universo observable y la ausencia total de evidencias que nos demuestren mínimamente que existan tales civilizaciones.

Le acusan al científico Fermi de que podría ser un tanto ingenuo en lo que se refiere a su comprensión del Universo. Me parece una descalificación excesivamente grosera como para tomarla en serio. Lo que no tiene nada de ingenuo es afirmar: “Dime en qué trabajas y te diré cómo piensas”. Para sostener esta argumentación dicen que también podrían haber dicho lo mismo sobre la Antártida a comienzos del año 1700. Entonces, mucha gente es casi seguro que se habría preguntado: “¿Existirá algún continente más al sur del Estrecho de Magallanes?” Por un lado, se podría haber argumentado que era posible que hubiera un continente y, por otro lado, se podría haber dicho que no porque no se conocía. Lo que no afirman es que nadie demostró entonces que la probabilidad de que existiera la Antártida fuera casi cero, como ahora es el caso por mucho que estime lo que no pueden demostrar al igual que pasó con la piedra filosofal o la cuadratura del círculo.

En otras palabras, cualquier conclusión sobre la existencia de inteligencia extraterrestre es probable que sea presuntuosa, hecha antes de que se publiquen o descubran datos más sólidos. Pero la verdad es que las probabilidades de encontrar alienigenas son meros infinitésimos. No creo que haya nadie que, en su sano juicio, apostaría por algo cuya probabilidad de ocurrencia fuera un infinitésimo, lo que equivaldría a decir: prácticamente cero. Es el caso de la probabilidad de existencia de otros seres vivos fuera del planeta Tierra y dentro de nuestra Galaxia.

Lo que matemáticamente, y por cálculo de probabilidades, viene a indicarnos que lo más verosímil es que no haya vida en ninguna otro lugar del nuestra Galaxia de la Vía Láctea, salvo en nuestro planeta Tierra. Por eso, a pesar de los años transcurridos que llevamos buscando vida alienigena, no nos hemos tropezado todavía con ningún extraterrestre y con nada que nos indique que existen. No hay lugar siquiera ni para la duda razonable. Lo mismo podría ocurrir si buscáramos hipopótamos de color azul en los Alpes. No los encontraríamos ni allí, ni en ninguna parte. A nadie, que no fuera el que tiene el empleo de buscador de hipopótamos azules, se le ocurriría decir que siguiéramos buscándolos hasta mirar por todas partes cuando las probabilidades de que existan hipopótamos de color azul son también prácticamente cero.

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