La necesidad de una urgente electrificación total del transporte, de los edificios y de las industrias para realizar con éxito la transición energética

El sector eléctrico es el mejor vector de energía disponible para incorporar instalaciones renovables. Los diferentes gobiernos de los países del mundo para poder mitigar los impactos debidos al cambio climático necesitan promover la descarbonización de la economía a través de una mayor electrificación de las diferentes sectores económicos, especialmente en sectores como el transporte (vehículos eléctricos, almacenamiento de energía, smart grids, infraestructura de recarga) y los edificios (aislamiento térmico, ahorro y eficiencia, bombas de calor).

Así pues, necesitamos una urgente electrificación del transporte, de los edificios y de las industrias para realizar con éxito la transición energética. Todo lo que sea frenar o evitar este proceso de electrificación, tal como continuamente se está haciendo desde empresas productoras y consumidoras de combustibles fósiles, significaría retrasar aún más la lucha contra el agravamiento del Cambio Climático ya iniciado.

En este sentido, reafirmo que la apuesta por el hidrogeno y los combustibles sintéticos a partir de un CO2 fósil, además de no cumplir con los objetivos climáticos que impulsan la eficiencia energética y una Europa climáticamente neutra, no es más que un intento de hacernos perder tiempo y dinero supervaliosos, a pesar de la situación tan grave en la que nos encontramos actualmente. Las noticias sobre la evolución del cambio climático que muy pronto conoceremos son cada vez más alarmantes.

Varias empresas eléctricas comprometidas con la lucha contra el cambio climático como Iberdrola plantean que para que la electrificación sea posible, deberíamos crear unas reglas de juego que sean justas y niveladas para todas las fuentes de energía sean renovables o no. En efecto, todas las fuentes de energía (gas, gasolina, carbón, electricidad, etc.) deberían pagar los costes para sus emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, internalizando los costes ambientales.

Consideran que se debería establecer una imposición ambiental uniforme basada en el principio de «quién contamina paga» tal como se aplica en California y en aquellos países que ya han establecido el llamado impuesto sobre el carbono. El impacto del impuesto sobre los productos finales aumenta sus precios en proporción a las emisiones que provoca su producción, promoviendo el consumo de los productos que hayan inducido menos emisiones de CO2 en su producción.

Del mismo modo, se considera obvio el hecho de que un aumento gradual y planificado de este impuesto podría ayudar a orientar las inversiones a largo plazo, dejando tiempo suficiente a los consumidores y a las empresas para adaptarse a las progresivas evoluciones de la transición energética.


Eficiencia energética: Electricidad, Hidrogeno y Combustibles sintéticos (Power-to-Gas, Power-to- Liquids)

También se considera que se deberían eliminar las barreras existentes a la electrificación, simplificando las tarifas eléctricas para eliminar los costes de falta de suministro (es decir, políticas de apoyo social, industrial o ambiental) y promoviendo los usos finales de la electricidad.

Desgraciadamente, estas medidas todavía son aspiraciones y difieren mucho de la realidad. A su vez, nos constatan que las declaraciones grandilocuentes que se hacen desde la política en apoyo de la lucha contra el cambio climático, apenas coincidan con las políticas que se aplican.

Por ejemplo, hace tiempo que, en el sector del transporte, se deberían haber establecido objetivos ambiciosos para el despliegue masivo de vehículos eléctricos en la flota total de vehículos nuevos y asegurar igualmente el despliegue de una red de recarga básica en vías públicas, proporcionando confianza a los propietarios y usuarios, etc., pero la triste constatación es que nada de esto se ha hecho.

Lo mismo ocurre con el sector de los edificios NZEB (Consumo energético casi nulo) que si consigo suficientes esponsores espero publicar en un dossier especial y de manera profusa y detallada. Lástima que para la verdadera prospectiva energética apenas haya dinero. Mi propósito es realizar un estudio de benchmarking relativo al análisis comparativo de estrategias a nivel mundial, en relación con la transición energética en el sector de la edificación, para su aplicación en los estados miembros y regiones europeas en el horizonte del año 2030. Se trata de cumplir con el escenario climático normativo que obliga a que toda la UE realice una reducción del 55% de las emisiones de CO2 para dicho año, 2030, en base al nivel de emisiones de 1990. ¡Se acabó!; ya no hay lugar para la esquiva y el disimulo.

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