EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—10 Capítulo

por Juanjo Gabiña

Capítulo 10

El desconcierto se viste de esperanza

I

En el siglo XXI, los sistemas educativos se habían convertido en la mayor estafa del mundo. Los padres enviaban a sus hijos a las escuelas y a la universidad para que éstos se llenaran de competencias, conocimientos y destrezas que les permitieran crecer como personas y, a su vez, estar capacitados para su desempeño en la vida laboral y comprobaban que tantos años transcurridos no habían servido más que para mantener a los hijos entretenidos y que todo había sido una miserable pérdida de tiempo. Se había pagado mucho por nada.

En muchos países, muchos padres denunciaban que sus hijos aprendían mucho más por los tutoriales en internet que en la universidad donde los chicos se la pasaban estudiando materias durante cuatro años, acumulando conocimientos dispersos, pero que ninguno enseñaba a madurar y a ser feliz, a fortalecer el pensamiento crítico,  a resolver problemas complejos, a ser un líder, a cómo manejar una entrevista de trabajo y ni siquiera a algo tan básico como era escribir bien y hablar en público. De igual modo, muchos expertos educativos denunciaban que el hecho de no educar en el siglo XXI, en base a las competencias era un auténtico fraude.

Se entendía que las competencias no se referían sólo a la adquisición por parte del alumno de unas destrezas o habilidades, ni se le dotara, sin más, de una capacidad profesional que fuera escalable y que abordara otros conocimientos y destrezas que ya no eran exclusivamente de carreras de ciencias sino que deberían permear todo el resto de los estudios universitarios. Las competencias eran algo mucho más enriquecedor, útil y profundo.

Se trataba de una combinación de conocimientos, experiencias, actitudes, aptitudes, habilidades y destrezas que los alumnos, en concreto, deberían adquirir y que luego les permitirían resolver los problemas de una manera peculiar y exitosa. Naturalmente, se necesitaba comprender que, a pesar de que la mayoría de las universidades eran celosas de mantener sus estudios de las diferentes facultades como si fueran compartimentos estancos, la realidad de la vida era otra muy diferente que exigía que los estudios fueran más a la carta, mezclando conocimientos de carreras de ciencia con conocimientos de carreras de letras. En el mundo real no había asignaturas sino problemas que había que resolver como los que solucionaba la carrera de ingeniería médica en Israel que compartía los conocimientos de ingeniería con los de medicina y que, constantemente, estaba aportando innumerables innovaciones y start ups en el área de la salud.

Las competencias permitían poner en juego a los contenidos útiles que hubieran sido aprendidos por cada uno de los alumnos, según fueran las aptitudes y actitudes personales de cada uno de los alumnos. De este modo, los contenidos aprendidos de manera permanente a lo largo de la vida laboral, se podrían desplegar de manera eficaz y eficiente, a la hora de resolver los problemas que se le presentaran a cada uno en la vida real.

Desgraciadamente, los ministerios de educación, a veces presionados por los mismos sindicatos de funcionarios que se oponían a la pérdida de los privilegios adquiridos, acostumbraban a hacer caso omiso de todo ello. Los políticos sabían que los cambios disruptivos necesarios para mejorar los sistemas educativos crearían muchos problemas por parte del profesorado. Ellos estaban allí de paso, y muchos de ellos también eran funcionarios, así que lo tenían claro:

— Que arregle el desaguisado este de la educación el que venga después. Aquí lo que prima es estar a bien con todos y no meterte en problemas. ¡Para cuatro días que vamos a vivir, no merece la pena!—añadían con un cinismo inusitado.

A mediados de la década de los años 2010, el problema de la coherencia formación-empleo se encontraba sin resolver en la agenda de la mayoría de los ministerios de educación de los países del mundo. A comienzos de la década de los años 2020, el problema de la coherencia formación-empleo se encontraba todavía sin resolver y también aparecía en la agenda de la mayoría de los ministerios de educación de los países del mundo.

En efecto, el sistema educativo en su conjunto seguía siendo obsoleto aunque se repitiera hasta la saciedad que los resultados educativos demandaban una reforma disruptiva del sistema educativo. Como casi siempre que se necesitan cambios rupturistas con el pasado y hay un negocio por detrás, se hizo como si se movieran mucho las cosas y que pareciera que se iba a transformar totalmente el sistema educativo para, al final, dejar las cosas como estaban al principio.

Actualmente, en el año 2023, aunque se había mejorado algo, todavía los índices de coherencia entre la formación recibida y los requerimientos de los nuevos empleos seguían siendo poco satisfactorios, lo cual frenaba mucho la creación de nuevos puestos de trabajo. Además, la maximización del beneficio era una lacra pues explotaba al máximo a los trabajadores e impedía la planificación a largo plazo tan necesaria para afrontar cambios radicales en sistemas como el sector educativo que requerían procesos que duraban más de veinte años.

La educación vía web se estaba convirtiendo en una alternativa que ofrecía mejores resultados a los estudiantes y trabajadores que deseaban reciclarse y encontrar o crear una actividad laboral, capacitándoles mucho mejor para los nuevos puestos de trabajo o para crearlos ellos, en base al autoempleo. Desgraciadamente, las políticas de los celosos ministerios de educación se oponían a reconocer dichos títulos, a pesar de que fueran mucho más profesionales y más competentes que los que salían de sus obsoletas universidades.

A su vez, la lógica de la urgencia o del corto plazo, en la que muchas actividades como la educación se habían instalado, no permitía, ni muchos menos, una investigación reflexiva que buscara las soluciones a largo plazo. Esta lógica ignoraba la gran utilidad de la prospectiva, por lo que las soluciones que se aportaban eran burdas improvisaciones y, como tales, muy parciales e incompletas. Era gastar dinero de manera despilfarradora para que el deterioro fuera mayor.

Por eso, los problemas de adaptación que garantizasen la coherencia entre la formación y el empleo nunca llegaban a solucionarse. Se ignoraba que la civilización actual tenía enormes problemas que no podían resolverse en el corto plazo pues requerían hacer frente a las grandes inercias e intereses creados sobre los que se asentaban los factores de cambio. El sistema educativo y el de la coherencia formación-empleo eran un claro ejemplo de ello.

Además. el peso de las inercias de los sistemas educativos era un lastre tan pesado en el corto plazo que disminuía significativamente los márgenes de libertad de actuación. Se olvidaba que solamente era el largo plazo el que permitiría que nos dotáramos de los márgenes de maniobra que necesitábamos. Así es como se perdieron muchos años por actuar de manera estúpida.

Se actuaba como el avestruz que cuando intuye que hay un peligro, esconde la cabeza para no verlo, convencido que si no lo ve, no existe. Sin falta de capitanes en el barco de la enseñanza que. establecieran el rumbo del cambio, para los enseñantes, lo importante era más que vivir, sobrevivir. Sin ilusión, ni esperanza, el hecho de cobrar a fin de mes se convirtió en los más importante. Una respuesta del todo lógica pero lo que pagaban este desaguisado era los alumnos, su escasa competencia profesional, lo que afectaba a la pérdida de peso industrial y a la competitividad del propio país.

Insistiré en el hecho de que  la transición hacia un nuevo sistema educativo reclamaba cambios disruptivos, que rompieran con el pasado, a la vez que necesitaba respuestas que fueran duraderas, y que se mantuvieran a lo largo del tiempo. Los problemas a los que se enfrentaban las diferentes sociedades exigían una mirada que se remontara hasta un futuro a más largo plazo, porque, a corto plazo, no se podía contar con las soluciones, ni desde la oferta, ni desde la demanda.

No existía ningún botón que apretándolo nos permitiera cambiar, en unos pocos años, los programas académicos y sus contenidos y objetivos, las metodologías a desarrollar, los materiales y herramientas de enseñanza a utilizar y el papel a jugar, así como los perfiles del profesorado. En realidad, la humanidad entera se encontraba en una fase intermedia en la que el viejo se estaba muriendo y el niño, aunque hubiera podido nacer, todavía no había crecido lo suficiente.

Eso era lo que pasaba en un mundo inmerso en una profunda crisis estructural y que reclamaba, desde hacía más de una década, la adaptación de las políticas educativas al nuevo paradigma socioeconómico emergente en base a las nuevas tecnologías de la 4ª Revolución Industrial, a los profundos cambios demográficos en curso, a las esperadas nuevas crisis de salud debido a otras pandemias como la que se había sufrido con la del coronavirus y al inevitable cambio climático que se estaba acelerando y que ya resultaba inevitable. Todo ello obligaba a cambiar cuanto antes el actual modelo económico basado en la usurera economía financiera.

II

El inspector Raiko Hashimoto, perteneciente a la Oficina de Investigación Criminal de la 5ª División con base en Tokio, estaba trabajando con todo su equipo, en el análisis e investigación del magnicidio que causara la muerte del Primer Ministro japonés, Aito Takahashi, al objeto de encontrar unas pistas sólidas que les permitieran identificar y detener a los asesinos que habían perpetuado el magnicidio. Hasta el momento, solamente un grupo yihadista había revindicado el atentado aduciendo que el Gobierno japonés discriminaba a los musulmanes a la hora de darles permisos de residencia o de trabajo y que el país era un enemigo del Islam. Sin embargo, dicha reivindicación apenas había sido publicada en los medios, ya que la Oficina de Inteligencia antiterrorista consideraba que se trataba de una falsa noticia.

La policía de la 5ª División, dependiente de la Oficina de Investigación Criminal japonesa, estaba especializada en los atentados perpetrados con bombas o explosivos. Durante los días que siguieron al magnicidio, incluso durante los tres de luto que se guardaron en Japón por la muerte del Primer Ministro, el inspector Raiko Hashimoto y su equipo trabajaron sin descanso, en colaboración con el Servicio Secreto japonés, la Oficina de Inteligencia antiterrorista y la Oficina de policía de la Prefectura de Hiroshima.

Habían analizado innumerables piezas y materiales extraídos de los restos del atentado. Se había comprobado que en la explosión habían participado dos vehículos aéreos no tripulados del tipo drone. Según los análisis de laboratorio se había identificado que los drones eran de fabricación estadounidense, idénticos  a los estaban siendo utilizados en Afganistán y Pakistán por la CIA. También coincidían los explosivos. Eran materiales utilizados como explosivos para ser detonados por control remoto. De ese modo fue como explosionaron en el interior de la habitación donde se encontraban el Primer Ministro, Aito Takahashi, y su amigo, Izumi Sato, el dueño de la granja.

Un tema que también ya se había resuelto era la explicación de porqué las cámaras de seguridad instaladas por el Servicio Secreto no funcionaron durante el momento del atentado. Se habían instalado más de cien webcam y sensores, tanto en el interior de la casa, como en las proximidades y en todo el perímetro de la granja y que, de manera totalmente inexplicable, dejaron de funcionar tres minutos antes de que se produjera la detonación. Eso quería decir que el sabotaje del sistema de vigilancia fueron realizado por uno o por varios miembros del Servicio Secreto japonés.  La lógica y la complejidad que entrañaba la realización de este tipo de sabotaje exigía la participación de más de tres agentes operativos y de uno o dos mandos, por lo menos.

La Oficina de Inteligencia Antiterrorista japonesa había creado una sección de investigación financiera cuatro años antes. Esta oficina se encargaba de investigar los movimientos de las cuentas corrientes, de fuera y dentro de Japón, de todos los agentes del Servicio Secreto que se encontraban la noche del atentado en la granja de Hiroshima y también se investigaron las de sus familiares y amigos más cercanos. Tras dos días de fracasos, el tercer día sonó la flauta, pero esta vez no fue por casualidad.

Gracias a un oportuno chivatazo procedente de Australia, se descubrió que un inspector del Servicio Secreto japonés tenía una cuenta abierta en una de las sucursales del Banco HSBC en Hong Kong. Al analizar los últimos movimientos de  dicha cuenta, se comprobó que las sumas transferidas habían sido millonarias. Hacia tan sólo un mes, en dicha cuenta se ingresaron cinco millones de dólares. El dinero procedía de una cuenta opaca procedente de la oficina del Banco HBSC en Seúl. Al día siguiente, después del magnicidio, se realizó otra transferencia de la misma cuenta emisora de Seúl a la misma cuenta receptora de Hong Kong por valor de veinte millones de dólares.

También se tomaron en cuenta las transferencias realizadas desde la cuenta de Hong Kong a otras cuentas. La sorpresa fue que de los primeros cinco millones de dólares se habían realizado casi cuarenta transferencias por valor de 80.000 dólares cada una. Excepto dos transferencias, todas las demás transferencias se habían dirigido a bancos japoneses, la mayoría a sucursales situadas en el extranjero. Los veinte millones de dólares que se habían transferido recientemente estaban todavía sin repartir.

La identificación del resto fue muy fácil, a pesar de que había cuentas bancarias comprometidas que pertenecían a familiares y a amigos. En total participaron en el magnicidio nueve personas: seis agentes del Servicio Secreto, un inspector y dos sargentos. Curiosamente, todos eran hombres y estaban acostumbrados a recibir sobornos tanto de la Yakuza o mafia japonesa, como de algunos Zaibatsu o clanes financieros japoneses. Y aunque hubo quien puso en entredicho los sistemas de reclutamiento del Servicio Secreto, se comprobó que sus relaciones con la Yakuza y los Zaibatsu habían sido posteriores a su ingreso en el Servicio Secreto.

Lo único que faltaba era descubrir quienes habían encargado el magnicidio: algún Zaibatsu, alguna rama de la Yakuza o ambos. Una vez identificado el propietario jurídico de la cuenta opaca de la oficina del Banco HBSC en Seúl, tirando de todos los hilos, no habría más que proseguir la investigación criminal para identificar a los verdaderos culpables. Tanto en el Servicio Secreto como en la Oficina de Investigación Criminal, había excelentes expertos que conocían lo suficiente acerca de las diferentes ramas de la Yakuza y de los diferentes clanes financieros o Zaibatsu, como para detener pronto a los culpables. Cuando esa noche, el inspector Raiko Hashimoto regresó a su casa, abrazó a su esposa y a sus hijos como si no les hubiera visto en más de un mes. Se sintió feliz como aquel que está satisfecho de su trabajo bien hecho. Sentía que los causantes del magnicidio lo iban a pagar muy caro y pronto.

III

La mañana en el hotel turingio había sido muy movida. Hubo muchos momentos en la que los teléfonos no dejaban de sonar, tanto los teléfonos particulares como los del hotel. Por fin, todo quedó en calma cuando comenzó a puerta cerrada la primera reunión del Estado Profundo Mundial. Durante unos días, la ciudad de Eisenach se había desprendido de su famoso Castillo de Wartburg y de sus alrededores para acoger aquel extraordinario evento. Entre los asistentes, solamente se conocía al Presidente del BCE porque era alemán. Se sabía que habían llegado altos representantes del mundo de la empresa y de las finanzas, a nivel global, para intercambiar opiniones con respecto a la situación económica mundial.

Por razones de seguridad, según decían algunos medios de comunicación, no se tenían fotografías de los participantes en la reunión y ni tan siquiera ninguna lista de los asistentes al evento. Los medios de comunicación tenían el acceso cortado al hotel y al Castillo de Wartburg y se habían establecido tres cordones de control y seguridad para poder llegar hasta la puerta del hotel. En el aparcamiento del castillo se había improvisado un helipuerto que albergaba a cinco helicópteros. Durante el primer día, estuvieron constantemente trayendo pasajeros desde los aeropuertos más cercanos. Los viajeros —la mayoría asistentes a la reunión— en función de categoría, eran recogidos en furgonetas y limusinas para su traslado al hotel.

En total, se ocuparon tres hoteles y el más elegante de ellos, que acogía a los doce representantes de la organización secreta, se convirtió la sede de las reuniones. Los doce estaban sentados alrededor de una gran mesa circular, situada en el centro de un gran salón de forma cuadrada. El salón no tenía ventanas y se encontraba en los sótanos del edificio del hotel enclavado en la roca. Adosadas a cada una de las paredes del Salón se habían colocado placas de grafeno que actuaban como gigantes pantallas de televisión provistas de una acústica de alta calidad.

Detrás de cada representante, al que denominaban “Senator”,  se había instalado una mesa rectangular provista de ordenadores donde se sentaban tres ayudantes por cada Senator. En una de las esquinas del salón, situada en una especie de escenario, se ubicaba la mesa de control de la conferencia que se encargaba de controlar las traducciones realizadas por aplicaciones informáticas, en tiempo real, y seguía escrupulosamente las instrucciones del presidente de la mesa al que denominaban “Primus Senator” y así , de manera coordinada, poder introducir documentos, gráficos videos, conexiones remotas, etc., según fueran éstos requeridos gracias a los programas de IA que lo facilitaban todo.

Las reuniones de los doce Senator constituían el Gran Consejo. Sus decisiones eran irrevocables y se aprobaban por mayoría simple. En caso de empate, la decisión quedaba en manos del Primus Senator que, a su vez, era el único que tenía derecho a veto. El Primus Senator, que no era otro que el mundialmente conocido Arnold Page, era el que presidía el Gran Consejo.

Tras cerrarse las puertas de la sala por los camareros asistentes traídos expresamente de China y realizarse los saludos y presentaciones de los once Senator restantes. Las pantallas se conectaron con el centro de cálculo secreto donde se ubicaba el superordenador que operaba el Algoritmo del Big Brother y sus mega-programas informáticos auxiliares.

Los gráficos que se ofrecían en las pantallas simulaban un panel de control donde resaltaban las acciones a emprender sobre las palancas reguladoras del sistema, con el único objetivo a alcanzar la dominación total del planeta por parte del Estado Profundo Mundial. Según los resultados obtenidos por el Algoritmo del Big Brother, desde que fueron eliminados el Director General del FMI y el Primer Ministro japonés, las probabilidades de alcanzar el objetivo habían pasado de ser un 65% a casi un 70%. Eliminando al Presidente de Estados Unidos y al Presidente de la República Popular de China, la simulación incrementaba y adelantaba que el porcentaje podía situarse en torno a un 85%. El resto, hasta casi el 100% de probabilidades, dependía fundamentalmente de un único factor.

El mantenimiento del valor económico y financiero de las mega-entidades que integraban el Estado Profundo Mundial estaba considerado por el algoritmo como la palanca reguladora más decisiva. En efecto, en los tres últimos años, muchos sectores económicos como el  sector bancario y financiero, el sector energético basado en los combustibles fósiles, el sector del carbón, del gas y del petróleo y sus derivados, el sector de la construcción, el sector de la automoción, el sector del transporte, el sector farmacéutico, el sector inmobiliario, el sector del seguro y reaseguro, etc., se habían salvado por los pelos de tener enormes pérdidas. El hecho de engordar la deuda es lo que se había convertido en fuertes ganancias lo que hubieran sido estrepitosas pérdidas.

Estas empresas, de modo mayoritario, estaban controladas por las mega-entidades que ahora veían su quiebra cada vez más próxima en la medida de que se estaban apoyando soluciones de índole sostenible donde destacaba la lucha contra el cambio climático. Para Arnold Page, los dirigentes europeos eran los más estúpidos pues se creían a pie juntillas todas las contradicciones en las que incurrían pretendiendo apostar por la economía verde dejando intacto el modelo financiero. No obstante, aquello le beneficiaba, máxime, cuando tras el Brexit, el Reino Unido se iba a convertir en el mayor paraíso fiscal del mundo.

Para ganar tiempo, gracias al ajuste que les permitía realizar la ingeniería financiera, los integrantes del del Estado Profundo Mundial habían ocultado la quiebra técnica de sus negocios mediante el apoyo de un impresionante apalancamiento financiero que para muchos era ya sumamente arriesgado. Los allí reunidos eran muy conscientes de que el recurso al apalancamiento financiero tampoco podría servir para mucho tiempo. Por eso, todos tenían muy claro que deberían hacerse con el poder mundial cuanto antes y, lo más importante, a cualquier precio.

Para evitar la pérdida de valor de sus empresas, el Algoritmo del Big Brother demandaba ampliar la guerra sucia contra las energías renovables, la economía circular, la electrificación del transporte, el desarrollo del uso de la Inteligencia Artificial en el transporte y otras actividades económicas y la implantación generalizada de limitaciones al uso de combustibles fósiles. Pare ello, el Algoritmo del Big Brother establecía diferentes actuaciones a poner en marcha.

Además de ampliar los atentados contra la exportaciones de vehículos eléctricos a la Unión Europea y Estados Unidos, se aconsejaba iniciar la eliminación de algunos CEO significativos de las empresas innovadoras sostenibles mediante el empleo de sustancias radiactivas que, con solo ingerir menos de un miligramo acababan en poco tiempo con la vida de cualquier persona. El Senator representante de Rusia protestó, avisando que la utilización de venenos radiactivos para liquidar a altos cargos empresariales iba a levantar acusaciones contra Rusia a lo que el Primus Senator respondió inmediatamente:

— ¡Senator Morózov! Estoy completamente de acuerdo con usted, pero ése es un precio que todos tenemos que pagar. En el caso que nos ocupa, es lo más probable que echen la culpa a Rusia de dichos envenenamientos. Al igual que se echará la culpa a Estados Unidos cuando descubran que los drones utilizados para cometer el magnicidio del Primer Ministro japonés eran de fabricación estadounidense. También echarán la culpa a Alemania cuando comprueben que los artefactos explosivos que se colocaron para hundir el buque portavehículos eran de fabricación alemana.

El argumento resultó contundente y todos los Senator allí reunidos asintieron por unanimidad. Se creó entonces una pequeña comisión integrada por tres Senator y el Primus Senator para elaborar el Plan Magister. Otra de las acciones a emprender consistía en intensificar las campañas de intoxicación en contra de las limitaciones al uso de carbón y del gasóleo, al  incremento de las energías renovables, del vehículo eléctrico y de la aplicación de los llamados Acuerdos del Clima que recientemente había suscrito Estados Unidos, tras finalizar la corta etapa de un Presidente Trump a punto de ir a la cárcel.

Para Arnold Page, el éxito alcanzado en años anteriores, con ocasión de la realización de otras campañas de información e intoxicación, avalaba continuar con estos métodos tan rentables y eficaces. Las empresas que controlaban las redes sociales eran unos verdaderos tontos útiles para la causa que la plutocracia a nivel mundial sostenía.  Lo que les importaba era el dinero eran empresas que tenían su precio. De este modo, aprovechando el control de las audiencias de los medios y las redes sociales, se lanzaban mensajes en forma de mensajes, artículos o declaraciones de supuestos científicos pagados y de ONGs financiadas  directamente por empresas de combustibles fósiles.

Los negacionistas con respecto al Cambio Climático frenaron la aprobación y posterior aplicación de un gran número de medidas que hubieran podido mitigar el Calentamiento Global, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero. Naturalmente los sobornos a políticos y a periodistas contribuyeron mucho al éxito de esta campaña de intoxicación, al igual que algunas subvenciones encubiertas a ONGs que resultaron ser los “tontos útiles” de estas campañas de intoxicación. El recurso al denominado “Impacto Visual”, que no había causado ningún muerto, había frenado más proyectos eólicos que ninguna otra excusa. Arnolf Page bendecía a muchas ONG erigidas en baluartes de la “sostenibilidad del postureo”.

En efecto, los integrantes de un gran número de ONGs actuaban por impulsos emocionales, no desarrollaban el pensamiento crítico por lo que aprendían,  como si fueran dogmas de fe, lo que en sus respectivas ONGs les decían. Así por ejemplo, entorpecieron irresponsablemente el despliegue de los parques eólicos, aduciendo que éstos mataban pajaritos y que resultaban un impacto visual muy negativo.

Lo más curioso es que los parques eólicos ni mataban pajaritos, ni el subjetivo impacto visual había causado nunca ninguna muerte, pero ello era igual. Lo importante era defender un paisaje local de aguas prístinas, aunque el mundo se autodestruyera. Los integrantes de Gran Consejo sabían perfectamente que la gente era estúpida y manipulable y se aprovechaban de ello. Si la gente tenía problemas, ello no tendrían nunca ninguno.  Porque siempre podrían pagar para que no sucediera lo que iba contra ellos. Al menos, hasta ahora lo habían conseguido pero sabían que no podrían seguir actuando igual por mucho tiempo. Las adocenadas clases medias estaban empezando a despertar y a darse cuenta de que la oligarquía se hacía cada vez rica a expensas del persistente empobrecimiento de las clases medias.

Lo mismo ocurrió cuando a partir del año 2017, algunas ONGs y medios de comunicación fueron escribiendo artículos incendiarios acusando absurda e injustamente al coche eléctrico de estar detrás de la explotación de niños y de guerras en el Congo para la extracción del cobalto necesario para la fabricación de las baterías eléctricas. Hubo títulos que, de verdad, parecía que habían sido extraídos de la novela negra: “Muerte, corrupción y avaricia o el secreto más guardado del coche eléctrico” era un ejemplo de algunos titulares que circularon durante esos años y que fue aprovechado por algunos políticos corruptos como excusa para no impulsar el despliegue del coche eléctrico.

Cuando se difundió que, además de emplearse para fabricar baterías eléctricas, el cobalto también se utilizaba ampliamente también en la fabricación de productos y materiales industriales, sobre todo en las aleaciones industriales de turbinas de aviones o en los generadores de turbinas de gas, etc., muchos políticos ya no pudieron seguir argumentando que el coche eléctrico representaba una actividad que cometía delitos muy graves. Cuando Chile comenzó a ser el país de mayor producción de cobalto del mundo y en el Congo se corrigieron los abusos de la compañías extractoras, las noticias desaparecieron y nadie se retractó por ello.

De nuevo, gracias a las noticias falsas, a la corrupción política imperante y al control de los medios de comunicación, se había conseguido el objetivo de frenar el despliegue masivo del coche eléctrico que era lo que importaba, desviando la atención sobre lo que era verdaderamente importante como era la aceleración del Calentamiento Global que haría peligrar seriamente, y de manera irreversible, el futuro del Planeta Tierra.

IV

En el reservado de un restaurante cercano a la sede de la Policía Metropolitana de Londres, Scotland Yard, Joseph Finkelstein y su amigo el francés, Maurice Garnier, se habían reunido para comer y mantener una reunión secreta con tres importantes mujeres: la Secretaria de Estado para el Departamento del Interior y, a su vez, Ministra de la Mujer y la Igualdad del Gobierno Británico, Angela Hall, la Comisaria Jefa de Scotland Yard, Brenda  Wright, y la Directora General del MI5, Clarissa Cooper.

El tema de la reunión era el de informar y conocer, de primera mano, la situación en el Reino Unido con respecto a la fuerza con la que contaban los partidarios de la defensa de la democracia y las libertades. Una situación que se sabía que, felizmente, era algo menos inestable que hacía tan sólo un mes y en la que los posicionamientos antifascistas, por parte de personajes relevantes del mundo de la política, de la economía y de la academia, se habían incrementado. Cosa del todo natural tratándose del gran arraigo y de la larga tradición democrática de Reino Unido pero que, hacía unos meses, muchos hubieran afirmado que no era una cosa tan clara y evidente. De hecho se sostenía, que el Brexit había permitido que el Reino Unido recuperara sus raíces democráticas al abandonar la Unión Europea que estaba de nuevo cayendo en manos del fascismo.

Sin embargo, en aquel momento, lo que más interesaba era conocer los pormenores de aquellos factores, sucesos o posicionamientos que más habían contribuido a la mejora de la situación. A su vez, Finkelstein y Garnier informarían de la situación de otros países importantes, a nivel mundial. Datos que serían cotejados con las informaciones que cada uno de ellos tuviera sobre los diferentes países. ¡Lástima que el MI6 no fuera de fiar!

— Por lo que hemos escuchado, se trata de la misma canción que se repite en todos los países, al menos en aquellos países de occidente de tradición democrática. Según la información confidencial que disponemos, las empresas perdedoras y sus correspondientes mega-entidades son las que están impulsando el golpe fascista. Allá donde tienen fuerza todavía, siguen presionando desde sus lobbies para que todos los políticos que tienen en nómina se movilicen con ellos. Además, están desesperados porque un gran número de sus empresas líder están a punto de quebrar —comentaba Joseph Finkelstein a sus comensales.

— Y lo peor de todo está por venir —confirmó la Secretaria de Estado para el Departamento del Interior para añadir con un tono aún más bajo— Según algunos informes confidenciales cuya fuente no revelaré, hace unos meses decidieron emprender una serie de acciones terroristas. Tenemos grandes sospechas de que el denominado Estado Profundo Mundial cometió el asesinato de nuestro común amigo Riccardo Della Rovere, y tenemos dudas de si también ellos fueron los que cometieron el magnicidio del Primer Ministro japonés.

— ¿Y qué se dice del sabotaje al buque portavehículos chino que hundieron en el Mar del Norte? —preguntó el profesor del CNAM de Paris, Maurice Garnier, visiblemente interesado.

Clarissa Cooper o, simplemente, Mrs. Cooper, como la llamaban en el MI5 mucho antes de que la nombraran Directora General, empezó a contestarle algo al francés pero se calló en seguida. Se dio cuenta entonces, que ella realmente no conocía a Maurice Garnier. Hoy era la primera vez que lo había empezado a tratar. Tenía información de que era muy amigo de Joseph Finkelstein,  al que ella conocía bien y con el que había colaborado varias veces en asuntos del MI5, en su calidad de asesor científico. Sin embargo, ella no estaba autorizada a dar información confidencial a alguien del que ella, si luego ocurriera una filtración, Mrs. Cooper no hubiera podido responder por ello.

Mientras esos pensamientos circulaban por la cabeza de la Directora General del MI5, Angela Hall y Joseph Finkelstein acercaron sus miradas y sonrieron como si fueran cómplices de algo. La Secretaria de Estado le hizo un gesto de tranquilidad con los ojos, indicándole a Finkelstein que le dejara a ella actuar. Ambos se entendían a la perfección. Los dos eran amigos desde jóvenes e, incluso, durante bastantes años era conocido que llegaron a ser novios, con la intención de casarse. Vivieron juntos una corta temporada pero algo debió ocurrir por el camino para se separaran de repente y siguieran siendo muy amigos. Lo curioso es que luego, ninguno de ellos se casara y que no se les conociera ninguna otra relación sentimental.

— No te preocupes Clarissa. Imagino lo que estás pensando y me parece lo correcto pero yo, que soy tu superior en mando, sí que puedo responder por el profesor Maurice Garnier, al que me une una amistad desde hace muchos años, lo mismo que Brenda. ¿No es así? —preguntó sonriendo a su también antigua amiga, la comisaria jefa de Scotland Yard, que asintió lentamente con la cabeza, devolviéndole la sonrisa a su vez.

Aquello fue la llave que abrió el grifo de la información clasificada del MI5. Sin citar ninguna fuente, porque no venía al caso, Clarissa Cooper relató que el MI5, en colaboración con Scotland Yard, estaba a punto de concluir una investigación sobre los movimientos y relaciones de las personas sospechosas de pertenecer al llamado Estado Profundo Británico.

Según informó a continuación, se sabía ya quienes eran los jefes máximos y las relaciones que mantenían con la red mundial. Tenían todas las evidencias de que el máximo mandatario era el actual Gobernador del Banco de Inglaterra, Sir Jeremy Bridges. Casualmente, en el curso de las investigaciones, Clarissa Cooper comentó que siguieron al CEO de uno de los mayores bancos del Reino Unido que era muy amigo de Sir Jeremy Bridges, y se juntó con él en el aeropuerto de Heathrow. Agentes del MI5 les siguieron en un vuelo que ambos hicieron a Frankfort pues le habían interceptado una llamada que Bridges hizo al teléfono móvil del Presidente del BCE, Hans von Schönhausen, y que se consideró que era una pista a seguir.

Aquella llamada telefónica había sido interceptada. Ambos banqueros, von Schönhausen y Bridges, estuvieron hablando durante casi un cuarto de hora y entre lo que se dijeron, hablando siempre medio en clave, mencionaron varios nombres. Uno de los nombres era el del buque portavehículos chino Cosco Shipping Flanders que posteriormente fue hundido en el Mar del Norte y el otro era el del capitán Weber y su equipo. Al parecer era el hombre con el que deberían reunirse los dos próximamente en Frankfort. El propósito era el de acordar las formas de pago de algún tipo de negocio que el capitán tenía que hacerles pronto. Sir Jeremy Bridges consideró que debía ir con su amigo el CEO del Banco comercial para que él se encargara de los pagos al equipo del capitán Weber.

— Hemos descubierto quién es y qué papel debía jugar el Capitán Weber, al que logramos fotografiar e identificar después de que el oficial alemán se reuniera con ellos —declaró Clarissa Cooper con la alegría reflejada en sus ojos—  El Capitán Wolfgang Weber es un jefe destacado del Comando de las Fuerzas Navales Especiales de Alemania (Kommando Spezialkräfte Marine, KSM). Si se confirma que los explosivos utilizados son de fabricación alemana, habremos dado un paso de gigantes para desenmascarar y llevar a los tribunales a los integrantes de esta organización terrorista  y de sus conexiones criminales a nivel internacional.

Tras lo que habían escuchado, tanto de boca de Joseph Finkelstein como de boca de Clarissa Cooper, ya poco quedaba para añadir. Estaba casi todo muy claro e iban por el buen camino en la lucha sin cuartel contra el crimen organizado que perseguía la dominación mundial. Se terminó la reunión y cada uno de los asistentes montó en el mismo coche en el que habían llegado a la comida.

El ingeniero inglés, Joseph Finkelstein, y el profesor francés, Maurice Garnier, se subieron en el coche de la Secretaria de Estado del Departamento de Interior, Angela Hall, que les estaba aguardando afuera, en el discreto patio interior del restaurante. Cuando salieron a la calle principal, surgieron tres coches más para escoltarles. Por el rabillo del ojo, Maurice Garnier pudo observar que sus dos amigos se agarraban con fuerza de la mano, mientras se miraban tiernamente a los ojos y esbozaban una encendida sonrisa que más que de complicidad, parecía de amor. Un amor que el francés sabía que era como el vino añejo de calidad, cada vez mejoraba más y más .

V

No habría dormido más de cuatro horas, cuando el detective Jeff Miller, se levantó de la cama completamente despejado. Sin pensárselo más se metió en la ducha, se afeitó y se vistió con traje y corbata para estar listo y empezar una jornada que esperaba que fuera muy provechosa. Pensó en los acontecimientos que le había tocado vivir la víspera y un ligero escalofrío recorrió su cuerpo. Era algo increíble, Riccardo Della Rovere, el recientemente asesinado y que fuera Director General del Fondo Monetario Internacional, le había hecho llegar una carta personal, firmada por él y escrita de su puño y letra, donde le pedía encarecidamente que se ocupara de identificar y capturar a los culpables de su propio asesinato.

A la atención de Mr. Jeffrey Miller

Querido hijo,

Cuando recibas esta carta será porque he tenido un accidente mortal o, casi con toda seguridad, porque me habrán asesinado hace unos seis días. En ese caso, mi secretaria, Mónica López, te entregará en mano esta carta y te dará instrucciones sobre lo que tendrás que hacer, porque quiero, y te ruego por el amor que me une a ti, que te encargues personalmente de capturar a mis asesinos directos y, a los que escondidos en la sombra, fueron los verdaderos inductores de mi muerte.

Deberás empezar  por ponerte en contacto con mi amigo Mr. Robert Stone,  Director del FBI. Enséñale esta carta y él ya sabrá como tratar el tema y ponerte al día sobre la investigación criminal que estarán haciendo.

Siento mucho Jeff, no haber tenido peor ocasión para dirigirme a ti paternalmente y no haberlo hecho cuando todavía estaba en vida.

Te quiero y siempre te he querido

Tu padre

Riccardo Della Rovere

P.D. Te adjunto dos documentos muy relevantes que te harán recordar tus años en el ejército”

Hacía más de media hora que Jeff Miller se encontraba sentado en la sala del hotel donde se servían los desayunos, cuando apareció su joven socia. Jane Foster le vio desde la entrada y le saludó, se sirvió un café y, con él en las manos, se dirigió hacia la mesa donde se encontraba su jefe para sentarse junto a él. La sala del desayuno estaba bastante llena y, curiosamente, la mayoría de las personas que encontraban allí era gente de color y no estaba trajeada. Lo cual quería decir que los que se alojaban en ese hotel no venía a la Capital para cabildear o ejercer como intermediario, buscando prebendas o beneficios espurios para los lobbies o pàra los cuantiosos políticos de Washington DC, tan acostumbrados a conceder favores por una buena causa o por una buena transferencia a su cuenta bancaria.

El hotel de tres estrellas que el detective había elegido para pernoctar se encontraba muy cerca del Aeropuerto Internacional Dulles, también en el Condado de Loudoun, Virginia, dentro del Área Metropolitana de Washington DC y a algo más de media hora en coche del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan. Esta ubicación era importante porque si les localizaba la CIA o la NSA, vigilarían las entradas el aeropuerto más cercano, en este caso, las del Aeropuerto Internacional Dulles, y ellos escaparían por el otro aeropuerto. Existía un plan B consistente en escapar por el tercer aeropuerto de Washington DC, pero eso supondría trasladarse casi hasta Baltimore, que quedaba a algo más de una hora de camino en coche.

— Conociéndote como te conozco, Jeff. Me figuro que no habrás dormido mucho esta noche, aunque tienes muy buena cara y pareces descansado —exclamó la joven mujer, una vez que se hubo sentado al lado de su jefe y le hubiera propinado el segundo trago a la taza de café.

—Ayer cuando te fuiste a tu habitación, me quedé en la cama sin poder dormir. Así es que me levanté y tuve suerte, pues logré traducir los dos documentos que estaban codificados. ¿Te acuerdas?. El primero de ellos contiene una lista donde aparecen un número importante de políticos y empresarios integrantes de la organización criminal Estado Profundo Mundial. También aparecen algunos militares, diplomáticos y periodistas destacados. En total serán más de 200 personas. Un 30% de ellas son estadounidenses y casi todas son muy conocidas, así como sus empresas o sus cargos políticos. Esta lista es mucho más completa y exhaustiva que la que nos proporcionó Robert Stone, el Director del FBI —respondió Jeff hablando bajo y un tanto apresurado.

Jane arqueó sus cejas e hizo un suspiro de admiración por su jefe. Le dio una palmada en el brazo a su jefe y le preguntó acerca de lo que él también esperaba que ella hiciera:

— ¿Y el segundo documento de qué trata? —preguntó Jane Foster en tono de dúplica porque quizá ella también intuía la respuesta que Jeff Miller le iba a dar

— Ese documento contiene una información mucho más importante y confidencial  —respondió su jefe sonriendo porque había acertado de lleno con la pregunta que su socia le hizo.

El detective no le quiso contar a su socia el contenido del segundo documento cifrado  porque ella no había asistido como él a las reuniones con el grupo de Joseph Finkelstein, y, por tanto, no sabía nada acerca del Algoritmo el Big Brother. Se trataba de una información vital que debía comunicársela cuanto antes al ingeniero inglés pues él sabría mejor que hacer con ella. Subió  a su cuarto e hizo dos llamadas a dos teléfonos de prepago.

La primera llamada fue para Joseph Finkelstein que se alegró mucho cuando supo el tema sobre el que trataba la información del segundo documento y le deseó suerte en lo referente a la captura de los asesinos de Riccardo Della Rovere que decía el primer documento.

Jeff Miller no le dijo nada acerca de que, en la carta, el Director General del FMI le trataba como un hijo, ni le quiso dar muchos más detalles sobre el segundo documento porque el canal de contacto seguro sería a través del Director del FBI, Robert Stone. Precisamente a quien debía hacer la segunda llamada.

VI

La noticia corrió como la pólvora por el Condado de Santa Clara. El cadáver de una mujer llamada Rachael Adler apareció completamente destrozado y enterrado junto a una cabaña situada en el bosque de Pescadero Creek Park del Condado de San Mateo, California. Un perro que acompañaba a un grupo de montañeros fue el que descubrió a la muerta. Aquella noticia causó mucho dolor y sorpresa en Menlo Park, donde ella vivía. Según sus propios vecinos, Rachael Adler había partido hacía algo menos de dos semanas hacia Israel, un país donde vivía su único hijo, que se encontraba haciendo el servicio militar en el Ejercito de Defensa de Israel, y donde ella tenía también algunos parientes que habían sobrevivido al Holocausto.

Rachael Adler era viuda de unos 46 años. Su marido murió en un accidente de tráfico, a los tres años de nacer su hijo. Desde entonces ella, se había dedicado en cuerpo y alma a cuidar y educar a su hijo y a su profesión. Como buena judía que era, acostumbraba a ir todos los años a Israel por la festividad de la Pascua Judía o Pesaj. Rachael Adler era una famosa profesora de Prospectiva Estratégica en la Universidad de Stanford, California, y, a su vez, investigadora reconocida, a nivel mundial, en modelos de simulación aplicados a la influencia sobre el comportamiento y la formación de opinión en los seres humanos y así como una célebre colaboradora de “mediaX at Stanford University”.

Nadie se explicaba el porqué de su muerte pues era una mujer amable, querida y respetada por todos los que la conocían. El FBI se había hecho cargo enseguida de su caso pues según se rumoreaba había sido, primero secuestrada y luego fuertemente torturada por sus secuestradores hasta que la mataron o hasta que murió como consecuencia del grave castigo físico al que fue expuesta. Su cadáver presentaba que le habían arrancado casi todas las uñas de las manos y la mayoría de los dientes y las muelas.

El sufrimiento que la mujer había experimentado hasta que se produjo su muerte debía de haber sido enloquecedor. Se estaban esperando los resultados de la autopsia para saber la causa de su muerte, así como para encontrar más pistas que condujeran a la identificación de los asesinos. La investigación realizada en la escena del crimen había aportado varías pistas, entre ellas, algunas muestras de ADN que no eran precisamente de la victima.

Los inspectores y demás agentes del FBI que estaban llevando el caso, ardían de unos tremendos deseos de agarrar cuantos antes a los asesinos. La tortura atroz y cruel a la que había sido sometida aquella mujer no tenía ninguna clase de perdón. Qué poco sabían ellos entonces que algunos de los asesinos ya estaban bien muertos y que esos no eran otros que los mismos agentes de la CIA que intentaron matarle a Jeff Miller en el camping de la Isla Santa Rosa.

 

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