La educación en la antigüedad romana: Su extensión y sus grandes diferencias entre las clases sociales y los géneros masculino y femenino

Cuando se habla sobre la Educación en la Antigua Roma, se suele decir que la vida en Roma era ya difícil porque, desde los primeros años de la vida, los niños varones tenían que estudiar. La mayoría de los ciudadanos solo recibía una educación muy básica, pero, entre las sociedades de la Antigüedad, la romana fue de las primeras en democratizar las nociones elementales de lengua y cálculo y podría ser cierto si no contáramos con las ciudades de Atenas, Pérgamo y Alejandría que superaron con creces a Roma, en todos los sentidos. Especialmente, entre ellas destaca la ciudad greco-egipcia que fundara Alejandro Magno.

En lo que se refiere a Roma, es cierto que la educación tenía un papel muy importante en la antigua Roma, ya fuera para que los hijos de las clases altas, destinados a emprender una carrera política o administrar sus bienes, estuvieran bien preparados para la vida. De igual modo, solían colarse  en esta educación algunas damas de familias patricias que debían ocuparse de su mantener su casta. También lo lograban algunos hombres de extracción humilde y todos aquellos que necesitaban una formación básica que les permitiera abrirse paso a su manera en la sociedad.

Dentro de este contexto y, aunque la educación entonces estaba lejos de ser universal, se puede decir que Roma llegó a ser una ciudad muy alfabetizada a nivel básico, incluso más que en algunas épocas posteriores, pero siempre por detrás de Atenas, Pérgamo y Alejandría. En parte, ello se debía al carácter global de estas ciudades, ya que la importancia del comercio hacía necesario tener unas mínimas nociones de lenguaje y cálculo. Pero también tenía un papel fundamental el concepto amplio de ciudadanía, que esperaba que los ciudadanos interiorizaran una serie de normas y tradiciones que definían qué significaba ser ciudadano de estas ciudades.

¿Cómo se educaba a los niños, que no a las niñas, en la Antigua Roma?

A decir verdad, los romanos copiaron casi todo de los griegos. Los primeros años de vida se desarrollaban en el seno de la familia, la unidad social alrededor de la cual giraba toda la sociedad romana. En esa etapa, la educación era responsabilidad de la madre y se dirigía sobre todo a interiorizar las tradiciones, leyes y normas sociales romanas.  Es decir, a aprender a comportarse como lo hacía parte de la sociedad. Es decir, seguir el mos maiorum“las costumbres de los ancestros”— era la obligación moral de un buen romano, sin importar cuál fuera su clase social.

Entre las mujeres nobles, era práctica común delegar esta responsabilidad en las nodrizas, esclavas de confianza o mujeres libres al servicio de la familia. Entre las familias pudientes, el hecho de que las nodrizas acompañaran a los niños en casi todas sus actividades durante las etapas más tempranas de la infancia de los niños era algo normal. Ello influía mucho en que las nodrizas desarrollaran una relación más estrecha con los niños. Bastante más estrecha que la que mantenían con sus propias madres biológicas.

¿En aquel tiempo, qué diferencias educativas existían en Roma según el género y la clase social del niño?

A partir de los siete años, empezaba la educación que podríamos definir como escolar. Aquí el camino educativo tomaba vías muy distintas, según fuera la clase social y el género. De este modo, a las niñas se las empezaba a instruir en los quehaceres domésticos y en cómo respetar a los hombres de la casa, padre y hermanos. Hay que tener en cuenta que la obligación principal de la mujer romana era la de ser una buena esposa y una buena madre. Sin embargo, en algunas casas donde había muchos criados y no se las necesitaba para ayudar en la casa y el padre no eran tan machista,  asistían algunos años a lo que podíamos llamar una escuela elemental donde se aprendía lo básico: leer, escribir y hacer cálculos simples, ya que eran nociones que necesitarían para administrar sus bienes. En Roma, como en Grecia, se utilizaba el dinero y no el trueque, y en muchas actividades de la vida cotidiana era necesario al menos conocer el alfabeto. Pero, en lo que se refiere a la cultura y la formación, cuanto menos estudiaran y supieran las niñas mucho mejor. La ignorancia y la sumisión al padre o al marido eran valores que el hombre apreciaba en la mujer romana. Decir que una mujer sabía estar callada y no contradecir al hombre era un cumplido. Quizá como respuesta a ello morían tantos hombres envenenados en sus casas.

La educación era impartida por un maestro o litterator, pero las condiciones diferían enormemente según fuera la clase social. Así, mientras que las familias nobles o ricas podían permitirse el lujo de enviar a sus hijos a una escuela o contratar maestros privados, los hijos de familias menos pudientes tenían que conformarse con pagar a maestros que daban clases en plena calle por un precio muy módico. Estos maestros, a menudo eran esclavos liberados o libertos. Los materiales de estudio a utilizar también iban en consonancia con el precio que se pagaba. Por ello, los niños que estudiaban en estas escuelas de la calle practicaban la escritura y el cálculo mediante tablillas de cera y lápices de madera. Mientas que los niños de los ricos utilizaban pergaminos o papiros y plumas con tinta para escribir.

Entre la realización de los estudios de las asignaturas y la de sus correspondientes ejercicios prácticos, también había espacio para la diversión. Muchos de los juegos más característicos de la infancia, como son el escondite o el juego de la “gallinita ciega”, ya eran populares en la época romana. Los juguetes solían ser muy rudimentarios y hechos con materiales naturales, como una especie de juego de canicas practicado con nueces. También eran muy populares las muñecas, desde las más sencillas, hechas a base de madera, hasta las más lujosas de marfil, pasando por un rango medio de materiales como la terracota. Las muñecas más complejas de entonces tenían extremidades articuladas y vestían ropa. Precisamente uno de los ritos, por los que debía pasar una chica al casarse, consistía en entregar sus muñecas en ofrenda a los dioses, como queriendo decir que cuando una mujer se casaba dejaba atrás su vida de niña.

Con el paso de los años, la educación de los niños varones se iba volviendo cada vez más desigual en función de las clases sociales

La segunda etapa de estudios, que empezaba en torno a los 10 u 11 años, correspondía al grammaticus y no asistían las niñas. Durante estos estudios, un profesor se ocupaba de impartir  un variado abanico de conocimientos como historia, literatura o geografía. Se tomaba como referencia los textos clásicos de los grandes autores griegos y romanos: Homero, Platón, Virgilio, Cicerón, Horacio… Era lo que hoy llamaríamos una enseñanza “de letras” donde las ciencias tenían poco peso, ya que se consideraban a las ciencias como un saber especializado y no necesario para el común de los ciudadanos. Esta educación de mayor nivel ya estaba fuera del alcance de las clases humildes, a las que, por otra parte, tampoco resultaba de utilidad para cubrir sus necesidades.

En cuanto a las chicas, hay que subrayar que ya, a partir de la pubertad, eran consideradas aptas para casarse y, por consiguiente, se dedicaban a aprender a administrar una casa. Lo que, en el caso de las familias nobles o ricas, suponía también estar a cargo de las empleadas y de las esclavas domésticas. Sin embargo, entre las familias de mayor abolengo, y con el paso del tiempo, si bien no era algo mayoritario, tampoco era raro que las niñas accedieran a esta etapa temprana de la educación. Se aceptaba que una educación culta fuera también un símbolo de estatus social alto. Especialmente, si la madre se ocupaba de sus hijos en la infancia, en lugar de confiarlos a una nodriza, ya que, en ese caso, parecía deseable que la madre tuviera una buena formación.

Por lo general, la última etapa de la educación solo era seguida por los varones de familias de clase senatorial o ecuestre y esta educación consistía en la preparación para la vida política. A los 15 o 16 años eran confiados a un rhetor, un maestro especializado en oratoria que les enseñaba las técnicas del discurso y de la argumentación. En casos bastante raros, algunas mujeres de familias nobles llegaban a ser alumnas o incluso profesoras. Esto sucedía mayoritariamente en el caso de las libertas. Es decir, en el caso que mujeres que habían sido esclavas y que habían logrado comprar su libertad ya que, a veces, conseguían hacer fortuna.

Curiosamente, ello se debía al hecho de que la mujer liberta, aunque no existiera la ciudadanía romana para mujeres, no estaba obligada como las mujeres romanas a respetar las normas de conducta, hábitos y costumbres sociales y morales.  Unas normas que exigían a las mujeres romanas fueran fueran buenas esposas e hijas ejemplares. La mujeres no eran ciudadanas, ni se las contabilizaba siquiera en los censos de población como también ocurría con los niños. Ante la ley, las mujeres eran débiles y eran consideradas como menores de edad. Siempre las representaba, o bien el padre —si éste estaba muerto o era delegado por el padre,  el hermano— o bien el marido, si ella estaba casada.

La importancia de la educación física entre los varones

La educación física también tenía un papel importante en la vida de los romanos de clase alta, ya que a la carrera política iba ligada a menudo el servicio militar. Asimismo, el ejercicio físico como actividad recreativa ganó popularidad a partir de la conquista del mundo griego en el siglo II a.C. La cultura griega era una cultura que daba mucha importancia a los ejercicios físicos y a las competiciones atléticas. Como sucedía con la educación, las chicas generalmente quedaban apartadas de esta formación, con la excepción nuevamente de algunas mujeres de familias de mejor posición social que lo hicieran como pasatiempo particular.

En conclusión, “Con todo, y a pesar de las grandes diferencias de clase y de genero que se producían y que han sido abismales a lo largo de la historia, la educación en la antigua Roma estaba notablemente más extendida que en otras sociedades antiguas como la egipcia, en la que la enseñanza era un privilegio muy exclusivo, y algo menos extendida que la que en la cultura griega de ciudades como  Atenas, Pérgamo y Alejandría,  se practicaba. En todos los casos, la mayor abundancia y diversidad de maestros hacía posible acceder al conocimiento básico y especializado a un mayor número de personas. Sin embargo, los enseñantes romanos eran peor pagados y peor considerados que los ilustres maestros atenienses, pergamenos o alejandrinos”.

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