1489: EL MAPA VASCO DEL NUEVO MUNDO—18 Capítulo

Capitulo 18º

El último salto: desde las Islas Azores al Golfo de Bizkaia

I

La idea de que todos los días, cada uno de los tripulantes e invitados del barco debía beber tres grandes vasos de sidra había tenido una gran aceptación, sobre todo cuando a finales de Mayo del 1489, en la cubierta principal de la nao “Ciburu” se estaba preparando una gran fiesta para el mediodía en la que se cocinarían excelentes platos de todas las culturas allí reunidas y se tomaría, además, vino, txakolí y una bebida sorpresa. 

Solamente se preparaba agua hervida y filtrada para tuviera algo que beber la embarazada aunque la dosis de sidra tenía que cumplirla para evitar el mal de mar o escorbuto. El motivo de la fiesta no era otro que el de celebrar un gran acontecimiento en honor del matrimonio Andraka-Besalú. Naomi estaba embarazada de algo más de tres meses y ello representaba el mayor regalo de aquel viaje que seguro que sería inolvidable. 

Todo el mundo estaba muy feliz en la fiesta donde se quería, además de felicitar a los futuros padres y deseándoles que todo fuera muy bien, que fuese un punto final a un viaje cargado de emociones y de tensiones, de vida y de muerte, pero siempre de ilusión y de esperanza. El hecho de que regresaran casi todos sanos y salvos a la bien amada Baskonia era una prueba de ello. Había que lamentar la muerte de dos tripulantes que dieron su vida luchando contra los terribles indios Calusa. Dentro de lo malo, lo bueno es que ellos no dejarían viuda e hijos pero sí el recuerdo de su sacrificio y de su valentía en la memoria de todos. La próxima nao que construyeran llevaría sus nombres.

Tras comer el marmitako de bonito recién pescado la víspera y la preparación con el añadido de chile-pimiento y de puré de calabaza, con el añadido aparte de tortillas de maíz que propusieron las nuevas cocineras, el plato salió más que suculento. Se trataba de un verdadero manjar que iba a ser regado por un txakolí especial que elaboraba el padre de su esposa Kattalin. Ellos eran judíos sefardíes, aunque, mejor dicho, primero eran vascones o navarros, luego serian de religión judía. Los Ohiartzun eran tan genuinos que hasta guardan un escrito en piel curtida de oveja donde se recordaba en hebreo el rezo que ellos utilizaban para bendecir los alimentos. El maestre capitán Johan de Ursua tomó la palabra sosteniendo una jarra de txakolí en sus manos:

— La historia olvida que los judíos llegaron a Sefarad del brazo de sus primos, los fenicios, y, más tarde, de sus primos nietos, los cartagineses. El idioma hebreo y el idioma fenicio son lenguas casi idénticas. Se dice que con los romanos llegó el vino pero se olvida que, en el siglo I, el mejor vino de Roma se producía en Judea y se exportaba desde el puerto judío de Cesárea. El vino por influjo de su propia religión, que consagra también el vino y que el cristianismo copió, lo desarrollaron y comercializaron primero los sefardíes —al llegar a este punto, rogó a todos que dejaran de hablar y que luego ocasión tendrían de explicar mejor a las mujeres lo que el estaba comentando, Así que el capitán Ursua prosiguió:

— Los judíos de la vertiente que da al Golfo de Bizkaia, adaptaron la vid, para crear un vino con un sabor diferente. De ahí nació este vino. Como casi todos ustedes saben se elabora habitualmente con las variedades autóctonas: la ‘Zuri’ y la ‘Beltza’. Son uvas con cierta acidez y que producen un vino de menor graduación. El Txakolí es un vino ligeramente carbonatado, con sabor fresco y aromas herbales. Es ligero, seco y fácil de beber. Los que somos de religión judía, como lo son también Ochoa y Naomi, a quienes conocéis bien, acostumbramos a bendecir toda cosecha y producción y así se recoge en esta bendición o “kidush” para la cosecha de la uva, antes de que ésta se convierta en txakolí y que no es un vino de Shabat: “Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, SheHakol Nihiá Bidvaró”. Que significa más o menos “Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que todo fue por Su palabra”. Esta oración se denomina SheHakol. Por eso utilizamos la palabra vasquificada Txakolin o Txakoli para mencionar este vino —y concluyó todo con un brindis por el hijo de la feliz pareja que estaba ya en camino.

II

Desde que dejaron por popa a las islas de las Algas, hasta que alcanzaron la posición geográfica en la que estaban, la nao “Ciburu” había recorrido casi dos mil millas náuticas. Se encontraban casi a la altura de las Islas Azores, cuando se oyó un grito desde la cofa del vigía:

— ¡Navíos a la vista!, ¡Dos carracas portuguesas a estribor! 

La carraca era un tipo de barco inventado en el sur de Europa durante el siglo XV y en particular desarrollado en Portugal a lo largo de ese mismo siglo. Era un barco más grande que la carabela. Aquellas naves eran veloces. Tenían tres palos con seis velas, un castillo de popa, un castillo de proa y un bauprés o palo que sobresale en la proa y se utiliza para asegurar algunas velas o cabos del trinquete. La carraca era muy parecida a la nao aunque algo mayor.

En teoría, la nao “Ciburu” era más marinera y rápida que las carracas pero todo dependería de la carga y de la destreza y habilidad de los capitanes. Johan de Ursua era ya piloto cuando solo tenía dieciséis años y los vascos, los inventores del timón de codaste, no tenían nada que envidiar a los navegantes portugueses.

No había más alternativa que enfilar al Nordeste. Aunque no tenían el viento de popa, éste soplaba por la aleta de estribor y la nao “Ciburu” tenía buena quilla y escoraba mejor que las carracas por lo que podía aprovechar mejor los vientos. A la media hora, una de las carracas se dispuso a perseguirla y contaba con la ventaja de situarse más al este y poder interceptarla en el camino. 

La regata naval que se impuso exigía que para ganar, la nao debería llegar antes que la carraca al punto de intersección y mostrarle la popa. Hubo un momento en el que parecía que la carraca portuguesa iba a conseguir abordarles pero, aunque lanzara dos cañonazos, todo fue un momentáneo espejismo.

La nao “Ciburu” viró un poco hacia babor y se colocó enfilando al NNE para aprovechar mejor la “txanpa” o el empuje de las olas y, de manera desafiante, arboló entonces, tanto en el palo mayor como en el palo trinquete, la enseña del Consulado de Bizkaia que agrupaba al resto de territorios vascos y que era una bandera de color roja con la cruz blanca de Borgoña de extremo a extremo, como la que habían utilizado para atracar en Brujas. 

Poco a poco, la carraca portuguesa fue perdiendo fuelle y las distancias aumentaron hasta que se perdió en el horizonte. Entonces, el capitán Ursua volvió a poner rumbo al Nordeste rumbo a la posición geográfica Latitud 46,20 Norte; Longitud 32,60 Este. No quería encontrarse con problemas y quería evitar ser abordado por barcos tanto del Reino de Portugal como del Reino de Castilla. Lo único que quería era arribar cuanto antes al puerto de Donibane Lohizune y abrazar a su dulce esposa Kattalin, a sus hijos y a su padre. Para cuando atracaran en los muelles del puerto, habrían pasado casi diez meses desde que zarparon de allí mismo con rumbo al Nuevo Mundo. Como casi todos, regresaba muy cansado. Johan pensó que nunca más volvería a ausentarse de su casa por un periodo que fuera superior a más de un mes. Lo tenía muy claro.

III

Naomi pegó un gran grito de alegría cuando terminó de dibujar el mapamundi que había integrado todos los planos recogidos y realizados por ellos o por otros en uno solo. En el mapamundi se dibujaban las costas del Nuevo Mundo desde la isla de Jaimaca del paralelo 18 N, situada al oeste de la isla del Bohío y al sur de la Isla de Cubao, hasta la isla de Hellulandia que descubriera Leif Erikson al norte, en el paralelo 65 N. 

La línea de costa del continente del Nuevo Mundo partía de la península Ma’ya’ab (paralelo 21 N), rodeaba el Golfo Cálido, contorneaba la península de Txini (paralelo 28 N). Al este se situaban el archipiélago las islas de los Lucayo, situadas en el paralelo 25 N y el archipiélago de las islas de las Algas en el paralelo 32 N.

Desde el norte de la península de Txini, línea de costa ascendía hacia el noroeste hasta la bahía de Txesapiuk (paralelo 37 N), de allí ascendía hasta el estuario del río Shetumak en el paralelo 40 N.

Desde la isla de Mannahattan, en dirección noroeste, se llegaba al estuario del río Algonquino, donde se encontraban los bancos de pesca del bacalao de la isla de Vinlandia que taponaba el estuario y que se situaba en torno al paralelo 48 N. Más al norte, aparecían otros territorios como Marklandia que se extendía desde el paralelo 50 N hasta el paralelo 60 N, y Hellulandia, territorio helado durante la mayor parte del año y que iba desde el paralelo 62 N hasta el paralelo 73 N.

En total, sin contar las copias, Naomi y Ochoa habían realizado más 180 mediciones de coordenadas geográficas, habían dibujado 40 cartas náuticas, 60 mapas, 130 dibujos paisajísticos, 45 dibujos etnográficos, dos mapamundi y tres mapas del nuevo continente, así como un mapa de detalle de la región donde recalaría Cristóbal Colón tras su próxima llegada al Nuevo Mundo siguiendo el paralelo 28 N correspondiente a las islas Afortunadas. En dichos mapas se recogían los territorios y costas comprendidos entre el paralelo 38 N y el paralelo 18 N del continente situado al otro lado del Océano Atlántico. Este mapa es el que sería entregado al que fuera maestro y mentor de Ochoa de Arteaga, Juan Vizcaíno de Lakotsa, junto con otros documentos complementarios.

IV

Ya, a partir del siglo de la baja Edad Media, en Baskonia, las actividades relacionadas con la mar fueron objeto de una minuciosa reglamentación. Baiona, desde 1255, disponía de unas ordenanzas regulando la venta del pescado. Pero el mejor testimonio lo constituye la formación de cofradías, que asociaban a las gentes de la mar y regulaban toda la actividad pesquera, jugando en ocasiones un papel destacado en el gobierno de la población costera. Así, la villa de Bermeo, de 1353, se contaba entre las más antiguas cofradías.

De igual modo, y desde el siglo XIV los “arrantzales” o pescadores vascos, cuya fama de buenos marinos era desde antiguo muy notable, buscaron nuevos caladeros que estuvieran más alejados de la costa vasca y empezaron a faenar en aguas de Inglaterra, Irlanda, Bretaña o Normandía, donde pescaban anchoas, bacalao o atún.

La caza de la ballena tuvo una importancia muy significativa. En un principio, la temporada de la caza de la ballena se realizaba entre octubre y marzo, cuando las ballenas se acercaban a la costa vasca. Los puertos vascos como Getaria, Mutriku, Lekeitio, Bermeo, Zarautz o Beariz, entre otros puertos del Golfo de Bizkaia, destacaban en la caza de la ballena, desde la cual aprovechaba especialmente la grasa, que se exportaba a Castilla, Aquitania, Bretaña, Francia, Inglaterra, Portugal, Aragón y Flandes. 

En el siglo XV, el alejamiento progresivo de las ballenas de la costa vasca forzó a los marinos vascos a ir a buscar nuevos caladeros en zonas que estaban cada vez más distantes, llegando hasta Vinlandia o a Marklandia, donde descubrieron también ricos bancos de bacalao. Ello supuso que las cartas náuticas y de pesca elaboradas por el cartógrafo vasco, Ochoa de Andraka, fueran utilizadas para planificar campañas a los caladeros del Nuevo Mundo y establecer factorías permanentes en tierra para preparar la grasa de la ballena y secar el bacalao.

En el siglo XV, el puerto de Donibane Lohizune era uno de los principales puertos del Golfo de Bizkaia gracias a la caza de la ballena y a la pesca del bacalao. Este período marcó la historia de la pesca vasca. En 1489, estaba proyectado que unos veinte barcos bacaladeros vascos fueran a pescar a Vinlandia o a Terranova como algunos empezaron a nombrar a aquella isla, al igual que algunos llamaban a las tierras del estuario de Nueva Bizkaia.

La Nao “Ciburu” ya había doblado el cabo Finibusterra[1] y estaba a punto de doblar el cabo Baries que era el cabo más septentrional de Galicia. Esa referencia representaba que desde las islas Azores hasta ese punto geográfico la distancia recorrida sería de 940 millas náuticas y que quedarían tan solo 265 millas náuticas para arribar al puerto de Donibane Lohizune. 

Eso quería decir que, con un poco de suerte, podrían arribar para el 18 de Junio de 1489. Dos días antes de que comenzaran las fiestas tradicionales del pueblo y antes de que los cinco barcos bacaladeros de Donibane Lohizune, que engrosarían la flota de Baskonia, zarparan para Vinlandia o Terranova. Sería una muy grata sorpresa para su esposa Kattalin, para sus tres hijos y para su padre Ander. Una sorpresa que Johan soñaba con hacerla posible.

V

La reina de Castilla, Isabel I, estaba preocupada por el comportamiento de Cristóbal Colón y había llamado a despachar al cartógrafo vasco, Juan Vizcaíno de Lakotsa, a la sazón, su hombre de confianza. En el año 1488, se había iniciado la segunda fase de la guerra de Granada que coincidía con centrar los esfuerzos bélicos en la conquista de las ciudades de Baza, Almuñécar, Guadix y Almería y enfrentándose a Abdallah Mohamed alias “El Zagal”.

La reina Isabel I quería seguir muy de cerca las fases finales de la guerra por la conquista del reino de Granada y, por ello, la corte de Castilla se había establecido en la ciudad de Jaén desde el 22 de mayo de 1489. El navegante Cristóbal Colón había mantenido su primera reunión con la reina Isabel I de Castilla  hacia tres años en Alcalá de Henares. Allí fue donde Cristóbal Colón le explicó a la reina castellana la idea de llegar a las Indias por occidente, una idea que ya había sido rechazada en Portugal al ser tachada de disparatada. 

Sin embargo, aunque no se le contestó que no a Cristóbal Colón, tampoco se le dio un sí rotundo y en vista de los costes que supondría la guerra de Granada, Isabel I de Castilla decidió asesorarse mejor. Tuvo la suerte de toparse con el cartógrafo Juan Vizcaíno de la Lakotsa que le enseñó los mapas de la isla de Vilandia y de las tierras de alrededor que había realizado un brillante alumno suyo y que no era otro que Ochoa de Andraka. 

La reina, antes de decidirse, necesitaba asegurarse de que al otro lado del Océano Atlántico se encontraba un continente desconocido hasta entonces y situado entre Asia y Europa, el Nuevo Mundo. Por eso, la reina, por medio de sus asesores y colaboradores, Hernando de Talavera y Juan Vizcaíno, había contratado este viaje de exploración al Nuevo Mundo que le proporcionaría las cartas náuticas y una serie de pruebas de la existencia del continente a descubrir.

A su vez, y para evitar que Cristóbal Colón acudiera a otros países como los de Inglaterra y Francia, se le concedió una renta anual mientras se buscaba financiación y se construían embarcaciones y se preparaba la logística. Según la contabilidad real del reino de Castilla, el marino genovés recibió entre 1487 y 1488, en distintos pagos, 17.000 maravedíes. 

Durante todos esos años que trascurrieron Cristóbal Colón acompañó a la corte real. Al parecer, el duque de Medina Sidonia, Luis de Cerca, accedió a pagar el coste de la aventura, hecho que comunicó el duque en una misiva a la Reina Isabel. Aquella era una buena noticia y tras recibirla, el 12 de mayo de 1489, la reina castellana firmaría una Real Cédula en la que ordenaba a todas las ventas o posadas y ayuntamientos que dieran albergue, fonda y víveres al genovés. Lo hacía para que Colón pudiera llegar a la ciudad de Jaén sin problemas desde el monasterio de La Rábida donde mantenía una buena relación con los franciscanos, especialmente con Fray Luis Pérez de Marchena.

El 22 de mayo de 1489, el matrimonio formado por la reina de Castilla, Isabel I, y el rey de Aragón, Fernando II, se establecieron en el antiguo palacio episcopal del obispo Luis Osorio de la ciudad de Jaén. El 27 de mayo de 1489, Fernando II de Aragón partió hacia el sitio de de la ciudad de Baza y quedó sola la reina Isabel permaneciendo en Jaén, a la espera de reunirse con Juan Vizcaíno de Lakotsa. 

Cristóbal Colón llegó a la ciudad a principios de junio y se hospedó en el convento de San Francisco, pero la reina no lo quiso recibir hasta no tener la información que tanto necesitaba para tomar una decisión definitiva con respecto a la expedición que le había propuesto el navegante Colón hacía tres años. 

— ¡Su Majestad!, antes de que la nao zarpara hacia el Nuevo Mundo, a finales de agosto del año pasado, me informaron en que regresarían hacia finales de Junio de 1489. Conozco muy bien al maestre capitán del barco, Johan de Ursua, y le puedo asegurar que es uno de los mejores marinos vascos. Además, ya había viajado dos veces, y esta vez ha sido la tercera vez que viaja al Nuevo Mundo. Por su parte, el cartógrafo Ochoa de Andraka es un maestro excepcional que habla incluso el idioma de algunas tribus indígenas de allí y sé que hará un gran trabajo cartográfico que no le defraudará en absoluto —se explicaba el cartógrafo y asesor de la reina a requerimiento de una pregunta que ella anteriormente le había hecho 

— Necesitamos urgentemente, señor de Lakotsa, tener la información que nos permitirá decidir si, definitivamente, apostamos de verdad o no, por la idea de Colón. Sé que, desde principios de Junio, el navegante genovés ya se encuentra en Jaén, hospedado en el convento de los franciscanos. Él ya ha solicitado una audiencia conmigo pero no lo quiero recibir hasta no saberlo todo. ¿Para cuándo espera que podríamos reunirnos en Jaén con el maestre Ochoa de Andraka? —preguntó la reina de Castilla

— Me figuro, ¡Su Majestad!, que para la última quincena de Julio, no habrá ningún problema en reunirnos. Me encargaré de que ello sea posible —respondió el maestro cartógrafo, a su vez, armador vasco.

Indudablemente, la reina Isabel I dedujo que, si la información le llegaba a finales de Julio, eso quería decir que, hasta el mes de Agosto, ella no se encontraría en condiciones de recibir a Cristóbal Colón. Por consiguiente, debería hacer correr la noticia que se encontraba muy ocupada en otros menesteres, para que  Colón no sospechara nada.

VI

Por encargo de Ochoa y con la ayuda de Kattalin, que manejaba junto con su suegro Ander de Ursua las finanzas de su primo, los padres de Naomi habían hecho construir una casita en el barrio del Santo Espíritu de Baiona. La casa se encontraba cerca de la posada de Jacob para que allí vivieran su hija y su yerno. La casa ya estaba toda equipada para mediados de Junio de 1489. Rebeca, la madre de Naomi, y Kattalin, la prima de Ochoa y, a su vez, la esposa de Johan, se habían ocupado de todo. Sin embargo, Naomi no sabía nada. Era una sorpresa con la que Ochoa le quería agradar a su amada esposa. 

— Dentro de dos días ya estaremos en Baiona. ¿Tienes muchas ganas maitetxo de ver a tus padres y a tus hermanos? —preguntó Ochoa a su esposa, tumbados los dos en el catre de su camarote, mientras acariciaba el vientre de su esposa intentando sentir a su hijo.

— Claro que me hace mucha ilusión. Tanta ilusión me hace que estoy saltando de alegría solo con pensarlo. Mis padres se van a volver también locos cuando se enteren de que van a ser abuelos. Pero me preocupa una duda que tengo y quisiera preguntártelo—Ochoa la abrazó con cariño, le dio un beso en la frente y le hizo un gesto para que le hiciera la pregunta.

— Hace un día, Johan me propuso que pasáramos las fiestas patronales de Donibane Lohizune que empiezan el 20 de Junio y acaban el 24 de Junio. Yo le contesté que porqué no te lo preguntaba a ti directamente y él me replicó que si no lo hacía era que porque sabía perfectamente lo que le ibas a responder.

— ¿Y qué es lo que le iba a responder? —preguntó divertido el marido a su mujer.

— Que esas cuestiones las decidía yo y que mejor que él me lo preguntara a mi —respondió Naomi con una picarona sonrisa mientras su esposo hacia un gesto que asentía que lo que dijo Johan era cierto.

— Yo creo que sería más acertado ir a visitar primero a tus padres y quedarnos allí con ellos hasta que decidamos dónde y cómo queremos vivir —contestó Ochoa con una amplia sonrisa— en todo caso, podríamos pasar un día en el caserío de Askain, cenar con los primos y los sobrinos, para dormir allí, y regresar al día siguiente donde tus padres. ¿Qué te parece maitetxo? 

— Me parece muy bien ¡Jaim Sheli![2] —respondió Naomi— Además, no te olvides de que tenemos siete mujeres a las que tenemos que hospedar y dar trabajo y la posada podría ayudar aunque también me dijo Johan que en su caserío también necesitarían gente pues compraron más terrenos y estaba pensando en plantar robles, maíz y frijoles. Estas mujeres son expertas en ello. Eso sí que sería una buena idea a la que podríamos apuntarnos. ¿Estás de acuerdo marido mío? Johan me lo ofreció y yo le adelanté que seguramente le diríamos que sí.

— ¡Y estoy de acuerdo contigo!. Sería un buen negocio. De eso no tengo ninguna duda. Pero, ¿Podríamos contar con las siete mujeres del Nuevo Mundo? —preguntó Ochoa.

— Yo creo que sí —contestó Naomi pensando en ello— La mujer Timukúa, la mujer Tlaxcalteca y la mujer Caribe se han echado novio cada una de ellas, pero todos los novios viven cerca de Donibane  Lohizune. Eso quiere decir que, aunque se casaran, podrían trabajar en la producción de maíz y frijol. Las otras cuatro mujeres más bien creo que son las que más lo agradecerán. También he pensado que podrían ser incluso socias de la explotación agrícola que montemos y que bien podría ser una especie de trabajo asociativo como el que conocimos en el poblado Lenape de la isla de Mannahattan. 

VII

A las 10,30 de la mañana del 18 de Junio de 1489, casi diez meses después de que zarparan hacia el Nuevo Mundo, los tripulantes y pasajeros de la nao “Ciburu” se habían engalanado para festejar el regreso a casa, para la mayoría de ellos, y la entrada en la nación que les acogería de por vida, para las siete mujeres del Nuevo Mundo. En aquella ocasión, todos iban vestidos con su boina o txapela roja de marinero. Habían recorrido casi 13.500 millas náuticas pero, gracias a Dios, todos tenían muy buen aspecto y gozaban de buena salud.

Mientras que el barco era remolcado por dos bateles que se le transportaban lentamente hacia el muelle de atraque, la gente que trabajaba en el puerto se acercaba a la nao, brincando de alegría. Casi todos eran conocidos y querían ver la cara de cada uno de ellos para reconocerlos primero y luego saludarles, dándoles la bienvenida. 

El padre de Johan, se abrió paso entre la multitud y se acercó hasta el borde del muelle.  Johan, Naomi y Ochoa le reconocieron y le saludaron sonriendo con la mano. Ander de Ursua hizo una seña con las dos manos como queriendo saber qué tal les había ido y fue su hijo el que le respondió con otro gesto que expresaba: “¡Mejor imposible!”.

Cuando la nao quedó por fin atracada, se colocaron desde el muelle dos pasarelas para que subieran los familiares que se encontraban próximos y habían sido avisados. Tal fue el caso de varias familias que esperaban subir a bordo para abrazar a los suyos. Entre ellas, destacaba la figura del padre de Johan que se encontraba trabajando en el astillero y preparando cuatro naos para la campaña ballenera de Terranova, como ya se decía oficialmente en el seno de las diferentes cofradías de Baskonia. 

A eso del mediodía, quedaban sólo en el barco, además de los estibadores y los responsables de su limpieza y de su mantenimiento, el matrimonio Andraka-Besalú, el contramaestre, el piloto,  el maestre capitán Ursua al que se había unido su padre y cuatro mujeres del Nuevo Mundo que se hospedarían en casa de Johan, en el caserío de Askain. La mujer Timukúa, la mujer Tlaxcalteca y la mujer Caribe habían sido invitadas por sus respectivos novios para pasar las fiestas patronales de San Juan con las familias de ellos.

En el caso de Naomi y Ochoa, la pareja estaba esperando a que llegara la carreta de mulas que les llevaría a Baiona pero también aguardaban la llegada de Kattalin y de los tres sobrinos a los querían mucho. Sobre todo, era Naomi la que más necesitaba estar con Kattalin para hablar de sus cosas como mujer, de su embarazo y pedirle algunos consejos a su prima mayor. 

En el momento que cargaban los tres baúles en la carreta que les trasportaría a Baiona, llegaron dos carretas de mulas desde Askain. Los sobrinos mayores, saltaron de la carreta cuando ésta se detuvo para ser los primeros en besar y abrazar a su padre y a sus tíos. 

Después vino corriendo el hijo pequeño que se tiró sobre su padre para preguntarle tras el primer beso, a ver que le había traído del viaje para lo mismo hacer con el “osaba Ochoa”. A la “izeko Naomi”[3] tras darle un beso no tuvo que pedirle nada porque ella le regaló unas golosinas picantes que le trajo la mujer Maya,  al igual que les había regalado antes a sus hermanos.

El encuentro entre Kattalin y Johan sí que resultó entrañable y conmovedor no sólo para la pareja sino también para todos. Los dos esposos se fusionaron en un abrazo coronado por un profundo beso que duró casi un minuto. Se amaban con locura y se notaba. 

Tampoco había duda de que los dos habrían sufrido lo indecible habiendo estado diez meses separados el uno del otro. Pero los dos eran fuertes y sabían sufrir aunque Johan le dijo algo al oído de Kattalin que ella saltó de nuevo a sus brazos para volver a abrazarle una y otra vez, mientras soltaba de alegría, y darle las gracias a Dios por tener un esposo así de bueno.

El carro de mulas que se dirigía a Baiona transportando a Ochoa y Naomi salió primero. A lo lejos, en el muelle, Kattalin ya se había hecho amiga de las mujeres del Nuevo Mundo. Las cinco se reían de sus propios comentarios. 

— Kattalin es una mujer maravillosa que siempre pone alegría y positivismo allá donde está —exclamó Ochoa

— También lo es Johan con su entrega, sinceridad y realismo. Tendrías que haberle oído lo que le prometió a Kattalin al oído — Naomi le insinuó a su esposo.

— ¿Qué es lo que le dijo que ni sé, ni me he enterado? —le preguntó Ochoa a ella con sumo interés y curiosidad.

— Que nunca más sacrificaría a su familia por hacer algo que no merece la pena —contestó Naomi mostrándole a su esposo una sonrisa enigmática. 

— ¿Entonces, todos los trabajos de cartografía que hemos hecho, todos nuestros sacrificios y todos los peligros que hemos corrido durante todos estos meses, según Johan no valdrán para nada? —preguntó de nuevo Ochoa

— Por lo visto, no —respondió Naomi de nuevo de una manera un tanto impenetrable. 


[1]  Cabo Finisterre

[2] ¡Vida mía!, en hebreo

[3] Tía Naomi, en vasco

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