EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—Capítulo 6

por Juanjo Gabiña

Capítulo 6

El resurgir de una toma de conciencia colectiva a nivel mundial

I

El avión del Air France, AF 333, procedente del Aeropuerto Internacional Logan de Boston, llegaba puntual a la Terminal 2E del Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle, a las 8.00 de la mañana. La duración del vuelo había sido de seis horas y cincuenta minutos. Alison Blair, Profesora y Jefa del Departamento de Historia de la Universidad de Harvard y especialista en Historia europea, acudía a dar una conferencia esa tarde en la Universidad de Paris 1 Panteón-Sorbona.

El tema de la conferencia versaría sobre la influencia de la Ilustración, tanto en la Revolución americana como en la Constitución de Estados Unidos. Organizaba el acto la Universidad de París con el patrocinio de la OCDE y se decía que a dicha conferencia acudirían representantes del Gobierno francés encabezados por los Ministros de Asuntos exteriores, de Educación y de Cultura. También anunciaron su presencia el Secretario de Estado norteamericano, Alan Berkowitz, que se encontraba de visita oficial por diversos países europeos, y el embajador de Estados Unidos en París. Tanto el Presidente de la República Francesa como el Primer Ministro francés se habían excusado de asistir debido a problemas de agenda.

Por el contrario, habían confirmado su asistencia a la conferencia representantes de las universidades, partidos políticos, dirigentes empresariales y sindicales, así como gran número de embajadores y diplomáticos de países destacados en Francia y mucha gente que admiraba como escritora a la conferencista y quería escucharla directamente. Curiosamente, al acto no acudieron muchos medios de comunicación. Al menos, no en la proporción con la que solían cubrir la noticia en parecidos eventos.

Aquello no se podía entender sabiendo que Alison Blair era una escritora y ensayista muy conocida en Europa. Sus libros y novelas eran unos auténticos bestsellers. En particular, una novela de suspense que versaba sobre la vida y obra de Denis Diderot, un personaje histórico francés cuyo papel como escritor, filósofo y enciclopedista fue decisivo para el éxito de las ideas de la Ilustración y su difusión por todos los continentes, especialmente, por Europa y América.

Sin embargo, a pesar de su fama, a Alison Blair también le gustaba guardar su intimidad y disfrutar de su familia y de sus amigos. No quería que hubiera alguien pudiera romper la magia de su gran equilibrio emocional que la sustentaba. Su marido, Steven Blair, y sus dos hijos adolescentes eran su gran pasión  y su casa era como un templo al que no dejaba acceder a nadie que no fueran amigos, gente de la vecindad o parte de la familia.

El gran salón donde se impartía la conferencia tenía dos pisos y un aforo para unas 450 personas. Prácticamente todos los asientos estaban ocupados. Tras una elogiosa presentación de la conferencista y de su extenso curriculum, el Rector de la Universidad de París dio paso a Alison Blair para que comenzara su exposición. Lo hizo expresándose en un correcto francés, idioma que dominaba por haber vivido siete años en Montreal, Canadá.

“Muy buenas tardes, señoras y señores. Tengo un gran sentimiento de felicidad de poder expresar, precisamente en París, todo lo que siento, pienso y conozco sobre este grandioso y glorioso movimiento de la ilustración que logró con sus maravillosas ideas sacarnos a todo el mundo de la tiranía, de la opresión y de la oscuridad en la que entonces se vivía y que, gracias a ello, nos ha hecho posible construir la democracia para garantizar a todos los ciudadanos el disfrute de nuestras libertades. Una conquista que, desgraciadamente, hoy, al igual que en otras épocas de nuestra historia reciente, estuvimos y estamos a punto de perder.

París siempre ha sido uno de los escenarios más utilizados a la hora de impulsar las grandes transformaciones sociales, a nivel mundial. La Ilustración fue un ejemplo de ello. Aunque la Ilustración fue un movimiento literario y filosófico europeo del siglo XVIII que se desarrolló en diversos países europeos, es innegable que su mayor fuerza y protagonismo lo tuvo en Inglaterra y Francia, y, sin duda, con mucha mayor fuerza, en el país donde me encuentro ahora.

El movimiento de la Ilustración estaba basado en la razón que permitía, según los filósofos que la impulsaron, superar los prejuicios y la intolerancia y hacer avanzar a los hombres hacia la felicidad, la libertad y la conocimiento. La Ilustración tomó su nombre de la voluntad de los filósofos europeos del siglo XVIII de luchar contra la oscuridad que representaba la ignorancia, por medio de la difusión del conocimiento. La Enciclopedia, dirigida por Diderot y d’Alembert, fue el mejor símbolo de este deseo de reunir todo el conocimiento disponible y difundirlo a la gente de todo el mundo y así lograr que la gente pudiera ser ilustrada.

Este movimiento, que experimentó una mayor intensidad en Francia (se conoció con el nombre de “Lumières”), en Inglaterra (con el nombre de “Enlightenment”) y Alemania (con el nombre de Aufklärung), nació en un contexto técnico, sobre todo económico y social caracterizado por el ascenso de la burguesía, el progreso técnico, los avances en lo referente a la organización de la producción y, especialmente, en lo referente a las comunicaciones  y al progreso en las ciencias. A destacar que los avances en ciencia y tecnología fueron frecuentemente aplicados para aliviar el duro trabajo que representaba el trabajo de los hombres de aquel tiempo y, tampoco lo negaré, para aumentar la capacidad de producción gracias  a las máquinas que se inventaban.

Los impulsores de la Ilustración confiaban en la capacidad del hombre para ser regido por la razón. También exaltaban la naturaleza y mostraban un gran optimismo con relación a la historia, basado en la creencia que ellos tenían en el progreso de la humanidad. A su vez, estas ideas chocaban frontalmente con los intereses creados de aquel tiempo que mantenían al clero y a la nobleza entre las castas más privilegiadas. Por ello, la propia afirmación de estos valores fue la que les llevó a luchar contra la intolerancia religiosa y el absolutismo político.

En París, fue donde maduró y se hizo adulto el movimiento de las Luces o Ilustración. Fue en la capital de Francia donde se hizo fuerte, por primera vez, el movimiento que representaba este innovador flujo de pensamiento, cuyos principios, repetiré una vez más, se basaban en la razón, la igualdad y la libertad. Unos principios que para su aprobación y posterior puesta en marcha han costado cientos de miles de vidas, de personas que murieron y dieron su sangre por conquistar las libertades —al llegar a este punto, la conferencista se detuvo mirando fijamente al público y levantó su voz— Lograron que la igualdad se convirtiera en un principio básico para que sobre la base de “una persona, un voto” se construyera la democracia. Pues bien, estemos muy alerta porque todo lo que hemos construido en los últimos 250 años, puede ser derrumbado. Desde hace tiempo, estamos asistiendo a un portentoso asalto a la democracia por parte los poderes fácticos financieros y económicos de nuestros países que pretenden implantar un modelo de gobierno donde la base sea para ustedes: “un euro, un voto”, y para nosotros: “un dólar, un voto”.

 El salón entero se puso en pie y se puso a aplaudir. Las lágrimas afloraban por los ojos de muchos de los allí presentes. Finalmente todos se sentaron y la profesora Alison Blair pudo continuar con su exposición.

Pero recordemos todos que, en la vida, cualquier revolución social que haya logrado el éxito no ha sido fruto de la evolución natural, ni de la suerte, ni del azar. Ha tenido que haber una voluntad colectiva que lo hiciera posible y ha tenido también que haber unos líderes carismáticos que fueran capaces de impulsar a las masas. Las nuevas ideas de la ilustración fueron promovidas por filósofos y literatos como Voltaire, Rousseau, Diderot y Montesquieu. Estos hombres crearon las bases de aquel vehemente deseo de igualdad socio-económica que llevó el pueblo francés hacia la Revolución y que ocasionó el declive de las monarquías absolutas, donde el poder de los reyes se basaba en el derecho divino.

Recordaré que el concepto de derecho divino sostenía que la autoridad de un rey para gobernar provenía de la voluntad de Dios y no de ninguna autoridad temporal, ni siquiera de la voluntad de sus súbditos, ni de ningún estamento, ni de ninguna clase social, por rica o poderosa que ésta fuera. Los que impulsaron las ideas de la Ilustración pensaban todo lo contrario y así pensamos nosotros y lucharemos con nuestras vidas para que no haya un retorno a esos tiempos —de nuevo, todo el salón se puso en pie, arreciando los aplausos con más fuerza que la primera vez. Alison Blair esperó a que la gente se sentara para continuar.

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos es un ejemplo claro de la gran influencia que tuvieron las ideas de la Ilustración en América. La Ilustración fue la raíz de muchas de las ideas de la Revolución Americana. Fue un movimiento que se centró principalmente en la libertad de expresión, la igualdad, la libertad de prensa y la tolerancia religiosa. La Revolución Americana fue el período de tiempo en el que los colonos de Estados Unidos lucharon con sus vidas y su  sangre por obtener su independencia de Inglaterra. Las ideas que emanaban la Ilustración fueron las principales influencias para que las colonias americanas se convirtieran en su propia nación. Una vez más, gracias Francia por vuestra contribución a nuestra causa con vuestras ideas de la Ilustración, por ayudarnos como Lafayette a derrotar al tirano inglés y alcanzar nuestra libertad —esta vez, los aplausos fueron estruendosos y continuaron durante bastante más tiempo.

Algunos de los líderes de la Revolución americana —prosiguió Alison Blair exultante— fueron muy influenciados por las ideas de la Ilustración, como eran las ideas de la libertad de expresión, la igualdad, la libertad de prensa y la tolerancia religiosa. Los colonos estadounidenses no tenían estos derechos y ansiaban tenerlos y, como resultado de ello, se rebelaron contra Inglaterra y lucharon a morir por su independencia. En la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson escribió sobre los derechos naturales de los estadounidenses a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Sin ninguna duda, estas ideas vinieron de la Ilustración. Unos ideales que se difundieron desde Francia y que impregnaron y dieron sentido a la Revolución americana. Por ello, quiero decir que la Revolución Americana debe ser considerada como una guerra anticolonial por la independencia, no solo como una guerra de liberación del dominio extranjero, sino también como una guerra por la democracia y las libertades —el discurso también fue interrumpido por los aplausos pero, esta vez, la conferencista de la Universidad de Harvard pudo comprobar que el propio Secretario de Estado, Alan Berkowitz, era uno de los que con más entusiasmo aplaudía. Aquello fue como una inyección de energía para seguir con aquella conferencia pues sentía que se le estaban agotando las fuerzas.

Montesquieu creía que todo estaba compuesto por leyes o reglas que nunca cambiaron. Escribió el libro “El espíritu de las leyes”, que cubre, en gran medida, la importancia de la separación de poderes para equilibrar el control del gobierno.  Jean-Jacques Rousseau fue otro de los pensadores más influyentes durante el período de la Ilustración. En 1762 Rousseau publicó “El contrato social” que se convirtió en una de las obras más influyentes del pensamiento político abstracto de entonces. Este libro trataba de cómo un gobierno debería existir para proteger a la sociedad y a los ciudadanos. Rousseau citaba en su libro “El hombre nace libre, y en todas partes está encadenado”.

John Locke fue otro de los filósofos que más influyeron en los padres fundadores de la Revolución americana. John Locke argumentaba que las personas tenían el derecho natural de poseer propiedades y que éstas nunca se les puede arrebatar sin su propio consentimiento. Estos argumentos representaban leyes que los colonos estadounidenses querían obtener pero que, bajo el control de Inglaterra, no podrían conseguir nunca. Lo que impulsó también a que los colonos estadounidenses quisieran independizarse de Inglaterra pues ello también querían tener sus tierras y no tener que pagar, muchas veces, por su arriendo al rey o a los ingleses propietarios.

Finalmente, también nos encontramos con Thomas Hobbes que fue otro filósofo influyente, conocido por su pensamiento político. Su visión del mundo era, para entonces, asombrosamente original. Su principal preocupación acerca del mundo residía en cómo los individuos podrían convivir juntos con paz y no pensar en guerras, ni en conflictos. Rechazaba el determinismo y sostenía que la libertad ofrecía la capacidad de hacer lo que cualquier persona deseara. Los colonos estadounidenses utilizaron las ideas de Hobbes para justificar la aprobación de la Constitución de los Estados Unidos

Poco después de que Estados Unidos ganara la guerra de la Independencia al Reino de Inglaterra, Thomas Jefferson escribiría la Declaración de Independencia. La Declaración de Independencia decía que los Estados Unidos habían ganado la Revolución y que habían obtenido su independencia de Inglaterra. Fue precisamente entonces, tras la victoria sobre los ingleses,  cuando los colonos norteamericanos consiguieron la libertad y con ella, la posibilidad de convertirse en su propia nación. En conclusión, señoras y señores, estos hechos nos muestran claramente que los ideales de la Ilustración tuvieron un gran impacto en los Estados Unidos. Son unas ideas que renacen constantemente a pesar de los deseos de los persistentes grupos fácticos que, aprovechándose de su poder económico, corrompen la democracia por medio de la coacción y el soborno y el control abusivo de los medios de comunicación y de información. Hoy, al igual que ayer, hace mas de dos siglos, nos espera otra batalla por la democracia y las libertades.  Muchas gracias a Francia por su ayuda, de manera retroactiva, y muchas gracias a todos ustedes por la atención dispensada.”

II

Después del enfrentamiento que tuvieron con los agentes de la CIA, en el que los tres agentes resultaron muertos, dos horas más tarde, se personaron dos inspectores del FBI que habían sido llamados por Jeff Miller. Ellos se encargarían de hacer el atestado. Lo harían, evaluando los hechos, en base a los resultados de los trabajos de criminalística que ya estaban finalizando los peritos enviados por el Condado de Santa Bárbara y las declaraciones de todos los testigos allí presentes. Mientras tanto, esperaban la llegada del juez para levantar los cadáveres.

Jeff Miller, al igual que el dueño del Camping y cuñado de Jane Foster, Gabby Gordon, eran personajes muy conocidos en el Área de Los Ángeles. Las declaraciones de los testigos fueron prácticamente idénticas y, por las declaraciones hechas por el ex miembro de los Navy Seals que fue retenido por ellos, sólo les interesaba saber el paradero de Jeff Miller para liquidarlo.

Lo único que no quedó claro era porqué los atacantes habían venido expresamente para matar al detective Jeff Miller. Se barajaban diferentes hipótesis, o bien eran asesinos a sueldo de la mafia, de narcotraficantes o de otros grupos de delincuentes, o bien eran agentes encubiertos de la CIA, de la NSA o de alguna otra agencia de Inteligencia. En este último caso, resultaba extraño que estuvieran armados con fusiles de asalto AK-47 que eran de fabricación rusa. Además, la documentación que portaba cada uno de ellos era falsa, al igual que sus tarjetas de crédito.

Los inspectores del FBI pertenecían a la Oficina del FBI en Los Ángeles y uno de ellos había oído hablar muy bien de Jeff Miller. Habían colaborado juntos en el caso de una asesino en serie, haría unos nueve años cuando todavía trabajaba como inspector bajo la órdenes del padre de Jane en el Departamento de Policía de los Ángeles. En aquella ocasión, Jeff Miller fue condecorado por su valor en la captura del asesino y el inspector del FBI lo recordaba.

Antes de que Jeff se dirigiera al lugar donde se encontraban escondidos, su socia, Jane Foster, y las tres personas que formaban el equipo de Joseph Finkelstein, los inspectores del FBI se acercaron a Jeff Miller para hacerle una última pregunta. Ellos insistieron en saber si el detective privado tenía alguna idea de porqué aquellos hombres querrían matarlo.

Miller les contestó, con franqueza, que ignoraba quiénes eran y porqué querrían matarlo. A lo largo de la vida de un policía que lucha directamente contra el crimen, es normal que se creen enemigos. Éstos pueden llegar a ser aquellos que uno menos sospecha y por las razones que podrían ser las más disparadas. Jeff Miller tenía una cosa muy clara. Por ahora, el motivo por el que quisieran matarlo era un tema que prefería no tocar. La prioridad estaba en sacar de la isla a Joseph Finkelstein, Ashley Scott y Maurice Garnier cuanto antes y llevarlos a un lugar seguro. En cuanto se identificaran los cadáveres de los tres muertos, entonces él empezaría a atar cabos.

Mientras se dirigía con Gabby Gordon hacia la casa de la cala, Miller llamó al piloto del yate que les había facilitado el traslado a la isla, para darle instrucciones. Le dijo que acudiera al muelle-atracadero occidental de la Isla Santa Rosa. Cinco personas, entre ellas también él, le aguardarían en la casa de la cala. Después realizó otra llamada para ordenar que la casa-refugio de Newport Beach estuviera dispuesta para acoger a cuatro personas esa misma noche y que una suculenta cena para seis personas también estuviera preparada para las 21.00 horas. Hizo otra llamada a un teléfono de Los Ángeles pero, al no contestar nadie, dejó un mensaje de voz que a continuación lo repetiría por Whatsapp.

— Después de lo que estamos pasando —pensó sonriendo el detective— creo que nos merecemos disfrutar de una buena cena y de unos excelentes vinos californianos.

III

La ciudad de Nueva York saltaba alborozada por dar la bienvenida a la primavera. En el año 2023, la Semana Santa había caído a comienzos del mes de Abril, y durante esa semana se había producido la maravilla que representa el resurgir de las flores y de las hojas en los árboles. Con el ansia con que se acompaña la llegada de la primavera, sobre todo después de haber padecido un crudo invierno, los neoyorkinos acostumbraban a pasear por los parques de Nueva York, mientras todas las flores y árboles comenzaban a florecer para así, observar la naturaleza y sus encantos.

Los neoyorkinos y muchos turistas que acudían a Nueva York también solían acudir a eventos donde uno podía detenerse ante los capullos de las flores y oler su embriagador aroma. Se trataba de eventos especiales, tales como el Macy’s Flower Show y el The Orchid Show, que se celebraban en el Jardín Botánico de la ciudad de los rascacielos. Al igual que en otras ciudades, otra de los festejos importantes de Nueva York, era el día cuando se celebraba Earth Day, el “Día de la Tierra”.

El llamado “Día de la Tierra” era un evento anual que se celebraba en todo el mundo y en el que las personas se tomaban su tiempo para apreciar la conexión de la humanidad con la Tierra y crear conciencia sobre los desafíos medioambientales. A lo largo de ese día se organizaban talleres, viajes con voluntarios, proyectos de manualidades, grandes limpiezas ambientales, donde participaban toda clase de personas y organizaciones de todos los tamaños. En general, en las actividades del Día de la Tierra de Nueva York solían participar varios cientos de miles de personas.

Aquel año, en uno de los talleres sobre la lucha contra el Cambio Climático, las denuncias se habían centrado en acusar a muchas de las empresas de la “mega-entidad” Page Capital, cuyo Presidente y Director General era el archimillonario Arnold Page. Se acusaba a la mega-entidad de ser el conglomerado de empresas más contaminante del planeta, algo por detrás de las empresas chinas que habían mejorado sensiblemente aunque seguían siendo muy contaminantes.

Los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero debido a sus actividades, directas o indirectas, eran tan elevados que cuestionaban seriamente la ética y la responsabilidad social de Page Capital, por un lado, pero, sobre todo, el papel de la justicia y de los gobiernos a la hora de hacer cumplir las leyes ambientales. Las imágenes y los datos que se mostraban en varios documentales, iban acompañados de declaraciones de testigos que acusaban a la “mega-entidad” de sobornar a políticos y jueces y de amenazar e, incluso, asesinar activistas verdes y a periodistas de investigación.

Se sabía que sólo 100 empresas eran las responsables del 75% de las emisiones globales. La desaparición de un número empresas relativamente pequeño de compañías extractoras de carbón, petróleo y gas y productoras de combustibles fósiles podrían ser la clave para hacer frente al cambio climático. Según los trabajos de investigación realizados a lo largo del siglo XXI, la escala de emisiones históricas asociadas con estos productores de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) era lo suficientemente grande como para poder afirmar haber contribuido significativamente al cambio climático. Se reconocía la necesidad de  prohibir estas empresas cuanto antes, habida cuenta de que había alternativas energéticas y de transporte que eran mucho más eficientes en base a las energías renovables.

Algunas de las empresas petroleras que controlaba Page Capital estaban identificadas como unas de las empresas de mayores emisión de GEI desde 1988. Si los combustibles fósiles continuaran siendo extraídos a la misma tasa en los próximos 24 años, como lo fueron entre 1988 y 2022, las temperaturas promedio, a nivel global, conocerían un aumento de 4-5 ºC a fines de siglo. Ello tendría consecuencias catastróficas para muchos países, incluida la extinción sustancial de especies vegetales y animales, así como riesgos de escasez de alimentos, debidos a la sequía y falta de agua, a nivel mundial y, sin olvidar, la amenaza creciente de una nueva era glacial.

Si no se impulsaba, de manera masiva, la generación de electricidad a partir de las energías renovables y se incrementaba la capacidad de almacenamiento de energía eléctrica, así como se generalizaba la electrificación del transporte y se prohibía en las ciudades la utilización de vehículos con motor de combustión interna, sería muy difícil reducir drásticamente el consumo de carbón, gas y petróleo.

Desde hace tiempo, se venía reclamando la imposición de unas mayores exigencias y sanciones, no sólo a la empresas contaminantes, sino también a los inversores  que deberían asumir su responsabilidad significativa en comprometerse con eliminar las emisiones de GEI ya que eran causantes del cambio climático y de sus riesgos asociados.

Muchos políticos sanos, y casi todos los expertos, consideraban que los inversores responsables deberían abandonar las empresas de combustibles fósiles, no solamente porque fuera moralmente arriesgado, sino porque también se debiera contribuir a que se creara el estereotipo de que invertir en combustibles fósiles era una inversión económicamente arriesgada.

Si no fuera por la corrupción política, los inversores, responsables o no, hacía tiempo que se hubieran alejado de los combustibles fósiles y se hubieran volcado, a un ritmo acelerado, en las energías limpias. Lo mismo hubiera pasado con el coche eléctrico, que si bien su producción y consumo habían conocido un ritmo importante de crecimiento en los últimos años, el despliegue masivo de los vehículos eléctricos  podría haber sido tres veces mayor, a nada que los gobiernos de los diferentes países hubieran invertido en infraestructuras y ayudas a la compra.

El daño ocasionado por la Administración Trump a la lucha contra el Cambio Climático había sido enorme, aunque fue mucho menos de lo esperado, gracias a que muchas de la competencias ambientales y energéticas eran de los propios estados americanos. California, Oregón, Nueva York, Pensilvania, New Jersey, Massachusetts, Washington, etc., lideraron la lucha contra el cambio climático, aún a pesar de la oposición frontal del Gobierno Federal.

Ese abandono de la lucha contra el cambio climático que Trump impuso, con la no ratificación de los acuerdos de la Cumbre de París contra el Clima del año 2016, tuvo consecuencias catastróficas, no sólo porque frenaron iniciativas transcendentales para la lucha contra el cambio climático sino porque también con sus políticas minó las propias raíces de la democracia, contribuyendo así a expandir el populismo y la idea de que si él había ganado las elecciones, actuando como un hombre de empresa multimillonario, otros oligarcas mucho más ricos, más cultos y más capaces para gobernar, podrían hacerlo mucho mejor que Trump.

En efecto, además de su deleznable actuación ante la epidemia pandémica de la COVID-19, lo más grave fue que la Administración Trump abriera la compuerta de la impunidad a empresas y holdings sin escrúpulos que, en nombre de su defensa del nuevo nacionalismo norteamericano que colocaba la supervivencia de Estados Unidos, en primer lugar —algo parecido al “Deutsche über alles” (Alemania por encima de todo) del himno alemán que cantaran los nazis— y en base a dicha tapadera ideológica, muchas empresas sin escrúpulos como la “mega-entidad” Page Capital aprovecharan para cometer todo tipo de delitos comerciales, ambientales y hasta criminales, con total impunidad.

Con todo, mientras Nueva York celebraba el “Día de la Tierra” con una gran participación ciudadana, debajo del despacho de Arnold Page, en una de las plantas de la sede de Page Capital, situadas en el edificio One World Trade Center, se estaba celebrando una reunión muy importante que podía ser decisiva para el futuro de Estados Unidos y del mundo entero.

Allí no se hablaba del cambio climático, ni de la responsabilidad corporativa. Allí sólo se debatía sobre un tema monográfico: “Cómo llevar a cabo el asesinato del Presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown”. Asistían a la reunión cinco personas, incluyendo a Arnold Page. Sobre la mesa se plantearon tres posibilidades diferentes, lo que conllevaba que hubiera tres procedimientos diferentes y tres fechas de ejecución diferentes. El humor y ambiente de la reunión eran lo de saborear una inaplazable franca victoria.

Donald Ford, asesor del Vicepresidente, George Clayton, según las consultas realizadas por él a diferentes personas informadas, durante lo que quedaba del mes de Abril, sólo se podía contar con tres alternativas que tuvieran una probabilidad de éxito, en cuanto a la eliminación física del Presidente se refería, que fuera superior al 80%. Igualmente, se requería que los niveles de riesgo de que la conspiración que lideraba Page Capital quedara descubierta fueran muy bajos.

Se estudiaron las tres alternativas y el Director General de la CIA, Martin Helgenberger, propuso eliminar aquellas alternativas que supusieran mayores niveles de riesgo. Arnold Page pensaba para sí que los niveles de riesgo no eran tan importantes si no se dejaban cabos sueltos. Lo importante era el porcentaje de éxito a la hora de matar al Presidente. Para Page, los niveles de riesgo podrían desaparecer casi por completo si, una vez hubiera sido eliminado el Presidente, todos los participantes, directamente o indirectamente, en la trama fueran también eliminados.

Arnold Page lo había hecho más de una vez y siempre había funcionado bien. Sin embargo, aquella vez, en vista de que nadie se oponía a lo propuesto por Helgenberger, prefirió callar y asentir como lo hicieron los otros tres asistentes a la reunión: Donald Ford, asesor del Vicepresidente George Clayton; William Colfax,   Jefe de la Comisión de Valores, SEC,  y el General Michael Hodges, jefe del Comando de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

La alternativa aceptada consistía en aprovechar el vuelo en helicóptero del Presidente, en el Marine One, para dirigirse desde el jardín sur de la Casa Blanca hasta Camp Davis, donde debía celebrarse la reunión del G7.  Se trataba de destruir en vuelo al poderoso helicóptero VH-92A construido por la empresa Lockheed Martin, empresa subsidiaria de Sikorsky Aircraft Corporation.

El helicóptero VH-92A podía transportar tres veces más peso que su predecesor como Marine One. Pero no solo era un helicóptero súper fuerte, como un nuevo helicóptero de vanguardia que era, utilizaba cientos de aplicaciones basadas en tecnologías de Inteligencia Artificial. De hecho, el nuevo Marine One era tan “inteligente” que si fuera necesario podría volar solo, de manera autónoma.

Pero su mayor avance residía en su increíble capacidad de autodefensa que tenía y que parecía copia de la gran maniobrabilidad que tenía una nave espacial de “la Guerra de las Galaxias”. El nuevo helicóptero presidencial incorporaba un sistema protección balística avanzada, mejorada con armadura ligera. El helicóptero podía dar en el aire unos quiebros increíbles para evitar el impacto de misiles, en unos pocos segundos. Los asientos y el tren de aterrizaje retráctil también estaban diseñados para resistir cualquier colisión. Además, el VH-92A tenía una velocidad de crucero de 261 km/h  y un rango de autonomía de 870 km.

A juicio de Arnold Page, contando los helicópteros con estos grandes avances tecnológicos, no parecía que derribarlos llegara a ser una operación con un margen de éxito tan alto. Se confiaba demasiado en los nuevos misiles tierra-aire rusos que una empresa contratista del Pentágono, llamada Smart Forces Association Ltd, había conseguido. Esta empresa era subsidiaria de Page Capital. De cualquier modo, todas las pruebas de simulación realizadas en el simulador de vuelos de combate, así lo habían confirmado. Los expertos militares decían que en el informe de evaluación que presentó el General Michael Hodges, jefe del Comando de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, se afirmaba que derribar el helicóptero presidencial con misiles tierra-aire no sólo era una buena opción, sino también la mejor.

IV

La casa de Newport Beach estaba toda iluminada para acoger a aquellos distinguidos huéspedes. Llegaron en dos Chevrolet Suburban que durante todo el camino manejaron Jeff Miller y Jane Foster. Hacia las 20.00, hacían entrada en el recinto que rodeaba la casa. Lo hicieron después de casi ocho horas de viaje, desde que Joseph Finkelstein, Ashley Scott y Maurice Garnier partieran de la Isla Santa Rosa, acompañados por sus inseparables guardianes, tanto en la isla como en todo Estados Unidos, los detectives Miller y Foster.

Partieron al mediodía, antes de comer y tardaron casi tres horas en llegar al Puerto de Santa Bárbara. El almuerzo lo hicieron en el yate de regreso. Una vez en Santa Bárbara, montaron en los vehículos todo-terreno de los detectives con el propósito de llegar a Newport Beach cuanto antes.

Desgraciadamente, un viaje que normalmente costaría realizar algo más de dos horas, se iba a convertir en un viaje de unas cinco horas por culpa de que de la carretera estuviera cortada. En efecto, tal como esperaban, la Carretera 101, en ambas direcciones, seguía cortada por el deslave. Así pues, no tuvieron más remedio que dar un gran rodeo, bordeando el bosque montañoso de Los Padres, para llegar a Wheeler Ridge y desde allí enfilar a Santa Mónica por la Carretera interestatal 5 y seguir por Carretera 405 hasta llegar a Newport Beach.

Necesitaban un refugio seguro para pasar la noche y la casa de Newport Beach ofrecía el lugar ideal y el sistema de vigilancia más sofisticado. En realidad, se trataba de una casa inteligente, propiedad de Jeff Miller, que utilizaba para albergar a sus clientes, cuando éstos deseaban evitar ser identificados, sufrir atentados o llevar una vida discreta durante su estancia en Los Ángeles.

Al llegar, se encontraron que en la casa había dos matrimonios que les aguardaban. Un matrimonio estaba formado por los propios sirvientes de la casa y que eran emigrantes guatemaltecos que llegaron a California, a principios de 1980. El trabajo del matrimonio consistía en realizar, repartiéndose el trabajo, todas las tareas de mantenimiento y limpieza, así como los de preparación de comidas y asistencia a los huéspedes invitados. Para los invitados, ellos eran Raúl y Lucía y formaban el matrimonio Fernández.

El matrimonio había vivido con sus dos hijos en la casita situada junto a la puerta de entrada. Por allí, siguiendo una corta carretera en cuesta de unos cincuenta metros, era por donde se accedía a los terrenos donde se encontraba la casa refugio. El mayor de los hijos se había casado recientemente y residía en Seattle, donde ejercía como técnico de mantenimiento en la factoría, Boeing Renton Factory, dedicada a la fabricación de aviones Boeing situada en Renton, Washington.

El pequeño de los hijos había conseguido una beca para estudiar en el Instituto de Tecnología de Atlanta y estaba ya finalizando sus estudios. Solía acudir a su casa en los periodos de descanso universitarios, pero durante las últimas vacaciones no había visitado a sus padres porque se había quedado en la casa de los padres de su novia, estudiante como él en el Instituto de Tecnología, y que residía en Fort Lauderdale, Florida.

El otro matrimonio que aguardaba en la casa, se trataba de un matrimonio algo más mayor. El marido se llamaba Jack Beckett y era el Jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles. Le quedaba un año para jubilarse y estaba impaciente por hacerlo. Según Jack Beckett cuando se jubilara se dedicaría a algún trabajo social pero viviría a cuenta de su pensión y, sobre todo, del salario de la señora Beckett.

Su esposa, Rachael Beckett, estaba en cambio muy a gusto con su nuevo trabajo y, aunque era ocho años más joven, tampoco quería oír hablar de su jubilación y mucho menos ahora, cuando hacía unos meses que se había convertido en la segunda mujer en ocupar el cargo de Fiscal de Distrito del Condado de Los Ángeles. Los Beckett no tenían hijos, por lo que habían comprendido perfectamente que sólo se tenían el uno al otro y decidieron que ambos se amarían y se cuidarían hasta el fin de sus vidas, como así llevaban mucho tiempo haciéndolo.

Su situación, el uno, como jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles, LAPD, y la otra, como Fiscal de Distrito del Condado de Los Ángeles, LADA, era muy chocante y divertida. En la Ciudad y el Condado de Los Ángeles, se decía como chiste que los Beckett eran sus verdaderos ángeles guardianes y que pronto a Los Ángeles la llamarían los Beckett. Lo que si era cierto era que, desde estaban los Beckett, las relaciones entre la Oficina del Fiscal y el Departamento de Policía habían mejorado significativamente y también había menos conflictos, a la hora de colaborar, interpretar las leyes y aplicar los procedimientos judiciales.

Antes de cenar, Jeff Miller le volvió a decir a su socia, Jane Foster, que no era necesario que se quedara, que estarían seguros en la casa y que le llamaría en caso de que se produjera algún incidente destacable. Jane le hizo caso y se fue, una vez se hubo despedido de todos y cerciorado de que el sistema de seguridad estaba instalado y funcionaba perfectamente.

Sin embargo, dado que a la mañana siguiente ella quería regresar temprano, decidió ir a visitar a su madre en Los Ángeles y quedarse a dormir allá. Además, se sentía muy cansada como para tener que conducir durante cinco horas para llegar a su casa. Cuando llegara, estarían su marido y su hija dormidos y así seguirían dormidos, cuando saliera de su casa para llegar temprano a la casa de Newport Beach. Prefirió hablar con su marido y su hija mientras conducía hacia Los Ángeles.

Después de haber degustado una suculenta cena al estilo “chapín” —como se denomina a los nacidos en Guatemala— y vaciado tres excelentes botellas de vino tinto de Temécula, California. Se sentaron los seis en la terraza y centraron su conversación en los peligros que representaba la conspiración que los sectores oligarcas habían montado contra la democracia y las libertades. Jack Beckett, como Jefe del Departamento de Policía, fue quien rompió el fuego:

— El cruel asesinato de Riccardo Della Rovere en la sede del FMI, en Washington DC, y el atentado que ha sufrido Jeff en la Isla Santa Rosa no hace sino confirmarnos que, utilizando métodos mafiosos y criminales, han pasado ya a una fase final y que no les importa que lo sepamos. Eso significa que están muy seguros de que van a ganar y eso no es bueno para nosotros. En primer lugar, porque cometerán crímenes cada vez más brutales y apuntando, incluso, hasta el propio Presidente Brown. En segundo lugar, porque pueda ser que tengan razón y que vayan a ganar. Debemos extremar nuestra preparación para la batalla porque nos han declarado la guerra.

— Estoy totalmente de acuerdo contigo Jack —asintió Joseph Finkelstein— mañana a la noche, o bien en la Casa Blanca o en otro lugar seguro que ya nos avisarán, me reuniré con el propio Presidente Brown, el Fiscal General, Ryan Clinton, el Secretario de Defensa, Oscar Flynn, el Jefe del Pentágono, James Custer y el Director del FBI, Robert Stone, a los que todos conocéis. También acudirán otras personas del mundo de la seguridad nacional, de la academia y de la empresa que es muy probable que los conozcáis pero que no os diré sus nombres, por seguridad. En esa reunión Robert Stone nos va a facilitar la lista de los nombres de los cabecillas de la conspiración. Naturalmente, no serán todos pero, al menos, nos facilitara que entre todos podamos llegar a conocer la red que han montado en Estados Unidos y en todo el mundo.

— También va a haber reuniones, al más alto nivel, que se celebrarán mañana en Paris —precisó Ashley Scott para seguir con sus comentarios— Alison Blair, que es profesora como yo en Harvard, y a la que todos vosotros ya conocéis por sus libros, forma parte de nuestro equipo. Ella se está encargando de coordinar e intercambiar la información proveniente de los nuestros en Europa con la información proveniente de los nuestros en América. Por ahora, sabemos que las espadas están en alto y que ya no hay marcha atrás. En Estados Unidos, sabemos quien es el líder de esta conspiración golpista —todos, salvo Joseph Finkelstein y la fiscal Rachael Beckett levantaron las cejas.

— ¡Sí, sí!. Lo habéis escuchado perfectamente —enfatizó Ashley Scott— He dicho conspiración golpista porque eso es lo que verdaderamente pretenden. Ellos no conspiran, eliminando a todo aquel que estorbe, si no es porque tienen el propósito de dar el golpe a la democracia y suprimir las libertades que tanta sangre ha costado a la humanidad entera conseguirlas. Ellos, mejor diré, los enemigos de la democracia, controlan el poder económico y financiero pero aún, a pesar de tener en nómina a cantidad de políticos y funcionarios, no controlan el poder político y sin dicho control, es más difícil que controlen las fuerzas armadas. En Estados Unidos, sabemos que no está con ellos el Presidente, ni tampoco la mayoría de los políticos y funcionarios y muchos menos las fuerzas armadas. Todos éstos sólo obedecen a su Comandante en Jefe, al Presidente Brown.

— Quisiera añadir que en Europa la situación es diferente pero no peor que en Estados Unidos —aseveró el profesor Maurice Garnier— En lo referente a la Unión Europea, los máximos dirigentes políticos de Francia, España, Alemania, Polonia, Austria, Hungría y República Checa simpatizan con la conspiración golpista. El resto de los países como Italia, Portugal, Grecia, Bélgica, Holanda y los Países nórdicos se oponen frontalmente. El Reino Unido, tras el Brexit o su salida de la UE, parece que va saliendo del limbo y, aunque todavía no ha tomado partido, debemos temer que sobre sus actuales dirigentes influirá mucho lo que Estados Unidos y Alemania hagan. Es cierto que en ese caso podría ocurrir, incluso, una guerra civil dada la fuerte oposición política con la que los golpistas se podrían encontrar y la falta de un claro apoyo por parte del actual Gobierno británico, de la monarquía, de la población y de la mayoría de las fuerzas armadas británicas. Además, sabemos que el MI5 está trabajando para tener a todos los presuntos golpistas totalmente identificados y controlados.

Rachael Beckett había escuchado con mucha atención a quienes habían intervenido y, estando muy acuerdo con todo lo que allí se había dicho, le habían surgido muchos interrogantes que intentó explicar a sus amigos allí reunidos:

— Tengo un mal presentimiento que quizás pueda ser útil para responder a los interrogantes que estoy segura que a todos nos están surgiendo. Entiendo que  el caso de Japón es algo así como el del Reino Unido. Me resultaría algo más evidente, aunque tengo mis serias dudas, que China, Rusia, Turquía, Irán y los países musulmanes fueran partidarios de acabar con la democracia de los países occidentales porque sólo les crea problemas y terminen por alinearse con la conspiración golpista y porque son países que tampoco valoran la democracia y las libertades como nosotros. Pero también entiendo que ni ellos, ni los países europeos partidarios del golpe contra la democracia son los líderes. Están esperando al ansiado “mesías” y ¿Cuál es el país de ese mesías?. Pues no hay más que uno y ése es Estados Unidos —la fiscal agarró la mano de su marido, y mirándole a sus ojos susurró en un tono voz más bajo, como si de un secreto se tratara— Somos más débiles de lo que nos pensamos puesto que, si nuestro líder muere y su puesto lo ocupa un traidor, tenemos un gran riesgo implícito de que gran parte de lo que hemos construido a lo largo de los años, pueda desmoronarse e irse abajo. Acordaros de que, aunque Trump perdiera las elecciones, le votaron casi 75 millones. Casi la mitad de las bases del partido republicano apoyaba el asalto al Congreso poco antes que Trump dejara el poder. Con esto no quiero decir que la democracia no este consolidada en Estados Unidos.  No digo que caiga, sino que quede en grave peligro de irse abajo. Basta con matar al Presidente Brown y sustituirle por el Vicepresidente Clayton, que sí es golpista, y, con la ayuda del Estado Profundo de nuestra nación, controlarían la política y las fuerzas armadas.

El silencio se hizo el dueño del espacio durante cierto tiempo, pues todos los allí reunidos estaban pensando es las últimas frases de Rachael Beckett y estaban atando cabos con lo que ya sabían. Indudablemente, la fiscal había dado en el clavo. Jeff Miller había guardado silencio durante todo el tiempo que duró aquella puesta en común. Quería aprender más sobre lo que estaba pasando, máxime porque le preocupaba el no saber porqué, precisamente a él, habían querido matarle. Con todo, el detective aprendió esa noche algo muy importante. Aprendió que había que proteger la vida del Presidente Brown a como diera lugar. El fino hilo que sostenía el futuro de Estados Unidos y, por extensión, el del mundo entero, dependía en gran parte de ello.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: