EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER— y 15 Capítulo

por Juanjo Gabiña

Capítulo 15

Tras el colapso financiero

I

GoldenSpring estaba considerado como el mayor grupo financiero mundial. La primera gestora de fondos del mundo lideraba un nuevo capitalismo, más monopolista y, teóricamente, con inversiones a más largo plazo. Era con diferencia, el dueño de los mercados financieros y de inversiones. GoldenSpring pertenecía a la mega-entidad Page Capital. Se decía pomposamente que GoldenSpring dominaba el presente para gobernar el futuro del mundo

La sede central de GoldenSpring se encontraba en Nueva York en el mismo edificio donde se encontraba la sede de Page Capital. La empresa es considerada como la mayor empresa de gestión de activos del mundo, con unos activos bajo su gestión valorados en más de 56,3 billones de dólares, en 2022 y según la compañía. Lo que significaba un valor que casi triplicaba el PIB de Estados Unidos del mismo año.

GoldenSpring invertía sus activos en estrategias de renta variable, renta fija, gestión de efectivos, inversiones alternativas y activos inmobiliarios. A través de GoldenSpring Solutions® ofrecían también servicios de gestión del riesgo, asesoramiento estratégico y sistemas de inversión propios a una amplia base de clientes con unas carteras cuyo capital ascendía a unos 75 billones de dólares (75×1012 dólares). GoldenSpring era, con diferencia, el grupo financiero más influyente en Wall Street y Washington DC. La empresa fue fundada en Nueva York en el año 2008 por el propio Arnold Page.

En la década de los 2010 abrió cuarenta oficinas en el exterior, entre ellas: Londres, Frankfort, París, Milán, Madrid, Zurich, Moscú, Tokyo, Hong Kong, Pekín, Mumbai, Sídney, Dubái, Ciudad del Cabo, Toronto, Buenos Aires, México DF y Sao Paulo En los 2020 se extendió por San Francisco, París, Pekín, Bombay, Zurich, Madrid, Moscú, México, D. F. y São Paulo. Principalmente operaba para 58 países aunque las 96 oficinas que tenía estaban distribuidas en 43 países.

GoldenSpring prestaba sus servicios a una amplia gama de clientes de todo el mundo. La base de clientes estaba formada por planes de pensiones de empresas, administraciones públicas, sindicatos e industrias, gobiernos, compañías de seguros, fondos de inversión de terceros, dotaciones, fundaciones, organizaciones benéficas, empresas, organismos oficiales, fondos patrimoniales soberanos, bancos, profesionales financieros, y particulares de todo el mundo. Y lo más destacado era que también participaba dentro del accionariado en algunas de las principales agencias de rating.

GoldenSpring, que gestionaba 56,3 billones de dólares, hablaba de tú a tú con los gobiernos e instituciones financieras más importantes del mundo. Les aconsejaba cómo actuar y lo mismo hacía con las aquellas empresas en las que era el principal accionista. Entre ellas estaban, por ejemplo, el 70% de las empresas en el índice S&P 500.

El neocapitalismo de GoldenSpring tenía un enfoque más monopolista y, por eso perseguía descaradamente concentrar la riqueza cada vez en menos manos por lo que, según se atrevían a decir —pero no evitar— algunos países que ello tenía un efecto pernicioso sobre la competencia ya que redundaba en se produjera una mayor desigualdad en los mercados. También era más largoplacista pero sobre todo, en lo referente a los fondos de planes de pensiones.

En efecto, GoldenSpring buscaba rentabilidades para nutrir  uno de sus principales negocios como eran los relativos a los planes de pensiones de los asalariados que ya no confiaban en el mantenimiento de las pensiones públicas. GoldenSpring perseguía reescribir las reglas del contrato social y acabar, de una vez por todas, con el Estado del Bienestar donde se repartía café para todos.

En lo referente a su propio negocio, ya que el ahorro de costes y la mejora de los niveles de eficacia y acierto le interesaban mucho, entonces se volvía en un gran  defensor del capitalismo más tecnológico pues confiaba en la inteligencia artificial para decidir cómo proteger y hacer crecer las inversiones. Sin embargo, cuando las tecnologías suponían un cambio de paradigma que afectara a los negocios contaminantes y rentistas del sistema que eran propiedad de Page Capital, entonces se convertía en un acérrimo enemigo de las tecnologías.

Sus presiones sobre los gobiernos consiguieron que se hubiera frenado, hasta la fecha, el auge de las energías renovables y el despliegue masivo de coche eléctrico. El Cambio Climático no le interesaba en absoluto. ¡Total, mañana todos muertos! —solía exclamar Arnold Page.

Durante la década de los 2010, GoldenSpring había crecido a lomos de un mercado alcista y cada vez contaba con más inversores. La administraciones públicas, los fondos soberanos, los fondos de pensiones, las empresas y los ahorradores particulares le confiaban su dinero a cambio de un beneficio que, entre el 2011 y el 2020, fue del 90%.

Ya con anterioridad a la crisis del coronavirus, la gran mayoría de estos inversores, habían perdido confianza en el Estado y buscaban en el sector privado las garantías de subsistencia que el sector público no ofrecía y, sobre todo, las ganancias se volvían opacas como ocurría con las multinacionales que apenas contribuían nada con el impuesto de sociedades.

Así mismo, GoldenSpring, había demostrado que ellos eran los verdaderos gestores de fondos y no los bancos. El sector bancario había perdido un enorme peso como motor económico en favor de los gestores de fondos. En realidad, los gestores de fondos eran los gigantes no regulados que se comían a los bancos ya diezmados por las aplicaciones Blockchain que permitían hacer transferencias de dinero, sin necesidad de utilizar los bancos como intermediarios, lo cual suponía un gran ahorro de costes.

De cualquier modo, las oficinas de GoldenSpring, aunque veían también su final, todavía podían seguir actuando como meros intermediarios que manejaban millonarias sumas de dólares cada minuto, para convertirse en agentes que trasladaban a sus clientes los beneficios y las pérdidas de sus inversiones. Además, habían vendido la falsa teoría que no suponían ningún tipo de riesgo para el sistema. Se habían convertido en entidades demasiado grandes que, llegado el caso, siempre deberían ser rescatadas.

GoldenSpring manejaba su dinero y el de los demás actores que se lo confiaban. Disponía para jugar en los mercados financieros de más de sesenta billones dólares. GoldenSpring era el ariete con el que la mega-entidad Page Capital y otras mega-entidades pensaban hacerse dueñas del mundo y la utilizarían para crear el colapso financiero si fuera necesario.

II

A las 5.00 de la mañana en Washington DC, todavía no había amanecido y tardaría todavía una hora y veinte para que lo hiciera. Tal como estaba proyectado, todo el vuelo desde la Casa Blanca hasta Camp David se realizaría de noche. A la hora prevista, el helicóptero presidencial Marine One despegó desde el césped del jardín sur de la Casa Blanca, donde anteriormente se habían colocado tres grandes discos para absorber el impacto de las ruedas del Marine One, como si los discos fueran posavasos de café gigantes.

En seguida que inició el vuelo, se colocaron a ambos lados y delante del Marine One, que era un helicóptero del tipo VH-92A , tres helicópteros de ataque AD-64D Apache Longbow. El Marine One utilizaba cientos de aplicaciones basadas en tecnologías de Inteligencia Artificial y se había programado para que volara de manera autónoma. De este modo, si era atacado, se podría comprobar su capacidad de autodefensa mediante su sistema protección balística avanzada, mejorada con armadura ligera.

En caso de ataque con misiles al helicóptero presidencial Marine One, éste podría esquivarlos dando en el aire unos giros increíbles, hasta de 180º, que evitarían en el impacto de misiles. Los asientos y el tren de aterrizaje retráctil también estaban diseñados para resistir cualquier colisión. También podrían utilizar los misiles inteligentes de última generación que tendrían que destruir los misiles atacantes y neutralizar la batería de misiles del enemigo. Por si acaso, le acompañaban tres helicópteros de ataque AD-64D Apache Longbow que eran considerados como los helicópteros multi-misión más letales del mundo. Su capacidad de destrucción era algo increíble, sobre todo en la lucha antitanque o anti-baterías de misiles.

A las 4,30 de la mañana, el Presidente Brown, en contacto directo con el Pentágono, se había encerrado con algunos de sus colaboradores en el bunker de la Casa Blanca para seguir las operaciones. La pantalla recogía diferentes cámaras de visión real, nocturna e infrarroja y cinco cuadros de mando que incluían maniobras de vuelo y sistemas de radar y defensa antimisiles. En realidad, todo lo necesario para pilotar el avión desde un control remoto, sólo que, en aquel momento, el helicóptero Marine One estaba volando de manera autónoma.

Jeff Miller fue invitado para verlo todo desde el Pentágono pero, como estaba él convencido y el propio Finkelstein se lo confirmó también, cuando hablaron a la noche por teléfono, de que el Marine One destruiría fácilmente la plataforma de lanzamiento de misiles, prefirió quedarse en la cama esperando las noticias por la televisión.  De cualquier modo, el director del FBI, Robert Stone, quedó en que le llamaría cuando se hubiera neutralizado o destruido la batería lanzamisiles y se hubiera eliminado el peligro de ataque terrorista. Cuando se lo dijo, al filo de la 23.00 horas de la víspera, no se habían localizado aún a los cuatro vehículos blindados.

En el momento en el que los helicópteros volaban a una altura de 3.000 metros y se encontraban a medio camino entre la Casa Blanca y Camp David, los tres helicópteros de ataque se apartaron del Marine One, y ascendieron, para colocarse encima, hasta un nivel de altura de 6.000 metros. Al sobrevolar, a las inmediaciones de Frederick, el Marine One detectó emisiones de radar procedentes del noroeste, desde un punto situado a unos 32 kilómetros de distancia, en las cercanías de Unionville, Condado de Talbot, Maryland. Al poco rato, surgieron tres misiles tierra-aire desde una posición cercana a la del radar. El helicóptero Marine One tardó dos segundos en calcular la posición de los dos objetivos de tierra y la dirección y velocidad de los tres misiles que se acercaban a velocidad hipersónica para impactar contra el Marine One. Dos segundos más y el prodigioso sistema antimisiles del que estaba dotado ya había hecho los cálculos y estaba esperando las órdenes de disparo del helicóptero autónomo.

El helicóptero Marine One lanzó los cinco misiles de una vez, a una velocidad de casi Mach 5. Fue como la traca final de una exhibición-concurso de fuegos artificiales. Primero se oyeron tres explosiones casi a la vez, a una distancia cercana a los cinco kilómetros, correspondientes al impacto de los misiles antimisiles contra los tres misiles tierra-aire rusos y, unos doce segundos después, se vieron dos explosiones correspondientes a los impactos contra el sistema de radar y la lanzadera de misiles de la batería antiaérea, situados a unos 25 km.

Una vez que los terroristas dispararan los misiles, dos de los helicópteros de ataque, AD-64D Apache Longbow, que habían calculado la posición del vehículo blindado emisor de señales de radar y de la lanzadera de misiles se lanzaron en caída, impulsando al máximo sus motores, hacia dicha ubicación, a una velocidad de unos 300 km/h. El tercer helicóptero se quedó volando a 4.000 metros por encima del Marine One, alerta a cualquier contingencia.

Los dos helicópteros de ataque comprobaron con sus sensores de infrarrojos las posiciones de los otros dos vehículos blindados. Poco después, a menos de ocho km de los vehículos blindados que quedaban sin destruir, cada uno de los helicópteros dispararía dos misiles a los blancos ya localizados. Cinco minutos después de que impactaran los misiles sobre estos dos objetivos finales, cuando llegaron las tropas aerotransportadas de asalto al lugar, la escena dantesca que contemplaron estas tropas fue la de los cuatro camiones destruidos y múltiples trozos de metal esparcidos y humeantes por el lugar. También se encontraron nueve cadáveres calcinados y parecía que había algunos más entre los restos retorcidos de los vehículos blindados.

El Presidente Brown se sentía muy satisfecho con el rendimiento del Marine One, y así lo demostró cuando estrechó calurosamente la mano de comandante del helicóptero presidencial —que era el que también había asistido a la reunión de la víspera, en el Despacho Oval— y la de su tripulación, formada únicamente por mujeres.  El Marine One victorioso había regresado de manera autónoma a la Casa Blanca para recoger a la tripulación, cuyos aviadores vestían orgullosamente el uniforme Blue Dress Charlie/Delta de los marines.

El Marine One ya estaba en condiciones de transportar al Presidente de los Estados Unidos hasta Camp David. Allí se le esperaba para que diera la bienvenida a los mandatarios venidos de los seis países democráticos más importantes, a nivel económico, del mundo y de dos representantes de la UE, que volarían todos en helicópteros desde la Base de la Fuerza Aérea de Andrews, situada en el Estado de Maryland.

Durante el vuelo del Presidente Brown, como medida de seguridad, otros cinco helicópteros idénticos del tipo VH-92A acompañarían esta vez al Marine One. Estos helicópteros servirían como señuelo en caso de posibles amenazas situadas en tierra. Al despegar, de manera regular, estos helicópteros comenzarían a intercambiar sus puestos en la formación, buscando ocultar su posición, de este modo la localización del Marine One resultaba mucho más difícil, como ocurre con el juego callejero de los trileros. Un juego de apuestas consistente en adivinar en cuál de los tres posibles cubiletes está escondido un dado, o una carta determinada debajo de otras cartas, que previamente se ha mostrado y se ha movido de un sitio a otro, varias veces y con rapidez.

Una vez el Presidente Brown hubo tomado asiento en el helicóptero, acompañado del Secretario de Estado estadounidense, Alan Berkowitz, y de otros ayudantes, éste se puso en contacto, en primer lugar, con el Fiscal General, Ryan Clinton, para ordenarle que retuvieran, bajo arresto domiciliario y sin comunicación con el exterior, al Vicepresidente  George Clayton y a Arnold Page, CEO de Page Capital, acusados ambos de alta traición, y que cursara estas órdenes al Director del FBI, Robert Stone. También le añadió que le ordenara organizar la detención, a gran escala, de los integrantes de la lista de golpistas en Estados Unidos que el FBI había preparado meticulosamente.

En segundo lugar, se puso en contacto con el Secretario de Defensa, Oscar Flynn, para que se vigilara muy de cerca el movimiento tropas en Rusia, Francia e Irán y transmitiera la orden al Jefe del Pentágono, Almirante James Custer. A continuación, en tercer lugar, se puso en contacto con el Secretario del Tesoro, Ramón Ugarte, para que siguiera muy de cerca los movimientos financieros en la bolsas del Mundo y los de las empresas pertenecientes a la mega-entidad Page Capital por si se producían movimientos financieros no habituales y extraños.

Finalmente, llamaría a Jeff Miller que le contestó entrecortado, quizá un poco sorprendido de que le llamara el Presidente Brown en persona.  Éste le dio las gracias al detective por su ayuda y le comunicó que todo había sido un gran éxito. También quiso que extendiera las gracias a Joseph Finkelstein de quien era un gran amigo desde hace tiempo, así como de Riccardo Della Rovere que lamentablemente había fallecido. Cuando Jeff le dio las gracias por la noticia pero también le comentó que él llevaba horas intentando ver algo en las noticias y que ninguna cadena había dicho nada, la respuesta del Presidente Brown vino adornada por una sana risa pero, a su vez, muy tajante:

— Ni las darán nunca, Jeff, al menos, durante mucho tiempo, hasta acabar con todos los fascistas.

II

En Ciudad del Cabo, el día había amanecido soleado y se esperaba una temperatura máxima  de 18ºC para las 14.00. Desde los balcones y terrazas de la residencia de Arnold Page en Clifton, se podía disfrutar de hermosas vistas del Océano Atlántico y su piscina climatizada era el lugar ideal para gozar del sol de la tarde y contemplar maravillosas puestas de sol. El jacuzzi se situaba a un nivel superior, dándoles a los que se bañaban la oportunidad de disfrutar de la vista del océano, los acantilados y la playa. La residencia se encontraba muy cerca de Camps Bay Promenade, con su espectacular playa, restaurantes y boutiques.

A Arnold Page, le gustaba venir varias veces al año a descansar en su lujosa residencia del Clifton, Ciudad del Cabo, para pensar, tomar decisiones en su soledad y retomar fuerzas. Aquella vez, había elegido pasar tres días en su residencia de Sudáfrica por varios motivos. Uno de ellos, pero no el más importante, para mantenerse muy alejado de Estados Unidos el día del asesinato del Presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown, lo que supondría, tras su muerte, la subida al poder supremo del mundo de su amigo el Vicepresidente George Clayton. Si con el Presidente Kennedy se necesitaron tres balas. Con el Presidente Brown se necesitarían tres misiles.

Otro de los motivos, y quizá el más importante, era el hecho de que, desde la distancia, estando casi a unos 13.000 km de Nueva York, se suele pensar con mayor claridad y lucidez y se es mucho más frío y objetivo. Aquel día, cuando Page había llegado a la residencia la noche estaba muy avanzada en Ciudad del Cabo. A pesar de su cansancio y de haberse tomado sus pastillas para dormir, no logró hacerlo hasta las 7.15 de la mañana, cuando ya empezaba a clarear el día.

Cuando Arnold Page se despertó, se encontró perdido al principio, tumbado en su soberbia cama, rodeado de almohadas de pluma y cubierto con una lujosa ropa de cama. Se había despertado tal como recordaba que se había colocado antes de dormirse. Se levantó para ir la baño y miró su reloj de pulsera. Eran las 14.30 en Ciudad del Cabo, lo que quería decir que en Washington DC serían las 8.30 de la mañana. Habría pasado tiempo suficiente como para que la noticia del atentado con misiles al helicóptero Marine One estuviera como primicia, en todas las cadenas.

Sentado en la enorme cama de su habitación, encendió la gran pantalla de la televisión y conectó con los canales internacionales de noticias. Fue pasando, uno a uno, por todos los canales y no encontró ninguna noticia destacable. Conectó su ordenador en la habitación y entró en las web de New York Times y Washington Post pero allí tampoco había ninguna noticia en su cabeceras. Arnold Page empezó a suponer que algo había salido mal y que todo había sido un fracaso. Pero también pensó que, dada la gravedad de la noticia, se podría estar tapando la misma, y así ganar tiempo para reaccionar.

Las noticias de la CNN, a las 15.30, hora de Ciudad del Cabo, le sacaron de dudas. El reportaje sobre la inauguración de la Cumbre del G-7 en Camp David, donde se recogían imágenes que mostraban sonriente al Presidente Brown saludando a los primeros mandatarios de los distintos países perteneciente al grupo fue más que suficiente para saber que todo había sido un fracaso. Todo le había pasado por confiar en los expertos militares y sobre todo, en Donald Ford y en Jack Barnes CEO de Smart Forces Association Ltd.

Pero el más estúpido de todos, había sido él por confiar la tecnología militar rusa iba a superar a la de Estados Unidos. Si hubiera hecho caso a su propio instinto, todo esto no hubiera ocurrido. De eso, Arnold Page estaba más que convencido. Pensó que su mala suerte residía en el hecho de estar rodeado de estúpidos y suspiró por crear un mundo dominado por la Inteligencia Artificial. El Algoritmo del Big Brother iba ser capaz de lograr lo que ningún ser humano podría hacer. Aquello le animó, mientras enviaba un email con instrucciones encriptadas al director de explotación del superordenador de 20 cúbits con el que operaba el Algoritmo de Big Brother.

Ahora sí que utilizaría tecnología estadounidense para provocar el colapso financiero mundial y hacerse el dueño del mundo. El Presidente Brown se iba a convertir pronto en un títere suyo y Arnold Page se reía sólo de pensarlo. Sonriente con ese pensamiento, envío un email encriptado para poner el Plan Hades en funcionamiento de manera inmediata. Los implicados en el desarrollo del Plan Hades estaban bien entrenados y cada uno de ellos sabía perfectamente qué es lo que tenía que hacer. El día siguiente sería el día D, acrónimo de Death (muerte), cuando todo el mundo financiero colapsaría y, lo que quedara que mereciera la pena, sería sólo como propiedad de Page Capital. Dos horas más tarde, decidió llamarle a su amigo al teléfono móvil privado del Vicepresidente George Clayton pero nadie contestó. Tampoco lo hicieron en su casa y en su oficina contestaron que estaría cerrada hasta el día siguiente por la mañana.

— Entonces, nos hablaremos mañana y será para preparar la dimisión del Presidente Brown —exclamó Arnold Page mucho más eufórico. Pronto empezarían a ocurrir sucesos graves que prepararían la llegada en condiciones del día D.

III

Desde que el presidente de la República Popular de China, Chiu Chen, hubiera sufrido el intento de asesinato mediante drones-bomba y se hubieran detenido, para ser juzgados y ajusticiados, todos los integrantes del Estado Profundo chino, tampoco podía decirse que el país se hubiera empezado a normalizarse. La situación debida al desempleo creciente estaba propiciando la proliferación de descontentos y de agitadores sociales.

El impacto de las nuevas tecnologías de la 4ª Revolución industrial había ocasionado la supresión de infinidad de puestos de trabajo en todos los sectores económicos, en especial, en el sector productivo industrial, en el ejército y la seguridad pública, en la educación, en la salud y en la administración pública donde la utilización creciente de superordenadores cuánticos, gracias al desarrollo de las tecnologías Machine Learning, IoT y Big Data, entre otras, estaban absorbiendo una gran cantidad de tareas que volvía innecesario emplear a seres humanos para las mismas, ya que eran muchísimo más torpes e ineficientes, más limitados para el trabajo tanto física como intelectualmente y sobre todo, en absoluto serían inconformistas, críticos o rebeldes y podrían trabajar, sin cansancio alguno, durante las 24 horas, 365 días al año.

En general, se podía decir que, allá donde el impacto conjunto de la digitalización, la Inteligencia artificial y la robotización se había desplegado de manera significativa, había trasformado tremendamente la dirección y gestión, incluso el marketing la comercialización, y las líneas de fabricación de las empresas y de distribución y transporte. Los dirigentes chinos del PCCh eran conscientes de que una democracia popular, como la que en China se había aplicado tradicionalmente, no serviría para garantizar un buen futuro para China. La solución también requería el despliegue de todas estas nuevas tecnologías para espiar y prevenir.  El famoso dicho: “Big Brother is watching you” (El Gran Hermano te está observando) de la novela de George Orwell de titulo: “1984”, se habría quedado pequeño con lo que, en realidad, se había hecho.

Con todo, se esperaban aún mayores cambios debidos al auge de las tecnologías inteligentes y los descontentos del pueblo iban a ser inevitables porque crecería aún mucho más el número de excluidos tecnológicos. Sin un control férreo de esa situación, China caería en el caos, como otras tantas veces, y ello sería causa de un declive irremediable. La historia demostraba que China había sido más próspera cuando mayor respeto y obediencia había habido a sus dirigentes.

En situaciones de bonanza y viento a favor, ese objetivo se conseguía fácilmente y sin apenas esfuerzo. Los problemas se planteaban cuando se debía hacer frente a grandes cambios que originarían ganadores y perdedores. Los riesgos de anarquías y desórdenes eran muy grandes entonces, sobre todo cuando no se había consolidado un mercado interno chino de importancia.

Las nuevas tecnologías permitían que la población fuera cada vez mejor controlada  y de una manera más rápida y eficaz. El futuro necesitaba que el hombre se acostumbrara a trabajar con las máquinas inteligentes, pero debía reconocer sus propias limitaciones. Intentar competir contra ellas era un suicidio pues, en la inmensa mayoría de los casos, en una apuesta contra las máquinas inteligentes por un puesto de trabajo, ellas serían siempre las ganadoras con gran diferencia.

Ya no habría lugar para una posible destrucción creativa que estableciera nuevos puestos de trabajo porque los márgenes de maniobra para la mitad de los seres humanos eran muy reducidos. En efecto, aquellas personas que estuvieran dotadas de un coeficiente de inteligencia inferior a 100 estaba siendo incapaces de comprender un mundo tan complejo como el que estaba emergiendo, pero representaban al 50% de la población.

Estas personas podrían trabajar fundamentalmente en el sector de la agricultura y de la reforestación, en el del reciclaje y la economía circular, en el de las energías renovables, en el de los servicios personales y algunos servicios a las empresas poco cualificados, en el del ocio y esparcimiento y en casi todos los trabajos de peonaje que su automatización fuera menos rentable. El presidente Chiu Chen estaba obsesionado con crear empleo cuanto antes en estos sectores.

Se estaba impulsando su desarrollo pero muchos plutócratas chinos, enriquecidos gracias a las concesiones para fabricar y comercializar que tenían, se habían opuesto a cofinanciar esto desarrollos. Felizmente, una gran parte de ellos, los más avariciosos e insolidarios, habían caído dentro de la trama golpista que, recientemente, había sido neutralizada y eliminada.

Los estudios prospectivos chinos que había realizado la Universidad de Qingdao dejaban bien claro que aquellas personas que superaban el percentil 90 de IQ (CI = 120), y que representaban el 10% de la población, eran los únicos que podrían competir con las máquinas inteligentes porque las utilizarían como ayuda para la realización de sus trabajos creativos. El resto, un 40% de la población, con coeficientes de inteligencia comprendidos entre 100 y 120, son los que se podrían recuperar para el trabajo creativo y para mejorar el rendimiento de la interfaz hombre-máquina.

Este desarrollo no sería gratuito y exigiría una importante mejora del sistema educativo y la introducción de numerosos cambios disruptivos, implementado las tecnologías de apoyo como la Inteligencia Artificial, la realidad aumentada, entre otras tecnologías, y una serie de habilidades como las relativas al pensamiento crítico y a la resolución de problemas complejos, etc.  En China, hacía varios años que existían robots en la industrias productivas y en la Administración Pública y se estaban extendiendo por todos los sectores.  Así, un gran número de robots para el diagnóstico, ejecución y funcionamiento como médicos, abogados, ingenieros, economistas, maestros, asistentes para el hogar, para la atención social, para el cuidado sanitario, etc., se estaban empezando a desplegar en la mayoría de los sectores.

De este modo, era como se empezaban a liberar trabajos rutinarios y también de expertos. Se decía que un importante porcentaje de la población podría desempeñar tareas creativas y contribuir así, a la mejora de la competitividad de la nación china. Pero el desempleo aumentaba y había muchas dudas con respecto a la posibilidad de crear nuevos puestos de trabajo.

El presidente Chiu Chen tenía fama de ser un hombre muy recto y austero, y se le consideraba un líder, gran amante de su pueblo, como lo fuera en su día Mao Tse-Tung. Con el paso de los años, con la edad y la experiencia, se había convertido en  una persona sabia que comprendía perfectamente que, muchas veces, era necesario retroceder un paso para poder dar luego dos pasos adelante.

Su gran amigo y, a la vez, ministro de Seguridad del Estado chino, Li Fai, le dijo una vez en su residencia de Zhongnanhai, Beijing, que, para ayudar a China, él debería aumentar su poder y prolongar su liderazgo al frente de la nación china, con la promesa de utilizarlo para conjurar dos males de las últimas décadas, como eran: la corrupción en el país y las intrigas permanentes debidas a la plutocracia insolidaria y a la burocracia partidaria. El enfrentamiento a estos males le haría ser muy amado por el pueblo chino.

Pero también debía realizar otra tarea que, en algunos sectores de dentro y en algunos países de fuera de la nación china, sería muy criticado por ser un ataque a las libertades y a los derechos humanos. A pesar de ello, Li Fai y Chiu Chen consideraban que era la única manera de enfrentarse a un mal mucho peor como sería el hecho de sumir a China en un caos, en un país sin control, en retroceso y sin futuro, debido a la utilización que muchos alborotadores harían del descontento de la población por la pérdida y creciente precariedad del empleo.

Por ello, el presidente Chiu Chen tuvo que implementar y mejorar el Proyecto Sky-Eye consistente en la creación de una extensa red de más de 130 millones de cámaras de vigilancia en toda China, de manera que ofreciera información y análisis en tiempo real de todo lo que ocurría en las ciudades chinas. En un principio, gracias al reconocimiento facial y de voz se podría hacer un seguimiento de determinadas personas fichadas. El reconocimiento facial debería lograr conectar las imágenes proporcionadas por las cámaras de seguridad con las existentes en los carnés de identidad de los ciudadanos y hacerlo con un índice de acierto de, al menos, el 95%.

Después, se añadiría un sistema de puntuación para distinguir los ciudadanos  “buenos” de los “malos”. Hacía tan sólo cinco años el proyecto Sky-Eye que nació como una herramienta que según se afirmaba entonces, era para mantener la armonía y el orden social. Esta herramienta fue dotada además de inteligencia artificial, capacidad de autoaprendizaje y capacidad de análisis, de modo que pudiera reconocer personas y buscar su información en las diferentes bases de datos oficiales con que contaba China.

A los años, el Ministerio de Seguridad Pública de China, con el visto bueno y la aprobación del presidente Chiu Chen quiso ir un paso más allá y ya no sólo para controlar a los individuos en los espacios públicos, sino también en su esfera privada. Así, el dominio del reconocimiento de voz, se incorporó a todos lo móviles chinos una aplicación informática capaz de escuchar a los usuarios a través del micrófono del móvil, aunque se hubiera apagado o no estuviera utilizándose, y de enviar las conversaciones a los centros de escucha, en función de algunas palabras clave. Los sistemas de reconocimiento de voz podían permanecer activos las 24 horas.

La Inteligencia Artificial, en sus inicios, cuando tenía por entonces un campo de aplicación mucho menor, ya había sido utilizada en destinos turísticos de China, donde los visitantes debían registrarse previamente, en cajeros automáticos. También se había aplicado como ayuda en la realización de investigaciones criminales en las que las imágenes de las cámaras, junto con las bases de datos policiales, habían ayudado a resolver muchos casos de atracos, identificando a los delincuentes y, posteriormente, ayudando a atraparlos.

Hacía unos cuatro años, en el año 2019, China empezó a trabajar en la recopilación de huellas de voz y muestras de ADN de sus habitantes, unas prácticas dirigidas a construir un perfil biométrico completo de cada ciudadano. Este hecho provocó las protestas de grupos pro derechos humanos y también tuvo algunas tímidas quejas en redes sociales por parte de los usuarios.

Sin embargo, el Gobierno de la República Popular de China sostenía que este método estaba sirviendo ya para resolver casos de fraude telefónico, tráfico de drogas, secuestros o chantajes, y añadía que, más allá de revelar la autoría de los delitos ya cometidos,  estaba sirviendo para prevenir otros delitos y mantener e orden y la estabilidad social. También se estaba aplicando en la lucha contra el terrorismo islámico. De hecho, en la provincia del oeste de China conocida como Xinjiang, donde la mayoría de la población era de religión musulmana, fue donde se aceleró este proceso de recopilación y análisis de datos para detener a terroristas con muy buenos resultados. De cualquier modo, todas estas medidas de control se incrementarían durante el año 2020 con ocasión de la lucha contra el coronavirus y la sumisión del Hong Kong.

Chiu Chen, el actual Presidente de la República Popular China y Secretario General del Partido Comunista Chino, PCCh, era el líder más poderoso que se conocía. Era cierto que los desafíos que tenía ante él eran formidables pero lo era que no había otro remedio que hacerlos frente con coraje pero también con inteligencia, humana o artificial, para salir adelante. Chiu Chen sabía que la complacencia en el poder era el principio de la decadencia.  Por eso, era bien consciente de que el culto a la personalidad que garantiza la adhesión de millones de ciudadanos, tenía muy recorrido muy corto si ese culto no se llenaba de contenido, de bienestar y de provecho.

Su apuesta era que China caminara junto con los países genuinamente democráticos y defensores de las libertades. Aunque el presidente Chiu Chen no veía mucho futuro a las democracias. Para él, el hecho de no poner límite a la acumulación de riqueza y de poder económico siempre se utilizaría para comprar el control y el uso de las tecnologías, y de este modo, hacerse con el poder político y militar.

Dicho intento siempre sería factible por parte de las plutocracias del mundo y así, mediante el recurso a las elecciones democráticas, que eran tan fácilmente manipulables, las plutocracias lograrían establecer sistemas fascistas de gobierno. La democracia moriría sin darse cuenta, como la rana metida en el agua que poco a poco se va calentando. Chiu Chen consideraba que, para entonces, sería bueno plantear una alternativa como sistema de gobierno y la democracia popular, en clave de despotismo ilustrado, podría ser una solución.

IV

Tanto desde Perth, que utilizaba la versión Alfa del Algoritmo del Big Brother, como desde San José, que utilizaba su versión Beta+, se estaba haciendo un metódico y concienzudo seguimiento de todos los acontecimientos que pudieran afectar a la gobernanza, a la economía y a las finanzas, directa o indirectamente, al tiempo que se evaluaban, de manera comparativa, los informes que ambos algoritmos iban reportando.

Desde la mañana de Perth, cuyo horario llevaba un adelanto de medio día con respecto a Washington DC, haciendo que las doce de la noche en la ciudad australiana fueran las doce del mediodía en la capital de Estados Unidos y viceversa, no se había recogido nada relevante. A las doce de la noche, hora de Perth (GMT +8), o seis de la tarde, hora de Alemania, el Banco Central Europeo anunció por sorpresa que subiría el tipo de interés del 0,75% al 1,00% y amenazaba con otra subida, antes de fin de año. Como reacción, a las 12.30, hora de Washington DC, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) anunció una subida inmediata de los tipos de interés que los dejó en una horquilla de entre el 1,50% y el 1,75% y amenazaba igualmente con otra subida para el 2023, sin señalar para cuando.

La Reserva Federal (Fed), aunque fuera el banco del gobierno de Estados Unidos y regulara las instituciones financieras de la nación, estaba compuesto por una red de doce bancos de la Reserva Federal y varias sucursales y estaba supervisado por la Junta de Gobernadores de la Fed. La Reserva Federal era una agencia independiente, lo que significaba que podía tomar decisiones por sí misma, sin necesidad de la aprobación de ninguna otra rama del Gobierno.

Sin embargo, la Fed estaba sujeta a preguntas del Congreso sobre sus acciones, donde el presidente de la Reserva Federal testificaba regularmente ante el Senado y la Cámara de Representantes. En consecuencia, aunque la Fed debiera dar explicaciones, teóricamente estaba libre de presiones políticas. Si bien, los miembros de la junta de la Fed habían sido cuidadosamente elegidos por el vicepresidente Clayton y nombrados por el presidente Brown y, posteriormente, ratificados por el Senado.

A las 13.05, hora de Washington DC, se publicó la notica de que más de cien misiles iraníes habían sido lanzados desde Siria e Irán contra Arabia Saudita e Israel. Un portavoz israelí  había declarado los sistemas de defensa israelí había destruido el 80% de los misiles y que el resto había producido incendios en el norte y la costa de Israel.  Por el momento, se desconocía el alcance de los daños aunque se consideraban mínimos, gracias a los sistemas de defensa antimisiles y a la existencia multitud de búnkeres de seguridad en todas las casas.

Por otro lado, se sabía que tanto la aviación como la artillería israelí, que tenía en los Altos del Golán, tenía una gran capacidad de respuesta,  mediante el lanzamiento de misiles contra los puntos más estratégicos. De hecho, habían destruido el 90% de los cuarteles de tropas, depósitos de municiones, instalaciones de radar y de lanzamiento de misiles que Irán tenía erradicados en Siria. Los aviones  cazabombardero ‘Adir’, como se conocía a los poderosos e indetectables F-35 estadounidenses en Israel no tenían ningún otros avión de combate que les superara. Sus avances tecnológicos y sus prestaciones los hacía invulnerables. Sólo faltaba tener buenos pilotos de combate e Israel tenía los mejores.

Por otro lado, en el caso de Arabia Saudita, según diferentes agencias de noticias, se decía que, a pesar de que el sistema de defensa antimisiles Patriot había funcionado muy bien, algunos misiles lanzados desde Irán contra Arabia Saudita habían impactado en instalaciones situadas en varios yacimientos de petróleo, incluido el mega-yacimiento de Ghawar, donde se veían pozos que estaban en llamas. También en la refinería Ras Tanura de Arabia Saudita y en la Capital Riad se habían oído fuertes explosiones.

La respuesta de Arabia Saudita contra Irán no se hizo esperar y desde sus intactas bases de lanzamiento de misiles de habían disparado más de ochenta contra distintos objetivos situados en territorio iraní, entre ellos la capital Teherán, Mazhad y los yacimientos de Yadavaran, South Pars o Al Shaeen y Azadegan, entre otros y diferentes refinerías como las de Abadan, Arvand, Behran, Pars Oil, y Sepahan Oil, así como otros objetivos estratégicos militares.

Las noticias de las subidas de los tipos de interés del euro y del dólar y el lanzamiento por parte de Irán, de misiles contra Arabia Saudita e Israel desde sus bases de Siria e Irán y la respuesta de ambos, que amenazaban una terrible guerra en el Oriente Medio, fueron seguidas por otros reportajes. Algunas estas noticias eran rumores que más tarde algunos de ellos se convertirían en realidades sobre supuestos atentados y explosiones en oleoductos, sobre ataques yihadistas en centros comerciales y sobre el cierre de empresas, o de bancos e instituciones financieras que amenazaban estar en quiebra.

Fue una especie de tormenta perfecta la que propició el dramático derrumbe bursátil que se produjo ese día hasta las 16.00 en Wall Street. Por un lado, el precio de las acciones estaba excesivamente sobrevalorado. Era como la calma que antecede a la tempestad. Por otro lado, los mercados se comportaban de una manera cada vez más irracional siguiendo absurdamente la estela de empresas  gestoras de fondos como la de GoldenSpring. A su vez, la codicia, el miedo y las expectativas también contribuyeron a que los inversores sintieran que el suelo se les movía. Los períodos de fuerte optimismo entre los inversores habían inflado artificialmente los precios de las acciones, lo que había creado una “burbuja” que, poco a poco fue adquiriendo un alto potencial de estallar, provocando que los precios de las acciones pudieran caer en picado.

Esta caída de los precios se vio agravada por el miedo a que la situación fuera a peor. En efecto, en menos de un cuarto de hora se había desatado un pánico generalizado en el mercado bursátil de Nueva York. Los inversores que pensaban que el mercado estaba a punto de tambalearse comenzaron a deshacerse de las acciones en un esfuerzo por evitar perder dinero.

Eso es lo que estaba haciendo la mayor gestora de fondos del mundo y ante esa evidencia, lo empezaron a hacer todos,  aumentando la velocidad del descenso del precio de las acciones. Así fue como el pánico se apropió del mercado e hizo que otros siguieran el ejemplo de GoldenSpring que no paraba de vender las acciones de las empresas de la mega-entidad Page Capital y de otras asociadas a precios cada vez más bajos que se derrumbaban en caída libre.

Todo era una locura, a medida que todo el mundo se movía para descargar las existencias, la oferta excedía más y más a la demanda y los precios se desplomaban en todo el mercado bursátil. De este modo, ese fatídico día, en tan sólo dos horas, el índice de la Bolsa de Nueva York, Dow Jones, perdería más de 10.000 puntos, un 34%, mientras el Nasdaq lo hacia solamente en un 12%. Aquella madrugada en Ciudad del Cabo, al hacer el balance de resultados, Arnold Page, descubrió que la mega-empresa Page Capital había quebrado y que, además, la mayoría de sus empresas habían sido adquiridas a precios de ganga por un fondo de inversiones controlado por una agencia del Gobierno de Estados Unidos.

De pronto, en el fondo de su ser, Arnold Page, el hombre más rico del mundo, sintió que todo se le venía abajo. Todo lo mucho que tenía estaba apalancado y lo había obtenido gracias al crédito y soportado por activos que ya no valían nada pues los había malvendido todo. En resumen, tenía que tenía que hacer frente a miles de millones de dólares en créditos con algunos pocos activos. En esos momentos, sus deudas contraídas representaban 10.000 veces el valor de sus escasos activos. Bajando unos archivos, observó las operaciones bursátiles y órdenes de compra-venta a GoldenSpring desempeñadas por al Algoritmo del Big Brother habían sido diferentes de las instrucciones que tenían que haber sido ordenadas y no se hicieron. Parecía como si alguien hubiera manipulado el algoritmo.

En lugar de vender acciones de sus viejas empresas contaminantes, cuando dichas acciones estaban al alza y comprar acciones a la baja de empresas tecnológicas de futuro y, más tarde, cuando los precios de las acciones de sus empresas estuvieran por los suelos y hubiera vendido más el 90% de las acciones, volver a comprarlas. Esa era la gran jugada que Arnold Page había diseñado para hacerse con todo. Pero algo falló o no hizo lo que debía hacer.

El culpable había sido el Algoritmo del Big Brother que, contrariamente a lo que se le había ordenado, se dedicó a infundir pánico en el mercado y acelerar las venta de las acciones de Page Capital, aumentando la pendiente de la fuerte tendencia bajista creada. Sin embargo, a medida que vendía las acciones de la constelación de empresas de Page Capital a la baja, de una manera increíble y absurda, el Algoritmo daba las órdenes de volver a comprarlas de nuevo a precios más bajos para volver a vender las acciones a precios más bajos todavía y así, sucesivamente, sin poder detener ese viaje a los infiernos, a las 16.00, hora de cierre de la Bolsa de Nueva York, el precio de las acciones de las empresas de la mega-entidad Page Capital, y de otras mega-entidades que había adquirido, habían caído en un 95%.

La mega-entidad Page Capital se había hecho la dueña de seis mega-entidades que ya no valían nada pues el precio de las acciones estaban por los suelos. Finalmente, el Algoritmo del Big Brother dio la orden de venta y una agencia que manejaba fondos gubernamentales compró todo. Haciendo cuentas, Arnold Page tan sólo poseía el 3% de las acciones de la que, hasta hace muy poco, había sido la más poderosa y rica mega-entidad del mundo.

Por primera vez en aquella esperpéntica noche, el cerebro de Arnold Page se iluminó de llamas y comenzó a tenerlo todo claro. El Algoritmo del Big Brother era quien le había hecho la jugada. Se había comportado como un excelente y embaucador trilero. Le había engañado a él y a todos sus expertos financieros que trabajaban en GoldenSpring y que habían dejado todo el comercio algorótmico en sus manos. De este modo, el Algoritmo del Big Brother había manipulado para que el juego protagonizado por el comercio algorítmico estuviera amañado para dejarse perder.

Se había creado un bucle vicioso de compra-venta de acciones consistente en vender a precios más bajos que los que, décimas de segundo antes, se había pagado por la compra de esas mismas acciones y así sucesivamente, hasta que las acciones se depreciaban alcanzando límites ridículos y, como estocada final, cuando ya esas empresas no valían apenas nada, venía un fondo de inversiones que compraba prácticamente todo, por unos poco dólares y, después, suspendía la venta de acciones.

Arnold Page estaba completamente quebrado. Ni tan siquiera esa residencia donde ahora se alojaba era ya suya. El hecho de comprender lo que había pasado, le había transformado en un ser infernal, donde la ira se había apoderado totalmente de un cuerpo que se encorvaba y se retorcía, dando aspavientos como si fuera un poseído por el demonio. Con los ojos abiertos y perdidos en el infinito, sedientos de la sangre de un culpable, Page miró hacia el oscuro Océano Atlántico y vio como surgía de sus negras aguas, la sombra del fantasma de Riccardo Della Rovere. Oyó sus risas que surgían de lo profundo del Océano Atlántico. Se estaba riendo a carcajadas de él, desde el reino de ultra-tumba.

Lo veía volando cerca de él, retorciéndose de la risa, e intentaba agarrarlo para despedazarlo pero, en sus intentos, sólo abrazaba el fresco aire de aquella noche sudafricana que asolaba el balcón de su habitación. El ex plutócrata comprendió entonces lo que debía hacer. Buscarle en el reino de ultratumba y ajustar cuentas allá. De pronto, un Arnold Page enloquecido por la gran burla y estafa de la que había sido objeto, agarró una pistola que tenía en un cajón del armario de su habitación, la puso cargada y miró hacia el lugar de donde había salido poco antes el fantasma de Riccardo Della Rovere riéndose de él. Entonces  levantó el arma y se pegó un tiro en la boca. Se verían en el infierno del otro mundo, pensó instantes antes de disparar.

V

Las pantallas murales de grafeno del despacho de la casa de JM, Jeremy Morgan, de San José, California, se llenaron de múltiples gráficos sobre la evolución de la sesión de la tarde en la Bolsa de Nueva York. Idénticos gráficos se estaban reproduciendo en las dos pantallas acopladas del despacho de la casa del australiano Iñaki Andraka de Perth. El control que el Algoritmo del Big Brother, en versión Beta+, estaba ejerciendo sobre el funcionamiento de todos los algoritmos utilizados por otras máquinas  dedicadas al comercio algorítmico era total. Incluso, la versión Alfa del Algoritmo del Big Brother sólo operaba según las indicaciones de la versión Beta+.

Ningún algoritmo informático, ni ningún operador humano podía intervenir, ni alterar el proceso marcado por el Algoritmo del Big Brother versión Beta+. Una vez que éste hubo entrado en el Algoritmo versión Alfa que controlaba Page Capital, en conexión con GoldenSpring, todo fue fácil. Los valores de las acciones de las 870 empresas de Page Capital que cotizaban en bolsa quedaron a ras de suelo en algo más de dos horas. Las desviaciones que se iban produciendo entre las versiones Alfa y Beta+, con la ayuda de Ariel Shem-Tov e Iñaki Andraka, sirvieron para anular la operatividad de la versión Alfa del Algoritmo del Big Brother que manejaba Capital Page y que había sido robado de la caja acorazada del banco suizo UBS, de su sede central de Zúrich, Suiza.

A las 13.30 del mediodía de San Jose, California, a las 16.30 hora de Washington DC,  a las 22.30 hora de Bruselas y Ciudad del Cabo y a las 16.30 de la madrugada del día siguiente, hora de Perth,  el ingeniero jefe y director del Proyecto Chronos Jeremy Morgan, o “JM”, y su ayudante, la física Guadalupe Barrios entregaron a Joseph Finkelstein, Jeff Miller y Aaron Chernick los informes de progreso sobre los resultados de la operación que recientemente el Algoritmo del Big Brother había protagonizado en el mercado bursátil de Nueva York.

Los resultados eran espectaculares porque se había conseguido eliminar a la mega-entidad Page Capital y neutralizar ocho más mediante la compra, por parte de un fondo de inversiones gubernamental, de más de la mitad de sus respectivas acciones. Estos informes llevaban también recomendaciones y criterios para calmar a los mercados bursátiles que se enviaron a Robert Stone y al Presidente Brown y demás miembros del Gobierno de los Estados Unidos para que actuaran en consecuencia.

Después de valorar conjuntamente esos resultados, todos se mostraron satisfechos y se despidieron de los que estaban en Australia con un buenas noches de agradecimiento que sintonizaba con los deseos de irse a la cama de aquellos dos amigos que habían trasnochado tanto. Los que estaban en California celebraron con un buen vino blanco californiano, el éxito de la operación y, a continuación, subieron del despacho bunkerizado, que JM había montado en su casa, al comedor, donde todos almorzarían con su alegre familia.

Parecía como si, tanto la familia de JM, como la de Guadalupe Barrios, hubieran tomado fiesta para no ir a trabajar y celebrar ese día de la victoria. Allí estaban todos: abuelos, padres, hijos e, incluso, hasta la cuñada de JM que había sido una novia antigua de Jeff Miller y que nadie sabe, ni ellos mismos, porqué lo dejaron, pues se llevaban fenomenalmente.

A los postres, después de que los niños y algunos mayores hubieran salido del comedor, unos a jugar al jardín y otros a la sala para ver la televisión y, de paso, echar una cabezada, JM se levantó para felicitarse entre todos por la victoria conseguida en la lucha por la defensa de la democracia y de las libertades. También tuvo una palabras de agradecimiento a los allí presentes y cómo no, también a los ausentes, bien porque se encontraban lejos o bien porque habían caído en la lucha. Las palabras que dedicó para evocar la memoria y la semblanza de Rachael Adler y Riccardo Della Rovere fueron de lo más emotivas.

VI

El regreso al hotel del centro de la ciudad de San José, lo hicieron completamente en silencio. Parecía como si ambos, tanto Joseph Finkelstein como Jeff Miller, supieran que les aguardaba una larga conversación entre ellos. Una charla que había quedado pendiente desde el momento en el que se conocieron y, en ese momento, prefirieran dejar esa conversación para la noche, cuando estuvieran más descansados. Los dos habían convivido días muy intensos, cada uno cumpliendo con su papel y, a pesar de haber pasado momentos de gran tensión,  la relación que hubo entre ellos había sido muy correcta. Finkelstein había sido su jefe directo y el que le había contratado a él y a su agencia.

Sin embargo, al contrario que Joseph Finkelstein, que desde el principio sabía el terreno que pisaba él y el que pisaban los demás, Jeff Miller ignoraba a veces que terreno pisaba. En realidad, se había ido dando cuenta de la amplitud y profundidad de lo que estaban haciendo, a medida que iban trascurriendo los días y se enfrentaban a nuevos problemas aunque, a veces, sus suposiciones estuvieran completamente equivocadas.

Sobre todo, cuando asumió que el JM que aparecía en la nota de la fallecida profesora Rachael Adler era él. Ello explicaba perfectamente porqué le quisieran  matar, como ocurrió en la Isla Santa Rosa pero no era cierto que él fuera JM. Fue una casualidad que junto a su nombre escrito por otros motivos, apareciera el encargo de trasladar al director del Proyecto Chronos Jeremy Morgan, alias JM, estuviera también escrito debajo la frase: “Entregar Versión Beta mejorada del Algoritmo con instrucciones a JM”.

Prácticamente, se había dado cuenta de quién era de verdad JM, cuando fue esa mañana con Finkelstein a su domicilio  y Jeremy Morgan se presentó como JM. No dijo nada pero entonces lo entendió todo y admiró a Rachael Adler por haber sido capaz de soportar la tortura hasta la muerte sin haber dado el nombre de Jeremy Morgan como el destinatario de la versión Beta mejorada. La profesora de la Universidad de Stanford había sido una verdadera heroína.

Durante el camino de vuelta, aprovechando que Jeff conducía, el inglés hizo una llamada a la casa refugio de Newport Beach. Habló con Ashley para decirle que ya estaba todo prácticamente acabado, que la quiebra de Page Capital era una realidad y que pronto podrían regresar a sus casas y a su trabajo en Boston, le dijo también que se lo transmitiera a Alison Blair y le dio saludos para ella y su familia, así como para el matrimonio Fernández, Raúl y Lucía, los cuidadores de la casa.

El inglés abrió más su ventana para que entrara el aire al interior del coche pero se acordó de algo que tenía pendiente y la cerró en seguida pues necesitaba aislarse del ruido. Se dio cuenta de tenía que llamar también a alguien muy importante de Washington DC pero se detuvo, porque se acordó de que debía hacer no una, sino varias llamadas, y alguna de ellas prefería hablarla sólo, desde la intimidad de su habitación.

Al llegar al hotel, a las 18.15, ambos quedaron en que descansarían un rato en sus respectivas habitaciones y que se verían luego, a las 20.00 horas, en la entrada del hotel para ir a cenar. Joseph Finkelstein le pidió a Jeff que eligiera el restaurante y reservara una mesa. Jeff Miller estaba seguro de que aquella noche se iba a enterar de muchos secretos que hasta entonces le habían sido ocultos y que Joseph Finkelstein era el encargado de revelárselos.

VII

No había tenido casi tiempo para quitarse la ropa y los zapatos y ponerse cómodo en pijama, cuando sonó el timbre del teléfono móvil. Era el propio Presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown, quien le hacía la llamada. Su voz parecía fuerte y bien timbrada y además denotaba que estaba satisfecho y de muy buen humor:

— ¿Joseph?. Te habla tu amigo John Benjamin Brown, el Presidente de los Estados Unidos. Acabo de regresar hace tres horas de Camp David y ya estoy perfectamente enterado de lo que ha pasado. Por eso, antes de nada te llamo para agradecerte a ti y a tu equipo la labor tan encomiable que habéis hecho y reconocer que, sin vuestra ayuda, hubiera sido imposible ganar esta dura guerra que hemos mantenido. También he decidido otorgar la Medalla Presidencial de la Libertad, a título póstumo, a nuestro común amigo, Riccardo Della Rovere, y a la Profesora Rachael Adler, igualmente a título póstumo. A su vez, esta medalla también quiero otorgártela a ti, a nuestro querido amigo francés, Profesor Maurice Garnier, a Jeffrey Miller y al resto de tu equipo.

— Muchas gracias Ben —respondió emocionado Finkelstein que sabía que la Medalla Presidencial de la Libertad era un galardón otorgado por el propio Presidente de los Estados Unidos y que, junto con la Medalla de Oro del Congreso, era el galardón civil más importante de Estados Unidos. Esta medalla se otorgaba a las personas que habían realizado una contribución especialmente meritoria a la seguridad o a los intereses nacionales de los Estados Unidos, a la paz mundial, a la cultura o a otras actividades públicas o privadas significativas.

— Pero no sólo es eso Joseph —añadió el Presidente Brown— también quiero darte la primicia de que hace tan sólo tres minutos me acaban de informar que Arnold Page, la bestia negra de nuestra democracia y de nuestro sistema de libertades, se ha suicidado en su residencia del Ciudad del Cabo. He recibido el informe vuestro y ya se están ocupando para tranquilizar a los mercados y empezar a darle la vuelta desde mañana. Cuando pases por Washington DC, por favor, llámame y cenaremos juntos en la Casa Blanca. He enviado un largo mensaje al Primer Ministro japonés, Hoshi Fujimoto, para que antes de iniciarse la Bolsa de Tokio trasmita su mensaje por la TV dirigido al país nipón para que tranquilice  al mercado de acciones de la Bolsa de Tokio —al otro lado del teléfono, se escuchó una voz de alguien que hablaba con el presidente y éste continuaba con una despedida— Lo siento Joseph, tengo que interrumpir nuestra grata conversación.  Tengo ahora que colgarte porque quiero informarme bien de la situación real del conflicto en el Oriente Medio y analizar las estrategia a seguir con respecto a Irán y Rusia. Hasta cuando quieras amigo. Estaremos en contacto —el presidente Brown colgó y durante un largo rato el inglés se quedó pensativo acordándose de Israel. En varias semanas, el Reino Unido inauguraría su embajada en Jerusalén y ya serían entonces cuarenta y nueve los países que habrían trasladado sus embajadas a la capital israelí.

A continuación, realizó dos llamadas más a Washington DC y otra local a JM. Estuvo viendo las noticias en diversas cadenas de la televisión, estadounidenses y  europeas preferentemente, y según comentaban los corresponsales destacados en Oriente Medio la situación seguía siendo tensa pero no había ido a más, lo cual era un señal clara de que las aguas volverían a su cauce. Después se preparó un baño y allí se quedó relajándose hasta que llegó la hora de prepararse y salir a cenar con Jeff. Sería una conversación muy provechosa y, a la vez, tranquilizadora para él porque al contárselo todo a Jeff, le liberaría de muchas responsabilidades que, por su amistad con Riccardo, él había contraído.

VIII

El restaurante italiano que Jeff había elegido para cenar era uno al que Joseph Finkelstein, durante el tiempo que estuvo viviendo en San José, a cargo del Proyecto Chronos relativo a la construcción del superordenador cuántico de 100 cúbits, acostumbraba a ir bastante a menudo. Jeff le agradeció el detalle. De pronto, mientras caminaban al restaurante ubicado, como el hotel donde se alojaban, en el centro de San José, el inglés sintió que los jugos gástricos le empezaban a trabajar y experimentó un gran antojo por comer el delicioso plato de “osso bucco” que allí preparaban. Mientras paseaban, Finkelstein hablaba del placer y de lo sano que representa caminar y Jeff Miller le contaba que él no andaba mucho por el trabajo pero que hacía todos los días una hora de gimnasia.

En el restaurante, la mesa que les habían reservado estaba ubicada junto a la ventana que daba a la calle. Les sacaron el menú y eligieron unas entradas para compartir a base de tiras de calamares, pastel de cangrejo y antipasto y un plato principal que elegiría cada uno el suyo. Joseph Finkelstein optó por el Osso Bucco y Jeff Miller prefirió una ración de pierna de cordero guisada con hierbas italianas frescas. Para beber eligieron vino tinto californiano del tipo Merlot.

A los postres, mientras degustaban unos tiramisús, en vez continuar hablando y recordando sobre lo vivido los días pasados, Joseph dio un cambio brusco a la conversación y fue al grano, comenzando a contarle a Jeff que él era hijo natural de su gran amigo Riccardo Della Rovere. Le dijo que su tía Berta era su hermana mayor. Le explicó cómo Riccardo y su madre Susan se conocieron en la boda de su tía Berta y de su tío Jerry.

No le quiso decir nada sobre el lamentable y agresivo comportamiento durante aquella boda, del que había sido supuestamente su padre. También le contó que cuando él nació, Susan Harrison se convirtió en una madre soltera y que se casó después, y entonces Billy Miller lo adoptó como hijo. Su amigo Riccardo no supo nunca de que era su padre hasta que, una vez, yendo a visitar a su hermana y a su cuñado, se encontró con un niño huérfano, viviendo en casa de su hermana Berta. El niño aquel de once años se llamaba Jeff Miller y era idéntico a él, cuando tenía esa edad. Podía ser un casualidad pero, cuando se enteró de que el nombre de soltera de la madre del niño era Susan Harrison, ya no tuvo ninguna duda de que él era el padre de Jeff. Sin embargo, por consejo de su hermana, decidió no decir, ni hacer nada.

Hasta que murió su hermana y muy pronto su marido, siempre se interesaba por Jeff Miller y le seguía la pista de lo que hacía. Hacía unos diez años había conseguido pruebas de ADN que demostraban su paternidad y se sentía feliz de saber que Jeff Miller era un gran hombre y un buen detective. Joseph Finkelstein comprobaba el interés y la atención con la que Jeff Miller escuchaba sus palabras:

— Al finalizar con éxito la fase Beta+ del Algoritmo Big Brother, fue cuando tomamos la decisión de liderar la batalla contra las mega-entidades y, en especial, contra su líder Page Capital.  Gracias al superordenador cuántico de 100 cúbits alojado en la sede de Future Brain Research de Almaden Valley, San José, empezamos el ataque directo pero sabíamos que corríamos peligro y el equipo en Estados Unidos necesitaba protección. Riccardo insistió mucho, en que te contratáramos a ti y a tu agencia de detectives de Los Ángeles, y me encargó a mi para que lo hiciera poniéndome en contacto contigo como así hice una vez que desde Londres te llamara una agencia de detectives por encargo mío. Lo demás, lo sabes todo, excepto una sola cosa.

— Qué es lo que todavía no sé —preguntó el detective con una curiosidad no disimulada.

— Hace unos tres días me llamó Jack Beckett, el Jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles, para decirme que el deslave de la Carretera 101, que comunica Los Ángeles con Santa Barbará, y en el que tú estuviste a punto de morir, fue provocado mediante una fuerte explosión de dinamita y yo presiento que el objetivo eras tú. Después te identificaron en Santa Bárbara cuando quedaste conmigo. Fue entonces, al saber que seguías vivo, cuando enviaron a tres agentes de la CIA para liquidarte y evitar así, que recibieras el paquete que supuestamente que te habría enviado Rachael Adler y que contenía el Algoritmo del Big Brother en versión Beta+ —el ingles concluyó contento de que por fin hubiera podido descargarlo todo y ahora esperaba ansioso el turno de las preguntas del detective que, contrariamente a lo que Finkelstein se había imaginado, sólo planteó una pregunta y ésta fue muy sencilla.

— ¿Me figuro que tendrás pruebas documentadas sobre todo esto de lo que me has contado?  —y añadió Jeff—  me gustaría disponer de ellas, por favor.

— Por supuesto —contestó aliviado Joseph— te daré todo cuando regresemos al hotel. Lo tengo ya todo preparado en una carpeta. Y no solamente te daré copia de toda la documentación sobre las pruebas de paternidad de Ricardo sino también una copia de su testamento donde como hijo suyo te nombra su único heredero de todos sus bienes y riquezas —el inglés le miró entonces con cierta pícara sonrisa— ¡Amigo mío! Ya puedes considerarte que eres millonario. En la copia tendrás la dirección y el teléfono del notario de Sacramento, Byron Macdonald, para que te pongas en contacto con él. Yo como albacea que soy, ya lo dejé todo firmado para que tú ya pudieras disponer de toda la herencia. Él está esperando tu llamada.

IX

Tras entregarle la carpeta con toda la documentación a Jeff Miller, Joseph se sentó ante el escritorio y se sirvió un whisky. Ya no le quedaba más que hacer en Estados Unidos y estaba deseando regresar a Londres. Necesitaba descansar durante una buena temporada. Al día siguiente, a las 15.00, partiría en vuelo directo de Lufthansa desde el Aeropuerto Internacional de San Francisco al Aeropuerto Internacional de Heathrow; Londres. Jeff le había dicho que le acompañaría al aeropuerto puesto que él tomaría un vuelo a Los Ángeles con American Airlines que partiría a las 16.10.

Puso la televisión para ver noticias y escuchó cómo Irán se echaba atrás y afirmaba que no deseaba entrar en ningún tipo de guerra ni contra Arabia Saudita, ni contra Israel. Solamente exigía a la Liga Árabe que no se metiera. La respuesta a Irán era que dejara de impulsar y financiar actividades terroristas.  Hizo un zapping por todas las cadenas y en una de ellas estaban hablando del suicidio de Arnold Page y de la quiebra de sus empresas. También hablaron de que habían sido hechos públicos una serie de papeles, videos y grabaciones de voz que inculpaban de golpismo al vicecanciller y ministro federal de Asuntos Exteriores de Alemania, Friedrich Honecker, y a relevantes dirigentes alemanes, entre ellos, al presidente del BCE, Hans von Schönhausen.

Rusia había sabido jugar su baza no manifestando claramente sus intenciones. Lo mismo habían hecho España y Polonia que se habían echado atrás en cuanto vieron el fracaso de los golpistas. El caso de Francia era más comprometido porque toda la oposición política había tomado cartas en el asunto y quería que a los culpables se les detuviera y juzgara por alta traición a la república. Como en el caso alemán, en Francia existían muchas pruebas que incriminaban al presidente y a gran parte de sus ministros, así como a empresarios, a algunos altos cargos militares y a dirigentes de las empresas públicas. De Turquía apenas se informaba nada porque el país había cerrado sus fronteras  y había implantado el toque de queda en sus principales ciudades.

A las 12.30 de la noche, el teléfono de Joseph Finkelstein empezó a sonar. Lo cogió enseguida y preguntó quien le llamaba. Al otro lado del teléfono, una voz agradable de mujer le contestaba, al tiempo que, al conocer quien era, al inglés le daba un vuelco al corazón que le llenó de ternura.

— ¿Qué tal estás Yosi?, soy yo, tu Angie. Hace tiempo que quería hablar contigo, cariño mío, tenemos que empezar a pensar en nosotros y decidir que vamos a hacer con nuestras vidas pero he preferido esperar a que acabáramos esta guerra contra los golpistas para hacerlo. Yo estoy ya muy harta de tener que sacrificar nuestro amor para darnos enteramente a otras causas. Estoy dispuesta a dejarlo todo con tal de que vivamos juntos. Además, quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti y de tu equipo por todo lo que habéis logrado contra Page Capital y, como un pajarito me ha dicho que estás en California, he querido llamarte antes de que  te acostaras para decírtelo —exclamó Angela Hall, Secretaria de Estado para el Departamento del Interior y, a su vez, Ministra de la Mujer y la Igualdad del Gobierno Británico.

— ¡No sabes querida, la alegría que me has dado con tu llamada! ¡Eres un cielo Angie! —exclamó Finkelstein muy emocionado para añadir— mañana vuelo al mediodía para Londres y llegaré pasado mañana a la mañana. Yo también estoy deseando estar contigo y vivir juntos como lo hicimos antes. Pero creo que si nos quedamos a vivir en Inglaterra, va a ser imposible. Te propongo que nos vayamos a vivir a Cataluña. En la Costa Brava, tenemos una casita a la que hace años que no vamos. No me contestes nada ahora y espera a que nos veamos cuando llegue. Te llamaré al llegar, ¡Angie, amor mío!.

La conversación siguió un rato más hasta que el Primer Ministro la reclamó por el videoteléfono directo. Se despidieron cariñosamente y Angela Hall colgó. De nuevo, en la soledad de su habitación del hotel, empezó a trabajarle a Joseph su cabeza a toda velocidad. Le hizo gracia recordar que su pareja Angie hubiera llamado guerra a lo que no había sido más que una mera batalla. Jorge Finkelstein no estaba nada tranquilo con respecto al futuro.

Él y su equipo lo tenían muy claro, los seres humanos son débiles mentalmente, actúan según sus pasiones y sentimientos, y, en consecuencia, son muy fáciles de manipular en un mundo cada vez más complejo. Por otro lado, Finkelstein consideraba que el desarrollo de la ciencia y la tecnología estaba contribuyendo mucho a la mejora de la sociedad, su bienestar y su calidad de vida, simplificando su enormemente funcionamiento como, por ejemplo, lo estaba haciendo en la lucha contra la corrupción política y sus altos niveles de impunidad. También lo había demostrado en la lucha contra la COVID-19.

El problema no era el desempleo que ello generaba, sino el cómo se hacía la distribución de la riqueza, del trabajo y del tiempo libre. Era obvio que también habría que reducir la duración laboral de la semana a tres días y medio, y el resto destinarlo al estudio, al trabajo solidario y a la ayuda mutua, al ocio y al esparcimiento. Pero sobre todo, había que poner en valor las actividades humanas y simplificar el funcionamiento de un sistema tan complejo como era el mundo y la simplificación vendría con la utilización de las nuevas tecnologías.

Como ejemplo, la tecnología Blockchain, o cadena de bloques, estaba simplificando mucho el sistema bancario, eliminando incluso la figura del banquero intermediario, al descentralizar toda la gestión. El control del procesos de pagos, ingresos y transferencias de dinero era una tarea de control que ejercían los usuarios y no una tarea de los bancos, a los que hasta hace poco había habido que pagar importantes comisiones por hacerlo. La tecnología Blockchain también hacia imposible el blanqueo de dinero o la evasión de capitales, con lo que la lucha contra el fraude fiscal estaba en camino de volverse sencillísima de hacer.

Con el superordenador cuántico de 100 cúbits, bastaba introducir un nombre, una cara, una voz, una huella o una muestra de ADN y apretar unas pocas teclas o dar un comando por medio de la voz, para conocer todo lo relativo a los ingresos, gastos, movimientos de dinero, cuentas corrientes, depósitos, acciones, bonos, bienes físicos, propiedades, deudas, créditos, etc., de una determinada persona. Ya no existía opacidad, ni refugios en los paraísos fiscales  porque la tecnología de la cadena de bloques lo volvía todo transparente. Había simplificado el sistema financiero de manera revolucionaria.

En general, las diferentes tecnologías estaban simplificando el funcionamiento y la sostenibilidad del mundo, haciendo que todo el trabajo rutinario, así como gran parte del trabajo de fabricación y construcción, de administración, de consultoría y asesoramiento, de servicios bancarios y financieros, de servicios de captación, almacenamiento y distribución de agua y energía, de cálculo, de enseñanza y tutoriales, de salud, de vigilancia y de transporte, etc.,  pudieran ser actividades realizadas por máquinas inteligentes que trabajaban mejor y eran mucho más eficaces, tenían un margen de error muchísimo menor, eran mucho más rápidas, mucho más económicas y eficientes y de manera sostenible, como así estaba pasando ya.

La 2ª Revolución Industrial había conseguido acabar con la maldición bíblica, al no tener que trabajar más con el sudor de la frente. La 4ª Revolución Industrial podría conseguir que los seres humanos no necesariamente tuvieran que trabajar. Sería como alcanzar el paraíso. Desgraciadamente, el ingeniero inglés era muy sabio al pensar que el problema residía en la propia naturaleza del hombre y su obsesión por dominar y controlar al resto de los seres humanos. Si en el pasado, estas luchas por la dominación de unos sobre otros había sido una constante a lo largo de la  historia que sólo se había paliado —al menos, en el interior de cada país— gracias a la democracia y al mantenimiento de un sistema de libertades. Desgraciadamente, con respecto al futuro se planteaban muchos interrogantes.

Esta vez, la humanidad entera que salía de la pandemia del coronavirus, se había salvado de caer en manos de la tiranía por muy poco. Si no llega a crearse un equipo formado por personas sabias y muy profesionales, extremadamente generosas hasta con sus vidas, nobles y de buenos principios morales,  y tremendamente inteligentes —más de 130 de IQ— y con gran capacidad de trabajo, pero dotados de equipos de alta tecnología para hacer frente a los fascistas que querían secuestrar el futuro del mundo y esclavizar a los seres humanos, esta batalla hubiera estado perdida. Las batallas futuras contra los enemigos de la democracia y de las libertades, no las ganarían las máquinas inteligentes, sino aquellos que las poseyeran o las controlaran. El verdadero enemigo del hombre, como siempre había sido y lo sería  otro hombre.

Joseph Finkelstein llevaba años pensando que vendrían tiempos, en los que habría que instaurar un sistema eficaz de defensa y garantía de la democracia y de su sistema de las libertades. Una tarea que, ni los seres humanos más nobles e inteligentes, cada vez menos la podrían garantizar, al menos, de manera aislada. Necesitaban la ayuda de las máquinas inteligentes para poder hacerlo. Pero también había muchas cosas que cambiar.

La democracia había puesto de manifiesto que el lema de “una persona, un voto” no valía para nada si el lo seres humanos eran tan vulnerables a la formación de opinión y criterios. Era una obviedad que la gente no era tan inteligente  como se pensaba. Si además, los niveles formativos debidos al fraudulento sistema educativo eran escasos y erróneos y la manipulación impune de las noticias le impedían ser objetivo y desarrollar el pensamiento crítico, los niveles de inteligencia disminuían tremendamente hasta rozar niveles graves de estupidez y de alienación, cuando no de adocenamiento.

— En nombre de la democracia, ¿Qué valor democrático podría tener el voto de un ser humano, manipulado y alienado, que sólo serviría para que las clases ricas dominantes, que apenas representan el 1% de la población, se perpetuaran en el poder y pudieran seguir viviendo, manteniendo o aumentando sus privilegios, como rentistas del sistema? —se preguntaba Finkelstein, una y otra vez, y su respuesta  era siempre la misma:

— Ningún valor —respondía uno de los hombres más sabios del Planeta

Para contrarrestarlo, habría que poner, de manera urgente, limites a la acumulación de poder y de riqueza que tanta desigualdad social y corrupción fomenta; límites a la propiedad de los medios de comunicación que tanto manipulan la libertad de expresión; límites al ejercicio de la política como profesión; límites a las diferencias salariales; límites a los precios de los bienes de primera necesidad, incluyendo la vivienda, la alimentación la educación, el transporte, la energía y la sanidad.

De igual modo, habría que transformar de raíz el obsoleto sistema educativo e impulsar un nuevo modelo que garantizara unos altos niveles de coherencia formación-empleo utilizando la interfaz hombre-maquina y las nuevas tecnologías y la capacitación de los profesores con aptitudes y actitudes para la enseñanza de las nuevas habilidades y competencias a los alumnos en coherencia con los cambios y mutaciones laborales y sociales a hacer frente. El saber universal, más necesario que nunca para poder comprender la complejidad de los sistemas en los que se movían los seres humanos, había quedado arrinconado por especialistas que sabían tanto de tan poco que al final apenas sabían nada. Sin embargo, estos seres limitados no tenían escrúpulos en asesorar en todo.

Como reconocido ingeniero y científico que era, pero sobre todo como persona con edad y experiencia, y dotado de unos niveles muy altos niveles de conocimiento y cultura, Joseph Finkelstein sabía que el mundo se iba transformando y desarrollando al ritmo que imponía el acelerado avance de las tecnologías y sus correspondientes innovaciones disruptivas.

En general, la inmensa mayoría de los países del mundo estaban gobernados por funcionarios, abogados y economistas que apenas entendían lo que estaba pasando y se asesoraban muy mal, porque tampoco querían demostrar que eran unos incompetentes o que les superaba el cómo encarar, de manera anticipada, las grandes transformaciones disruptivas que las distintas sociedades deberían asumir.

— Con mimbres como éstos será imposible construir una buena cesta —razonaba Finkelstein

Estos políticos fueron los que implantaron la visión cortoplacista en las políticas. Implantaron la lógica de la urgencia que sólo ofrecía políticas improvisadas y llenas de parches ineficaces. En la planificación estratégica, ellos eliminaron la utilización de la prospectiva estratégica que se anticipaba a los acontecimientos y apostaron por la estrategia reactiva que es tan obsoleta y perjudicial. Estos políticos y sus técnicos han optado por el negocio de la estrategia reactiva, la estrategia del miope o la del bombero, que espera a que el fuego se produzca para reaccionar, de modo que, cada vez, se llega más tarde y peor para encontrar a tiempo la solución a los problemas que se presentan.

Al llegar a este punto, Joseph Finkelstein se sintió de repente abatido. Para él, era imposible dar respuestas inmediatas a aquellos problemas que demandaban transformaciones profundas, y de largo aliento, en el seno de unas sociedades tan complejas como las actuales. No se trataba de ser optimista o pesimista. Eso era algo gratuito.

Había que estar siempre vigilante y alerta, sin más, y preparar el futuro continuamente, antes de que lo hicieran los rentistas del sistema que siempre surgirían con el tiempo. Algo tan consustancial a la naturaleza  humana como  su estupidez. ¿Cómo podría un plutócrata multimillonario hacer creer que los intereses de las clases medias y bajas —el 85%  de la población—  coincidían con las de él?. El ingeniero inglés alucinaba aún más cuando fue consciente de lo fácil que lo conseguían.

En su fuero interno, Finkelstein sentía un gran piedad por los seres humanos y consideraba que no podrían escaparse a su comportamiento gregario. Los seres humanos corrían un gran peligro de que les arrebatasen sus conquistas sociales y sus libertades y necesitaban protección. En ausencia de ángeles guardianes, por si acaso, habría que encontrar una alternativa compuesta por seres humanos nobles, dotados de grandes valores morales y sumamente sabios e inteligentes.

Estos ángeles guardianes, apoyados por el poder de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías, podrían ser capaces de anticiparse a los deseos de algunas minorías por hacerse con la dominación del mundo entero y neutralizarlas a tiempo. Pero siempre habría que vivir receloso y atento porque, aunque se ganara otra batalla, la amenaza nunca desaparecería. Como nunca dejó de existir esta maldición en toda la historia de la humanidad.

FIN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: