EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—9 Capítulo

por Juanjo Gabiña

Capítulo 9 

Surgen imprevistos sorprendentes

I

La logística empleada para el acompañamiento fue más sencilla de lo esperado ya que tanto Ashley Scott como Joseph Finkelstein decidieron volar pronto por la mañana. La profesora de Harvard  volaría a Boston y el ingeniero inglés lo haría a Nueva York. Ambos volarían desde el Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles.

No hacia falta que Jeff Miller acompañara a nadie porque cuando llegara al Aeropuerto Internacional  JFK, a Joseph Finkelstein le estaría aguardando el embajador del Reino Unido ante la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Sir James Moore. Después continuarían juntos el viaje hasta Londres. Lo harían en el vuelo de la tarde que llegaba al Aeropuerto de Heathrow. La llegada a Londres sería al día siguiente, temprano por la mañana. Ambos tenían mucho que hablar entre ellos y, por lo que el embajador le había ya adelantado, él tenía muy buenas noticias para darle.

Según cogía un taxi para dirigirse al hotel, Jeff Miller había decidido que se volvería esa misma tarde a Los Ángeles para ayudar a su socia en la investigación de dos casos de desaparición que estaban llevando. También se acordó de lo extraño que le había parecido cuando lo contrataron para ocuparse de la seguridad de Joseph Finkelstein y de su equipo durante su estancia en Estados Unidos. El email había sido remitido por una conocida agencia de detectives inglesa.

Había pasado casi una semana desde contactaron con él desde Londres para que cubriera un servicio de escolta para tres personas, dos de ellas europeas. Al día siguiente de aceptar el encargo y de solicitar información sobre el contenido de la agenda de las personas que debía proteger, Jeff Miller recibió una llamada telefónica del propio Joseph Finkelstein para saludarle y avisarle, que a lo largo de ese día, recibiría un sobre con todas las instrucciones. La protección también incluía la logística para otras tres personas. Unas horas más tarde, se presentó un joven que portaba un casco de moto y le entregó en propias manos el sobre que esperaba. Cuando Miller lo abrió, leyó su contenido e hizo una serie de consultas por Internet. De pronto, se levantó de su asiento como si le hubieran pinchado con una aguja en el trasero y se dirigió de inmediato al despacho de su socia, Jane Foster.

— Ha llegado ya la información que solicité —comenzó a decir Miller mientras se sentaba frente a la mesa del despacho de su socia— Nuestro cliente principal llegará la semana que viene a Los Ángeles, en vuelo directo desde Londres. Confirman que se llama Joseph Finkelstein y nos envían varias fotos suyas y sus referencias tanto personales como profesionales. También nos envían los datos y las fotos de un francés llamado Maurice Garnier y los de una estadounidense de Boston llamada Ashley Scott. Tal como te dije, son personas mayores pero no lo aparentan. En Internet, hay muchas webs que hablan de ellos.

— ¿Cómo es su agenda? —respondió Foster mientras alargaba el brazo para recoger el sobre grande que su jefe le entregaba.

— Muy sencilla. Tres noches las pasaremos en la Isla Santa Rosa en el camping de tu cuñado y otras dos noches en Washington DC. A la capital, no irá el francés porque volará directamente a Paría desde Los Ángeles. No creo que sea necesario que nos acompañes a Washington. Con que vaya sólo yo con los dos, Finkelstein y Scott, yo creo que será suficiente. Según la agenda, Joseph Finkelstein llega a Los Ángeles la semana que viene pero él considera no ve necesario que vayamos a buscarle al aeropuerto pues ya irá un amigo suyo a buscarle. Dice que nos encontraremos, pronto por la mañana, a la entrada de un bar-restaurante, situado al lado del puerto de Santa Bárbara, cerca de donde tú vives. Razón de más para que te encargues de completar con detalle la agenda y arregles con tu cuñado el tema de la seguridad en la Isla Santa Rosa. Los datos exactos los encontrarás en los papeles que hay dentro del sobre. Maurice Garnier y Ashley Scott dice que no necesitan ningún servicio de protección y que ellos viajarían por su cuenta a la Isla Santa Rosa, así que también debes prepararles las instrucciones para llegar a la isla Santa Rosa y avísales que no utilicen su teléfono, que vengan con un teléfono de prepago sin localizador GPS y que llamen al tuyo para que así tengamos su número registrado, en caso de que tengamos necesidad de contactar con ellos.

— No te preocupes Jeff. ¡A mi cuenta que ahora mismo lo hago!, Pero, por otra parte, ¡Qué casualidad!. Nos encontraremos en Santa Bárbara y pasaremos cuatro días y tres noches en la Isla Santa Rosa —exclamó Jane enseñando una gran sonrisa de alegría.

—Así es —le replicó Miller también sonriendo— Y lo mejor de todo es que también nos han pagado por adelantado. El cheque también está dentro del sobre y por un importe que es bastante superior al que les habíamos ofertado.

Al salir del despacho de Jane Foster, el detective pensó que también había sido muy extraña la forma que habían utilizado para contactar con él desde Londres. Se dirigieron directamente a él, como si  ya supieran quién era, de antemano. Jeff Miller nunca  había estado en Inglaterra, ni había conocido a ningún detective o policía que fuera inglés. No creía en la suerte, ni tampoco en el destino, así que supuso que habría alguna razón para que les hubieran contratado. Una razón oculta que a él, por el momento, se le escapaba.

II

Inmerso en el recuerdo de cómo de extraño había empezado todo, después de dejar a Ashley Scott y a Joseph Finkelstein en el Aeropuerto IAD, el taxi que le transportaba hasta el hotel donde se había hospedado acababa de llegar. La entrada del Hotel George Washington, situado junto a Lafayette Square, le hizo recordar que debía hacer la maleta. En el hall del hotel, se encontraban dos individuos trajeados, con pelo corto, y uno de ellos con las típicas gafas de sol de los agentes secretos. Mientras caminaba hacia los ascensores, Miller se cruzó la mirada con uno de ellos y éste se la sostuvo observándole fijamente. Por el rabillo del ojo pudo ver que se hablaban entre ellos y que le señalaban a él. Aquello tenía pinta de no ser nada bueno.

Jeff Miller tenía la experiencia suficiente para saber que aquello no era casualidad y que le estaban esperando. La intuición le decía que no se trataba de amigos. Como detective profesional que era, siempre que entraba en un lugar, siempre estudiaba varios planes de fuga. Siendo media mañana, decidió que lo mejor que podría hacer era no permanecer mucho más tiempo en el hotel. Se escaparía como lo había hecho otras veces y en otros hoteles. Recogería la maleta y bajaría por el montacargas hasta la planta baja y, por allí, atravesando toda la estancia de la cocina del hotel, saldría al exterior donde se encontraría aguardándole un taxi.  Previamente él habría llamado al taxi para que éste le esperara allí. El check-out del hotel lo haría por teléfono, pero lo haría cuando ya estuviera en algún lugar a salvo.

No había salido todavía de su habitación cuando a Jeff Miller le sonó su teléfono de prepago que utilizaba para que no fuera su llamada localizable, ya que no tenía incorporado el sistema de posicionamiento global, GPS. En el visor apareció un teléfono fijo del área de Washington DC. Dudó entre contestar o no hacerlo. Pero en unas décimas de segundo Jeff decidió contestar, pensando que poca gente conocería ese número y que, además, la llamada podía ser importante.

— ¡Hola!, ¿Quién llama? —preguntó el detective con una voz muy queda.

— ¿Es usted Jeff Miller? —respondió una voz muy agradable de mujer situada al otro lado de la mezcla de hilos y de ondas de telefonía.

— Sí, soy yo. ¿Con quién hablo, por favor? —replicó en seguida el detective.

— Me llamo Mónica López y, durante los últimos años, fui la secretaria del Director General del FMI hasta el día que lo asesinaron. Ahora me encuentro por un tiempo de baja, retirada en mi apartamento, pero tengo un sobre que me entregó Riccardo Della Rovere para que se lo diera a usted en el caso de que a él le ocurriera algo. Creo que se trata de un tema urgente y muy reservado.

Sentado sobre la cama, con cierta cara de asombro, Jeff Miller tomaba nota de la dirección donde se encontraba el apartamento de Mónica López y se comprometió a estar allí antes de una hora. No quiso pensar en los secretos que encerraría el sobre porque aquello ciertamente le superaba. Durante la última semana, parecía como si el suelo que estaba acostumbrado a pisar se le hubiera movido totalmente y ya no encontrara apoyo estable en ninguna parte. Las tres reuniones, a las que había asistido acompañando a Joseph Finkelstein, le habían dejado muy preocupado. De pronto, la nueva realidad se le había hecho más compleja y él había logrado comprender a la perfección, gracias a su amigo Maurice Gaurnier, que los seres humanos eran unas criaturas muy débiles y manejables.

La fuga del hotel había sido un éxito y Jeff Miller, aflojándose el cinturón donde portaba la pistola, le dio al taxista la dirección de Mónica López para que le condujera hasta el lugar donde se ubicaba su apartamento, en Silver Spring. Se trataba de un área residencial y comercial situado hacia el norte, en el Condado de Montgomery, Maryland, a las afueras de Washington DC.

Al descender del taxi, Jeff Miller comprobó, como lo había hecho durante todo el camino, de que nadie les había seguido. La vivienda donde ella vivía ocupaba la segunda planta de un pequeño edificio de apartamentos. Allí le atendería una mujer de unos cincuenta años que aguardaba ansiosa a que él llegara a su casa. Cuando sonó el timbre de su apartamento, y sin apenas mediar palabra, la mujer pulsó el timbre de entrada al edificio y aguardó con la puerta de su casa abierta a que Jeff Miller saliera del ascensor. Al acercarse el hombre a su puerta, acudió rauda hacia donde él se encontraba y le abrazó, visiblemente emocionada y con lágrimas en los ojos, para, al tiempo, proseguir diciendo:

— Aunque han pasado muchos años, todavía estás igual que en las últimas fotos que tu padre guardaba de ti —la mujer se soltó del abrazo y se le quedó mirando con una sonrisa de alegría aunque todavía un tanto lánguida por la tristeza que desprendían sus ojos, para añadir con una voz algo más firme—  Pero no te quedes ahí fuera plantado en el pasillo de la escalera, Jeff. Pasa deprisa adentro del apartamento y cierra la puerta con los dos pestillos, por favor —al oír la palabra “padre” de boca de la secretaria del que fuera, hasta que lo asesinaron hace poco, el Director General del FMI y referirse a su jefe, Riccardo Della Rovere, como su progenitor, Jeff Miller se quedó como aturdido y notó que todos sus músculos perdían fuerzas. Como pudo, mirando fijo al pasillo de la entrada de la casa, el detective cerró los dos pestillos de la puerta y se encaminó tras la mujer como si estuviera flotando en el aire. Se dirigieron hacia una puerta que Miller supuso que debería conducirle hasta el salón del apartamento.

III

El capitán del buque portavehículos Cosco Shipping Flanders, de la naviera china Cosco Shipping, había modificado el rumbo del buque y reducido su velocidad. Lo hizo al comenzar a atravesar el Canal de La Mancha. El buque era del tipo Post Panamax y estaba especializado en el transporte de automóviles y camiones. Contaba con una cubierta de unos 80.000 m2 y tenía capacidad para transportar hasta algo más de 10.000 unidades de automóviles, habida cuenta que muchos coches eléctricos eran de dos plazas, y por consiguiente, eran de menor tamaño para su uso como vehículos eléctricos compartidos en zonas urbanas, Car Sharing.

Sin embargo, una de sus características más importantes de este buque era el de ser capaz de navegar con doble combustible, tanto mediante el aprovechamiento de la electricidad generada gracias a las energías renovables como la energía solar, la eólica y la de las corrientes marinas, como mediante aprovechamiento de la energía térmica que genera la combustión del gas natural licuado o GNL, aunque también podía consumirse hidrógeno.

El puerto de Zeebrugge que estaba situado en la Provincia de West Flanders, Bélgica, era el destino del buque portavehículos chino que transportaba 6.712 vehículos eléctricos chinos, todos de diferentes modelos de marca BYD. Este puerto, cuyo tráfico movía más de dos y medio millones de coches al año, era considerado como el segundo puerto en importancia de Europa para el transporte de coches y camiones. Al llegar a la altura de Ostende y unas millas antes de que el buque enfilara hacia el puerto de Zeebrugge, detonaron, a la vez, diez potentes cargas por debajo de la línea de flotación del buque que lo hundieron en apenas tres cuartos de hora.

Gracias al fuerte tráfico que soportaba la salida del Canal de la Mancha hacia el Mar del Norte por el que circulaban más de quinientos barcos al día, siendo así la vía marítima más transitada del mundo, varios buques fueron testigos de las explosiones y acudieron al rescate de los veintiocho tripulantes cuando todavía el barco no se había hundido del todo.

Por fortuna, no se produjo ninguna muerte y tan sólo dos marineros presentaban algunas contusiones en la cabeza y en la espalda y algunos otros que cayeron al agua presentaban síntomas leves de hipotermia. Sin embargo, por otro lado, las pérdidas materiales ocasionadas se consideraban cuantiosas por lo que representaban el siniestro total del buque y de la carga.

Una hora después del atentado, se hizo cargo el Centro de Coordinación y Rescate  Marítimo del Puerto de Ostende, MRCC, de todas las operaciones de salvamento de los tripulantes del buque hundido. Cuando ya se supo que había sido un atentado terrorista con explosivos el causante del hundimiento del buque, se instaló un anexo para la Policía belga responsable de la lucha antiterrorista.

Tras los atentados terroristas por parte del yihadismo islámico en diversas ciudades europeas, incluida Bruselas, se crearon unidades especiales en la policía y equipo de los servicios de inteligencia que complementaban las principales investigaciones terroristas en curso, realizando investigaciones de inteligencia financiera de manera sistemática o en base a los riesgos relacionados con los objetivos de los atentados terroristas identificados.

En el caso del atentado contra el buque portavehículos Cosco Shipping Flanders que causó su hundimiento, parecía claro que perseguía el objetivo frenar las exportaciones de coches eléctricos a Europa. Los beneficiarios directos serían los fabricantes europeos de los tradicionales coches de combustión interna. La investigación sobre la financiación del atentado aportaría importantes pistas sobre la identidad los verdaderos autores. Al día siguiente después del hundimiento del buque chino, una supuesta organización yihadista reivindicó el atentado en nombre de Alá, amenazando que seguiría actuando de nuevo contra el transporte marítimo para debilitar a los países infieles.

IV

El Grupo Bilderberg, en teoría, consistía en una conferencia privada que se celebraba anualmente. Solamente se interrumpió por causa de la pandemia de la COVID-19 durante los años 2020 y 2021. A la conferencia del año 2023 asistían un número  que oscilaba entre 120 y 150 personas representantes de la élite política de Europa y Estados Unidos, expertos del mundo de la industria, del mundo de las finanzas, del mundo académico y del mundo de los medios de comunicación. La primera conferencia se celebró en el Hotel de Bilderberg en Oosterbeek, Holanda, en el año 1954.

El objetivo inicial era el de promover e impulsar una mejor comprensión entre las culturas de Estados Unidos y Europa occidental que fomentara la cooperación entre ambas regiones del mundo, en cuestiones políticas, económicas y de defensa. Para asistir a las reuniones que se celebraban cada año, se elaboraba una lista de invitados. En dicha lista, se incluía la invitación a dos asistentes por cada país, de manera que incluyera a personas con puntos de vistas diferentes, conservadores y liberales. Así, si bien en la primera reunión asistieron cincuenta delegados representantes de once países de Europa Occidental y once delegados de Estados Unidos. Poco a poco, fue variando este número, así como los objetivos. Actualmente, tras el padrón del coronavirus, a las reuniones anuales de Bilderberg acudían 140 participantes pertenecientes a 21 países de Europa y de América del Norte.

Con el tiempo, los objetivos del Grupo Bilderberg fueron variando. En efecto, si bien el objetivo inicial del Grupo Bilderberg había sido el de promover el “Atlantismo”. Es decir, fortalecer las relaciones entre Estados Unidos y Europa y prevenir que no se produjera otra guerra mundial, con el tiempo, el objetivo del Grupo Bilderberg se fue convirtiendo en un grupo de reflexión cuya misión principal fuera la de impulsar un consenso sobre el capitalismo occidental de libre mercado y sus intereses en todo el mundo.

A lo largo de sus años de funcionamiento, el Grupo Bilderberg  fue adquiriendo una fama diferente según las opiniones procedieran de aquellos que fueran críticos con el grupo o no. Durante décadas, los teóricos de la conspiración intentaron descifrar que ocultaba el selecto y reservado Grupo Bilderberg y algunos llegaron a sacar sus conclusiones.  Así, para algunos críticos, el Grupo Bilderberg estaba considerado como un gobierno mundial en la sombra. Para otros críticos, se trataba, más que un gobierno mundial en la sombra, de la reunión de un grupo de poder capitalista que intentaba imponer su voluntad en todo el mundo.

Quizás ambas opiniones hubieran sido hoy exageradas e, incluso, pudieran quedar muy lejos de la realidad, pero sí era innegable que era un grupo muy influyente y que contaba con una gran capacidad para fabricar líderes políticos. El hecho de la inclusión de Bill Clinton en las reuniones de 1991, antes de ser presidente, y la presencia de Tony Blair en 1993, antes de convertirse en el primer ministro británico eran ejemplos que mostraban el poder que llegó a tener el Grupo Bilderberg.

Las reuniones del Grupo Bilderberg funcionaban bajo la regla de Chatham House, que permitía a quienes asistían a las reuniones utilizar la información que recopilaban pero no podían divulgar quién era la persona que lo había dicho. De este modo, se ofrecía una oportunidad para que todos los participantes pudieran hablar y debatir sinceramente y sin problemas, sin el riesgo de que los comentarios improvisados ​​que se soltaran durante los debates, se recogieran para fomentar luego controversias en los medios de comunicación.

En las reuniones del Grupo Bilderberg, nunca se proponían resoluciones, ni se votaba nada, ni se emitían declaraciones políticas. Sin embargo, en Noviembre de 2009, el grupo organizó una cena en el Château de Val-Duchesse en Bruselas, lejos de la fecha de su conferencia anual, y lo hizo para promover la candidatura de Herman Van Rompuy como Presidente del Consejo Europeo.

Con el paso del tiempo, las grandes empresas habían ido teniendo un papel más protagonista como financiadoras de las campañas políticas. Los países anfitriones tenían que reservar un hotel completo durante cuatro días para celebrar las reuniones, además de organizar el servicio de comidas, el transporte y la seguridad. Para financiar todo esto, el país anfitrión solicitaba donaciones de corporaciones simpatizantes como Barclays, Fiat Automobiles, GlaxoSmithKline, Heinz, Nokia, Xerox, Future Brain, Royal Dutch Shell y Daimler Benz entre otras empresas.

Pero como decía un viejo refrán: “Quien paga es el que manda” y, dentro del Grupo Bilderberg, el poder se había ido desplazando del mundo de la política hacia el mundo de las empresas, tal como lo indicaba el hecho de que el actual presidente del Comité Directivo del Grupo Bilderberg hubiera sido el director general de una importante empresa multinacional de servicios.

Desde hacia años antes de que se produjera la pandemia del coronavirus, el Grupo Bilderberg se contemplaba como un foro para discusiones informales sobre los principales problemas a los que se enfrentaba el mundo. No tenía mucho que ver con los Estados Profundos del mundo porque carecía de poder real y porque mantenía una cierta transparencia que impedía emprender y ejecutar acciones criminales y delictivas.

Sin embargo, existían temas de debate que se trataban en las reuniones, anuales y secretas, del Grupo Bilderberg y que también interesaban a los Estados Profundos del mundo para conocer mejor a sus enemigos y así, optimizar su estrategia de conquista del poder mundial. Entre estos temas destacaban:

  • La reconversión de China hacia una economía más auto-centrada
  • La digitalización y robotización de la economía europea como solución al envejecimiento de su población
  • La colaboración árabe-israelí en el desarrollo tecnológico y económico de Oriente Medio
  • El despertar de Rusia como potencia tecnológica
  • La concentración del poder y la riqueza en Estados Unidos y el desgaste de su democracia y su sistema de libertades
  • Seguridad cibernética versus libertades y derechos humanos
  • Geopolítica de los precios de la energía y de los productos básicos
  • La producción de seres humanos mediante gestaciones extrauterinas controladas
  • La precarización de las clases medias y su incipiente y combativa lucha por su empoderamiento
  • Los impactos de las innovaciones tecnológicas debidas a la 4ª RI
  • La guerra de la información y su control oligárquico
  • El crecimiento del populismo de derechas y el resurgimiento del fascismo
  • El control opinático de las masas y su domesticación, mediante el control de la información, la posverdad, la desinformación, la propaganda dirigida, la aculturización y la atrofia de su pensamiento crítico.
  • El frenazo a la globalización
  • La amenaza creciente del cambio climático y su irreversibilidad

V

En el centro de Alemania, se ubicaba su mayor masa forestal conocida como el bosque de Turingia. Este bosque tenía una extensión de unos 4.700 km2 y cubría una zona de tierras altas rodeadas de montes con picos no muy elevados. El bosque debía su denominación al hecho de que se encontraba ubicado en el sur del Estado o Land alemán de Turingia.

Por las cimas de los montes del bosque, yendo de cumbre en cumbre, como si de una larga cadena se tratara y siguiendo el trazado que marcaba la divisoria de aguas, discurría un antiguo sendero, que cruzaba todo el bosque, al que llamaban Rennsteig. La importancia cultural de este sendero era ciertamente notable, ya que este camino rural marcaba las diferencias entre los dialectos del alemán y las costumbres y los trajes tradicionales de la zona, según se situaran las poblaciones, a un lado o a otro lado del Rennsteig.

Al bosque de Turingia se le consideraba que era el “corazón verde” de Alemania. Para algunas personas, el bosque de Turingia representaba el alma poética y filosófica de Alemania. A pesar de que Turingia fuera uno de los estados alemanes menos conocidos entre los extranjeros, el bosque gozaba de una buena reputación, especialmente entre los lugareños que se relacionaban bien con su historia y su naturaleza.

Todo el paraíso de las tierras altas estaba cubierto de bosques inexplotados que daban vida a una flora y fauna diversa. Los residentes y visitantes que llegaban al bosque de Turingia disfrutaban del aire fresco y no contaminado que se renovaba constantemente gracias a la vegetación que cubría todo el bosque.

El altiplano también estaba salpicado de pueblos cuyos habitantes tenían la fama de ser sorprendentemente encantadores con los visitantes. Cada pueblo de la zona gozaba de una tranquilidad asombrosa, tal era esa sensación de tranquilidad que algunos llegaban a decir que, a través del silencio, se podían escuchar las voces de los grandes poetas y compositores alemanes que resonaban en el aire. En la ciudad de Eisenach, cuna del famoso compositor barroco Johann Sebastian Bach, eran muchos los que le habían oído tocar en el órgano su famosa “Tocata y fuga en re menor”.

De igual modo, en Eisenach, en una de las colinas del bosque de Turingia y al borde de un enorme precipicio de más de 400 metros de profundidad, se ubicaba el famoso Castillo de Wartburg, donde, en 1521, el monje Martin Lutero se hospedara por tres meses para traducir el Nuevo Testamento al alemán. Precisamente, frente a las murallas de este castillo, en uno de los hoteles más lujosos de la zona, estaba comenzando una reunión secreta que sería de suma importancia y trascendencia para el futuro de la humanidad.

Durante tres días, el hotel permanecería cerrado al público, y sus algo menos de cuarenta habitaciones serían ocupadas por los doce asistentes a la reunión con derecho a voto, sus colaboradores y sus escoltas. A su vez, una empresa alemana de seguridad se encargaría de proteger y custodiar los accesos al hotel. El Estado Profundo, que se había erigido a nivel mundial, había puesto en marcha el Algoritmo del Big Brother y, en base a los últimos resultados obtenidos, había que tomar decisiones de suma importancia y que, una vez que se aprobaran, no tendrían marcha atrás.

En un rincón de una de las salas contiguas al bar del hotel, de pie y mientras contemplaba el Castillo de Wartburg por la ventana, Arnold Page hablaba, de espaldas y sin voltear la cabeza, a otras tres personas que también se encontraban sentadas en los sillones de aquella sala:

— Tenemos que reconducir los temas en China. El sabotaje que realizamos al buque portaequipajes chino no ha sentado nada bien al Gobierno de la República Popular China y, aunque no dice contra quién, amenaza con tomar represalias. No se han creído que los autores fueran un grupo yihadista. Pero no podemos pararnos ahora ya que la máquina ha volcado nuevas instrucciones a ejecutar. Además de acabar con el  Presidente Brown, ahora tenemos que eliminar también al Presidente de la República Popular China, Chiu Chen. En cuanto llegue esta noche nuestro representante en China, Han Shui, empezaremos a prepararlo todo. El método que utilizamos para liquidar al Primer Ministro japonés no puede volver a utilizarse en Beijing. A estas alturas el servicio secreto chino ya estará preparado para neutralizar el ataque con drones. El envenenamiento con substancias radioactivas es limpio y eficaz. Tenemos gente bien posicionada en el Ministerio de Seguridad del Estado, Guoanbu, que se encargaría de hacerlo —Arnold Page se dio entonces la vuelta y se sentó en frente de los dos contertulios que le escuchaban con sumo interés.

Recogiendo de la mesa su recién servido vaso de bourbon, el norteamericano dio un trago y brindó con sus tres colegas, el presidente del Banco Central Europeo, BCE, Hans von Schönhausen, representante por Alemania, el gobernador del Banco de Inglaterra, Sir Jeremy Bridges,  representante por el Reino Unido, y el director general del holding que agrupaba a las mayores empresas petroleras del mundo, Denis Blanchard, representante por Francia.

VI

Tras cinco horas y media de vuelo, el avión de la tarde de United Airlines que volaba de Los Ángeles a Washington DC estaba a punto de aterrizar a las 0.43, en el Aeropuerto Internacional Dulles, IAD. Jane Foster se sentía francamente agotada. Cuando su jefe le llamó por teléfono, la mujer se encontraba regresando en coche de Riverside a Los Ángeles, y apenas tuvo tiempo de ir la oficina, recoger la maleta que, por si acaso, siempre tenía preparada, y salir para el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, LAX para coger el avión.

Una vez, dentro del aeropuerto, mientras esperaba el embarque al avión, llamó a Ralph, su marido, para decirle que había surgido un imprevisto, que se ocupara de recoger a la niña del colegio y de prepararle la cena y acostarla. Le informó que volaría a Washington DC para encontrarse con su jefe y que tendrían trabajo allí durante varios días. No dio más detalles porque no podía contar nada a su marido. Lo hacia por la propia seguridad de su familia ya que cuanto menos supieran mejor. Quedaron en que Jane le llamaría a su maridocuando estuviera de camino en el taxi hacia el hotel, hacia las 9,15 de la noche, hora de California.

Antes de salir del Aeropuerto y dirigirse a la parada de taxis, Jane Foster le llamó a su jefe, Jeff Miller, para avisarle que ya había llegado a Washington y también para conocer el lugar donde se encontraría con él. Éste contestó en seguida a la llamada y tras saludarla brevemente, le dio el nombre y la dirección del hotel al que ella se tenía que dirigir. No debía pasar por recepción para hacer el check-in, puesto que Jeff ya lo había hecho por ella y, además, él ya tenía la llave de su habitación, que se encontraba contigua a la suya. Él estaría aguardándola en la habitación 412. La contraseña al llamar a la puerta sería la de siempre.

Cuando Jeff Miller colgó el teléfono y empezó a recoger las fotos, la carta y los documentos que había estado leyendo encima de la cama, los guardó en el mismo sobre que le había entregado Mónica López, la secretaria del Director del FBI. Un gran hombre que recientemente había sido brutalmente asesinado. Un crimen horrendo de cuyos autores apenas se sabía nada todavía.

El detective se sentó ensimismado en una de las sillas. Colocó el sobre encima de la mesa de la habitación y extrajo de nuevo los documentos del sobre. Empezó a releer la carta que Riccardo Della Rovere le dirigía a él, a título personal, y que la había escrito dos semanas antes de que le asesinaran. A continuación, miraría con mayor detenimiento las fotos donde aparecían sus tíos, Jerry y Berta Miller, junto a Riccardo Della Rovere, cuando éste era mucho más joven, y Jeff cuando todavía era un niño de unos 10-11 años. La verdad es que, mirando y remirando las fotos, el detective creía acordarse de algo pero todavía los recuerdos que afloraban en su subconsciente eran muy vagos e inconcretos.

Finalmente, intentaría de nuevo descifrar los dos documentos que se encontraban codificados mediante la aplicación de alguna clave secreta. Esta vez utilizaría una clave bastante más complicada. De la carpeta de su mesa extrajo un par de hojas y escribió, en una de ellas, una clave secreta que su regimiento de marines había utilizado, durante la Guerra del Golfo, y que él, a pesar de los más de treinta años transcurridos, recordaba perfectamente. Jeff iba a empezar a descodificar cada uno de los símbolos que aparecían en los documentos por sus correspondientes letras del alfabeto, cuando llamaron a la puerta. Sonaron seis golpes de nudillos siguiendo un ritmo que Jeff reconoció en seguida y abrió la puerta.

En el umbral de la puerta, apareció su joven socia, apoyando su mano izquierda en el asidero de una maleta pequeña, y con una sonrisa de oreja a oreja. Le dio un fuerte abrazo de saludo a su jefe y cerró la puerta de la habitación. Allí permanecerían los dos, durante algo más de una hora, analizando los últimos acontecimientos y revisando e interpretando los contenidos del sobre, mientras ella se comía un sándwich de jamón y queso, acompañado de una bebida sin alcohol, que su jefe le había guardado.

El tema de los documentos apenas lo tocaron porque según Jeff Miller ya era demasiado tarde como para empezar a descifrarlos. Cuando Jane Foster, despidiéndose hasta la mañana siguiente, cerró la puerta que desde la habitación de su jefe conectaba directamente con su habitación, Miller agarró la hoja donde había escrito la clave secreta que utilizara estando en la Guerra del Golfo y se puso a descifrar los dos documentos. A las dos horas ya los tenía completamente decodificados y su contenido era tan explosivo como una bomba.

 

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