¿Cómo puedo hacer que mi hijo se acostumbre a recoger su habitación?

Por consiguiente, mi recomendación es la de enseñarle a recoger su habitación, ayudándole a hacerlo bien y con mucha paciencia y, cuando ya esté listo, decirle al hijo que ya está preparado para que lo haga sólo y, así dejarle durante un tiempo, corrigiendo aquello que no haya conseguido hacer perfecto pero sin regañarle. Basta con que el niño vea lo que no está bien hecho y mostrarle cómo se debiera hacer. El hecho de hacer bien la cama, sin arrugas, y dejar los zapatos bien limpios y ordenados suelen ser unas tensas “batallas”.

En una gran medida, ello ocurre porque la concepción de lo que es el orden no tiene mucha importancia entre los niños y entre algunos jóvenes que no son tan niños. También recomendaría que cuando el hijo haya conseguido dejar su habitación ordenada, ésta sea visitada por los demás miembros familiares y él la pueda enseñar con orgullo, mostrando su proeza que, en realidad, también es cierto que la es.

Si es posible, también sería bueno que recibiera una gratificación (un regalo de algo que le gusta) y un reconocimiento familiar por su esfuerzo, colaboración y dedicación al cuidado y bienestar de su cuarto situado en la casa de todos. Puede sonar ridículo para un adulto, pues el hijo hace lo que tiene que hacer, pero, en cambio, es algo sumamente importante para un niño. Ello ayudará a crear un ambiente positivo de colaboración entre el hijo y el encargado/a de enseñarle a recoger su cuarto, bien sea su padre, su madre o los dos.

En caso de que alguno de los dos progenitores falte, el padre o la madre, la tarea de ayudar a recoger el cuarto siempre le tocará al mismo o a la misma. Supongamos que se trata de una madre viuda con un hijo varón. MI consejo es que se forme, por ejemplo, una alianza estratégica entre madre e hijo en la que se discute la distribución del tiempo de ocio. Ahí entra el tiempo destinado a las comidas, a los juegos, a hacer las tareas del cole, al aseo y la higiene y se incluye también el reparto del trabajo de limpiar y ordenar la casa.

Esta alianza estratégica, suele funcionar muy bien. Se puede aprovechar esta alianza para darle responsabilidades al hijo y adjudicarle el trabajo de mantener limpio y ordenado su cuarto y, solo en principio. Obviamente, aunque el resto de las tareas se las tenga que autoadjudicar la madre a sí misma (¡Qué remedio!). Sin embargo, siempre será bueno reservar algo para una ayuda parcial y progresiva del hijo en las tareas de la casa, en función de su edad, voluntad y capacidad de gobierno.

La madurez se consigue también a base de mantener experiencias y de asumir compromisos y responsabilidades. Una familia formada por una madre viuda y un hijo solo, tiene la ventaja de que el hijo nunca podrá mirar hacia otro lado, ni podrá escurrir el bulto, ni diluir responsabilidades en otros y, por consiguiente, madurará antes que los demás niños. Naturalmente, eso ocurrirá siempre que se le haga al hijo ser responsable y comparta las tareas de la casa, entre otras cosas. El regalo de la vida viene después. Cuando un niño madura es cuando resulta más fácil que este hijo salga adelante en la vida.

 

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