EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—Capítulo 5

por Juanjo Gabiña

Capítulo 5 

El Estado Profundo mundial resurge de la obscuridad

I

En las últimas declaraciones del FMI que dirigía Riccardo Della Rovere se percibía un sentimiento cada vez más angustioso y preocupado con la situación de crisis prolongada que sufríamos desde hacía más de quince años, y de la que no se escaparía, si se seguía haciendo más de lo mismo. A las instituciones financieras internacionales ya no les quedaba —ni espacio, ni tiempo— para continuar con la esquiva y el disimulo pues ya habían mentido y manipulado demasiado tiempo. La única opción posible era la huida hacia delante, imponiendo desde el baluarte de la plutocracia un aparente sistema democrático donde, aprovechando las tecnologías de la 4ª Revolución Industrial, se utilizaran eficazmente para ganar las elecciones y desde el poder político, neutralizando a las fuerzas armadas y demás instituciones del estado, de manera que se pudiera seguir controlando y dominando a la masa humana repleta de seres estúpidos.

Era ya una obviedad que la desigualdad social, debida a las crecientes diferencias —en materia de ingresos salariales, a la precariedad del empleo y a la carestía de la vida— iba aumentando en todo el mundo. Con respecto a décadas anteriores, muchas conquistas  sociales que caracterizaban el Estado de Bienestar se habían deteriorado o perdido, en el peor de los casos. El palo lo había soportado la clase media que se iba empobreciendo a pasos agigantados. Para los que no eran “millennials”, cuyo referente eran las sociedades actuales en las que se luchaba duramente para sobrevivir, el mundo resultaba cada vez más injusto e irracional. Un mundo donde se concentraba el dinero en cada vez menos manos cuya ansia de poder y de acumulación de riquezas era insaciable.

Resultaba muy descorazonador observar el escaso eco que habían tenido las duras críticas que el FMI había publicado recientemente,  denunciando a los gobiernos de los países del G-20 porque no hacían nada para evitar que continuara la gran concentración de la riqueza mundial en manos de un centenar de “Mega Entidades” o grandes corporaciones financiero-empresariales.

También tenían muy poco eco las noticias que hablaban sobre las desigualdades debidas a las grandes diferencias en cuanto a los ingresos económicos, a la posesión de riqueza, al acceso al poder y al disfrute del bienestar social y económico y las políticas que habría que introducir para evitarlo. El control casi absoluto de las audiencias, por parte de las clases más ricas de la sociedad, prohibían cualquier difusión de aquellas noticias que les fueran contrarias.

Incluso, se negaba el trabajo a los pocos periodistas que osaran contar la verdad de los hechos. Una persona que no podía ser comprada por ellos dejaba de existir y le negaban el pan y la sal en cualquier lugar donde se encontrara. Obviamente, estas artimañas mafiosas impedían fomentar y desarrollar la capacidad crítica de la gente, enriquecer el debate y fortalecer la conciencia pública. Complementariamente, las inyecciones de telebasura, mentiras y medias verdades y la constante desinformación, se encargaban de distraer las mentes, incrementado constantemente el número de seres humanos estúpidos que vegetan en las sociedades modernas de hoy en día.

Aunque nunca lo reconocían en público, las clases políticas y económicas dominantes consideraban que la creciente desigualdad social era el precio que había que pagar para que la economía mundial funcionara. Hubo un tiempo que se llegó a opinar todo lo contrario, cuando aún había medios preocupados por contribuir en el sostenimiento de la democracia y el auge de las libertades que permitían que se divulgaran dichas noticias.

En aquel tiempo, muchos expertos sostenían que un mejor funcionamiento de la economía mundial necesitaría crear más empleo cualificado y reducir las desigualdades sociales. Pero las cosas cambiaron y, en defensa de este enfoque, que ya empezaba a calar entre algunos líderes de opinión, quedó prácticamente sólo el discurso del FMI y el de algunos pocos organismos de los países nórdicos europeos. A mediados de la década de los años 2010, en la inmensa mayoría de los consejos de administración de los distintos medios de comunicación, se extendió la orden de impedir la publicación de este tipo de noticias. Los amos de estos medios, las “Mega Entidades” decidieron cortar la hierba debajo de los pies a todo aquel que se opusiera a sus avances en la conquista del poder total.

A pesar de ello, como si fuera un faro en medio de la oscuridad, el Fondo Monetario Internacional seguía asumiendo que las desigualdades sociales, desde un enfoque socioeconómico y político, resultaban del todo inaceptables y moralmente inadmisibles. Además, las desigualdades no sólo eran perjudiciales para el crecimiento económico, también representaban una gran amenaza para la propia democracia.

Una verdadera democracia no podía admitir que, con el auge de las tecnologías,  millones de personas vivieran en la pobreza, mientras que otras pocas acumulan tanta riqueza que, aunque vivieran mil vidas, no llegarían nunca a poder gastar toda la riqueza que habían acumulado. A su vez, el significativo aumento de las desigualdades en los UE y en Estados Unidos se consideraba ya que era una consecuencia del secuestro que los más ricos habían hecho de las políticas de lucha contra la crisis, para su propio beneficio.

II

Gracias al tsunami tecnológico que representó la 4ª Revolución Industrial. los desarrollos en genética, inteligencia artificial, robótica, nanotecnología, impresión 3D y biotecnología, por nombrar tan sólo unos pocos desarrollos, fueron avances que crecieron exponencialmente, amplificándose entre sí, y transformaron enormemente todos los sectores  económicos. Este desarrollo asentó las bases para una revolución más amplia y disruptiva que cualquier otra revolución industrial anterior.

Los sistemas inteligentes en los hogares, fábricas, granjas, redes eléctricas o ciudades ayudaron a abordar todos aquellos problemas que iban, desde la gestión de la cadena de suministro hasta el cambio climático. Sin embargo, el mundo conoció un desarrollo tan grande de la ciencia y la tecnología que, a su vez, afectó a todos los sectores económicos y, en especial, al empleo y a la educación.

Si bien el cambio inminente se presumía que sería muy prometedor, los patrones de consumo, producción y empleo creados por la 4ª  Revolución Industrial también plantearon retos importantes que requerían  una adaptación proactiva por parte de las empresas, gobiernos, las instituciones educativas y las personas que no se hizo.  Lo que provocó un aumento tanto del desempleo como de la brecha de las desigualdades porque la mayoría de los países impidió que los cambios necesarios se llevaron a cabo, en especial, los rentistas del sistema donde, curiosamente, además de los sectores financiero-industriales se encontraban los sindicatos y muchos de los partidos de izquierda que defendían los privilegios de los funcionarios o a los trabajadores de las empresas oligopólicas de servicios públicos pero con control privado.

Estos últimos actores eran firmes defensores de los privilegios de los funcionarios, privilegios que no disfrutaba el resto de los trabajadores pero les daba igual. Eran tan cínicos que reclamaban a los gobiernos el mantenimiento de los privilegios, obviando que quien los financiaba eran los ciudadanos con sus impuestos. Los funcionarios ocupaban actividades del sector público donde sobraba más de la mitad del personal en puestos que resultaban escandalosamente costosos y de escasa  productividad. En otros sectores económicos, las máquinas inteligentes habían sustituido muchos puestos de trabajo para ahorrar costes, al tiempo que aumentaban los despidos o jubilaciones anticipadas así como la necesidad de financiar las rentas básicas universales para todos los excluidos tecnológicos.

En la medida que las empresas se iban ajustando al nuevo paradigma emergente, la mayoría de las ocupaciones fue experimentando también una transformación fundamental. Algunos trabajos desaparecieron y, a su vez, surgieron otros aunque no tantos como se pensaban. Muchos trabajos se vieron amenazados por las máquinas o sistemas inteligentes debido a su carácter redundante y otros pocos, en cambio, crecieron rápidamente, debido a su creatividad. En general, la mayoría de los empleos tuvieron que modificar o actualizar el conjunto de habilidades o destrezas que se requerían de ellos.

Aquellos expertos que preveían que, mediante el despliegue masivo de las nuevas tecnologías, el empleo conocería nuevas oportunidades y que la creación de nuevos no tendría límites, se equivocaron de una manera estrepitosa. En realidad, era afirmaciones infundadas que los falsos expertos hicieron, o bien para desmovilizar a las empresas o bien por su optimismo infantil, o bien por servir a sus amos diciendo aquello que a los plutócratas les interesaba hacer correr. Obviamente, no querían que las verdades se supieran y la chusma se concienciara y se revelara contra ellos. Frente a estas opiniones pagadas e interesadas de expertos tipo “Mickey Mouse”,  y como era lógico, acertaron aquellos verdaderos expertos que previeron que se iba a producir una perturbación masiva en el seno de la sociedad que afectaría enormemente a la mayoría de los puestos de trabajo y que inundaría todas las actividades económicas. Sería como un tsunami tecnológico.

De hecho, preveían que la realidad sería muy específica y diferente para cada ocupación, para cada empresa, para cada sector y para cada país o región, como así ocurrió. El éxito en el ajuste que se realizó en algunos países, se debió a la capacidad que tuvieron los diferentes actores implicados o stakeholders para manejar el cambio tecnológico, educativo y laboral, de manera que estos cambios fueran menos traumáticos de lo que por entonces se preveía. En aquellos países, había resurgido una concienciada clase media que imponía, desde la democracia, el control de las adaptaciones a los cambios mediante la participación de una sociedad civil tremendamente dinámica y activa. Lamentablemente, ello ocurría en muy pocos países.

Se trataba de anticiparse a que ocurrieran los hechos, antes de que fueran los acontecimientos los que arrastraran a las actividades económicas y, con ellas, a los países y a sus ciudadanos. Desgraciadamente, de manera programada o no, la mediocridad de los políticos, su visión cortoplacista y los intereses creados del profesorado y del funcionariado impidieron reinventar el sistema educativo a tiempo y, así, las consecuencias para el empleo y la economía fueron, en muchos países catastróficas.

Actualmente, cuando ya se conocen los efectos positivos y negativos de la aplicación masiva de las tecnologías de la 4ª Revolución Industrial, y que tanto habían contribuido al desarrollo como también la eliminación de gran número de puestos de trabajo que se volvieron obsoletos, los expertos del FMI insistían en la necesidad de reconducir la economía o, en su caso, reinventarla.

Sus propuestas incluían reducir, de manera generalizada, la duración del trabajo semanal a cuatro días y medio pero previendo en unos años alcanzar la semana laboral de tres días y medio, garantizar la renta básica universal a la población desempleada que asistiera a cursillos de formación permanente, al objeto de dotarse de nuevas habilidades necesarias para acceder a los nuevos y/o renovados puestos de trabajo, e implantar nuevas leyes anti-trust que garantizaran el derecho de la competencia, regulando el comercio mediante la prohibición de restricciones ilegales, la fijación de precios y la creación de monopolios, oligopolios y mega-entidades corporativas.

La necesidad de atacar la pobreza era un problema urgente porque ya no dependía de los niveles de desempleo. En Estados Unidos, donde, hasta crisis pandémica del coronavirus,  tradicionalmente las tasas de desempleo habían conocido unos valores más bajos que en otros países desarrollados, también ocurría que el 40% de los más pobres también trabajaba. Lo que quería decir que ya ni el hecho de contar con trabajo le permitía a uno escaparse de la pobreza.

En definitiva, la situación era cada vez peor, pero el FMI demostraba que si se modificaran radicalmente las políticas económicas que permitían la acumulación de riqueza en torno a las mega-entidades corporativas, se movía el dinero y se profundizara la democracia, la situación podría ser otra muy diferente. Desgraciadamente, el Director General del FMI, Riccardo Della Rovere, había sido brutalmente asesinado y era muy presumible que su sucesor en el Fondo Monetario Internacional fuera un títere de los plutócratas, lo que conllevaría otra orientación de la políticas de asesoramiento completamente contraria.

III

A las 8.40 de la mañana, rompió el silencio de la isla el vuelo bajo de un avión ligero bimotor, de marca 2020 Piper Seminole-PA-44, habilitado para cuatro plazas. Antes de tomar tierra en la pista de aterrizaje de la Isla Santa Rosa, el avión ligero realizó la correspondiente maniobra de aproximación. Desde el aire, el piloto había comprobado el buen estado en el que se encontraba la pista de aterrizaje y se dispuso a aterrizar.

Por seguridad, Jeff previamente habían trasladado a Joseph Finkelstein, Ashley Scott y Maurice Garnier a la casa de la cala, donde fondeaba un buque guardacostas de la Guardia Costera de Estados Unidos para trasladarles, en caso de necesidad, a la cercana Base Naval del Condado de Ventura, California. Jane Foster y otros dos guardianes se habían quedado con ellos para protegerlos, en el caso de que surgiera un ataque.

Mientras, en la pequeña pista de aterrizaje de la isla de Santa Rosa había aterrizado el avión ligero bimotor. Descendieron del avión tres personas vestidas con traje, gorra y calzado para jugar al golf. Se trataba del camuflaje utilizado por los agentes de la CIA enviados especialmente desde Nueva York y que tenían como misión eliminar a Jeff Miller. Dos de ellos portaban una bolsa de palos para jugar al golf. El tercero, que parecía ser el jefe, era el más bajo y precedía a los demás agarrando con su mano derecha un putter o palo de golf especialmente diseñado para jugar en el green. Aquellos tres hombres no tenían, precisamente, aspecto de ser jugadores de golf. Miraban a su alrededor y cada uno de ellos lo hacía en una dirección distinta. Así lo hicieron hasta que los tres coincidieron observando como un vehículo todo-terreno “Ford Raptor Shelby” se les acercaba para recogerles y llevarles al campo de golf de nueve hoyos.

Durante el camino, cuando ya se divisaban las casetas del camping a lo lejos, el agente de la CIA que iba adelante, sentado al lado del conductor, sacó su pistola Beretta 92 y apuntándole en la sien, le conminó al conductor a detener el vehículo. El conductor estaba tranquilo y parecía como si ya se lo esperara. Detuvo el todo-terreno y mirando fijamente al hombre que lo apuntaba, apagó el motor.

— Si quieres salvar tu pellejo ya puedes decirnos cuanto antes, quiénes se encuentran hospedados en el camping —amenazó el hombre que le apuntaba con la pistola.

— Antes de ayer llegaron cinco personas. Los cinco eran hombres —mintió descaradamente el conductor.

— ¿Y qué es lo que hacen todo el día? —añadió el que parecía que era el jefe y que se sentaba exactamente detrás del conductor.

— No lo sé. Yo no me ocupo de atenderlos. Mi trabajo aquí es el de greenkeeper como persona responsable del mantenimiento del campo de golf —los tres agentes de la CIA se observaron e intercambiaron sus miradas entre ellos. De nuevo, el jefe de ellos fue el que preguntó.

— ¿Pero, en cambio, sabrás si uno de esos cinco hombres  es un tal Jeff Miller? —y le enseñaron su foto para no hubiera ninguna escusa a la hora de responder a la pregunta.

— Si —respondió sin dudarlo el conductor— a este hombre sí le he visto estos días y se hospeda en una de las casetas del camping.

A los tres agentes de la CIA se les iluminó la cara con aquella noticia y amenazaron al conductor con matarlo si no colaboraba con ellos y les llevaba enseguida hasta la caseta donde se alojaba Jeff Miller. El conductor, que no era otro que uno de los dos ex miembro de los Navy Seals que trabajaban para  Gabby Gordon, el cuñado de Jane Foster, fingió estar asustado y arrancó el vehículo. Se detuvieron cien metros antes de llegar a la cabaña de Jeff Miller. Allí, una vez detenido el vehículo y apagado el motor, descendieron los tres agentes de la CIA y cogieron dos rifles de asalto AK-47 que llevaban en las bolsas donde supuestamente se guardaban los palos de golf.

Obligaron al conductor a que les acompañara hasta la caseta o cabaña donde les había dicho que se hospedaba Jeff Miller. Mientras dos de los agentes se parapetaban tirados en el suelo, empuñado sus rifles en dirección a la entrada de la caseta, el jefe le puso al conductor la pistola en la espalda y le empujó para que siguiera caminando hacia la puerta y llamara a Jeff Miller para que saliera de la cabaña. Cuando ya se encontraban a ocho pasos de la entrada de la caseta, el ex miembro de los Navy Seals le empujó a su captor al suelo y, pegando un tremendo salto, se metió en la caseta, mientras una lluvia de balas silbaba alrededor suyo.

Apostado en un pequeño cerro situado a unos 120 metros, se ocultaba camuflado el otro ex miembro de los Navy Seals con un fusil de francotirador SASR. Cuando el tirador escuchó la primera balacera, cargó la bala y disparó contra uno de los agentes apostados en el suelo que estaba disparando su rifle contra su amigo. La bala le destrozó el cráneo. A continuación volvió a cargar el fusil y disparó contra el otro agente que portaba un rifle y que se había levantado corriendo hacia la caseta y disparando a la vez. La bala le atravesó el pecho y al instante cayó al suelo. Esperó con el fusil cargado por si se movía pero el agente de la CIA caído permaneció rígido tumbado en el suelo.

Mientras tanto Jeff Miller, que se había escondido en otra caseta, había salido fuera cuando acabaron los disparos y se había acercado por detrás al jefe de la CIA, apuntándole a su espalda con su clásica pistola de policía de marca Glock 22.

— ¡Quieto, no te muevas! ¡Levanta suavemente los brazos y arroja el arma al suelo, lejos de ti! —le gritó Jeff Miller sin dejar de apuntarle.

El hombre de la CIA se detuvo, levantó suavemente los brazos y se dio la vuelta para encarar a su atacante. Entonces reconoció a Jeff Miller y sintiendo que le abrasaba el odio concentrado en sus manos y en sus ojos, quiso dispararle pero Jeff Miller apretó el gatillo antes y el cuerpo del que era el jefe de aquel grupo de la CIA cayó al suelo sin vida.

IV

Al senador Patrick O’Sullivan del Partido Demócrata era también el líder la mayoría del Senado y le encantaba comer de vez en cuando, en el Restaurante Lewis Seafood & Steak de Washington DC situado en el número 810 de la Calle 12 NW. Sobre todo le apetecía comer allí si eran otros los que pagaban la costosa y excelente comida rociada de buenos vinos a los que estaba acostumbrado. El restaurante ofrecía una selección de filetes y chuletas de carne de primera calidad; así como marisco de calidad y otros platos que eran especialidad de Lewis Seafood & Steak. El restaurante pertenecía a una cadena famosa cuyo primer restaurante se abrió en 1940, en Miami. En el año 1995, abrió su propio restaurante Lewis Seafood & Steak en Washington DC y, rápidamente, se hizo famoso como uno de los restaurantes más populares de la capital de Estados Unidos.

A las 1.15 del mediodía,  Donald Ford, asesor del Vicepresidente Clayton salió caminando de su despacho, ubicado en el Edificio de la Oficina Ejecutiva Eisenhower. Era un trayecto que lo solía hacer andando siempre que podía. A buen ritmo, se dirigió paseando a la Avenida Pensilvania y atravesándola, se internó en el parque de Lafayette Square por donde está la estatua del General Rochambeau, después continuó hasta Lafayette Square, rodeó la plaza y siguió por el parque en dirección hacia donde se encontraba la estatua del General Kościuszko. Allí le esperaba contemplando la estatua, el líder de la oposición y congresista por el Partido Republicano en la Cámara de Representantes, Peter Novak.

— Me encanta este rincón del Parque —saludó el congresista al recién llegado— Para los que somos pertenecientes a una familia de origen polaco es un honor contar entre los nuestros con el ejemplo del General Tadeusz Kościuszko, que es considerado además de un héroe, un gran estratega que destacó mucho en la Guerra de la Independencia norteamericana — y dando un pequeño salto, el congresista se colocó al costado del asesor del Vicepresidente Clayton, dándole una palmadita en la espalda de saludo.

Así pues, caminaron juntos en dirección a la Calle 12 hasta el Restaurante Lewis Seafood & Steak. En el restaurante les esperaba impaciente el senador O’Sullivan. Los tres tenían muchos temas que tratar. También había algunas acciones que decidir y, lo más importante, un objetivo que cumplir inexorablemente y que ellos debían empezar a prepararlo y ocuparse de todo.

Durante la exquisita comida que degustaron a base de marisco y carnes rociados de excelentes vinos Chablis y Vega Sicilia, la conversación pasaba de un tema a otro e, incluso, se centraba en temas personales. Hablaron de sus respectivas familias y de lo bueno que sería organizar un cena conjunta con las parejas respectivas. A los postres, después de los cafés, los tres pidieron una botella de uno de los mejores Kentucky Bourbons. El senador O’Sullivan eligió una botella de Basil Hayden’s y la verdad es que acertó plenamente porque contribuyó a que la conversación se animara mucho a la hora de tocar algunos temas más o menos espinosos. De este modo, se había logrado que todos participaran. Sin embargo, el ambiente se volvió denso cuando empezaron a hablar de las acciones a decidir y, sobre todo, del objetivo que tenían que cumplir.

Donald Ford llevaba la voz cantante. Como asesor del Vicepresidente George Clayton, estaba siempre en contacto con su jefe y él le daba instrucciones para transmitir a otros, como era el caso de la reunión de aquel día. Les informó que el Algoritmo del Big Brother había empezado a trabajar y funcionaba como si de un oráculo que adivinaba el futuro se tratara. Todos los días, gracias a la tecnologías Big Data, filtraba y analizaba millones de noticias de todo el mundo para extraer sus valoraciones acerca de los movimientos de los factores más estratégicos en el Sistema Complejo que abarcaba el planeta entero, sus actividades económicas, sus tecnologías, sus habitantes, sus gobiernos y lideres, sus universidades, sus medios de comunicación, etc.

En definitiva, se trataba de dominar el mundo haciéndose con su control absoluto, a partir de la premisa de que los seres humanos eran estúpidos por naturaleza y, por consiguiente, fácilmente controlables si se les impedía acceder a la información y al conocimiento, desarrollar el pensamiento crítico y eliminar aquellos líderes capaces de crear gérmenes de cambio que luego convirtieran a las instituciones en estructuras sólidas de poder democrático. El objetivo que había salido repetidamente con un nivel de máxima prioridad era que el Presidente de los Estados Unidos, John Benjamin Brown, debía ser eliminado cuanto antes y se proponían acciones para llevarlo a cabo con éxito.

Por si no había quedado suficientemente claro, Donald Ford repitió una vez más que, en función de cómo evolucionaran los diferentes factores estratégicos se podía alcanzar un escenario u otro. Para alcanzar el escenario apuesta que ellos deseaban, deberían controlar a su favor las palancas reguladoras de cambio del Sistema Complejo Societario Global, SCSG. Un sistema que según como se manejara podía convertirse en el Sistema que ellos perseguían como era el de la “Dominación Mundial”.

El Algoritmo del Big Brother confirmaba que era una condición necesaria —aunque obviamente, no suficiente— que el máximo líder del mundo, el Presidente de Estados Unidos, fuera favorable de la creación de un orden nuevo, basado en el establecimiento del Principado a nivel mundial. En conclusión, todo estaba meridianamente claro, si el actual Presidente Brown no era favorable a la implantación del Principado, había que sustituirlo por el Vicepresidente Clayton que sí lo era. La solución más plausible era la de asesinar al Presidente para que éste fuera rápidamente sustituido por el Vicepresidente, tal como se sospechaba que el Vicepresidente Johnson hizo con el Presidente Kennedy. Los tres allí reunidos se habían comprometido a que, en el plazo de una semana, traerían sus tareas bien hechas. Lo que no sabía ninguno de ellos era que esta misma tarea también se la hubieran planteado a más treinta personas y sería la NSA, agencia gubernamental que Donald Ford conocía tan bien, la que se haría cargo de coordinar la ejecución del magnicidio.

V

Al Principado se le conocía como el sistema de gobierno que se implantó en el periodo de la historia de Roma que sucedió a la República. El Principado se caracterizó por la supervivencia de las instituciones republicanas, en su conjunto, pero que convivieron con un poder fuerte y centralizado. Se trataba de una innovación, como forma de gobierno, que fue producto de la creación de un nuevo órgano gubernamental, el Príncipe (Princeps), y que fue iniciado por Octavio Augusto.

Tras la batalla naval de Accio, en la cual Octavio Augusto derrotó a la armada conjunta de Cleopatra y Marco Antonio, no se siguió con la restauración de la constitución de la República de Roma. Augusto conservó para sí su consulado y el gobierno de Egipto y el Senado se aprestó a conferirle, además del título de Augustus y otros signos honoríficos, un Imperium confirmado mediante una ley durante diez años, para facilitar el control de las provincias romanas aún no pacificadas y que, por tanto, requerían la presencia permanente de legiones.

Se trataba del Imperium que Cesar Augusto —reelegido anualmente cónsul hasta el año 23 a.C.— pudo ejercitar en tal sentido, pero asegurándole el mando exclusivo de los ejércitos y apareciendo desvinculado de los estrechos límites de la colegialidad y de la anualidad, lo que situaba al emperador Cesar Augusto fuera del control que imponían las reglas constitucionales republicanas. Finalmente, el año 23 a.C., habiendo renunciado Augusto al consulado, en base a un acuerdo con el Senado, realizó una última reforma que reforzaba su posición de líder a nivel constitucional. Aquel reforma daría una entrada definitiva al nuevo régimen conocido como el Principado y que era una mera dictadura fascista.

El Principado se consumó cuando a Augusto se le otorgó, mediante una ley —posiblemente mediante una consulta pública o plebiscito— la potestad tribunicia (tribunicia potestas) vitaliciamente y se le concedió, además, el imperio proconsular (imperium proconsulare) vitaliciamente, sin límite territorial y temporal. Algo muy parecido a lo que, posteriormente, se conoció en el siglo XX como fascismo.

Así pues, la crisis en la que entró la República de Roma fue superada por el advenimiento de una nueva organización política, conocida como el Principado y cuya aplicación fue establecida por Cesar Augusto. En síntesis, el Principado se caracterizó por la acumulación del poder en la persona del Príncipe, el primero entre los ciudadanos y, curiosamente, el protector de las instituciones republicanas.

De manera paulatina, Roma se fue convirtiendo en el centro de un vastísimo imperio, cuya dirección y control resultaban cada vez más complejos. Se fue perdiendo el respeto a las antiguas tradiciones y virtudes cívicas, en parte por influencia de nuevas ideas extranjeras, procedentes especialmente del mundo helenístico, y en gran medida también por los sucesivos cambios de hábitos y costumbres, etc.

Sin embargo, a la muerte del Cesar Augusto, el Principado se enfrentaría a un problema fundamental como fue el problema sucesorio. El Senado romano había perdido fuerza como órgano director y las asambleas también habían perdido poder. El agotamiento del Principado dio lugar a un Estado cada más absolutista y concentrado en la figura del emperador.

De cualquier modo, aunque también era cierto, y chistoso a la vez, que el Principado mantuviera la legalidad republicana, no fue sólo más que una mera apariencia.  También se creó una nueva administración que ayudaba al “Consilium Principis”, formada por juristas, pero que nunca tuvo, propiamente, un carácter formal.

Gracias a este fraude político, los ciudadanos romanos se creían hombres libres, dotados de instituciones democráticas que favorecían el ejercicio de sus derechos y libertades, y al mismo tiempo, vivían dependientes de los caprichos de un líder que dejaba de serlo tan sólo después de su muerte. Por eso hubo una gran cantidad de emperadores romanos, o de presuntos candidatos a convertirse en el siguiente Cesar Augusto, que fueron asesinados.

Arnold Page estaba considerado como el hombre más rico del mundo y creía que, por fin, su hora había llegado. Su sueño no era otro que el de implantar el Principado en Estados Unidos y después ampliarlo a nivel mundial, siendo él su único y legítimo Cesar Augusto.

La ambición de Arnold Page no tenía límites y no reparaba en medios por conseguir sus objetivos a cualquier precio. Arnold Page era un verdadero psicópata y pronto descubrió que el asesinato era el método más expeditivo y eficaz para incrementar su poder y por ello fue el medio que llagaría a ser el más recurrente que utilizara. Así es como empezó a forjar su imperio. Asesinó primero a su primo y heredero legítimo de la fortuna y de las propiedades de su tío Kevin Page, simulando un accidente de coche.

También asesinó a sus padres y a su hermana, provocando deliberadamente otro accidente de coche, para que sus padres no le precedieran en la herencia de su tío. La muerte de su hermana pequeña consideró que había sido un daño colateral y ni tan siquiera lamentó su muerte a lo largo su vida. Después de estos crímenes, le seguirían más de dos docenas de asesinatos que él mismo ordenó ejecutar.

Entre las muertes que provocó, se encontraban las de periodistas, políticos, empresarios y banqueros que eran muy conocidos y que destacaban por su defensa de la democracia y de las libertades, por su gran profesionalidad y por el constante ejercicio que hacían de sus principios y valores morales. Para Arnold Page, si una persona obstaculizaba la consecución de sus objetivos y no se apartaba del camino, por el mero hecho de ser una persona de principios e incorruptible, era una razón importante a la hora de ordenar su asesinato. El último encargo había sido el asesinato del Director General del FMI, Riccardo Della Rovere. Tenía otros asesinatos que encargar y estaba en ello.

Pero no sólo se ocupaba de eliminar a sus enemigos o a quienes obstaculizaran su camino hacia el Principado. También gestionaba en la misma dirección su fortuna personal que era enorme y la ”Mega Entidad” que fieramente presidía.  En efecto, el poder económico de sus empresas agrupadas en la “Mega Entidad” era tan poderoso e intenso que, día a día, sus tentáculos iba ampliando su influencia en las decisiones estratégicas que los líderes políticos de los países del mundo iban adoptando.

Prácticamente, el 70% de los políticos y dirigentes de las instituciones financieras —porcentaje que variaba según países e instituciones mundiales— acataban ciegamente sus órdenes, sin ponerse a pensar cuáles podrían ser sus consecuencias. Tenían muy claro que el precio a pagar por cualquier desobediencia era la muerte. En base a este miedo, y con el apoyo de otras “Mega Entidades” multinacionales, Arnold Page había creado una especie de Estado Profundo que gobernaba en la sombra, a nivel mundial, pero que quería salir a la luz.

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