La expansión de las tribus celtas por la Península Ibérica

Según diferentes fuentes que se recogen de documentos de los historiadores antiguos, de la toponomía, de la arqueología y de los estudios de genética, hay acuerdo en que los celtas, formaron parte de un fenómeno migratorio procedente del Centro europeo y que, en España, de dice que vino marcado por dos olas, la primera ola de inmigración céltica tradicionalmente se ubica en torno al año 900 a.C. y la segunda ola, dos o tres siglos más tarde, durante el periodo 700-600 a.C.

Sin embargo, las investigaciones recientes consideran que el proceso de infiltración de las tribus celtas procedentes del Centro de Europa debió conocer un período de tiempo más prolongado, durante el periodo que va desde el año 1000 a.C. al año 300 a.C., por lo que no se debería hablar propiamente de invasiones celtas.

En coherencia con todo ello, los primeros grupos de celtas que llegaron debieron asentarse en Catalunya. Posteriormente, otros grupos más numerosos de celtas se aventuraron al oeste a través de los Pirineos para ocupar la costa norte de la península, y al sur más allá de las cuencas del Ebro y Duero hasta el valle del Tajo.

Se desconoce por qué los celtas no continuaron por la costa mediterránea, pero, probablemente, ello se debió a la fuerte presencia de tribus ibéricas y de tribus no ibéricas como las correspondientes a los tartessos o a los vascones asentados a ambos lados de los Pirineos. Ello les obligó a los celtas a ocupar otros territorios situados hacia el noroeste de la Península ibérica o hacia el norte de Aquitania.

De cualquier modo, lo que sucedió a lo largo de las fronteras comunes entre íberos y celtas es mera conjetura y especulación y, a veces, excesivamente simplista como si sólo hubieran existido íberos y celtas, olvidándose de la tribus vasco-aquitanas que poblaban los Pirineos y parte de los territorios del norte de la península ibérica. La denominación de celtíberos es un intento político de darles a los iberos un protagonismo en el resto de la península que no tuvieron. Esta tribu africana se ubicó principalmente en la costa este mediterránea y no eran tan aguerridos como los celtas y los vascones.

Algunos creen que las tribus celtas e ibéricas se mezclaron y formaron una cultura separada, especialmente en las cercanías del Ebro medio, la cuenca del Duero y la Meseta oriental hasta el Tajo superior. Pero con creer no basta. También los etruscos se mezclaron con los romanos y nadie dice los “etruscorromanos”. Tampoco se habla de los “cantabroceltas” pero sí de celtíberos,  aunque de iberos no tuvieran nada y de celtas algo más, pero poco, como era el caso de Numancia. Todo vale con tal de que aparezca la palabra “íbero”.

Otros sostienen que la identidad tribal era tan fuerte que se habrían mantenido separados. Los romanos simplemente los identificaron a todos como celtíberos pero no se sabe si lo dijeron de ese modo porque los que lo escribieron nunca habían estado allí y lo contaban de oídas; lo que es lo mismo que no decir nada. Lo mismo se dice de las tribus galo-romanas que no eran galas ni romanas. Acordemos que los celtiberia es el nombre que se ha utilizado y manipulado como una forma poco conveniente de describir la confusa mezcla de diferentes grupos tribales que habitaban el interior de la Península ibérica. Numancia no tiene nada de raíces iberas. Entre lo que cuentan y la realidad es que se parecen lo mismo que una piedra a una lechuga. En efecto, la toponimia y hasta el mismo nombre de Numancia son de origen vasco.

De cualquier modo, aunque estas alturas, dado lo mucho que se ha manipulado las historia, ya ya no me creo nada, es cierto que hay asentamientos que se consideran como “celtíberos” por los defensores de una cultura “fusionada” entre celtas e íberos son Cabezo de Alcalá (cerca del pueblo de Azaila, Aragón) y Castro de la Coronilla (cerca de Molina de Aragón, Aragón).

Paro hablemos más de los celtas que es lo que ahora nos interesa. De acuerdo con las fuentes romanas, los celtas eran un pueblo guerrero, orgullosamente independiente y valiente en la batalla, si bien adolecía de un grave defecto, eran muy indisciplinados y entre las diferentes tribus celtas había bastantes disputas.

De cualquier modo, a pesar de la rivalidad tribal que existía entre los celtas, se cuenta con una larga lista de tribus, que se sostiene que son de origen celta como los lusitanos, cántabros, asturianos, arevacos, etc. Los romanos utilizaron estas tribus para engrosar las legiones romanas altamente entrenadas.

En la guerra, favorecieron las tácticas de guerrilla, moviéndose rápidamente a caballo (y eso que no conocían el estribo) o adoptando acciones de golpe y fuga según las condiciones del terreno. Para facilitar la velocidad, llevaban pequeños escudos redondos y se armaban con espadas cortas de doble filo, arcos y flechas, hachas también de doble filo y jabalinas. Los muertos en la batalla eran dejados en el campo para que los buitres y otras aves carroñeras los comieran ya que, aparentemente, transportarían estas aves serían las portadoras de sus almas hasta el cielo.

La tradición celta, incluso hoy en día, está llena de magia y misterio. Es una tradición milenaria que mantiene un fuerte vínculo con la naturaleza. Al igual que otras tribus celtas europeas, las de la Península ibérica veneraban el sol y la luna, y atribuían una gran importancia a los bosques, a los ríos, a los pozos y a las montañas. Era una religión del tipo animista. Una creencia religiosa que se relaciona con el medio natural y que considera que los seres vivos —personas, animales y plantas— los objetos y los fenómenos de la naturaleza tiene un alma o principio vital que participa y convive con los seres humanos.

El roble fue un árbol particularmente venerado y todavía representa de una característica común en la mayoría de las sociedades celta. El culto se llevaba a cabo en lugares rodeados de la naturaleza, como los claros de los bosques, en lugar de hacerlo en templos. En Galicia, muchos habitantes todavía creen en el poder de las brujas y de los druidas, en la transmigración de las almas y en los animales con poderes especiales. Practicaban rituales similares a los que se hacían en otras zonas de las Islas Británicas y de Bretaña.

Los celtas se dedicaban mucho al pastoreo. El geógrafo e historiador griego, Estrabón, y otros (del año 64 a.C al año 23 d.C), los describe como grandes comedores de carne de cabra y de jamón y para cocinar utilizaban la mantequilla en lugar del aceite de oliva. En una gran medida, desdeñaban las sutilezas urbanas, aunque los sitios originales de algunos asentamientos celtas son muy fáciles de identificar por su construcción y urbanización características de los celtas.

Lo que queda se encuentra en el noroeste de la península, especialmente en Galicia y Asturias. Aquí las excavaciones arqueológicas y la reconstrucción muestran que los celtas construyeron sus aldeas en colinas para la defensa estratégica, y que las casas eran circulares con bajos muros de piedra y techos cónicos de paja y escoba; probablemente no había ventanas. Los edificios, dispuestos de forma un tanto al azar, albergaban tanto a la familia como a los animales. Estas son características comunes del estilo celta en otras tierras celtas: Escocia, Irlanda, Gales, Cornualles o Bretaña, por ejemplo.

Los peregrinos de hoy en día que viajan a Santiago de Compostela en Galicia pueden tener una buena sensación de un pueblo celta cuando se detienen en la aldea de O Cebreiro.

Existe una especie de deformación del tiempo en este paso ventoso en la cima de la colina donde varias viviendas celtas circulares restauradas –llamadas pallozas– evocan un tiempo distante, especialmente cuando las nieblas y las lluvias, tan comunes en esta área, están girando.

Se ha encontrado relativamente poco para mostrar el arte de los celtas. La alfarería de arcilla simple está muy extendida y sabemos que practicaban trabajos en metal, y probablemente introdujeron herrajes en el norte aproximadamente al mismo tiempo que los fenicios la extendieron por el sur.

En el centro de la península, en las cercanías de Ávila, se encuentran una serie de animales pesados ​​de granito llamados los “toros de Guisando”, generalmente atribuidos a los celtas (aunque también hay quienes consideran sus orígenes ibéricos). Un ejemplo menos conocido también se puede ver más al oeste, en Ciudad Rodrigo, antes conocida como Miróbriga. Sin embargo, las formas de estos animales son tan amorfas que también han sido vistas como cerdos, una identificación que no estaría mal, dado que el cerdo era una carne preferida de los celtas y la manteca de cerdo era ampliamente utilizada.

Actualmente, la España celta ahora se reduce casi exclusivamente a Galicia. Puede sorprender a los visitantes que muchos gallegos sean de piel clara y que la campiña verde, cargada de niebla y colinas recuerde al paisaje de Irlanda o Escocia.

Los turistas centroeuropeos que acudan a Galicia, podrán quedarse desubicados y sorprendidos e incluso pensar que han amanecido en las Tierras Altas de Escocia, cuando escuchen el estridente sonido de las gaitas. Este instrumento musical propio de los celtas también es, el instrumento nativo de Galicia.

También pueden tener la suerte de estar presentes al anochecer cuando se organiza una auténtica queimada –una bebida tradicional de una alta concentración de alcohol– que se prepara para evitar los escalofríos del invierno. La queimada es uno de los muchos rituales que tienen que ver con el fuego, una tradición que se debate entre lo pagano y lo misterioso, una pócima mágica cuyo origen se pierde entre las sombras de noches ancestrales plagadas de meigallos y hechizos, de almas en pena, y de cuerpos arrebatados por rituales de meigas o  brujas que sentados en la oscuridad y formando un círculo alrededor de la tartera de barro, buscan la purificación del cuerpo y la salvación del alma mientras revuelven el brebaje que espantará los malos espíritus y atraerá los buenos.

El ritual de la Queimada y su conjuro es uno de los pocos ritos que se mantiene a día de hoy, llevándose a cabo de forma natural en infinidad de reuniones sociales y celebraciones que tienen lugar en la comunidad gallega. La ceremonia de la queimada, acompañada por los gemidos de la gaita, un bruxo o hechicero vestido con pieles y con un casco con cuernos invocará los poderes del cielo y la tierra y los espíritus del mar y del fuego mientras agita y arroja la bebida ardiente y potente. ¡Las brujas de MacBeth estarían como en su casa si hubieran vivido en Galicia!

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