España debería anular el desafortunado Decreto de Nueva Planta de Catalunya

Siendo objetivos y procurando ser justos, tenemos que reconocer que muchas medidas políticas, tomadas en base a ideologías reaccionarias y absolutistas deberían ser progresivamente anuladas para facilitar la convivencia territorial de España y la democracia del siglo XXI. En este sentido, Catalunya no tiene porqué pagar, como cualquier otra colonia, las nefastas y equivocadas políticas que la corona de Castilla hizo, traicionando el acuerdo de siglos con la corona de Aragón, su socia —asociación de los reinos de Castilla y de Aragón de índole pactista y que tan bien había funcionado hasta entonces con los Habsburgo— y aliándose con la quintaesencia del absolutismo que caracterizaba a la Francia de Luis XIV de la casa de Borbón.

El absolutismo expresa aquellos regímenes políticos que se rigen bajo un sistema de gobierno absoluto. En estos regímenes, el poder residía en una única persona que era la que mandaba y, además, lo hacía sin tener luego que rendir cuentas a un parlamento, o a la sociedad en general, como se ha querido hacer con Juan Carlos I. El absolutismo sobrevivió hasta que diversas revoluciones lo derrocaron como ocurrió con la Revolución Francesa. La historia nos enseña que el absolutismo y sus ideas sólo desaparecen cuando se extirpan tanto social como económica y políticamente.

Luis XIV esculpió en las piedras de la historia, como ningún monarca lo hizo antes, las señas de identidad más puras del absolutismo con su famosa expresión: “El Estado soy yo”. La propia génesis de esta concepción absolutista francesa fue la que heredaría España a través de los reyes Borbones y la que permeó tanto el sistema político español que todavía, hoy en día, sigue dejando muchos agravios que desgraciadamente perturban nuestra convivencia.

España es víctima de las delirantes pretensiones que el rey francés Luis XIV tenía de dominar Europa y que condujeron a su país a emprender cuatro guerras que resultaron muy cruentas y costosas. En todas estas guerras, Luis XIV (o el rey “Sol” como también se le conocía a este engreído y fatuo personaje) continuó con su política de contener y reducir el poder de los Habsburgo —sus grandes enemigos— de extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y de conseguir ventajas económicas. Su ministro de la Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados, bien equipados y mentalizados para morir por el rey y la grandeza de Francia.

Así pues, el rey “Sol”, tras colocar a su nieto como el primer rey Borbón en España y diezmar así el poder de los Habsburgo, la guerra de sucesión española fue una aviesa provocación para que los estados de la Corona de Aragón se rebelasen y fueran derrotados por la corona de Castilla con la ayuda de la potente armada francesa. Su propósito no era otro que el de instaurar también el absolutismo más centralista y reaccionario en Madrid, para uniformizar a toda España, aún a costa de la sangre de las naciones que masacraría y la traición a su propia historia. Para Castilla, la unión con la reaccionaria Francia era más importante que nada. Todo valía con tal de dominar y pisar con su bota al resto de las naciones que comprendían España.

1. De cómo el testamento de Carlos II de la Casa de los Habsburgo fue incumplido por Felipe V de la Casa de Borbón

En el testamento del Rey Carlos II, rey de Castilla y Aragón, se establecieron dos cláusulas de gran importancia y de obligatorio cumplimiento y que el futuro Felipe V luego no cumpliría debido a sus ideas retrógradas y absolutistas que hasta el día de hoy nos pasan factura ya que continuan siendo fuente de contantes conflictos territoriales que, como sabemos, se remontan hasta el día de hoy y si no, que se lo pregunten a los catalanes que hoy estarán votando y, casi con toda seguridad,  ganarán los partidarios de la independencia.

Felipe V de Borbón fue un personaje nefasto para la historia de España. Mentía más que hablaba y, además lo hacía en francés. La primera cláusula que incumplió, se refería al encargo expreso a sus sucesores de que se mantuvieran “los mismos tribunales y formas de gobierno” de su Monarquía y que se guardaran muy especialmente “todas las leyes y fueros de mis reinos, en que todo su gobierno se administre por naturales de ellos, sin dispensar en esto por ninguna causa; pues además del derecho que para esto tienen los mismos reinos, se han hallado sumos inconvenientes en lo contrario”. Naturalmente, Felipe V de Borbón se lo pasó todo por el arco del triunfo, pero no por el de París, que sería construido siglos mas tarde, sino por el de Medinagoitia que nadie aún sabe donde está.

También decía su testamento que la “posesión de mis Reinos y señoríos por Felipe de Anjou y el reconocimiento por mis súbditos y vasallos… [como] su rey y señor natural debía ir precedida por el juramento que debe hacer de observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis Reinos y señoríos, además de que en el resto del testamento se incluían nueve referencias directas más al respeto de las leyes, fueros, constituciones y costumbres”. Felipe V de Borbón se comprometió a cumplirlo pero mintió otra vez como un bellaco.

Así pues, se dejaba ver bien claro que la voluntad de Carlos II era la de asegurar la conservación de la Vieja Planta Política de la Monarquía frente a previsibles mutaciones que pudieran acontecer, de la mano de Felipe V, un absolutista reconocido. La segunda clausula era que Felipe V debía renunciar a la sucesión de Francia, para que se mantuviera siempre desunida la corona de España con la corona de Francia que tampoco cumpliría cuando Luis XIV reconoció que Felipe V, rey de Castilla y Aragón tenía sus derechos para acceder al trono de Francia.

Todo empezaba a resultar evidente. Existe un refrán muy popular que dice que “De padres gatos, hijos michinos” y la verdad es que no andaba muy desencaminado. Felipe V quería implantar el absolutismo de Francia en el Reino de España y lo haría a cualquier precio, provocando la Guerra de Sucesión que contaría con la inestimable ayuda de la formidable armada del reino de Francia que, de este modo, servía a los intereses de abuelo y nieto y todo por el mismo precio. Sin saberlo, los españoles se estaban convirtiendo en unos afrancesados.

2. De cómo se realizó la abolición de los fueros de los estados de la corona de Aragón y se impuso su sumisión al fuero de la corona de Castilla

Tras la derrota de la corona de Aragón por la corona de Castilla y su nueva socia, la corona de la Francia absolutista, el 29 de junio de 1707 Felipe V promulga el Decreto de Nueva Planta de los reinos de Aragón y de Valencia en el que declara “abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observados en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella, y en sus tribunales sin diferencia alguna en nada”.

El 28 de noviembre de 1715 se publicó el Decreto de Nueva Planta del Reino de Mallorca, más complaciente y fruto de una actitud más benévola. El decreto que afectaba al Principado de Cataluña se dictó el 9 de octubre de 1715, despachado por Real Cédula con fecha de 16 de enero de 1716.

Así, este Decreto absolutista y retrógrado:

  • Abolía las Cortes y el Consejo de Ciento.
  • Además se sustituía al virrey por un capitán general, al igual que en el resto de los reinos de la Corona de Aragón, y se dividía Catalunya en doce corregidurías, como Castilla y no en las tradicionales veguerías, si bien los Batlles se mantenían.
  • Se prohíbían los somatenes (milicias populares armadas de Cataluña y Aragón).
  • Se establecía el catastro gravando propiedades urbanas y rurales y los beneficios del trabajo, el comercio y la industria.
  • Igualmente, el idioma oficial de la Audiencia dejó de ser el latín y se sustituyó por el castellano.

El decreto mantenía el derecho civil, penal y procesal, al igual que el Consulado del Mar y la jurisdicción que éste ejercía, y no afectó al régimen político-administrativo del Valle de Arán por lo que éste no fue incorporado a ninguno de los nuevos corregimientos o demarcaciones territoriales en las que se dividió el Principado de Catalunya.

En la cuestión lingüística, a pesar de que el catalán dejó de ser la lengua oficial y todos los documentos de las diversas instituciones se determinó que fueran redactados obligatoriamente en castellano, el siglo XVIII fue uno de los más fructíferos en cuanto a publicación de defensas de la lengua catalana, gramáticas y diccionarios, y el catalán siguió usándose tanto en la documentación notarial como en la literatura no oficial.

De todas formas, se acentuó la castellanización de la cultura que venía dándose a lo largo de toda la Edad Moderna, de tal modo que muchos escritores catalanes de los siglos XVI y XVII escribieron en castellano, aunque obviamente estos autores no aparecen en la historia de la literatura catalana de esta época.

3. De cómo es necesario liberar el futuro de España del lastre de lo que suponen las huellas del absolutismo que lamentablemente aún perduran, impidiendo la convivencia y la articulación de sus naciones y regiones, y se debería anular el desafortunado y desleal Decreto de Nueva Planta de Cataluña

Desde el año 1714, desde que Castilla, con la ayuda de la absolutista y reaccionaria  Francia de aquel tiempo, la España invertebrada suele explotar con estruendo, de vez en cuando. Lo hace como si fuera un volcán que permanece encendido hasta que ruge con todas sus fuerzas en busca de los vitales aires de libertad que tanto necesitan todos los pueblos que tienen raíces profundas recogidas como posos de historia en sus señas de identidad, en su lengua y su cultura seculares y que enriquecen el colorido de su sentido de pertenencia que cada pueblo o nación reconoce como propio.

Así, todos los años, en Catalunya se renueva esa llama durante “La Diada del 11 de Setembre” fecha en la que los catalanes celebran la fiesta nacional de Catalunya. Pese a ser la fecha de una derrota —la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714— la conmemoración se ha convertido en una jornada de defensa de los derechos y las libertades del país catalán, y en un acto de reafirmación del carácter propio de Catalunya y de su identidad propia como nación.

El año 2021, puede ser el inicio de curar viejas heridas y de asentar las bases de la vertebración real de España, reconociendo que el pasado y el presente son únicos e inamovibles, pero que el futuro será lo que nos unirá si apostamos todos con generosidad y altura de miras por un futuro común donde todos nos sintamos a gusto y comprometidos por dicho futuro.

Es cierto que España no se ha desprendido todavía de ciertos aspectos importantes de gobierno muy ligados con su pasado absolutista que hasta ahora le impiden encajar las diferentes sensibilidades territoriales en un proyecto sinérgico común, pero sí queremos lo lograremos y allí nos veremos todos. Son los sueños de hoy los que fertilizarán la realidad futura. Siendo inteligentes, reconoceremos que se necesita cicatrizar viejas heridas.

“De que les vale a las naciones estar orgullosas de su pasado si no luchan y se esfuerzan por estarlo igual o más de su futuro”

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