EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—13 Capítulo

por Juanjo Gabiña

Capítulo 13

Los basureros de la historia están llenos de tendencias prolongadas

I

A comienzos del año 2023, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE) y el Banco de Japón (BoJ) tomaron una decisión conjunta que no conocía precedentes históricos y que suponía toda una verdadera huida hacia delante, esperando que el inevitable crack del sistema financiero no sorprendiera a dichas Regiones. Se quería alargar la agonía de un modelo económico-financiero agotado que salvara surfeando la última depresión y creara el espejismo de que se entraba en un nuevo periodo de crecimiento. Pero en realidad, se trataba de cruzar el río Rubicón, algo así como pasar el punto de no retorno, a partir del cual ya no se podría dar marcha atrás.

Poco importaba si la burbuja financiera iba a crecer hasta más allá de los límites que la razón y el sentido común debieran permitir. La mayoría de los líderes actuales reconocían que se sentían impotentes para hacer frente a los grandes problemas económico-financieros y delegaban las riendas de la economía a personas procedentes del sector bancario que servían, más que a los ciudadanos como debieran, a los exclusivos intereses del capital financiero, cada vez más codicioso y depredador.

En un mundo donde la economía se encontraba financieramente tan apalancada, donde las grandes inversiones se realizaban a base de créditos y sin arriesgar apenas capital propio, las decisiones de ajuste de los bancos centrales consistían en reforzar el apalancamiento financiero, a costa de concentrar la riqueza en manos de unos pocos y empobrecer a las clases medias a quienes se traspasaba el endeudamiento financiero. Todo se inscribía en un contexto donde las regiones más ricas del mundo, en vez de cambiar el obsoleto modelo económico-financiero por otro basado en el desarrollo sostenible, prefirieran jugar su última carta para escapar de la quiebra sistémica, apoyando irresponsables políticas monetarias expansivas que pretendían alargar los privilegios de los rentistas del sistema.

Tras la llegada inicial del tsunami tecnológico debido a la 4ª Revolución Industrial, muchas grandes empresas. ancladas en actividades obsoletas del pasado y muchos bancos estaban ya empezando a sufrir un constante riesgo de quiebra. Eran mega-entidades formadas por constelaciones de empresas, grupos financieros y negocios que estaban terriblemente apalancadas. Muchas mega-entidades lo sabían y apostaban para que su deuda contara con la garantía soberana de los bancos centrales.

Se trataba de consolidar una estafa muy conocida que consistía en seguir manteniendo la privatización de los beneficios y ganancias pero, en caso de obtener resultados negativos, socializar las pérdidas y compartirlas con los estados, es decir con los presupuestos públicos financiados por todos los ciudadanos. Por decreto ley, se obligaría a practicar un juego en el que la gente siempre perdería y las mega-entidades siempre ganarían.

En estas condiciones, la concentración del dinero en manos de unos pocos podría incrementarse hasta límites insoportables. Lo que supondría también un mayor empobrecimiento de las clases medias y, como contestación social, el surgimiento de nuevas alternativas sociales y políticas, algunas de ellas extremas y radicales y la mayoría populistas, que pusieran freno al deterioro progresivo del Estado del Bienestar y acabaran con el liderazgo y la corrupción de los partidos políticos tradicionales. Desgraciadamente, el sistema corrupto lo absorbía todo. Aquel que no tenía ningún precio para poder ser comprado por la oligarquía, el sistema automáticamente lo desechaba y le hacía la vida imposible.

Se sabía que los basureros de la historia siempre estuvieron llenos de tendencias prolongadas que siempre terminaron por explotar. Pero era igual lo que se razonara y tuviera sentido para escarmentar a tiempo. El hombre era un estúpido y los avariciosos más todavía. En el estado actual del año 2023, sumidos en la Tercera Depresión Económica, cada vez se era más consciente de que el crack financiero mundial estaba muy cerca pero no se reaccionaba porque faltaban estadistas entre los políticos que fueran valientes y quisieran cambiar aquello que no iba bien. A partir de ello, el crack estaba garantizado. Sólo sería cuestión de tiempo. Únicamente, saldrían adelante y adquirirían particular importancia, aquellas empresas y países que tuvieran valor donde el conocimiento, el saber hacer, la ética, la gobernanza y el sentido del riesgo. Es decir, que estuvieran más acordes con el desarrollo sostenible y con la utilización masiva de las nuevas tecnologías debidas a la 4ª Revolución Industrial.

La 4ª Revolución Industrial se caracterizaba por una ser gran fusión de tecnologías donde se mezclaba el mundo de la física, el mundo digital y el mundo biológico. Representaba a su vez, el desarrollo e implementación de espectaculares avances tecnológicos que se iban experimentando en diferentes áreas, tales como el área  de la robótica, la nanotecnología, la Inteligencia Artificial, el Blockchain o cadena articulada, la informática cuántica, las biotecnología, el Internet de los objetos o de las cosas, la impresión 3D, las energías renovables y los vehículos autónomos.

La amplitud y la profundidad con la que se iban produciendo estos cambios estaban transformando, de una manera disruptiva y revolucionaria, sistemas completos de producción, de ocupación laboral, de educación, de ocio y tiempo libre, de gestión e, incluso, de gobernanza. En el año 2023, se tenía muy claro que resultaba imposible oponerse a este tsunami tecnológico. La crisis debida a la pandemia de la COVID 19 había acelerado en procesos de automatización del trabajo y es que las máquinas, además de poder trabajar 24 horas sobre 24, durante los 365 días del año, tampoco se enfermaban. El reparto del trabajo y la estrategia de reducir progresivamente los días laborables de la semana se encontraba las genfgas de muchos gobiernos progresistas.

Ello representaba la posibilidad de que los seres humanos pudieran vivir confortablemente en un mundo donde la semana laboral durara tan sólo tres días y medio y, al mismo tiempo, se recuperara con creces el Estado de Bienestar perdido. Sin embargo, un fuerte desarrollo de las diferentes tecnologías 4.0 también representaba que todas las empresas contrarias al desarrollo sostenible quebraran y desaparecieran.

Era ya una crónica anunciada que estas empresas se volverían pronto obsoletas y serían las grandes perdedoras que conocería el modelo económico  emergente. Las mega-empresas como Page Capital eran muy conscientes de que ellas, sin que se interpusiera por medio ningún tipo de actores como los políticos o los militares, debían hacerse cuanto antes con el poder político, para ganar tiempo y no tener que desaparecer y así crear las condiciones para que sus viejas empresas pudieran fagocitar, de manera cómoda y económica, a las nuevas y emergentes empresas, protagonistas de la 4ª Revolución Industrial.

Las mega-entidades no querían perder privilegios y poder y para ello sabían que, por todos los medios, legítimos o ilegítimos, criminales o no, debían impedir convertirse en las víctimas del tsunami tecnológico. Un aviso de quiebra que ya empezaba a cubrir las cabezas de sus empresas líderes, como eran aquellas empresas ineficientes, sucias,  contaminantes y especulativas que vivían gracias a la corrupción imperante.

Así, se consideraba como empresas perdedoras a las administraciones públicas, a las empresas petroleras, del carbón y gasistas, a las empresas energéticas no renovables, a las empresas de transporte grandes consumidoras de energías fósiles, a las cementeras, a las financieras, a las aseguradoras, a las farmacéuticas convencionales, a las educacionales, a las fabricantes de automóviles que sus vehículos utilizaran combustibles fósiles, etc. En general, a todas aquellas empresas e instituciones convencionales y poderosas, donde sobraba la mayoría de los puestos de trabajo y que ya no aportaban valor añadido, pero que vivían de rentas y sobornos y/o gozaban de mercados privilegiados como los monopolios u oligopolios.

De cualquier modo, la economía sostenible —en especial la economía circular— estaba empezando a ser cada vez más controlada por oligopolios que había que erradicar cuanto antes para no caer en los mismos vicios del pasado. Estas muy demostrado que uno de los cánceres de la economía eran los sectores oligopólicos y sus correspondientes lobbies que lo corrompía todo.

II

Tras la detención de importantes líderes de dos de los principales Zaibatsu y la desarticulación de la amplia red terrorista que perseguía dar un golpe de estado en Japón, el nuevo Primer Ministro japonés, Hoshi Fujimoto, decidió convocar elecciones. Él era muy consciente de la necesidad de escapar del populismo basado más en las hormonas que en las neuronas y, en especial, del fascismo.

A su vez, anunció que pretendía también crear un nuevo partido político con la misión de encarrilar a Japón y a su gente por la senda del desarrollo sostenible, en base a las tecnologías de la 4ª Revolución Industrial. Las transformaciones a realizar, tanto a nivel político como social, ambiental y económico, eran tan grandes y tan disruptivas con el pasado, que sólo un gobierno fuerte que combinara la ideología liberal idealista con la socialdemocracia las podría acometer, tal como pasó después de la II Guerra Mundial. El populismo que se aprovechaba tanto de la estupidez humana debería volverse obsoleto y caduco.

Lo transición en Japón se realizaría trabajando conjuntamente miembros del partido de Primer Ministro japonés y de otras organizaciones políticas, pero, sobre todo, con personas independientes procedentes del mundo de la empresa, del mundo de la academia, del mundo de la cultura e, incluso, del mundo de las religiones. Eran personas que nunca se habían dedicado a la política y que querían colaborar en la reinvención de un nuevo modelo económico y social, en coherencia con los retos de futuro de la comunidad japonesa.

El desarrollo sostenible, la economía circular y la economía colaborativa gozarían de un gran impulso gracias a las nuevas tecnologías que permitirían su viabilidad. El único problema era que, si no se establecían fuertes controles, dichos nuevos mercados, donde primaba el reciclaje, podrían caer en manos de oligopolios que encarecerían irresponsable y anticipadamente los precios en beneficio de la plutocracia. .

El desarrollo sostenible que Hoshi Fujimoto proponía en uno de sus discursos a través de los medios, perseguía la construcción de un futuro digno, justo y equitativo y, a su vez, viable y saludable, para muchos de los que ahora vivían en Japón. Sería preparar el futuro sostenible para cuando los jóvenes de hoy fueran viejos, así como para cuando lo fueran sus hijos y sus nietos, en el marco de una estrecha solidaridad entre Japón y el resto de las naciones de la Tierra.

Pero no sólo se trataba de tomarse el tema de la solidaridad intergeneracional en serio. También se trataba de aprender a pensar en el largo plazo y de preparar el futuro con tiempo, de manera solidaria con el resto, respetando los límites que imponen las leyes físicas de la naturaleza, la libertad y la equidad social y los que se establezcan con respecto a la acumulación de capital y de poder.

Se trataba de poder escaparse de la tiranía que imponen, tanto lo que es o se llama urgente como el hecho de depender exclusivamente de una visión miope y cortoplacista que impregna casi la totalidad de las acciones que realizamos hoy en día. Esta visión miope debería sustituirse por otra visión bifocal que combinara el largo plazo con el corto plazo. Se trataba de recuperar el valor de la prudencia, de lo que significa realmente el poder de la reflexión previa a las acciones que emprendemos, para ver anticipadamente las consecuencias de las acciones a emprender, antes de llegar a decidir nada.

Hoshi Fujimoto, como nieto de campesinos que era, sabía perfectamente que sin siembra no habría luego posibilidad de cosecha alguna. El nuevo Primer Ministro japonés, tenía claro que las nuevas tecnologías tenían un gran potencial y que, en su largo desarrollo, permitirían alcanzar el anhelado paraíso terrenal. Sin embargo, nada sería gratuito. Para ello se necesitaría introducir miles de innovaciones sociales, ambientales, económico-financieras y tecnológicas para que ellas permitieran alcanzar el futuro sostenible. Él era muy consciente que sin innovaciones que fueran rupturistas con el pasado, la ardua tarea a realizar sería del todo imposible.

III

El funeral de la que fuera su amiga y compañera de equipo, Rachael Adler, había acabado con gran solemnidad y emoción. Todos colaboraron en el entierro echando tierra sobre su tumba. Después del rezo del Kadish, y cuando ya todos se iban, Joseph Finkelstein les llamó a todos los del equipo y algunos allegados más para que rodearan la tumba y entonaran, en voz alta, una oración en honor de Rachael, en el idioma que quisieran. Al acabar su plegaria, cada uno de ellos fue golpeando sobre su tumba con una piedra pequeña, que luego depositaría encima con la esperanza que el alma de Rachael, todavía anclada en la Tierra, hubiera advertido su plegaria, antes de subir ella hasta el cielo.

Cuando le tocó el turno a su hijo, éste se deshizo en lloros y lamentos desgarradores por la muerte de su madre.  Instintivamente, todos le rodearon y abrazaron haciendo una piña con él. Las manos y brazos de todos se juntaron llevando al cielo una plegaria conjunta. Fueron momentos que el australiano Iñaki Andraka y el israelí Ariel Shem-Tov no olvidarían nunca y así lo comentaron entre ellos, cuando después de lavarse las manos y quitarse la Kipá, guardaron ésta en sus bolsillos con mucha delicadeza, no sin antes darle a la prenda que antes cubriera sus cabezas, un beso de respeto y gratitud.

Tras despedirse de todos en la salida del mismo cementerio de San José, un todo terreno oscuro, con dos agentes del FBI dentro, les estaban aguardando. Les habían llevado las maletas, que ellos previamente ya habían preparado y dejado cerradas. Cumpliendo instrucciones de Finkelstein, las habían traído para que no tuvieran ambos que pasar por el hotel a recogerlas. Así, desde el mismo cementerio, fueron acompañados por los dos agentes del FBI hasta el Aeropuerto Internacional de San Francisco. El vuelo de la compañía aérea australiana, Quantas, había partido puntual, a las 22.45 de la noche, y llegaría catorce horas más tarde al Aeropuerto Internacional Kingsford Smith de Sidney, Australia.

Desde allí, haciendo una escala de dos horas, Iñaki Andraka y Ariel Shem-Tov tomarían otro avión que volaría hasta el Aeropuerto Internacional de Perth, en un vuelo de unas cinco horas de duración. A la 13.30 hora de Perth, después de un viaje de casi 22 horas, extenuados pero contentos, alcanzarían la ciudad más populosa de Australia Occidental.

Aunque David era la quinta vez que viajaba a Perth, era la primera ocasión que iba a atravesar todo el continente australiano de este a oeste. Las veces anteriores, en algunas ocasiones con su familia, había volado siempre desde Tel Aviv a Londres y de Londres a Perth y lo había hecho atravesando el Océano Índico en un vuelo nocturno. Esta vez, el vuelo había sido de día y Ariel Shem-Tov, sentado en el lado de la ventanilla derecha, lo aprovechó para contemplar extasiado el paisaje rojizo del interminable desierto australiano.

Australia Occidental era un territorio surcado de tierras áridas como Israel, sólo que su superficie era 100 veces más grande y, en cambio, su población era tres veces menor. Sin embargo, en las regiones situadas alrededor de Perth, se disfrutaba de un clima benigno, de manera que, en el territorio del sudoeste australiano, el clima fuera considerado del tipo mediterráneo, como también era el caso de Perth.

La capital del estado de Australia Occidental era Perth, que tenía casi 1.750.000 habitantes, lo que, en el año 2023, la convertía, en la cuarta ciudad más importante de Australia.  Perth era considerada la ciudad, de más de un millón de habitantes, más aislada del mundo, rodeada ella y su región,  por miles de kilómetros .de océano y de desierto

De igual modo, era una ciudad desconocida sobre la que se sabía muy poco, a pesar de tener un clima ideal, de ser tan bella, tan dinámica y tan próspera. El oeste de Australia, era un territorio ignorado para todo aquel que no hubiera nacido o vivido en el continente austral, también lo era para muchos australianos que vivían al este, en ciudades como Sídney, Melbourne o Brisbane. Adelaida que era la ciudad más cercana y se encontraba a más de 2.100 km de distancia de la ciudad de Perth.

A la salida de llegadas del aeropuerto,  la esposa de Iñaki y sus dos hijos, un niño de doce años y una niña de siete años, se encontraban esperándoles a los dos viajeros. Como ya le conocían a Ariel, las presentaciones fueron más breves que lo que hubieran sido de ser un desconocido, aunque también es cierto que cuando el israelí llegaba con su esposa y sus hijos los saludos se alargaban, y también las risas.

Sin embargo, esta vez que él venía en plan de trabajo, las muestras de alegría por el mero hecho verle, aún siendo grandes, no llegaban a mayores porque muchas preguntas iban dirigidas a conocer cómo estaba y qué hacía y cuando iba a venir la familia de Ariel. La más pequeña de los hijos de Iñaki le dio un beso a Ariel y se empezó a reír mientras le decía un tanto nerviosa: ¡Shalom!

IV

La reunión de embajadores y cónsules de Alemania, que se había celebrado recientemente en Berlín, pretendía informar a todo el cuerpo diplomático alemán sobre una serie de cambios importantes que se iban a introducir en el país y que a ellos también les afectaba como representantes que eran de la nación alemana en el exterior. Estos cambios exigían que se ajustara también la política exterior alemana a un nuevo orden emergente. Los cambios se debían realizar en un momento en el que el mundo estaba experimentando transformaciones profundas, tanto en lo que se refiere a los parámetros geopolíticos como en lo referente a los parámetros geoeconómicos.

A la reunión, de dos días de duración, había acudido también Roland Schulz como embajador de Alemania en Estados Unidos. Según les dijeron a los embajadores y cónsules, en las diferentes conferencias que les impartieron, se había reunido allí a todos los titulares de las representaciones de Alemania en el exterior para actualizarlos sobre los principales temas relacionados con la política interna, la economía, los avances tecnológicos y los retos a los que la nación alemana se enfrentaba para que la política externa fuera del todo coherente.

También se trataba de definir las directrices del Gobierno de la República Federal alemana en materia de política exterior para los años siguientes y las tareas prioritarias a impulsar, pero allí no se discutía nada y Roland comprobó muy pronto que todo venía definido desde arriba. El embajador Roland Schulz tenía muchas preguntas que hacer, al igual que otros muchos embajadores y cónsules, pero en esas reuniones no dejaban preguntar nada. En el turno de preguntas sólo había tiempo para que interviniera un solo embajador.

El embajador de Alemania en España era al único al que dejaban preguntar, aunque se alargara diez minutos con su pregunta que se limitaba a explicar porqué alababa la excelente política que impulsaba el Vicecanciller y Ministro Federal de Asuntos Exteriores, Friedrich Honecker, para luego, finalmente, no preguntar nada y así, consumir todo el tiempo de preguntas. Dos embajadores que protestaron por no estar de acuerdo con algunas de las instrucciones recibidas —en concreto, los embajadores de Alemania en el Reino Unido y Australia— fueron invitados a irse y, al día siguiente, recibieron un comunicado oficial informándoles de que quedaban cesados de sus cargos como embajadores.

La mayor humillación que recibieron los asistentes fue la protagonizada por el propio Vicecanciller y Ministro Federal de Asuntos Exteriores de Alemania, Friedrich Honecker, cuando, con ocasión de sus palabras como introducción a una de las conferencias, manifestó que muchos de los integrantes del cuerpo diplomático actual eran demasiado tibios en cuanto a la defensa de Alemania se refería. Añadió que, de la tibieza a la traición, sólo había un paso y advirtió de que se estaba valorando las actitudes y aptitudes de cada embajador, con respecto a la nueva era emergente, y que el que no diese con el nivel requerido debería ser sustituido para dar paso a otro que fuera más capaz y fiel a los nuevos dirigentes de su país.

Durante las dos jornadas que duró aquel encuentro, tampoco hubo reuniones paralelas para que los asistentes pudieran debatir y hacer preguntas. La escusa que dijeron los organizadores era que, por motivos de eficacia y falta de tiempo, y en adelante, sólo se darían instrucciones y no habría más turnos de preguntas. Lo cuál fue muy agradecido porque así nadie tendría que aguantar más la matraca del Embajador de Alemania en España que era al único al que dejaban preguntar durante el turno de preguntas. De cualquier modo, entre los asistentes, el malestar esta creciendo cada hora que pasaba y al terminar la jornada del primer día, Roland Schulz pudo reunirse, en el hotel donde estaba alojado con otros embajadores del cuerpo consular.

Entre aquellos que con los que Schulz guardaba una amistad de años, la opinión general era de desagrado, a la vez que de preocupación por el giro que estaba llevando la política interna. Los vientos no soplaban en la buena dirección pero también había bastantes partidarios, aunque muy lejos de la mayoría del cuerpo diplomático, de seguir con esa política. Alemania fue grande cuando abandonó la democracia, decían algunos sin mencionar al nazismo pero con el objetivo de dejar caer que hay regímenes políticos mejores.

El Eje Madrid – París – Berlín – Varsovia quería conformar la realidad futura de Europa. Roland Shulz pensó que, tal como ocurrió en las dos Guerra Mundiales del siglo XX, la victoria estaría en el lado donde se colocase Estados Unidos. Si se ganara la guerra contra el fascismo en los Estados Unidos de América, empezando por el propio Canciller, en Alemania habría personas y activos suficientes como para dar la vuelta a la tortilla y derrotar a los golpistas, en la lucha por la democracia y las libertades. De eso, Roland Shulz sí que estaba seguro.

V

La noticia de la detención del Gobernador del Banco de Inglaterra cayó como una bomba en el Reino Unido. A las 10.00 de la mañana, Sir Jeremy Bridges era detenido por agentes de Scotland Yard en la sede del Banco de Inglaterra de la City de Londres. Se le acusaba de alta traición, de liderar una banda terrorista organizada, de colaborar en atentado terrorista y de conspiración para matar al Primer Ministro británico, David Robinson. Tras su detención, Sir Jeremy Bridges fue trasladado, en el interior de un coche de la policía londinense, esposado y acompañado por tres agentes, a la sede de Scotland Yard, conocida como New Scotland Yard, y situada en el barrio de Westminster, Londres.

En la planta octava del edificio New Scotland Yard, hacia las 18.30 horas, la Comisaria Jefa de Scotland, Brenda Wright, hablaba por videoteléfono con la Directora General del MI5, Clarissa Cooper. Lo hacía con la vista perdida en las aguas del rio Támesis:

— Menos mal, Clarissa, que me enviaste la lista de personas que el MI5 tiene catalogadas como presuntos integrantes de la infraestructura de apoyo al Estado Profundo Británico y que, como sabemos, está preparando la materialización de un golpe de estado en el país. Naturalmente, esta traición será perpetrada una vez que Estados Unidos, Alemania, Francia, España y Polonia, entre otros, lo hayan hecho —comentaba la comisaria jefa de Scotland Yard con cierta ironía.

— Lo dices porque crees que hay algunos nombres que no te encajan. Te repito que llevamos más de un año dedicados a esta importante investigación y tenemos pruebas más que suficientes como para acusar a todos los integrantes de esa lista —matizó Clarissa Cooper.

— No, al contario, esa lista es lo más ajustada que puede haberse establecido. Lo decía en bromas. Esta mañana me he pasado más de tres horas contestando y recibiendo llamadas de VIPs que sabemos que están dentro de la lista. Como podrás esperar, llamaban interesándose por la noticia y algunos añadían que confiaban en que todo fuera un mal entendido, pues conocían muy bien a Sir Jeremy Bridges y daban fe de su integridad como persona y lealtad a su Gloriosa Majestad y al Reino Unido. Por cierto, entre los que han llamado, se encuentran los dos ministros del Gobierno de Su Majestad que tenemos en la lista y alguno más que no estaba, pero que ya me había empezado a parecer sospechoso. Os enviaremos los nombres de todos los que hayan llamado y sigan llamando por conducto oficial —concluyó Brenda Wright esbozando una sonrisa.

— Pues a mi también me han hecho bastantes llamadas interesándose por Sir Jeremy Bridges pero no he respondido nada, aduciendo que el caso está bajo secreto de sumario y se seguía investigando y, además, que no dependía del MI5 sino de Scotland Yard. Lo siento Brenda, creo que he contribuido también a que te sigan llamando — se excusó la Directora General del MI5, Clarissa Cooper.

A lo largo del día, durante los interminables interrogatorios a los que Sir Jeremy Bridges había sido sometido, éste decidió negar todo, ante el aluvión de pruebas, grabaciones y videos que se le presentaron. Rechazó que estuviera implicado en la conspiración para atentar contra el Primer Ministro británico, David Robinson, a pesar del video que lo atestiguaba, alegando que se trataba de un montaje del MI5. También negó con gran cinismo que Arnold Page liderara la organización terrorista, a nivel mundial, de la cual él formaba parte. Hablaba mucho con Arnold Page porque eran muy amigos, sin más.

El Gobernador del Banco de Inglaterra desmintió que él tuviera algo que ver con el asesinato de Riccardo Della Rovere, aunque si reconoció que se había entrevistado en Frankfort con el Presidente del BCE, Hans von Schönhausen, por motivos de trabajo. A su vez, cuando le enseñaron una fotografía del capitán Wolfgang Weber, manifestó desconocer por completo al militar alemán.

Finalmente, cuando le presentaron fotografías, grabaciones y vídeos de su estancia en Eisenach, donde en compañía de Arnold Page, Hans von Schönhausen y otros, Sir Jeremy Bridges aparecía asistiendo a un concierto de Wagner en el Castillo de Wartburg, sus ojos enrojecieron, no se sabe si de ira o de temor, pero el caso es que, desde entonces, Sir Jeremy Bridges enmudeció y no quiso decir palabra alguna en todos los interrogatorios a los que fue sometido. Sus únicas palabras eran para reclamar la presencia de su propio abogado.

Según las leyes británicas, en los casos de terrorismo, la policía podía negar el acceso a un abogado durante las primeras 48 horas, si consideran que dicho acceso podía interferir en la recolección de pruebas o alertar a otros sospechosos. A partir de las primeras 48 horas, sería un juez el que debería aprobar continuar con la detención por un periodo que oscilaba entre los siete días o los catorce días. A Sir Jeremy Bridges le esperaba padecer una larga agonía en la cárcel y para eso no estaba preparado y él lo sabía.

VI

Aquella noche, Alison y su marido Steven Blair, junto con sus hijos de catorce y doce años, regresaban de ver una función teatral en el colegio donde los chicos estudiaban. La función teatral era una conocida obra trágica de William Shakespeare que versaba sobre Julio César y que se recreaba con la conspiración, traición y muerte que el dictador romano sufriera a manos de su hijo adoptivo Bruto. Los actores eran todos alumnos de los grados 11º y 12º, pertenecientes al segundo ciclo o High School. Alison había regresado esa tarde de San José, California, asistiendo al funeral de su amiga Rachael Adler, pero por nada del mundo se hubiera perdido asistir con toda su familia al teatro esa tarde.

A la noche, durante el camino de regreso a casa, los muchachos discutían sobre quién era el personaje que más les había gustado, o Marco Antonio o, por el contrario, Octavio Cesar. Sus padres escuchaban, con risas y mucho interés, la simpáticas salidas de sus hijos a la hora de defender cada uno de los hijos a su personaje favorito. Iban a entrar con el coche en el garaje de la casa cuando Alison Blair se apercibió de que la puerta del garaje estaba abierta y había luz dentro.

— ¡Qué raro! Me pareció que cerramos la puerta del garaje al salir, ¿No? —comentó el marido.

— Sí que cerramos —dijo el hijo pequeño.

— Yo fui la que cerró con el mando y me acuerdo perfectamente —exclamó Alison Blair, dándole la razón al hijo pero completamente mosqueada y recelosa.

Aquello fue suficiente, Steven Blair, sin pensarlo más, sacó su pistola que tenía guardada debajo de su asiento y abrió la puerta del coche, mientras les decía a su esposa Alison y a sus hijos:

— ¡Lis, quédate con los hijos en el coche y cierra las puertas poniendo el seguro!. ¡Por favor, dame la linterna que está dentro de la guantera!. Yo voy a entrar dentro de la casa para ver que ha pasado —y salió del coche dando un ligero portazo.

Mientras la mujer y los muchachos, muertos de miedo, perdían de vista la estela del padre y marido entrando en la casa, a través de la puerta del garaje y con la pistola en la mano apuntando hacia delante, Steven Blair se encontró con que tanto en el garaje como en la planta baja de la casa habían sufrido un robo. Las luces de la entrada de la casa y las de la sala que hacía de cocina y comedor estaban apagadas pero no así las luces de la despensa y las del baño de abajo. Todos los cajones estaban abiertos y su contenido había sido echado y desperdigado por el suelo. Alguna puerta de los armarios de la sala también había sido rota

Despacio y poniendo mucho cuidado en no meter ningún ruido, Steven Blair empezó a subir las escaleras que daban a la sala de estar de arriba, al despacho que compartían su esposa y él, a los dos baños y a los tres dormitorios. Todos los cuartos habían quedado muy destrozados. De manera muy especial, quedaron peor el dormitorio de los padres, la sala de estar y el despacho.

Blair que tenía una empresa de restauración de antigüedades, conocía perfectamente los objetos de valor que había en su casa y, poco a poco, fue descubriendo que ninguno de ellos faltaba y que, por consiguiente, allí no había ocurrido ningún robo, lo cual le preocupó aún más todavía.

Un cuarto de hora más tarde, cuando ya se cercioró de que allí no había nadie, llamó a la policía que acudió en menos de un cuarto de hora. Al llegar el primer coche de patrulla, Steven se encontraba tranquilizando a su familia que aguardaba a la policía fuera del coche. Lo hacía esperando en la entrada de la casa cuyas luces habían encendido. Todos le habían dado la vuelta a la sensación de temor debido al robo y a todos se les había pasado el miedo. Pero tenían curiosidad por saber qué había pasado y porqué.

Al rato, llegaron los agentes del equipo de investigación en la escena del crimen para evaluar lo que en la casa había ocurrido y también para encontrar huellas, restos de ADN y todo tipo de pistas que condujeran  a la identificación de los ladrones. A las dos horas, la policía confirmó que aquello no había sido un robo y cobró fuerza la hipótesis de que el móvil hubiera sido el de registrar la casa para encontrar algo que los supuestos ladrones consideraran de mucho valor e interés.

El registro había sido hecho por profesionales, pues no habían dejado ninguna huella, ni ninguna pista. Por lo visto, estaban muy bien informados, ya que aprovecharon el día del teatro en el colegio de los hijos para entrar en la casa. No habían forzado la puerta del garaje y habían desconectado la alarma limpiamente. Tal como dejaron la casa tan destrozada, también pensaron que fue en venganza por no haber encontrado lo que buscaban en ella.

Alison miró su reloj y eran casi las 12 de la noche. Estaba segura de que el registro y destrozo de la casa habían sido obra del Estado Profundo estadounidense. Ella ya sabía qué tenía que hacer en estos casos y pensó que Jeff Miller estaría en California por lo que la diferencia horaria seria de tres horas menos y serían las 21.00 horas para él. Llamó al teléfono de Jeff y éste contestó en seguida. El detective se encontraba todavía en Washington pero dijo que era lo mismo y que ese era su trabajo durante las veinticuatro horas del día.

Alison Blair de forma correcta y muy educada, se excusó y, sin parar de hablar durante diez minutos, le contó a Jeff Miller todo lo que había pasado. En respuesta, Jeff le pidió a Alison que le diera veinte minutos, que tenía que hablar con un amigo suyo, que era también un detective de Boston, y que él le volvería a llamar a continuación. Mientras tanto, le pidió que hiciera unas maletas para que, por seguridad, ella y su familia pudieran pasar una temporada fuera de Boston. Alison le contó todo a su marido y los dos subieron a preparar tres maletas.

Cuando Jeff Miller le devolvió la llamada, lo primero que le dijo para tranquilizarla fue que todo estaba arreglado y que todos los gastos estarían también cubiertos. En unos diez minutos, el detective Tony Elizondo, Director General de una importante agencia de detectives de Boston, le llamaría por teléfono para indicarle a qué hotel debería dirigirse con su familia. Allí pasarían todos la noche, mientras dos detectives de la agencia velarían por su seguridad.

A la mañana siguiente, después de desayunar en el hotel, partirían desde el Aeropuerto Internacional Logan de Boston en un jet privado con rumbo desconocido. Jeff se pondría en contacto con ella hacia el mediodía, cuando ya estuviera con su familia en el refugio. También le dijo a Alison que, en dos días, se reunirían con ella su socia Jane Foster y él y que procurarían ir también con Ashley Scott. A pesar de los nervios y el temor que habían pasado ella y su familia, aquella noticia le hizo sonreír a la mujer.

VII

La noticia del registro de la casa de Alison Blair fue como un nuevo aldabonazo y Jeff sintió que ello le iba desvelar aquella noche. Hacía una hora que se había metido en la habitación para meterse pronto en la cama e intentar dormir pero la llamada aquella desde Boston que le había hecho Alison Blair lo trastocó todo. El tema de la seguridad del grupo en Estados Unidos se complicaba y había que tomar medidas. Para ello necesitaba ordenar su mente y contrastar sus ideas con las de Jane. A la hora de enfocar la solución de los problemas, la joven tenía mayor intuición que él  y por eso era que la echaba en falta. A estas horas, su joven socia estaría a punto de aterrizar en al Aeropuerto Internacional de San Francisco.

Jane Foster se hospedaría en el mismo hotel donde se encontraban Joseph Finkelstein y Ashley Scott. Ellos quedaron en que al día siguiente, se verían a la hora el desayuno en el hotel hacia las 8.00, o se llamarían por teléfono. Joseph Finkelstein quería que Jane les acompañara a un lugar del que no quiso precisar nada para no dar detalles por teléfono. Jane Foster ya se había enterado de que Ariel Shem-Tov e Iñaki Andraka habían partido para Perth, Australia, y de que Alison Blair lo había hecho en dirección a Boston. La detective pronto se enteraría de lo del registro y destrozos que había sufrido la casa de Alison Blair de Boston.

El avión  aterrizó y por fin Jeff y Jane pudieron hablar. Después de haber hablado con su socia y contarle todo lo sucedido y saber que pronto estaría ya instalada en el hotel de Palo Alto, Jeff Miller se encontró mejor. Era consciente de que el tema del asesinato de Riccardo Della Rovere estaba completamente resuelto. Raymond Lehman había confesado todos sus crímenes  y acusaba a Jack Barnes, el CEO de Smart Forces Association Ltd, de haber sido junto con Donald Ford, asesor y Jefe de Gabinete del Vicepresidente de Estados Unidos George Clayton, los jefes de la banda criminal. También habían sido detenidos y habían confesado los agentes de seguridad del Fondo Monetario Internacional que colaboraron en el asesinato de Director General del FMI, Riccardo Della Rovere.

Una de las sorpresas inesperadas fue la que surgió cuando Raymond Lehman, en plena carrera por contarlo todo a cambio de una reducción de pena por colaborar con el FBI, se auto-inculpó también de haber participado en las torturas que condujeron a la muerte de la profesora de la Universidad de Stanford, Rachael Adler. El responsable máximo de aquel atroz e inhumano crimen fue el mismo Donald Ford y un agente de la CIA que siempre lo acompañaba a todas partes.

Los dos habían estado en la cabaña del bosque de Pescadero Creek Park del Condado de San Mateo en el momento en el que la profesora murió de una sobredosis que resultó letal. Ellos la estaban interrogando, mientras la torturaban para obtener información acerca de un algoritmo. Donald Ford no hacía más que blasfemar contra los judíos y masones a los que odiaba con toda su alma. El asesor de Vicepresidente sostenía gritando que como aquella mujer era también judía, él sería peor que el Doctor Mengele, uno de los nazis más sádicos que tanto contribuyó al Holocausto.

Raymond Lehman confesó que a la mujer secuestrada constantemente le hacían preguntas sobre un tal Jeffrey Miller. Según contó este asesino criminal en los interrogatorios que le hicieron, cuando secuestraron a Rachael Adler, Raymond Lehman y otros dos de la CIA, entraron con la llave de la mujer en su casa y la registraron. Entre los papeles que encontraron dentro del cubo de basura situado fuera de la casa, estaba una hoja arrugada donde se leía el nombre de Jeffrey Miller y la dirección y teléfono de su oficina de Los Ángeles, y debajo una pequeña frase: “Entregar Versión Beta mejorada del Algoritmo con instrucciones a JM”.

El tiempo pasaba y, a pesar de las crueles torturas que le hicieron, la Profesora Rachael Adler, sólo gemía y pedía al Señor que aquello acabara pronto. Pero como viera que el tiempo pasaba y que ella no decía nada, ya que se desmayaba continuamente, presionó a los torturadores para que éstos le inyectaran más droga, a fin de mantenerla despierta. Le dieron tanta droga que se les fue de las manos. Según confesó este desgraciado torturador, desde entonces apenas había podido dormir sin tomar somníferos para hacerlo. Cuando firmó la confesión completa, delante de su abogado, se le iluminó la cara y se sintió terriblemente aliviado.

A las pocas horas, una confesión parecida sería firmada por Nick Bishop que también era un empleado de la empresa Smart Forces Association Ltd. Cuando se le informó a Donald Ford de los graves cargos que había contra él y que había testigos que lo incriminaban se retiró cabizbajo a su celda sin decir nada. A las dos horas, lo encontraron muerto, tumbado encima de su cama.

Las primeras hipótesis apuntaban a que Donald Ford había muerto envenenado por haber tomado alguna substancia radioactiva. ¿Se había suicidado o lo habían asesinado en su celda?. Era un misterio sin resolver como también lo era el hecho de lo que el Inspector Baldacci del FBI le ocultara y no le pudiera contar, por ser de alto secreto. Ese misterio era la transcripción del mensaje cifrado que Jeff Miller le había enviado desde Baltimore. Lo que parecía que era cada vez menos misterio era el motivo porque el que quisieran matarle a él. No sabía porqué, ni cuando iba a recibir ese paquete, pero era muy probable que ese JM fuera él.

Por otro lado, lo que tenía plenamente descartado era la supuesta paternidad de Riccardo Della Rovere con respecto a él. Para Jeff Miller, aquello era algo que no era ni tan siquiera un misterio porque se trataba, ni más, ni menos, que de un error. Él había conocido a su padre y a su madre antes de que éstos murieran en el accidente de aviación y tenía recuerdos muy lúcidos de ellos. Su padre no se parecía en nada a Riccardo Della Rovere.

VIII

El restaurante Lucio’s Taqueria de Palo Alto, a pesar de no ser un día festivo, se encontraba aquella noche abarrotado de gente. Ello significaba que, en las diferentes salas del local, habría más ruido de lo normal y que podrían hablar tranquilamente. Ashley Scott estaba muy intrigada y, a su vez, muy preocupada por las cosas que Finkelstein ya le había adelantado. Según le dijo su amigo Finkelstein, había unos secretos que convenía que ella supiera, en el supuesto caso, cada vez más probable, de que atentaran contra la vida del ingeniero inglés.

Al llegar al restaurante de cocina latina, mexicana y española, les atendieron en la entrada y les preguntaron si tenían reservada alguna mesa. Joseph Finkelstein dio su nombre y comprobaron que tenía una mesa reservada para cuatro personas. Cuando Ashley oyó decir el número cuatro se quedó un tanto perpleja y asombrada. No esperaba que serían cuatro los comensales en aquella cena y le extrañó mucho que Joseph Finkelstein, tan educado y gentil como era, no le hubiera advertido antes que iban a cenar con otras dos personas.

Cuando se sentaron los dos en aquella mesa para cuatro, Ashley Scott se puso al lado de Finkelstein, esperando que se presentaran los comensales que se iban a sentar enfrente. Mientras, una camarera vestida con atuendos típicos mexicanos se acercó para entregarles a cada uno su carta del menú y, de paso, les preguntó si querían tomar algo de beber y probar unas tapas españolas. El ingeniero inglés contestó en perfecto español:

— Estamos aguardando a que vengan dos amigos y todavía no ordenaremos la cena pero sí que beberíamos con gusto, mientras esperamos, dos vasos de vino blanco español de Rueda y probaríamos también unas deliciosas tapas de tortilla española y un platillo de aceitunas —Finkelstein solicitó a la camarera con una sonrisa.

La camarera tomó nota y se retiró con otra sonrisa. Ashley Scott también lo hizo y le asombró un poco que Joseph también supiera que a ella le gustaba aquel vino blanco español pero no quiso gastar munición en balde preguntando cosas triviales sino que prefirió ir al grano de lo que más le importaba saber entonces:

— ¿Y quiénes son los otros dos comensales? Me ha sorprendido que no me hubieras informado antes de ello.

— Me lo supuse, pero precisamente quería darte una sorpresa —atajó el inglés cortésmente— te adelanto que ya los conoces y cuando los veas los reconocerás.  Hace algo menos de dos años te los presenté en el Laboratorio de Future Brain de Santa Rosa, cuando concluimos la fase Beta del Proyecto relacionado con la construcción del superordenador cuántico de 100 cúbits y que vinisteis todos los del equipo para empezar a trabajar en la construcción del algoritmo —Ashley hizo gestos de que algo ya se acordaba y Joseph asintió que lo entendía, para proseguir— Se trata del que es ahora el ingeniero jefe y director del Proyecto Chronos, Jeremy Morgan, o “JM” como le llamamos todos, y su ayudante y mano derecha también, la física Guadalupe Barrios. Ambos son los que explotan y supervisan el Algoritmo del Big Brother desde la propia residencia de JM, situada a menos de 10 km del laboratorio.

— ¿JM tiene conexión directa al superordenador cuántico desde su casa? —intervino Ashley del todo interesada.

— Así es amiga mía. Durante mi etapa de director jefe del Proyecto Chronos, aprovechando la necesidad de conectar con una de las redes troncales de fibra óptica que llegan a la Universidad de Stanford, hice que se desviara una cuadra el trazado del cable, de modo que éste pasara al lado de la villa donde vivían JM y su familia. De este modo, la conexión desde la casa fue una tarea sencilla que se pudo realizar en secreto.

¿ Y cual era la tarea de esos dos informáticos? —volvió a interrumpir Ashley con otras pregunta que consideraba relevante.

— JM y Guadalupe son los que hacían las valoraciones de la analítica del Informe de resultados que el Algoritmo del Big Brother presentaba dos días a la semana.  Las evaluaciones y el feedback correspondiente lo hacían ellos, junto con nuestra compañera Rachael Adler, y algunos de sus colaboradores de las universidades de Stanford y Berkeley. Entre ellos su primo, el prestigioso investigador Aaron Chernick, que este año está considerado como un firme candidato al Premio Nobel de Física que, como sabes, se anunciará en Octubre —concluyó Finkelstein la respuesta y alzando los ojos comprobó que sus amigos del Lab Future Brain Research se acercaban sonrientes hacia ellos. Ashley Scott y Joseph Finkelstein se levantaron para saludar y recibir a los recién venidos.

La cena de los cuatro había sido a base de compartir, entre todos, diferentes tacos mexicanos típicos como pollo en salsa verde, carnitas, pescado y mango en salsa fresca, asado en salsa de chile guajillo y unas sabrosas empanadas caseras de camarones salteados, chalotes, queso chihuahua, salsa cascabel y brotes de girasol. Todo ello acompañado por unos excelentes vinos tintos de la región californiana de Napa Valley. Llegados a los postres, nadie quiso comer más y algunos pidieron café y otros prefirieron tomar diferentes infusiones y ahí acabó la cena para todos,  salvo para Joseph Finkelstein, que no perdonó tomar un vasito de un espléndido tequila añejo que regalaba la casa.

Como contraste, la conversación entre los cuatro había sido desarrollada en un tono bastante preocupante. Desde que desapareció Rachael Adler —y a la que ellos consideraban que estaba de viaje por Israel— JM, Guadalupe Barrios y Aaron Chernick se reunían todas las semanas y enviaban a los tres sabios sus consideraciones encriptadas en relación con los informes del Algoritmo del Big Brother. Los tres sabios, como ellos los llamaban, era un término en clave con el que se referían a Joseph Finkelstein, Riccardo Della Rovere y Maurice Garnier.

Las noticias referentes a los asesinatos de Riccardo Della Rovere y Rachael Adler habían dejado al equipo en estado de shock. Aquello les dejó tan abatidos que no tuvieron fuerzas para continuar. El miedo a qué a ellos y a sus familias también les pasara algo les había empezado a obsesionar. Pero Finkelstein, que esperaba esta reacción tan humana, habló con Jeff Miller para que contratara a una empresa de seguridad que operara en la región de la Bahía de San Francisco. Al día siguiente, se montó un amplio dispositivo de seguridad para todo el equipo y sus colaboradores, que estaban en el norte de California, así como para sus familias. Esta tarea de vigilancia y protección estaba siendo muy coordinada con las tareas de protección que realizaba el FBI y supervisaba su propio Director, Robert Stone.

JM agradeció a Finkelstein, su anterior jefe, mentor y amigo, que hubiese reaccionado tan pronto para buscarles protección, animarles y recuperar el ritmo. Ello no quitó que durante varios días estuvieran sin leer los informes parciales diarios del Algoritmo del Big Brother. Así que, cuando llegó el informe ejecutivo del fin de semana, se encontraron con la sorpresiva noticia de que se estaba a punto de atentar contra el presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown, aprovechando la reunión del G-7 a celebrar en Camp David, la residencia de descanso presidencial, situada a unos 120 km al norte de Washington DC.

Se trataba de una reunión de dos días que había sido programada hacia meses y a la que no acudiría ningún país invitado. Tan sólo lo harían los sietes países que conformaban el G-7. Por tanto, allí comparecerían los primeros mandatarios de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. También asistirían a la reunión, el Presidente de la Comisión Europea de la UE y el Presidente del Consejo Europeo de la UE.

El Algoritmo del Big Brother había captado y posteriormente descifrado un mensaje que se había repetido en varios emails relacionados con Page Capital y que decía:

— 2q 2r  8vw52sx67 q0s46q 2r s607l 5vs 6ku68q67 70q6  96qn66w f.aa 0w7 e.aa 0x, qs08 R0w42 y0, us6u0s6 g 0ssvnr 5vs 52s6fyl

El Algoritmo del Big Brother, utilizando el superordenador cuántico de 100 cúbits, había traducido la siguiente frase:

— Se confirma Objetivo listo para Fecha prevista entre 5.00 y 6.00 am, Trayectoria Shangri La, preparar 4 Flechas para Luciérnaga

Con esta información, no se entendía bien el significado de las palabras “Flechas” y “Luciérnaga” y tampoco la explicación de la trayectoria con la palabra Shangri La. Las respuestas a estas dudas llegaron en el informe parcial del dia siguiente, cuando el Algoritmo del Big Brother estableció que la probabilidad de que “Flechas” equivaliera a “misiles tierra-aire” era un 91% y que la probabilidad de que “Luciérnaga” equivaliera a “helicóptero” era un 85%.

En coherencia con ello, la “Trayectoria Shangri La” tenía unas probabilidades de equivaler a “Trayectoria Camp David” en un 81%, ya que el nombre de Shangri-La fue el primer nombre con el que se conoció a Camp David, en los tiempos del presidente  Franklin Delano Roosevelt. Si a ello se añadía el hecho de que, desde la Casa Blanca, el acceso normal a Camp David del presidente de Estados Unidos se realizara en helicóptero, el mensaje aumentaba en un 5% sus probabilidades.

En conclusión, el mensaje revelaba que, el mismo día, en el que iba a dar comienzo la reunión del G-7, el helicóptero del Presidente de Estados Unidos, conocido como Marine One, iba a sufrir un atentado con misiles tierra-aire que serían lanzados durante el recorrido de su vuelo desde la Casa Blanca a Camp David, entre las cinco y seis de la mañana. Una exclamación unánime de alarma se produjo cuando la física Guadalupe Barrios exclamara:

— La reunión de G-7 comienza pasado mañana — se levantaron todos de la mesa y dieron por terminada la cena. Mientras Joseph Finkelstein esperaba que le trajeran el aparato para la validación de su tarjeta crédito, Guadalupe y JM se despidieron afectuosamente de ellos y desde el fondo del pasillo hacían gestos de mantenerse en contacto. El coche todoterreno de la escolta los recogió y partieron para San José. Era parte del equipo de seguridad que tenían asignado.

Al salir del restaurante, Ashley Scott y Joseph Finkelstein prefirieron ir caminando hasta el hotel que se encontraba a unos trescientos metros. A mitad de recorrido, el ingeniero le hizo unas señas a su amiga para que estuviera en silencio y marcó una tecla de su teléfono. Al otro lado de las ondas le contestó una voz de hombre que sonaba más bien la de alguien que se acababa de despertar. Finkelstein le habló suave pero en un tono muy seco:

— Nos ha llegado lo del próximo atentado contra el líder.

— Estamos informados de ello, Joseph. Te llamaré mañana —la voz del Director del FBI, Robert Stone, se apagó y el inglés guardó el teléfono en el bolsillo de la chaqueta. Al llegar al hotel, se detuvo en la puerta y habló con uno de los agentes de seguridad que les seguía a cierta distancia.

— Mañana iremos a Berkeley y saldremos del hotel hacia las diez de la mañana. Seremos tres personas, la profesora Ashley Scott, la detective Jane Foster, socia de Jeff Miller a quién ya conocen, y yo.

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