Una forma sencilla de explicar la nueva Revolución Industrial

Quizás una forma sencilla de empezar la explicación sea la de realizar un breve recorrido por la historia de la ciencia y la tecnología donde podemos concretar que se produjeron las siguientes revoluciones industriales:

La 1ª Revolución Industrial supuso la mecanización de procesos industriales , la utilización del vapor como fuente de energía a partir del carbón y el aprovechamiento de la energía hidráulica. Comenzó en Europa, a mediados del siglo XVIII, principalmente, en Francia, Suiza e Inglaterra y siguió durante el siglo XIX, como fue el caso del ferrocarril.

La 2ª Revolución Industrial significó la producción industrial en masa y la electricidad. Comenzó en los años 1820-1850 primero en los Estados Unidos y Alemania, pero fue particularmente importante entre 1870 y 1914, cuando las fuentes de energía primaria fueron el gas, el petróleo y la electricidad como fuente de energía secundaria. De igual modo, se conocieron nuevos materiales y nuevos medios de transporte como el avión y el automóvil y nuevos medios de comunicación con el teléfono y la radio. Todo ello afectó fuertemente a la organización del trabajo y al sistema educativo y científico, al tamaño y gestión de las empresas, al consumo y a la política.

La 3ª Revolución Industrial, también llamada RCT (Revolución Científico Tecnológica) se refiere al desarrollo de electrónica, la informática y la comunicación, (TIC) y la automatización. Apareció en la década de 1970, principalmente en Estados Unidos con la comercialización de microprocesadores y ordenadores de mesa y, rápidamente, se extendió al resto del mundo.

La 4ª Revolución Industrial parecía que se centraría en la digitalización de los procesos de trabajo, en la impresión 3D, y alcanzar la automatización masiva donde la robótica ocuparía un lugar distinguido. Es evidente que se ha desarrollado mucho más y que, tras la superación de la pandemia de la Covid-19, se acelerará esta revolución de modo que trastocará por completo los mundos del trabajo y de la educación e, incluso, hasta la propia democracia y las libertades.

Todo depende de quienes se hagan los dueños o controlen el uso y desarrollo de esas nuevas tecnologías. En el horizonte temporal, asoma una sociedad “neofeudal” conformada por una clase oligarca dominante que, a pesar de no llegar a ser el 8% de la población controla el 83% de la riqueza y de las tecnologías, y el resto formada por los nuevos siervos de la gleba que viven adocenados en marcos de democracia carente de contenido.

Si bien es cierto que nada está determinado y que depende de lo que ahora hagamos para alcanzar un futuro u otro, dada la alta tasa de corrupción política que permite gobernar a las empresas por encima de los intereses de los ciudadanos,  las tendencias basadas en una abusiva concentración del capital y la riqueza en unas pocas manos, me obligan a presagiar futuribles muy conflictivos que, con seguridad, darían paso a nuevas revoluciones.

De cualquier modo, es algo innegable que la década de los años 2020 va a ser del todo rompedora con el pasado y, si no nos preparamos a tiempo, será brutalmente disruptiva, deshumanizante y caótica. Por ahora, es evidente que no nos estamos preparando a tiempo. Los niveles de incoherencia entre la formación-educación que se imparte en los centros educativos y las competencias que demandan los nuevos puestos de trabajo, y los antiguos puestos de trabajo que requieren una urgente adaptación, han llegado a convertirse en unas incoherencias de escala que son ya astronómicas.

A caballo sobre las tecnologías de la Información y la Comunicación, la 4ª Revolución Industrial está sacudiendo el mundo, sobre todo, con el acompañamiento y desarrollo de la Inteligencia Artificial, el Aprendizaje Automático (Machine Learning), la aparición de robots autónomos, Internet de las cosas (IoT), 5G, la ciberseguridad, la nube, la fabricación aditiva, la realidad aumentada y las ciencias de datos (Data Science, Deep Data, Big Data) y de resolución de problemas complejos como lo constatan los increíbles avances de la Analítica Social, la Algorítmica, etc.

La cuarta revolución industrial, o Industria 4.0, cambiará no solo lo que hacemos sino también la percepción de quiénes somos. Afectará a nuestra forma de ser y a todos los problemas relacionados con ella. Estos avances afectarán a nuestra defensa de la privacidad, a nuestras nociones de lo que representa la propiedad, a nuestros hábitos de consumo, a la división entre lo que representa el trabajo y representa el ocio, al modelo escalable y a la hoja de ruta de nuestra carrera profesional, al modo y a la prioridad con las cultivaremos nuestras habilidades y fomentaremos nuestras relaciones sociales.

De hecho, nuestra percepción de lo que es estar sano ya está cambiando y, no sólo lo digo por cómo y con qué intensidad la pandemia del coronavirus ha afectado de una manera tan trágica e indefendible a nuestra salud, a nuestro trabajo, a nuestro ocio, a los desplazamientos, a nuestras relaciones, y a nuestros hábitos de vida. La lista de las potenciales afecciones por la COVID 19 u otras previsibles pandemias es interminable y seguirá creciendo ya que solo está limitada por lo que alcance de nuestra propia imaginación.

Sin embargo, ni las tecnologías, ni las rupturas que las acompañan, constituyen una fuerza exógena sobre la cual los seres humanos, hombres y mujeres, no podamos ejercer ningún control. Todos somos responsables de guiar la evolución de la tecnología, y lo hacemos en las decisiones que tomamos todos los días como ciudadanos, consumidores e inversores. De esta manera, debemos aprovechar las oportunidades y el poder que tenemos ahora, en nuestras cada vez más limitadas democracias, para dar forma a la cuarta revolución industrial y dirigirla hacia un futuro que refleje nuestros objetivos y valores comunes, poniendo límites a la acumulación de poder y de riqueza y aplicando las necesarias leyes anti-trust, de manera que impidan la creación de mercados oligopolistas que tanto contribuyen a la corrupción, al deterioro de la democracia, a la pobreza, a la injusticia social  y a la merma de las libertades.

Para hacer esto, debemos desarrollar una visión global y compartida de cómo la tecnología afecta nuestras vidas y reestructura nuestros entornos económicos, sociales, culturales y humanos. A lo largo de la historia de la humanidad, los seres humanos nunca han conocido un momento que nos ofrezca más promesas de desarrollo y bienestar social, por el contrario, también un mayor número de peligros potenciales de índole muy grave para el futuro de la humanidad como es el referido al Cambio Climático.

Sin embargo, los políticos y las empresas de hoy en día están atrapados con demasiada frecuencia en el pensamiento tradicional, lineal y miope y se entretienen atendiendo malamente las múltiples crisis y problemas que requieren su atención diaria.

Pero, desgraciadamente, continúan sin querer comprometerse con las soluciones que atiendan al largo plazo y rompedoras y disyuntivas con obsoletas políticas actuales. Los basureros de la historia están llenos de tendencias prolongadas. Solamente triunfan los países que saben anticiparse a los acontecimientos o que tienen un ejército con un armamento capaz de derrotar y someter al resto de las naciones.

Tampoco quieren entender que ya no hay recetas para el presente y que se requiere una estrategia disruptiva de largos años de aliento que reinvente los obsoletos sistemas laborales, educativos, etc., de manera que rompa progresivamente con los obsoletos, ineficientes e ineficaces modelos educativos actuales.

Pero esa no es nuestra vía, en nuestro caso, solo hemos de entender que las soluciones serán más traumáticas para nosotros en la medida que no contemos con los profesionales que necesitamos para efectuar una correcta transición hacia los nuevos paradigmas que nos aguardan. Es indudable que la falta de profesionales técnicos es un handicap a superar muy importante.

En efecto, una de las principales causas del cambio se deben al progreso tecnológico en un contexto en el que hay pocos ingenieros entre líderes políticos, académicos y líderes empresariales. Este hecho hace que sea aún más difícil comprender el impacto de los cambios abruptos y profundos que se avecinan como son los cambios demográficos, los cambios tecnológicos y los cambios climáticos.

Al final, todo se reduce a personas y valores. Deberíamos crear un futuro que funcione para todos nosotros, colocando a las personas primero y capacitándolas. No olvidemos que, en su forma más pesimista y deshumanizada, la 4ª Revolución Industrial podría potencialmente “robotizar o automatizar” a toda la fuerza de trabajo de la humanidad e incluso, para algunos, privarnos de nuestro corazón y nuestra alma. Ello nos llevaría a los infiernos.

Pero, también podríamos escalar hasta los mismos cielos. En efecto, podemos sacar partido de los mejores componentes de la naturaleza humana. A su vez,  la creatividad, la empatía y el buen gobierno también podrían elevar a la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada, en el sentido compartido de hacer posible y real, el buen destino al que aspiramos.

Podemos construir un mundo donde nadie escupa sangre para que otro viva mejor, donde todos podamos ofrecer a la comunidad humana lo mejor de nuestras de nosotros según nuestras capacidades y recibir de los demás según nuestras necesidades. El mundo de la Utopia es ahora cuando es más posible que nunca, como así lo recojo en mi novela: “Utopia en el siglo XXI”. Un paraíso que se encuentra, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Naturalmente, si hacemos lo que tenemos que hacer y evitamos que los “malos” —que todos sabemos quienes son— nos ganen la partida.

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