1489: EL MAPA VASCO DEL NUEVO MUNDO- Índice y Prólogo de Juanjo Gabiña

ÍNDICE

Capitulo 1º        El acuerdo real de Bilbao

Capitulo 2º        Las fabulosas brújulas vikingas

Capitulo 3º        El mapa vasco de las pesquerías de las tierras lejanas de occidente

Capitulo 4º        Tras el baúl de los secretos de estado

Capitulo 5º        Los mapas de John Day

Capitulo 6º        Las tribulaciones de la singladura hacia Flandes

Capitulo 7º        El misterio de la bóveda de la cripta de Brujas

Capitulo 8º        El mapa vikingo original de Leif Erikson y la conexión directa de Tournai con Roma

Capitulo 9º        Un mapa que salva el calendario para navegar hasta el Nuevo Mundo

Capitulo 10º      Los preparativos del viaje al Nuevo Mundo

Capitulo 11º      Una boda sobre la marcha y previa a la marcha

Capitulo 12º      Rumbo hacia el Nuevo Mundo

Capitulo 13º      En la Isla de Mannahattan

Capitulo 14º      El territorio de los Pataguonke y la bahía de Txesapiuk

Capitulo 15º      Desde la bahía de Txesapiuk hasta el territorio de los Timukúa

Capitulo 16º      Desde la nación Timukúa hasta el paraíso de la isla del Bohío pasando por el mar de los Aztecas y el mar de los Mayas

Capitulo 17º      El regreso hacia el Viejo Mundo a través de las islas de las Algas y de las Islas Azores

Capítulo 18º      El último salto: desde las Islas Azores al Golfo de Bizkaia

Capitulo 19º      Epílogo final

PRÓLOGO DEL AUTOR DEL LIBRO

“1489: EL MAPA VASCO DEL NUEVO MUNDO”

Acerca de la isla de Terranova, Nueva Escocia, la península del Labrador y la desembocadura del río San Lorenzo

¿Por qué no se cuenta que Cristóbal Colón navegó con muchos vascos que conocían la existencia de América por referencia de otros marinos vascos que pescaban ballenas en las costas de Canadá?

Muchas leyendas y mitos se han convertido en una realidad contrastada. Mi teoría es que, cuando las casualidades tienen unas probabilidades de ocurrencia muy reducidas y son muchas casualidades, debemos pensar que algo de verdad hay, si es que no lo es toda, ya que tantas casualidades a la vez no existen. Tal como ocurrió con el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann y el descubrimiento de Troya, también podemos pensar que, sin la participación de los vascos, Cristóbal Colón nunca hubiera conseguido descubrir América.

Son unas cuantas las leyendas que rodean a la figura de los balleneros vascos que fueron los mejores cazadores de ballenas desde el siglo VIII hasta casi el siglo XIX con el descubrimiento de América. Se sostiene que siguiendo la pista de las ballenas, salieron de las aguas del Golfo de Bizkaia para navegar hacia la desembocadura del rio San Lorenzo.

Hay diversas historias que nos cuentan que los balleneros vascos llegaron después de los vikingos a unas tierras situadas al oeste de Islandia a finales del siglo XIV, en concreto, en el año 1375. Exactamente, en la isla de Terranova, más de 100 años antes de la llegada a las Indias occidentales de almirante genovés Cristóbal Colón. Sin embargo otras leyendas más próximas a la realidad posponen esas fechas a los años comprendidos entre las fechas que van de 1475 a 1485. De igual mío, con anterioridad al viaje de Cristobal Colón a las Indias occidentales.

Algunos dicen que los vascos no eran conquistadores, y añadían que si eran buenos eran como pescadores, como así lo demuestran los buenos platos de pescado que de allí han salido como el “bacalao a la bizkaina”. Y cuando venían mal dadas actuaban como corsarios al servicio del rey francés. Allí donde fueron, se llevaron bien con los aborígenes y, además, compartían con los indios nativos del este americano un pidgin que era un idioma artificial mezcla idiomática entre la lengua vasca o euskara y la lengua de los indios que, de ese modo,  permitía la comunicación entre vascos y nativos americanos a través del pidgin vasco-algonquino.

Otras fuentes históricas señalan que, en el año 1412,  partieron una veintena de hombres desde un puerto situado en el Golfo de Bizkaia, Baiona, rumbo a los territorios de Labrador, Nueva Escocia, Saint Pierre Miquelon y Terranova. Lo hicieron siguiendo las barbas de las ballenas. Algunos investigadores corroboran la existencia de balleneros vascos en el siglo VIII, afirmando que pescaban ya ballenas en el Golfo de Bizkaia. Otros, que también los asocian con los vikingos pues convivieron en diferentes puertos de la costa vasca duran cientos de años, sostienen que sus construcciones navales eran parecidas pero, sin embargo, se olvidan de que el codaste se inventó en Baskonia y que, gracias al codaste, se inventó el timón único. Así la embarcación conocida como “Coca bayonesa” fue la primera que incorporó el timón de popa las embarcaciones construidas en los múltiples astilleros s de las rías de la costa vasca.

En el yacimiento arqueológico de Red Bay, situado en la Provincia de Labrador, Canadá, donde se encuentran los restos de la estación ballenera vasca que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la famosa historiadora canadiense, Selma Huxley, está reconocida como la artífice principal del descubrimiento del barco ballenero vasco, considerado hoy en día como un pequeño tesoro de la arqueología submarina. Se trata del galeón San Joan, un ballenero que fue construido en Pasai Donibane y del que se ha hecho una reproducción de aquel que se hundió en Red Bay, durante el verano de 1565, cuando una vez estuvieran llenas sus bodegas con barriles de aceite de ballena y estaba a punto de regresar a algún puerto de Baskonia.

¿Cuál es el motivo por el que los vascos callaran el hecho de que las ballenas se pescaban en las tierras situadas a cuarenta y cinco días de navegación, junto a la desembocadura de un gran río situado al oeste de Islandia y que lo llevaban haciendo desde el último cuarto del siglo XIV? Parece ser, aunque no está demostrado pero es práctica habitual entre pescadores no revelar nunca la ubicación de los caladeros de pesca. Es muy posible que ese fuera el principal motivo.

Según la versión de una leyenda o de un mito que circulaba entre los marinos vascos, de los cuales soy descendiente directo, éstos arribaron a Terranova hacia 1375 y decidieron guardar el secreto para evitar compartir con otras flotas pesqueras de otras naciones europeas los prodigiosos caladeros de aquella zona. De igual modo, se cuenta en el documental de Jon Maia titulado ‘Apaizac Obeto’ («Los curas están mejor!», en euskara o lengua vasca) que es la respuesta de los marineros vascos cuando les preguntaban qué tal se encontraban bien de salud.

Según cuenta la propia cadena de televisión vasca eitb.eus, en su propia web acerca de este documental, “La expedición Apaizac Obeto, leyenda de la última txalupa ballenera”: “El documental mezcla la historia y la aventura para trasladarnos al siglo XVI, cuando los vascos recorrían miles de millas para pescar ballenas y bacalao en las costas de un Nuevo Mundo situado hacia el oeste del Océano Atlántico y que hoy conocemos como Canadá. Una expedición que sobrepasa la mera acción de la pesca para convertirse en una de las epopeyas más sorprendentes de la historia de los pescadores vascos. Antes de llamarse Québec o Canadá, estas tierras adquirieron el nombre de “Nouvell Biscay” (Nueva Bizkaia) y, en aquella época, miles de pescadores vascos zarpaban cada año para pescar en las frías aguas del Nuevo Mundo”.

Repetiré, algo que no debe olvidarse. Durante siglos, en aquella lejana zona de Terranova, cuya navegación representaba mas de cuarenta días para recorrer casi 1.100 millas náuticas se llegó a hablar una especie de lenguaje rudimentario o pidgin, que mezclaba el euskera y las lenguas locales de los indígenas para ser usada por ambos. Los mismo sucedió en Islandia donde se hablaba un lenguaje Pidgin vasco-islandés para poder entenderse entre ellos y donde presumiblemente debieron hablar sobre las tierras que descubrieran los vikingos en los mares del oeste.

En relación con la toponimia de Terranova y alrededores, se comprueba el gran número de poblaciones actuales y de topónimos son de origen vasco. Resulta evidente el nombre de la ciudad de Port-aux-Basques que ya aparecía en los mapas de comienzos del siglo XVII.

Por otro lado, Marq de Villiers y Sheila Hirtle autores del libro ‘Sable Island’, que trata sobre la historia de una isla arenosa ubicada a unas noventa millas náuticas al sureste de Nueva Escocia, Canadá. Hoy está habitada por algunas pocas personas y algunos cientos de caballos salvajes pero hace unos cuatro siglos la isla fue conocida como el ‘cementerio del Atlántico’, donde embarrancaron y se hundieron después medio millar de barcos al encallarse en sus movedizas dunas de arena, debido al viento, a las mareas y al oleaje.

Villiers y Hirtle apoyan la teoría de que los vascos fueran los primeros en llegar a las costas de la isla de Terranova y de la península de Labrador hacia el siglo XIV o XV. Esa teoría —en mi opinión más extendida de lo que nos pensamos— se asienta sobre la posibilidad de que los pescadores vascos de la Edad media, navegarán desde las aguas del Golfo de Bizkaia hasta las costas de Canadá siguiendo el rastro que dejan las ballenas a su paso.

Es muy posible que se quedarán pequeñas colonias de marineros vascos trabajando en factorías de aceite de ballena allí, bastante antes de que el almirante genovés, Cristobal Colón, descubriera América el 12 de octubre de 1492 o que que el explorador de origen italiano, Giovanni Caboto (John Cabot), arribara a las costas de Terranova el 24 de Junio de 1497, creyendo que había llegado a China (Cipango).

Según los autores de libro ‘Sable Island’, existía el rumor en Europa de que los vascos habían descubierto un caladero importante para la pesca del bacalao y la ballena que se encontraba muchas millas al oeste de Islandia y de las Islas Feroe, quizá una isla, o un archipiélago de islas. Estos autores recogen también que algunos marinos bretones navegaron muchas millas náuticas hacia el oeste, tratando de seguir la estela de los bacaladeros vascos, pero no tuvieron éxito.

También Villiers y Hirtle añaden en su libro que, a comienzos del siglo XV, entre los marinos europeos, se contaba una historia según la cual, a finales del siglo XIV, dos barcos de Baskonia habían arribado a unas tierras situadas a unas cuantas miles de millas náuticas desde las costas vascas.

En este sentido, estaba recogido el dato de que un barco estuvo capitaneado por Juan de Echaide y el otro barco por Matías de Echeveste, habrían alcanzado tierra más allá del Atlántico, si bien puede ser una leyenda o un mito porque actualmente no existe ninguna prueba documentada de ello.

Las importantes estaciones balleneras vascas de las costas de Labrador y de Terranova que se han descubierto datan de 1530. Según datos de la época, se recoge que tan sólo unas tres décadas después, la población vasca en la zona de Terranova superada las 2.000 personas. Es obvio que dicho desarrollo exige que, por lo menos, unos ochenta años antes, aquellos parajes fueran habitualmente frecuentados por los marinos vascos.

Los vascos en el descubrimiento de América

Es de reconocer que la labor realizada por el famoso cartógrafo Bizcaíno (como se llamaban a los vascos en aquel tiempo) Juan Vizcaíno de Lakotsa, y por los vascos en general, en su participación en el descubrimiento de América fuera tan eficaz. Pero tampoco creo que se trate de ninguna casualidad el que la participación de los vascos en el descubrimiento de América fuera tan importante ¿Es que Juan Vizcaíno de Lakotsa sabía algo sobre los balleneros vascos que habían llegado a unas tierras situadas oeste de Islandia? ¿Por qué abandonó sus propios negocios por acompañar a Cristobal Colón desde su primer viaje y luego en el segundo, como piloto de la nao Santa María, de la cual era propietario?.

Según el historiador Gorka Rosain Unda, en su artículo que publica en Euskonews&Media, “Los vascos en el descubrimiento de América. La importante participación de Juan Vizcaíno de Lakotsa y Francisco de Garay”, acerca de la participación de los vascos en el descubrimiento de América añade que otros vascos también participaron en la expedición y, por tanto, participaron en el descubrimiento de América, como ayudantes de Lakotsa. Nos referimos a los marinos vascos Juan Ustobia, Pedro Bilbao, Juan Lequeitio y su hermano Txomin.

En el articulo se señala que Juan Vizcaíno de Lakotsa ya no le acompañó a Cristobal Colón en su tercer viaje pero:”…llevaba cuatro capitanes vizcaínos de los seis que eran en total, y otros vascos como Lope de Olano, quien ya había ido en el segundo viaje; Pedro de Arana, cuñado de Cristobal Colón y hermano de Diego Arana, Pedro Ledesma como piloto mayor; Martín de Arriaran y Fernando Ibarra, secretario de Cristobal Colón, quien se distinguió por su cultura y fue una personalidad en el ámbito de las letras, además de los marinos: Diego de Portugalete, Martín Arrieta, Domingo Vizcaíno, Gonzalo Salazar, Diego de Mendoza, Pablo Ledesma, Gregorio Zaldua, Pascual Luzuriaga, Machin Vizcaíno, Martín Fuenterrabía y los del segundo viaje Domingo de Arana, Miguel Larriaga y Juan de Quijo”.

El año 1500, Juan Vizcaíno de Lakotsa elaboró su famosa carta mapamundi. Se trata del primer documento cartográfico sobre América y, por supuesto, es el más importante de la época.

Se trata de un hito del que nadie habrá oído nunca pero que, no obstante, es un dato que está bien demostrado. Un hito que los fabricantes interesados de la historia al servicio de los imperios han intentado ocultar.  Si estas informaciones se ocultan en la historia, ¿No se habrán ocultado otros datos más importantes sobre el motivo de la gran participación de los vascos, y, en especial, la del cartógrafo Juan Vizcaíno de Lakotsa, en el descubrimiento de América?

Entre las grandes mentiras de la Historia, nos encontramos con el hecho de que según cuentan los llamados “historiadores” fue el portugués Fernando de Magallanes o, en el mundo anglosajón, el corsario inglés Francis Drake, la persona que dio por primera vez dio la vuelta al mundo navegando, cuando está totalmente probado que fue el marino vasco Juan Sebastián Elkano.

Pero ya sabemos, “una mentira, mil veces repetida, se convierte en una verdad” y en la historia hay muchas mentiras. Magallanes murió en las Islas Filipinas —se quedó a mitad de camino— y el que dio por primera vez la vuelta al mundo fue el vasco Juan Sebastián Elkano, el 6 de Septiembre de 1521.

Pero, para el mundo anglosajón fue el pirata Francis Drake, que iba a medias en sus robos y crímenes con la reina de Inglaterra, el que primero que dio la vuelta al mundo. El pirata inglés Francis Drake la culminaría en diciembre de 1577, unos cincuenta y seis años después del vasco pero los abundantes manipuladores de la historia se encargaron de jugar con la ignorancia de la gente e ignoraron a Juan Sebastián Elkano como también ignoraron al almirante Blas de Lezo.

En efecto, en 1741, el almirante vasco Blas de Lezo, al servicio de la armada española, sería capaz de derrotar al gran almirante inglés Edward Vernon, en la batalla de Cartagena de Indias, a pesar de contar el marino inglés con una armada formidable compuesta de 186 naves que llevaban 27.400 soldados británicos y jamaicanos. La mayor armada del mundo conocida hasta el famoso desembarco de Normandía en 1944, durante la II Guerra Mundial.

La novela “1489: El mapa vasco del Nuevo Mundo”

También hay pruebas de la presencia de marinos vascos en las Islas Feroe ya en el año 875. Este recorrido supondría un viaje de unas mil millas náuticas, a no ser que realizaran escalas en las islas británicas, lo que supone una distancia notable para la época. ‘¿Es posible que en los seis siglos siguientes, trabajando en la zona norte del Atlántico, donde la distancia entre Europa y América es menor, sabiendo de las expediciones vikingas, los vascos nunca se aventurarían a surcar la relativamente corta distancia hasta América del Norte?‘, se preguntan los autores de ‘Sable Island’, al igual que como nos lo hemos preguntado muchos de nosotros.

Por otro lado, el hecho es que en 1412 archivos islandeses recogieran que unos veinte barcos balleneros vascos pasaron frente a la costa más occidental de la isla, a tan sólo 375 millas náuticas de Groenlandia, es un dato muy relevante. Desde allí, el viaje a Terranova sería de algo menos de mil millas náuticas. La mayoría de los marinos no tendrían razones para cruzar el Atlántico sin saber si había algo al otro lado, pero los pescadores vascos perseguían ballenas que a menudo subían hasta las aguas subárticas para luego bajar en dirección sur a lo largo de ambas costas atlánticas. Por lo tanto, sería muy probable que alguna expedición ballenera hubiera llegado a América en algunas de estas persecuciones.

Pero lo cierto es que hasta ahora no existe aún evidencia científica de que los vascos llegaran a la costa norteamericana antes que Colón, que los marinos portugueses o que los ingleses. Sí existen, sin embargo, razones que hacen plausible esa posibilidad. La búsqueda de pruebas para demostrarlo puede ser uno de los retos más apasionantes de los historiadores en los próximos años.

Mientas tanto, esta novela titulada: “1489, el mapa vasco del Nuevo Mundo”, ha pretendido combinar la ficción con la realidad histórica que he tenido que ajustar muchas veces, cuando no corregir, debido a la gran manipulación que, a lo largo de los siglos han realizado supuestos historiadores y escritores, en su afán de adecuar el pasado de sus países —que en realidad no ha sido más que la suma de conquistas cruentas y violentas de naciones libres— a los valores “patrios” del momento, lo que se conoce como el “presentismo”.

Juanjo Gabiña

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