¿Qué hay de verdad en la historia de que el inventor de la famosa Guillotina, con la que se ejecutaban a los condenados a muerte en Francia durante la Revolución Francesa, fue un médico cuyo apellido era Guillotin?

En la mente popular y, a veces, en los libros de historia, se informa que la guillotina fue inventada por un médico cruel, que quería que las ejecuciones fueran más efectivas y rápidas. Se trata de una verdad a medias. En primer lugar, porque el motivo era otro bien diferente. Joseph Ignace Guillotin, que así se llama el personaje, era médico y, por ese motivo, queria que las muertes no fueran dolorosas.

Para ello, propuso normalizar las penas de muerte, que iban desde la decapitación con un hacha hasta el ahorcamiento, pasando por ser quemado en la hoguera y sustituir esas muertes por una sola forma que fuera rápida y efectiva. Esto es lo que más o menos propuso Guillotin como diputado que era del Tercer Estado de la ciudad de París a la Asamblea General en 1789.

En segundo lugar, porque si bien estaba ansioso por acortar los sufrimientos de los condenados, ya sabía cuál sería el método a aplicar: La famosa guillotina. Pero ahí es donde, precisamente, surge una mentira «por omisión». Realmente, la guillotina no fue inventada por Guillotin. Ya existía desde la Edad Media y se aplicaba con todas sus variantes en diferentes países europeos. Para hacer un diseño estándar, construirla e instalarla en Francia, Guillotin tuvo que recurrir a otro médico.

Se llamaba Antoine Louis, quien, por lo tanto, es el verdadero inventor de la guillotina francesa. Desde las primeras ejecuciones en 1792, también fue apodada «Louisette» en honor al nombre de su constructor. Como anécdota se puede contar que, durante la primera ejecución, la de Nicolas Jacques Pelletier, condenado a muerte por robo con violencia, la multitud abucheó al verdugo ya que quedó decepcionada por la velocidad con la que se cumplió la ejecución. Para la masa de gente que asistió resultó un espectáculo excesivamente breve. Alguien debió tomar nota para, en adelante realizar tandas de ejecuciones más largas que satisficieran la sed de sangre de la masa de gente como lo muestra el cuadro de arriba.

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