EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—4 Capítulo

por Juanjo Gabiña

Capítulo 4

 La amenaza siempre está al acecho

I

El Archipiélago de las Channel Islands, frente a la costa de Santa Bárbara, California, era también un Parque Nacional.  Se encontraba en un área aislada y remota, en la confluencia de dos importantes corrientes oceánicas, una fría y la otra caliente. Además, allí mismo se situaba el límite de dos placas tectónicas y se producía un afloramiento oceánico persistente. Así pues, con razón se solía decir que fueron las poderosas y dinámicas fuerzas de la tierra y del mar las que moldearon la fauna y la flora de las islas de esta región única, que aún conservaba algunos de los mejores restos de un ecosistema de tipo mediterráneo, una rara combinación de clima y vegetación que sólo existe en cinco lugares del mundo.

A lo largo de miles y miles de años, en estas condiciones climáticas y geográficas tan especiales, un conjunto único de plantas y animales colonizó las islas y se adaptó a las condiciones particulares de cada una de ellas. Muchos de estos seres vivos evolucionaron hasta convertirse en especies y subespecies que no se podían encontrar en ningún otra parte del planeta. Como resultado de todo ello, el pequeño Parque Nacional de las Channel Islands albergaba una apasionante diversidad biológica, única en los 1800 km de la costa oeste de América del Norte.

En cuanto a la fauna marina, las corrientes oceánicas, frías y ricas en nutrientes, que giraban alrededor de las islas, emergían en ese punto, beneficiándose de la abundante irradiación solar y mezclándose con las cálidas aguas costeras. La combinación entre la abundancia de nutrientes y la incidencia de los rayos de sol aceleraba la fotosíntesis y el crecimiento de multitud de especies pertenecientes a toda la cadena alimentaria, desde el plancton microscópico hasta las ballenas azules.

A la isla se podía acceder tanto por aire como por mar. Los vuelos, operados por Channel Islands Aviation y siempre eran vuelos chárter que partían del Aeropuerto de Camarillo y aterrizaban en una pequeña pista de tierra ubicada en la isla de Santa Rosa para que en ella sólo pudieran aterrizar avionetas. Los vuelos tenían una duración de unos 25 minutos.

Tras el paréntesis que supuso la crisis pandémica del coronavirus, los viajes por barco, operados por Island Packers, sólo se podían realizar entre abril y noviembre. Según los meses, la frecuencia variaba entre dos y cuatro días a la semana. Concretamente, en mayo sólo funcionaba dos días a la semana desde el puerto de Ventura, pero siempre se podía alquilar un yate para acercarse allí desde el puerto de Santa Bárbara. Los viajes en barco duraban algo más de tres horas y atracaban en el muelle de Bechers Bay.

Los tres agentes de la CIA encargados de silenciar a Jeff Miller contactaron con la oficina de Channel Islands Aviation para alquilar un vuelo a la Isla Santa Rosa, ya que sus averiguaciones les indicaban que esa era la isla en la que se encontraba. Quedaban dos horas para que anocheciera por lo que decidieron volar al día siguiente. Lo harían temprano por la mañana.

El vuelo partiría a las 7.30 de la mañana y quedaron en que avisarían por teléfono a la oficina para concretar la hora de recogida y el traslado al Aeropuerto de Camarillo.  Les informaron de que en la isla había también un pequeño camping y un campo de golf de nueve hoyos de tipo links, por si querían pasar el día jugando al golf o pasar la noche en una caseta del camping. Aceptaron la idea de jugar del golf de inmediato pero rechazaron la idea de pernoctar en el camping. Su objetivo era bien sencillo: ir a la isla, buscar a Jeff Miller, encontrarlo, matarlo y regresar. La CIA no estaba acostumbrada a perder el tiempo.

II

La reunión en la casa de la cala había terminado de una manera muy positiva. Las instrucciones habían sido claras y cada uno sabía muy bien lo que tenía que hacer. Utilizarían teléfonos simples de prepago desechables sin sistema de posicional global o gps para comunicarse entre ellos. Aunque eran smartphones de última tecnología, estaban dotados de sistemas de codificación y decodificación y eran indetectables y, por lo tanto, estaban protegidos contra todo tipo ataques informáticos. Jeff Miller se alegró mucho de haber dado esas mismas instrucciones a las personas de cuya seguridad en la isla y en el resto de Estados Unidos estaba encargado.

Tal como el propio Robert Stone, Director del FBI, les había advertido, todos deberían extremar sus precauciones. Estarían vigilados no sólo en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo. Les recordó también que todos los demás teléfonos inteligentes y ordenadores, sobre todo los de grafeno, así como cualquier aparato o dispositivo conectado a internet, eran controlados por la NSA. Felizmente, con una gran sonrisa que iluminaba todo su rostro, les recordó que no sólo la NSA controlaba esos teléfonos.

Una de las maneras de protegerse de la vigilancia de la NSA era instalar inhibidores de frecuencia. Precisamente por eso, en el entorno exterior y en el interior de la casa se habían instalado varios inhibidores de frecuencia con una ultra potencia hasta los 1000 W. Además, por si sobrevolaban la isla algunos drones de vigilancia de la NSA los cruceros que protegían la reunión estaban dotados de cañones laser anti-drones.

Poco después de comer, se fueron despidiendo en un goteo continuo todos los asistentes a la reunión hasta que sólo quedaron los alojados en el camping de la isla. La mejor noticia era saber que el propio Presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown, estaba con ellos. Sin embargo, por motivos de seguridad, se había decidido que no adoptase ninguna postura, ni realizase declaración alguna que pudiera evidenciar su conocimiento acerca de los perversos planes del sector financiero-empresarial.

La mala noticia era que estaba comprobado y demostrado que su Vicepresidente, George Clayton, era un traidor. Según el FBI, últimamente estaba conspirando con el sector financiero-empresarial, la CIA y la NSA para atentar contra el Presidente de Estados Unidos y así, tras la muerte de John Benjamin Brown, él se vería legitimado para ocupar su cargo.

Una vez más, el fantasma del asesinato del presidente John F. Kennedy y las teorías de la conspiración que acusaban al vicepresidente Lyndon Johnson como el principal cerebro de su asesinato cobraba vida. Evelyn Lincoln, secretaria personal de Kennedy y guardiana de muchísimos de sus secretos, redactó en una pequeña hoja la lista de los sospechosos que ella consideraba que habían organizado la conspiración para acabar con la vida de quien había sido su jefe en Washington.

Quien encabezaba aquella lista era el propio vicepresidente Lyndon Johnson, pero Evelyn Lincoln añadió: “No hay final para una lista de sospechosos de conspirar en el asesinato del Presidente Kennedy. Muchas facciones tenían motivos para desear la muerte del Presidente, desde el sector de la ultraderecha, hasta el sector empresarial que trabajaba para el Pentágono, la mafia y la propia CIA”.

Aquel atardecer, en su regreso al camping de la Isla Santa Rosa, Finkelstein y sus amigos dieron un rodeo hasta el dique-embarcadero situado en Bechers Bay, en el centro de la Isla. Al observar allí una pequeña embarcación atracada, Jeff Miller se asustó. Sin mediar palabra, haciéndole una seña a Jane, su socia, para que se quedara, envió rápidamente a sus amigos al camping en dos coches conducidos por dos guardias de seguridad contratados por su agencia de detectives.

Por la seguridad de todos, tenían que comprobar cuanto antes qué hacía aquella embarcación atracada en el muelle de la isla y quiénes la ocupaban. Lo primero que hicieron ambos fue ponerse el chaleco antibalas y cargar sus pistolas. Por si caso, Jeff extrajo un rifle del maletero de su coche.

Se acercaron sigilosamente hasta la embarcación, un pequeño yate del tipo 2019 Chaparral 287 SSX. En el yate no se encontraba nadie. Sin embargo, las llaves del motor estaban puestas. Instintivamente Jane miró debajo del muelle y hacia la superficie de las aguas que rodeaban al yate por si veía algún cadáver flotando, pero allí no apareció nada. La noche llegaría en menos de media hora y a Jeff se le ocurrió encender la radio para dar aviso al servicio de guardacostas. Lo iba a hacer cuando a lo lejos, en la playa, sonó un silbido característico, en especial para Jane. Al oírlo, la mujer reaccionó en seguida sin poder disimular su alegría:

— Es mi cuñado Gabby. ¡Lo voy a matar! ¿De dónde habrá sacado este yate nuevo?

Gabby Gordon era tan imprevisible como simpático y buena persona. Era el hermano mayor de Ralph, el esposo de Jane Foster. Gabby se había casado dos veces pero no había tenido hijos y ahora, a sus casi 46 años de edad, había decidido no volver a casarse nunca más porque ya era viejo para tener hijos. Solía echarse novias de vez en cuando, pero como no parecía tener ninguna intención de casarse ni de querer vivir con ninguna pareja en la misma casa, las novias le duraban poco tiempo. Para él era muy importante que cada uno viviera en su propio apartamento.

Aquella vez, Gabby había decidido ir a visitarles y pasar la noche con ellos. Le habían soplado que unos hombres extraños habían alquilado un servicio de avioneta para volar a la isla a primera hora de la mañana, al parecer para jugar al golf. El cuñado de Jane no se fiaba de ellos y, por precaución, quería estar allí por si era necesario intervenir con contundencia para evitar algo malo. Le acompañaban dos empleados suyos que, hasta hacía unos cinco años, habían pertenecido al ejército y residían en la Base Naval de Coronado, California. Habían formado parte de las fuerzas especiales de combate anfibias de la marina de Estados Unidos, los famosos “US Navy Seals”, implacables en la defensa de su país.

III

Ashley Scott se había retirado a su caseta para descansar. Necesitaba estar tumbada en la cama hasta la hora de la cena. Cuando se acostó, oyó las voces de Jeff Miller y de Jane Foster y ya se sintió más tranquila. El día había sido muy intenso y, ahora, tras el asesinato de Della Rovere, su trabajo se había vuelto más complicado. Junto con el renombrado prospectivista francés Maurice Garnier, profesor del CNAM de París, y el Profesor Iñaki Andraka, un australiano de origen vasco que ocupaba la cátedra de Prospectiva Estratégica de la Universidad Tecnológica Curtin de Perth, Australia, Ashley Scott llevaba dos años dirigiendo, por encargo secreto de Finkelstein y Della Rovere, los trabajos de construcción del algoritmo de dominación mundial.

En el proyecto también habían participado otros tres investigadores más. Por una parte, se encontraba Alison Blair, profesora de Historia de la Universidad de Harvard.  Por otra, trabajaban dos investigadores expertos en Big Data y resolución de problemas en sistemas complejos. Uno era Ariel Shem-Tov, profesor e investigador en Inteligencia Artificial de la Universidad del Technion en Haifa, Israel, y Rachael Adler, investigadora en Prospectiva Estratégica y colaboradora de “mediaX at Stanford University”, en la universidad del mismo nombre, California, que estaba destinada a asumir la dirección del proyecto en su última fase.

De entre estos cinco investigadores más jóvenes, Rachael Adler fue la que en marzo del 2023 culminaría la elaboración de la versión Beta del algoritmo con éxito, y también la fase relativa a la versión candidata a definitiva (Release Candidate o RC, en inglés). Según les dijo, el algoritmo debía ser diseñado como herramienta para mejorar los niveles de gobernanza dentro de cada país y a nivel mundial,  y, a su vez, para asegurar los niveles de acierto en la planificación estratégica aplicada al desarrollo sostenible.

Sin embargo, dada la amenaza latente de un inminente golpe fascista a nivel mundial, acordaron modificar el enfoque inicial para anticiparse los golpistas y optaron por la elaboración de un algoritmo que posibilitase la dominación del mundo. Éste era, precisamente, el objetivo de los plutócratas del sector financiero-empresarial, para lo cual contaban con la colaboración de gran parte de la clase política a nivel mundial. Por eso, el hecho de haberlo bautizado como “Algoritmo del Big Brother” resultó ser de lo más acertado. La idea se les ocurrió a Finkelstein y Della Rovere, pero a los otros seis investigadores del equipo, les pareció tan adecuada esta denominación que la asumieron rápidamente.

Media hora antes de la cena, Ashley recibió una llamada en su innovador teléfono de prepago. Como tenía conexión con las dos redes de mini-satélites, se podía usar en cualquier lugar del mundo.  El número del que procedía la llamada era desconocido, pero recordó que, a partir de ese momento, todos los números de teléfono que la llamaran, salvo unos pocos, serían considerados desconocidos.  Con cierto temor por lo qué se encontraría al otro lado del teléfono, contestó de manera muy suave:

— ¡Hola!, ¿Con quién hablo? —la voz de Ashley parecía la de alguien que se acababa de despertar.

— Ashley, soy yo, Roland Schulz. el Embajador de Alemania en Washington. Te acuerdas de mí ¿No? Nos vimos hace una semana en Washington, en la residencia del Embajador de Israel.

— Por supuesto que me acuerdo de ti, Roland —respondió Ashley Scott completamente despejada.

— Como no sabía cómo localizarte, el Jefe del Gabinete de la Casa Blanca me ha facilitado tu nuevo número de teléfono. Quería decirte que ya te he enviado el informe sobre la situación en los Países de la Unión Europea a la dirección que me diste. Te diré que ya lo hizo mi secretaria ayer por la mañana, pero quiero que sepas que te hubiera telefoneado de cualquier modo. Te hubiera llamado porque me urge reunirme contigo cuanto antes —Ashley Scott intuyó que debía encontrarse en una situación muy comprometida. Dudó si sería prudente seguir hablando por teléfono sobre ello, pero en vista de la angustia que trasmitían sus palabras, no se atrevió a interrumpirle.

— Estoy convencido —proseguía el embajador alemán hablando cada vez más rápido— de que me están vigilando muy estrechamente y, lo peor de todo, es que me siento indefenso para impedirlo porque desconfío de casi todo el mundo que me rodea. Tengo espías dentro de la embajada, alemanes como yo, que trabajan para la BND, nuestro Servicio Federal de Inteligencia que, como bien sabes, colabora estrechamente con la CIA y la NSA, especialmente durante los últimos años. Hace algún tiempo que sabíamos, o al menos teníamos conocimiento de que tanto el Canciller como varios de sus ministros del Gobierno alemán eran unos títeres del BCE y el sector financiero, pero nunca pude pensar que el nuevo Ministro de Asuntos Exteriores de la RFA me quisiera obligar a dimitir alegando que sufro demencia senil.

Desgraciadamente, a Ashley Scott no le costó mucho dar crédito a Roland Schulz.  El embajador alemán en Washington era un convencido demócrata que, a lo largo de su vida, había escrito diferentes ensayos condenando cualquier recorte de las libertades que menoscabara la salud de los sistemas democráticos. Era tremendamente crítico con la concentración progresiva de capital en manos de unos pocos y que se habían hecho con la propiedad de los medios de comunicación más influyentes y de mayor audiencia.  La semana siguiente estaba programado que se reunirían Ashley Scott y Roland Schulz con otras personas en Baltimore, Maryland. El lugar y la hora de la reunión le llegarían al embajador alemán a través de un mensajero seguro.

Antes de acudir a la cena, Ashley Scott recibió otra llamada telefónica. Se trataba de su amiga Alison Blair, también profesora y jefa del Departamento de Historia de la Universidad de Harvard, que también había acudido a la reunión en la casa de cala de la Isla Santa Rosa acompañando al Rector de la Universidad de Harvard. Como apenas habían tenido tiempo de hablar en la reunión y a Ashley Scott le había parecido que su amiga quería decirle algo, le había entregado un papelito con el número del teléfono donde la podía localizar. Ella le llamó,  y aunque hablaron muy poco, fue suficiente como para pasarse recados:

— ¡Hola Ashley! Soy Alison Blair. Seré muy breve: mañana por la noche vuelo de Boston a París para dar una conferencia pasado mañana en la Universidad de Paris 1 Panteón-Sorbona, sobre la influencia de la Ilustración tanto en la Revolución americana como en la Constitución de Estados Unidos. Al día siguiente, me reuniré con Ariel Shem-Tov e Iñaki Andraka, que viajarán expresamente a París para impulsar el tema que tú ya sabes. Sé que ambos me darán algo para que te lo entregue personalmente a ti.

— ¿Cuándo regresas a Boston? —preguntó Ashley Scott enseguida.

— El domingo —afirmó la profesora de Historia de la Universidad de Harvard.

— Te espero para desayunar en mi casa el lunes a las 8.30 de la mañana —invitó Ashley Scott

— Allí estaré —respondió Alison Blair y colgó.

IV

Además de la sede de la Bolsa de Valores de Nueva York, Wall Street era el corazón de las finanzas de Estado Unidos y, por extensión, el centro financiero más importante del mundo entero. Lo que pasaba en la Bolsa de Nueva York repercutía directamente, y de un día para otro, en el resto de las bolsas mundiales. Eso es justamente lo que ocurrió con el famoso crack de febrero del 2022 cuando se produjo una impresionante caída de las bolsas a nivel mundial que mantuvo a todo el mundo sobrecogido de pánico durante casi una semana.

Curiosamente, la mayoría de las empresas financieras de Nueva York no cotizaban en Wall Street, sino en otros mercados más pequeños de Manhattan. Además, la mayoría de las personas que trabajaban en el centro financiero de Wall Street no vivían en Nueva York, sino en ciudades de la periferia situadas, además de en el estado de Nueva York —o más hacia el norte, a lo largo del Valle de Hudson y alrededores— en los estados de Connecticut, Pensilvania o New Jersey.

La tercera gran depresión económica, surgida en 2007, seguía arrastrándose en 2023 agravada por las crisis pandémica del coronavirus de los años 2020 y 2021.  Ello provocó que se tambalearan las economías de diversos países sin que se vislumbrara, en ningún momento, el final de la crisis. Los momentos de bonanza económica, incluso con tasas de desempleo extremadamente bajas eran una mera ilusión pasajera.

Los ricos cada vez eran más ricos y las clases medias, cada vez más pobres. A las clases más pobres ya las habían estrujado suficiente que poco más se les podía quitar. El botín eran las clases medias que cada vez eran más pobres y este robo se hacía impunemente. El control de los medios de comunicación y la propaganda, tan sofisticadamente diseñada, permitían que una estúpida clase media botara lo mismo que los banqueros mientras la estaban atracando.

Lo peor no solo era que las clases medias día a día se fueran empobreciéndo. Lo peor era que las clases más ricas, en su insaciable ser de dinero, poder y riquezas, se habían convertido en un agujero negro que absorbía toda la riqueza del resto de las clases sociales y de las pequeñas y medianas empresas o Pymes. Con el debilitamiento de las clases medias, la democracia  se resintió fuertemente al igual que el estado de Bienestar.

Para mantenerse en el poder se recurría al control de los bajos sentimientos de la masa y se alimentaba un populismo frentista cuya única salida era el regreso a las fauces del fascismo. El final de la legislatura de la era Trump y el asalto al Congreso fue un precedente a los amplios movimientos de índole fascista que se estaban consolidando no sólo en Estados Unidos sino en muchos países desarrollados.

Por otro lado, cada vez era más frecuente sentirse más pobre e inseguro que hacia tres décadas. Uno podía ser pobre de solemnidad, a pesar de tener estudios universitarios y seguir teniendo empleo. La imposibilidad de seguir con el modelo económico vigente era cada vez más evidente y la inmensa mayoría de los países desarrollados del mundo habían alcanzado unos niveles de deuda tan astronómicos que ésta nunca se podría pagar. El agujero rondaba los 900 billones de dólares, (US$ 9×1015), es decir, aproximadamente ocho veces el PIB mundial.

Desde el estallido de la crisis financiera de 2008, y tras la crisis del coronavirus de los años 2020 y 2021, los bancos centrales de Estados Unidos, Japón y la Eurozona habían llevado a cabo una expansión monetaria hasta llegar a los 8,5 billones de dólares (US$ 8,5×1012). Esta expansión de los balances de los bancos centrales había favorecido un fuerte aumento del endeudamiento público, el cual había alcanzado máximos históricos en los países desarrollados.

La clave de la Tercera Depresión Económica residía en el alto endeudamiento alcanzado, debido principalmente al mayor error de la historia de la economía, cometido por la Reserva Federal en el año 2017, en tiempos del Presidente Trump. En ese momento se produjo la primera subida de tipos de interés en Estados Unidos en casi 10 años. A partir de esa fecha, la Reserva Federal dio por concluida la era de los tipos de interés bajos y desde entonces los había seguido manteniendo.

El incremento de los tipos de interés se tradujo en mayores costes de financiación, ello fue como un palo que golpeó a empresas, familias y gobiernos con un exceso de deuda acumulado y que contagió al resto del sistema, tal y como había ocurrido no hacía mucho tiempo, en 2008. La amenaza del tantas veces pronosticado crack representaba una amenaza que, al final, parecía que se había disipado. Pero, en 2023,  los mercados se revelaron, se perdió la confianza y los expertos estaban convencidos de que lo peor era algo inminente. También había quienes estaban convencidos que eran movimientos provocados artificialmente y que los impulsaba la plutocracia mundial para crear una constante atmósfera de inseguridad y, así, preparar el golpe de gracia contra la democracia.

Con todo, la economía se había convertido en una huida hacia adelante de un capitalismo financiero sostenido por la plutocracia de países que, desde hace años,  estaban ya técnicamente quebrados. Solo se salvaban debido a que, gracias a la corrupción imperante, habían logrado privatizar sus beneficios y socializar las pérdidas de sus empresas. A su vez, la alianza entre los gobiernos corruptos y las instituciones financieras mundiales controlaba los parlamentos y, salvo excepciones, la mayoría de las audiencias de los medios de comunicación. Cada día que pasaba seguían apareciendo nuevas burbujas y los siempre presentes apalancamientos financieros se producían con mayores niveles de riesgo e impunidad.

Frente al empobrecimiento progresivo de las clases medias y el constante aumento de las desigualdades sociales contrastaba el apoyo a aquellas actividades especulativas que habían convertido a los mercados financieros en casinos para trileros. Según el informe Oxfam  del año 2022, tan solo las cincuenta personas más ricas del mundo detentaban un capital superior al de las clases sociales más pobres que representaban más de la mitad de la población mundial. Como lo hicieron los informes Oxfam, a lo largo de los último diez años, el último informe daba una fuerte voz de alarma por el crack inminente que se vislumbraba a corto plazo.

El Informe Oxfam 2022 seguía acusando al sector financiero de haberse aprovechado de la crisis ininterrumpida desde el año 2008, con el agravamiento de los que supuso las crisis pandémica, y de impulsar políticas que permitieran aprobar leyes que favorecían impunemente a la concentración de capital en manos de los más ricos. En breves palabras, gracias a la corrupción reinante que era manejada la mayoría de las veces por los lobbies empresariales de Bruselas, Londres, Tokio y Washington, el informe denunciaba que el sector financiero-empresarial se hubiera hecho con las riendas del poder político, posibilitando que el capital financiero y empresarial del mundo se hubiera concentrado hasta el punto de que unas pocas manos acapararan unos límites increíbles de manejo de fondos y capitales que superaban el 85% de la riqueza mundial.

V

Así lo demostraban también los recientes trabajos de investigación dirigidos por Finkelstein y que contaron con la estrecha colaboración de su equipo técnico formado por Ashley Scott, Maurice Garnier, Iñaki Andraka y Ariel Shem-Tov. Gracias a las tecnologías Big Data, y al superordenador cuántico,  el equipo realizó una exhaustiva minería de datos entre más de 62.760 corporaciones transnacionales e identificó un grupo relativamente pequeño de empresas, principalmente holdings, bancos e instituciones financieras con un poder desproporcionado sobre la economía global, un poder muy, muy peligroso para el futuro de la humanidad.

El equipo de Finkelstein trabajó con una base de datos que contenía una lista de 52 millones de empresas y compañías inversoras de todo el mundo. A partir de esta base de datos, obtuvieron una información muy detallada sobre todas las 62.760 empresas transnacionales, así como las relaciones de propiedad que vinculaban estas empresas entre sí.

En base al análisis de 52 millones de empresas y compañías inversoras de todo el mundo, el equipo liderado por Finkelstein construyó un modelo que relacionaba todas estas empresas con las redes de empresas de inversión y financieras que las controlaban. Analizando los ingresos operativos de estas empresas, se logró cartografiar en tres dimensiones la estructura del poder económico mundial ¡Toda una verdadera obra de arte!

El estudio reveló la existencia de un núcleo de 936 empresas con vínculos de propiedad directos con un promedio de otras treinta empresas. A pesar de que estas empresas representaban el 20% de los ingresos operativos globales, se demostró que estas 936 empresas llegaban a poseer colectivamente, a través de sus acciones y participaciones en el capital de empresas de primera línea y de las grandes empresas de fabricación de todo el mundo, un 70% de los ingresos mundiales. En otras palabras, estas 936 empresas controlaban la economía “real” del mundo.

Cuando finalmente el equipo de Finkelstein consiguió afinar más su análisis sobre esta enmarañada red financiera, se encontró con que existía una especie de “Mega Entidad” formada por tan sólo 112 empresas aún más estrechamente unidas, que controlaba el 40% de la riqueza total de la red financiera de propiedad empresarial, a nivel mundial.

Así pues, se llegó a una situación en la que menos del 1% del total de empresas, en su gran mayoría instituciones financieras, controlaba el 40% de toda la red financiera empresarial del mundo. Joseph Finkelstein, desesperado ante esta constatación, pensó ¿Cómo podremos garantizar la democracia y las libertades si, al final, caemos sometidos a la nefasta y cruel dictadura de los más ricos del sistema que no tiene límites a la acumulación de riqueza y sus ansías de poder y de enriquecimiento son enfermizamente insaciables y sin que ninguna autoridad democráticamente elegida ponga término una situación tan perversa, enfermiza e irracional?

VI

En otoño del año 2015, en Manhattan, en un ático-dúplex de lujo en la 5ª Avenida frente a Central Park, el multimillonario Kevin Page, con un patrimonio personal de casi 100.000 millones de dólares y accionista mayoritario de la “Mega Entidad”, Page Capital, parecía sumido en una profunda depresión. A sus 72 años, le habían detectado la enfermedad de Alzhéimer.

Según el diagnóstico, había llegado ya a la segunda fase de demencia leve. Sin embargo, aquello parecía algo del todo inexplicable. Los médicos de la clínica Mayo en Jacksonville, Florida, no comprendían porqué los análisis clínicos semestrales no le habían detectado la enfermedad en sus fases más tempranas.

Con una amplia experiencia en la evaluación de personas que padecían la enfermedad de Alzheimer, la Clínica Mayo también era pionera en nuevos modelos de atención para personas con deterioro cognitivo leve (MCI), una afección que, a menudo, conducía a la enfermedad de Alzheimer. Los análisis realizados constaron que hacía ya, por lo menos un año, que Kevin Page padecía deterioro cognitivo leve.

El multimillonario era viudo. Su esposa había muerto de un derrame cerebral tres años atrás y su único hijo había muerto con apenas 17 años en un en accidente de coche, hacía algo más de quince años. Su único pariente cercano era su sobrino Arnold, hijo de su hermana mayor. Ella también había muerto, junto con su marido y su hija, en otro accidente de coche hacía también unos quince años.

Poco después de perder a su hijo y a su hermana en aquellos dos trágicos accidentes, Kevin Page y su esposa adoptaron como hijo a su sobrino Arnold, el cual cambió su apellido paterno por el apellido de su madre. En adelante sería conocido como Arnold Page, único heredero de Kevin Page. Tras la muerte de su hijo, Kevin Page se convertiría en una persona muchísimo más despiadada, cruel y avariciosa en sus negocios que antes. Pero, sin duda alguna, su sobrino superaría este ejemplo con creces.

Mientras su tío caía en una gran depresión, Arnold Page contemplaba la desembocadura del río Hudson. Sonreía regocijándose por lo mucho que le había sonreído la suerte. Se congratulaba de que había llegado a una situación que él mismo también había propiciado gracias a sus actos criminales. Sentado en la gran mesa de su despacho de la planta 78 del edificio más alto de Nueva York, el One World Trade Center, preparaba su próximo asalto.

Muy pronto, sería la única persona con firma en la “Mega Entidad” Page Capital y, a sus 45 años, se convertiría en el hombre más rico del mundo. Lo haría en un plazo no muy largo, si sus ambiciosos planes lograban el éxito como él esperaba que ocurriera. Entonces, él sería también el hombre más rico y más poderoso del Planeta. Con Arnold Page se daría comienzo a una nueva era. Arnold Page inauguraría el Principado Mundial como lo fue el Principado Romano que, hacía más de veinte siglos, instituyera el emperador Cesar Augusto y que tan próspero resultaría para la Roma imperial a costa del mundo que masacraba, dominaba y explotaba en aquellos tiempos.

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