EL ALGORITMO DEL BIG BROTHER—1 Capítulo

por Juanjo Gabiña

CAPÍTULO 1

LOS MOTIVOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL ALGORITMO

I

En apenas setenta años, la ciudad californiana de San José se había convertido en la capital económica, política, cultural y social del famoso Silicon Valley y también, en la ciudad más grande del norte de California. Con una población estimada en 2020 de 1.187.621 habitantes, San José seguía siendo la tercera ciudad más poblada de California, después de Los Ángeles y San Diego, y la décima de Estados Unidos.

Ubicada en el centro del Valle de Santa Clara, en la costa sur de la Bahía de San Francisco, San José gozaba de un maravilloso clima mediterráneo y arrojaba un promedio de más de 305 días de sol al año. Al igual que ocurría en la mayor parte del área de la Bahía de San Francisco, el clima de San José se componía de docenas de microclimas diferentes. En aquel agradable día de finales de junio del año 2021, en uno de esos microclimas al sur de la ciudad, se encontraban ocho amigos sentados en el parque junto al lago Almaden esperando para contemplar una maravillosa puesta de sol.

Durante algo más de dos años, uno de los ocho amigos allá reunidos, el líder de todos ellos, el ingeniero inglés conocido como Joseph Finkelstein, había estado residiendo precisamente en San José. A lo largo de ese tiempo, había estado trabajando, hasta la finalización de la fase Beta, en la dirección del Proyecto Chronos, en el Centro de Investigación que Future Brain tenía en el barrio de Almaden de San José. Una ambiciosa Iniciativa internacional que perseguía la construcción del primer prototipo de ordenador cuántico de 100 cúbits, equivalente a 1,268 x1030bits.

Aquel día, por la mañana, en la sede de Future Brain Research de Almaden Valley se había celebrado la puesta en marcha oficial del superordenador cuántico de  100 cúbits. Al acto habían acudido, además de los numerosos y consabidos representantes políticos californianos y del resto de Estados Unidos, numerosos representantes políticos de diferentes países. De igual modo, también se encontraban en el acto inaugural, muchos dirigentes de las empresas e instituciones públicas que, gracias a su financiación, habían hecho posible este multimillonario proyecto. También acudieron un gran número de periodistas de los distintos medios de comunicación, nacionales e internacionales, que cubrían la sensacional noticia.

A su vez, también asistieron más de dos centenares de investigadores, ingenieros y científicos que habían colaborado en el proyecto dirigido por el ingeniero Joseph Finkelstein. Estos cualificados técnicos pertenecían a diferentes universidades de prestigio, a nivel mundial, y, especialmente, al laboratorio Future Brain Research de Almaden que era el centro de I+D que alojaba el superordenador cuántico y al laboratorio más grande de la División de Investigación de Future Brain que estaba ubicado fuera de Estados Unidos; en concreto, el laboratorio o centro de Investigación Future Brain Research de Haifa, Israel.

También participaba en el proyecto el centro Thomson Center, un centro de investigación de análisis de datos e informática de alto rendimiento que llevaba el nombre, en honor del que fuera el descubridor del electrón, el físico Joseph John Thomson, y que nació en Manchester. El Thompson Center formaba parte del Consejo británico de Instalaciones de Ciencia y Tecnología (STFC) y su sede se encontraba en Alderley Edge, Cheshire, un condado inglés que, a su vez, formaba parte del Great Manchester, Reino Unido.

II

A lo largo de aquel día, el ingeniero Finkelstein se había sentido pletórico por el éxito que habían conseguido con la fabricación de este prototipo que, finalmente, había pasado con gran éxito todas las pruebas de validación y para, finales del año 2021, el superordenador cuántico estaría disponible para su utilización comercial por diferentes clientes, públicos y privados.

Sin embargo, el ingeniero inglés no quiso continuar más con el proyecto porque empezó a sentir una gran preocupación por las consecuencias que tendría para la humanidad el uso del superordenador cuántico para fines espurios, y mucho peor si éstos fueran criminales. Un superordenador, con 100 cúbits de información cuántica, sería teóricamente más potente que todos los ordenadores del planeta juntos.

Los ordenadores cuánticos son también máquinas electrónicas capaces de almacenar información y tratarla automáticamente mediante operaciones matemáticas y lógicas que son controladas por programas informáticos con la novedad de que sus dispositivos no siguen las reglas normales de la física. En lugar de bits, que nos miden la capacidad de almacenamiento de una memoria digital — tal como hacen los ordenadores clásicos— se utilizan como valor de medida los cúbits que no crecen de manera lineal sino que lo hacen de manera exponencial.

La informática cuántica aprovechaba la extraña capacidad de las partículas subatómicas para existir en más de un estado, a la vez y en cualquier momento. Debido a la forma como se comportan las partículas subatómicas —en especial, el electrón y el fotón— las operaciones de cálculo podían realizarse de un modo muchísimo más rápido y, a su vez, consumir mucha menos energía que los ordenadores clásicos.

Aquel que procesara el superordenador cuántico de 100 cúbits podría tener la capacidad de conocer todo lo que podrían llegar a saber los seres humanos, con el añadido de estar dotado de una facultad de cálculo cuasi infinita. Una facultad que permitiría que los seres humanos incrementaran, mediante su uso, todas sus potencialidades para que, en menos de un minuto, se pudiera descifrar cualquier documentación encriptada y cualquier contraseña por difícil y complicada que ésta fuera.

Gracias al Blockchain —tecnología conocida como cadena de bloques que simplifica y mejora sustancialmente el sistema bancario y lo vuelve del todo transparente— se acabaría con la impunidad de los paraísos fiscales, el blanqueo y la evasión de capitales y otras formas delictivas.

De igual modo, la capacidad de cálculo de un superordenador cuántico es tan grande que también nos permitiría conocer, en muy poco tiempo, cómo acabar con los virus dañinos para la salud, manipular el ADN para erradicar enfermedades hereditarias, crear nuevas medicinas y dispositivos médicos para la cura de todas las enfermedades.

Los seres humanos serían capaces de acelerar el descubrimiento de tecnologías futuras, de modo que les permitieran alargar su vida hasta edades mucho más que centenarias, dominar la naturaleza y el clima, posibilitar la gestación extrauterina, hacer posibles los viajes espaciales intragalácticos y crear un increíble desarrollo de una Inteligencia Artificial al servicio del hombre que le sustituiría en casi todas las actividades, incluso en las creativas, dado que las máquinas podrían auto- aprender y dotarse de una IA que fuera mil veces superior a la inteligencia de los propios humanos.

¿Pero qué pasaría si el superordenador cuántico, con la ayuda del Inteligencia Artificial, el Aprendizaje Automático, G5 y todas tecnologías 4.0, fuera utilizado por unas malas manos para controlar el futuro de la humanidad? La respuesta a esta pregunta era lo que al ingeniero Joseph Finkelstein le había empezado a obsesionar porque le daba, más que miedo, un pavor inmenso comprender que ese futuro estaba ya muy cercano. Muchísimo más próximo en el tiempo de lo que hace tan sólo dos años se hubiera imaginado. Su preocupación no era la de saber si, utilizando el superordenador cuántico que él y su equipo habían acabado de fabricar, alguien podría llegar a dominar el mundo, esclavizando a la raza humana. Eso no le preocupaba porque era un hecho que lo daba por seguro. Lo que verdaderamente le preocupaba era cómo evitar que eso llegara a ocurrir o, al menos, intentarlo.

Finkelstein era conocedor de que el gran desarrollo que había conocido la analítica social, en el último tercio del siglo XX, se había enormemente incrementado, gracias al tremendo desarrollo que conocieron las tecnologías de la información y de la comunicación —las famosas TIC. Este avance había permitido la recopilación y el masivo análisis de estadísticas y datos digitales sobre las tendencias, los hechos y las ideas portadoras de futuro para así conocer con menores dosis de incertidumbre como pensaban las masas humanas y las probabilidades de que, ante determinadas ofertas, se decantaran por una propuesta u otra. Las empresas fueron las primeras en darse cuenta de la importancia que tenía conocer de antemano cómo y porqué actúan así los consumidores, a la hora de elegir un determinado producto para su consumo, en relación frente al resto de productos de la competencia.

Ya, entrados en el siglo XXI, sobre todo en la última década y media, la analítica social se convirtió en una forma primaria de inteligencia empresarial, utilizada para identificar, predecir y responder rápidamente al comportamiento de los consumidores.

Hoy en día, en el año 2023, las empresas tienen muy controlados a sus clientes. Así, sin que la gente se aperciba de ello, a lo largo de su vida cotidiana, aquellos que navegan por internet buscando un determinado producto en una tienda en línea, suelen utilizar una tarjeta de socio para comprar diferentes productos y bienes, tales como comestibles que están en oferta o compartiendo ofertas especiales que constantemente hacen los amigos a través de las redes sociales. De este modo, cada uno envía continuamente a sus amigos, los unos a los otros, gotas y pinceladas de lo que piensa y representa su inteligencia.

Las empresas, con tan solo con hacer un clic en el teclado del ordenador, se pueden poner a trabajar por internet con un gran número de programas y aplicaciones informáticas que recopilan miles de datos referentes a factores que quieren estudiar de sus clientes para su posterior exploración y análisis. De este modo, logran conocer con un margen de error inferior al 1,0 % cómo piensan de verdad sus clientes y cómo varían sus opciones, en el caso de que se modificaran las circunstancias y condiciones de las ofertas.

Esta información es oro para aquel que sabe utilizarla. Finkelstein suponía que las empresas interesadas debían ser muchas, porque había cada vez más empresas dedicadas a recopilar datos sobre las actividades comerciales en línea que se ocupaban de conocer cómo pensaban los clientes para luego poder manipular sus gustos e influir en ellos o, en el mejor de los casos, satisfacer sus deseos para hacerlos clientes cautivos. Hoy en día, sería difícil encontrar un sitio web que no estuviera supervisado y analizado su uso de alguna manera u otra.

Algunos sitios web utilizaban sólo una herramienta de análisis social, como Google Analytics, mientras que otros utilizan muchas más. Pero, la utilización de las redes sociales, a través de la navegación por internet, se había convertido, gracias a las sofisticadas técnicas de hackeo, en un mundo abierto y permeable que estaba siendo muy aprovechado para obtener información, en especial por los servicios de inteligencia en su lucha contra el crimen, el terrorismo y la ciberguerra. Desgraciadamente, pronto vendría la utilización de la analítica social como herramienta para la dominación política de los seres humanos como se pudo comprobar en las elecciones políticas de los últimos ocho años.

III

Sabido era que la democracia se asienta en el principio de “Una persona, un voto”. El voto es el acto mediante el cual cada uno de los ciudadanos expresa su apoyo o preferencia por una determinada moción, propuesta, candidato o partido político durante una votación, bien sea de forma secreta o pública. Por lo tanto, es un método de toma de decisiones que se realiza en el seno de un grupo. El voto es parte esencial en todos y cada uno de aquellos sistemas de gobierno que se basan en la democracia.

La democracia exige que la toma de decisiones importantes se realice de manera equitativa y haciendo valer la opinión o el punto de vista de cada persona. El voto tiene una carácter universal. Es decir, que todo el mundo tiene derecho a utilizarlo y sólo pueden votar una vez, independientemente del dinero que cada uno posea. Por ello, el voto vale igual para todos, sin importar quien sea el votante, la edad que tenga, lo mucho que sepa y la riqueza que posea.

Sin embargo, Joseph Finkelstein había observado que, a lo largo de la historia, siempre había habido intentos por derrocar la democracia por aquellos grupos sociales más poderosos o emergentes que querían controlar o hacerse con el poder, a pesar de ser minoritarios, cuando no, extremadamente minoritarios. Querían imponer a los demás sus sistemas de gobierno dictatoriales, gracias al apoyo del ejército, bien fueran grupos minoritarios de izquierda como de derecha. Sin embargo, gracias al desarrollo de la sociología, empezó a ser comprendido por las clases sociales más ricas y dominantes —convertidas en rentistas del sistema— que podían perpetuarse en el poder, sin necesidad de eliminar la democracia, bastaba sólo con adulterarla y corromperla.

Sólo se necesitaba disponer de unas herramientas de cálculo que, de una manera impune, permitieran aprovecharse del hecho de la estupidez del ser humano, y de su comportamiento irracional cuando actúa como masa social. Se trataba de conocer cómo y cuándo poder crear aquellas condiciones óptimas que permitieran manipular e influir sobre la opinión y la conducta de los seres humanos. La clave consistiría en modificar el lema de “Una persona, un voto” por otro lema más inquietante: “un dólar, un voto”, sin que los seres humanos, debido a su tremenda estupidez, se dieran cuenta de ello. La cuestión de cómo hacerlo hábilmente sería la tarea que ocuparía a los lobbies empresariales y a muchos partidos políticos mayoritarios durante los años posteriores a la II Guerra Mundial y culminaría con un éxito total, a comienzos de la tercera década del siglo XXI.

Unos meses antes de que concluyera su trabajo dentro del Proyecto Chronos, en uno de sus viajes a su residencia de Londres, el director del proyecto, el ingeniero Joseph Finkelstein, había hablado con su gran e íntima amiga, Angela Hall, acerca de las grandes preocupaciones que tenía sobre este tema. Recientemente, Angela Hall había sido nombrada Secretaria de Estado para el Departamento del Interior y, a su vez, Ministra de la Mujer y la Igualdad del Gobierno Británico. Ahora que el ingeniero regresaba a su residencia en Londres, Finkelstein sentía que se acababa una etapa y que se iniciaba otra más importante en la que surgiría una gran amenaza que pondría en peligro a la humanidad entera y quería empezar a hacer algo para evitar lo que temía que iba a suceder.

La opinión de su amiga, la política Angela Hall, era muy parecida a la suya y ella le recomendó que Joseph Finkelstein creara un “think-and-do tank” con personas que fueran competentes, valientes para asumir retos y riesgos y, sobre todo, que fueran de una gran inteligencia, porque la tarea lo exigía y, por último, que fueran de entera confianza. La idea de crear un “think-and-do tank” era genial. Se trataba de crear un grupo de expertos, con dominio y conocimiento sobre el alcance y aplicaciones de las nuevas tecnologías y una larga experiencia en prospectiva estratégica e investigación socioeconómica.

Se trataba de que la función inicial consistiera en la reflexión intelectual previa y continuara con la posterior puesta en marcha de un ambicioso proyecto que tuviera que ver con la defensa de la democracia y las libertades. Este proyecto debería considerar también la evolución de la política social, la estrategia política, la economía sostenible, la estrategia militar, la tecnología climáticamente neutra, la neurociencia y la psicología, la sociología y la construcción de estereotipos, el diseño de nuevas vacunas, la cultura y los medios de comunicación, propaganda y fake news, etc. En general, todo aquello que su dominio fuera vital para el futuro de la humanidad.

Cuando comunicó y fue aceptada su decisión de dar por finalizados sus trabajos de dirección en el Proyecto Chronos, para después de Julio de 2021, en los días siguientes se puso en contacto con sus grandes amigos de la connivencia, cuya amistad se remontaba a los años de cuando se conocieron estudiando el Master en Administración de Empresas en el London Business School, LBS, de la Universidad de Londres. Sus amigos de siempre, los eternos conspiradores del futuro, eran un italiano de la Liguria, Riccardo Della Rovere, y un francés de Normandía, Maurice Garnier. Los tres habían nacido en 1953 y compartían los mismos ideales e idénticas ambiciones, cada uno en su parcela profesional, para servir a la humanidad en la noble tarea de contribuir a la creación del mejor futuro posible.

Desde que se conocieron, en los casi dos años que duró el master, se forjó una gran amistad que se reforzaría a lo largo de sus vidas. El inglés que había realizado sus estudios de ingeniería en el Imperial College London de la Universidad de Londres había optado por hacer un master en económicas que completara sus estudios de ingeniería. Allí conoció primero al italiano Riccardo Della Rovere que venía de concluir sus estudios de derecho y de ciencias económicas en la Universidad de Lovaina-la-Nueva y él fue el que le presentó a su amigo, el francés Maurice Garnier que había estudiado lo mismo que Riccardo en la misma facultad belga.

En la actualidad, su amigo Riccardo ocupaba el puesto de Director General del Fondo Monetario Internacional y trabajaba en su sede de Washington DC, tras haber desarrollado, a lo largo de su dilatada carrera profesional, diferentes oficios como embajador y ministro de economía y finanzas en varios gobiernos de la República italiana. Por el contario, Maurice Garnier se había consagrado al mundo de la educación en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios, CNAM, dedicado a la enseñanza de la Prospectiva Estratégica y a la consultoría en Prospectiva y Estrategia. El francés estaba considerado como uno de los mejores expertos en Prospectiva Estratégica de todo el mundo.

IV

Durante la segunda mitad del siglo XX, en función de un simple análisis estructural de un sistema complejo, como lo era cualquier sistema sociopolítico, se podía conocer cuales eras sus factores clave, cuales era los objetivos a alcanzar y cuáles eran las palancas reguladoras que permitirían manejar el sistema sociopolítico para el control de sus factores clave y la consecución de los objetivos estratégicos del sistema.

Hasta entonces, la democracia había sido un obstáculo importante para que un grupo minoritario se hiciera con el poder. La supresión de la democracia se solía conseguir mediante el recurso a un golpe de estado —civil y/o militar— que permitiera el establecimiento de una dictadura. Posteriormente, este régimen autoritario intentaría perpetuarse en el tiempo, a costa de privar de la democracia y del ejercicio de sus libertades al pueblo y de oprimir a todos aquellos que se opusieran a la dictadura, haciéndoles pagar a los contrarios al régimen con muchos años en la cárcel o, incluso, con su propia vida.

Sin embargo, todo esto empezaría a cambiar con el auge de los sondeos o los llamados estudios de la opinión pública. En estos estudios o investigaciones se confirmó que el comportamiento gregario de los seres humanos era el tendón de Aquiles de los mismos. La fragilidad de las masa humana era impresionante y, además, sumamente peligrosa para el mantenimiento de la democracia y del sistema de libertades. Par conocer como pensaba la gente, bastaba realizar una encuesta a una muestra aleatoria pequeña, que fuera representativa del universo a encuestar, y ya se podía saber cómo pensaba todo el conjunto de la población. Es decir, que encuestando a unas mil personas se podía conocer lo que pensaban 100 millones de habitantes, con un margen de error en la estimación de proporciones inferior al 2,5%.

Individualmente, algunos seres humanos podrán ser muy inteligentes pero, cuando actuaban en grupo, acostumbraban a tener un comportamiento gregario, similar al de los animales cuando andan en manada. El comportamiento gregario es la tendencia que explica porqué los seres humanos tienden a mezclarse con otros, y actuar en función de los impulsos y emociones del grupo, sin control de ningún tipo y sin ninguna dirección planificada.

Este término que se aplica al comportamiento de los animales cuando actúan en manadas, sociológicamente también se aplica a la conducta humana durante su concurso colectivo en diferentes situaciones, tales como ocurre con los prejuicios raciales y étnicos, el fanatismo de las creencias religiosas, la irresponsabilidad de la burbujas financieras o inmobiliarias especulativas, la actuación violenta en manifestaciones callejeras, los atentados terroristas, las huelgas salvajes, el apasionamiento deportivo intolerante, los disturbios sociales e, incluso, la toma de decisiones imprudentes, la pérdida de capacidad de juicio y de pensamiento crítico y la formación de una opinión pública falsa y manipulada, como ocurre casi todos los días, en una gran mayoría de países, por no decir que en todos, en mayor o menor medida.

Si bien los intentos de manipular el comportamiento humano vienen desde muy antiguo, el ingeniero Finkelstein y su equipo comprobaron que fue solo, desde hacía casi una década, cuando los científicos descubrieron un método que permitiría obtener una manipulación que fuera exitosa. En efecto, dentro del campo de la psicología, se había comprobado que la estimulación externa e interna podía hacer variar el comportamiento humano y animal.

Pero la investigación científica acerca de la manipulación del comportamiento no se había limitado sólo a la psicología. Así, biólogos, genetistas, farmacólogos, economistas, fisiólogos, sociólogos, expertos en comunicación y otros profesionales habían demostrado que el comportamiento humano podía ser alterado y controlado con un alto grado de eficacia, si se utilizaban las palancas reguladoras de los sistemas sociales de manera correcta.

Por ejemplo, resultaba algo incontestable la facilidad con la que se modificaba la conducta y la opinión de la gente, a través de la manipulación de la información, el aumento de los niveles de incultura y la eliminación o reducción de la capacidad de pensamiento crítico. En este sentido, una poderosa palanca reguladora de la opinión pública se descubrió que era el control de las audiencias de los medios de comunicación que quedaban en manos de las clases sociales más altas de la sociedad. En este sentido, Paul Joseph Goebbels, el que fuera ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Gobierno Nazi de Hitler, lo había dicho hacía tiempo cuando afirmó y demostró con los hechos: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Con el tiempo llegaría la aplicación de algoritmos para la modificación de la conducta humana y su impacto sobre la formación de criterios. Las empresas dedicadas a la analítica social y los expertos en tergiversar noticias se unieron para crear un nuevo tipo de negocio consistente en hacer que, cada vez más, costara saber a los seres humanos qué era verdad y qué era mentira, qué era inventado y que era real. Como diría Mark Twain en su libro de 1897 ‘Following the Equator’: “casi cualquier cita inventada, pronunciada con convicción, tiene muchas posibilidades de engañar y ser creída”.

Según precisaba Maurice Garnier, dada la creciente incultura de la población, por un lado, provocada por los ineficaces sistemas educativos y, por el otro, por la basura de los medios televisivos, la intolerable y sesgada concentración de los medios en unas pocos manos, la carencia de información veraz y creíble y el aumento de la complejidad creciente de las sociedades, cada vez sería más fácil engañar a los ciudadanos.

Según la curva de distribución normal, conocida como la campana de Gauss, los ciudadanos situados por debajo del percentil 80 de coeficiente de inteligencia, IQ —es decir, el 80% de la población con coeficientes de inteligencia iguales o más bajos— serían muy vulnerables a la hora de la formación de sus criterios y opiniones, lo que afectaría al resultado de sus opciones y opiniones. Dentro de este marco, las elecciones ya nunca más podrían ser democráticas.

Sólo se podrían salvar aquellas personas dotadas de los niveles más altos de IQ pero dado que sería también muy probable que, por sus conocimientos y habilidades, pertenecieran a las capas más altas de la sociedad y dado también que la ética y la responsabilidad social eran valores en baja, la manipulación de las elecciones resultaría una tarea cada vez más sencilla, ante la falta de líderes locales de referencia que reaccionasen contra la propaganda falaz que diseñaban las empresas dedicadas a la analítica de datos y de tendencias, para manipular los resultados de las campañas electorales.

V

La noticia de que mediante diferentes aplicaciones informáticas se habían recolectado datos de más de 200 millones de usuarios de diferentes web de redes sociales, influyendo en los resultados de la elecciones celebradas en más treinta países, entre los años 2013 y 2021, fue la gota que, para el ingeniero Joseph Finkelstein, había desbordado el vaso y había que actuar cuanto antes.

La aparición de Cambridge Analytica en el año 2013, despertó su atención su presunta influencia en el resultado de diferentes elecciones como fue el caso de Kenia, entre otros. Después vendría su acusación de influencia en los resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, en favor de Donald Trump, y es cuando Cambridge Analytica se puso en el candelero. Entre otras denuncias, se le acusaba de haberse apropiado de los datos de 50 millones de usuarios de Facebook. Este hecho había desatado un vendaval político en todo el mundo, aunque pareciera que todo era puro teatro porque si bien desapareció esa empresa desde entonces habían surgido más de treinta empresas nuevas cuya actividad empresarial era muy parecida a la de Cambridge Analytica.

En concreto, estas empresas de analítica se encargaban de la minería o extracción de información relevante, a partir de grandes bases de datos como las redes sociales, para posteriormente realizar el análisis de datos, extraer tipologías, identificar a los individuos según éstos pertenecieran a diferentes tipologías o clases socio-electorales y diseñar la correspondiente comunicación estratégica de la campaña, al objeto de influir en la decisión de los votantes en los procesos electorales —con mentiras y calumnias si fuera necesario— y beneficiar, así, a sus clientes con la victoria electoral o referendum.

En aquellas campañas electorales, en las que colaboraban estas empresas, se utilizaba el juego sucio, y, si era necesario, también se recurría a comportamientos criminales como la extorsión, el soborno, la amenaza, la calumnia, etc. Todo valía con tal de obtener la victoria del cliente candidato. Las ocho empresas de analítica que dependían de Page Capital compartían un mismo slogan con sus clientes: “Lo importante es ganar, para participar ya están los demás”.

Casi todas estas empresas de analítica pertenecían a grupos de contratistas que trabajan para el sector gubernamental y/o militar que, según afirmaban en sus sitios web, trabajaban para diversos sectores mediante la realización de estudios de mercado, estudios sobre consumo de drogas y estupefacientes y sobre todo, como inteligencia de apoyo a determinados candidatos en las campañas políticas.

En las últimas elecciones de Estados Unidos del año 2020, en las que ganara el Presidente John Benjamin Brown, estas empresas de analítica habían tenido como cliente al Vicepresidente George Clayton que, hasta jurar su cargo, había sido un claro representante del poderoso lobby del sector financiero-empresarial y muy amigo del magnate Arnold Page, dueño del inmenso holding corporativo que constituía la mega-entidad Page Capital. Un dato a tener en cuenta es que una eventual muerte del Presidente Brown, auparía a George Clayton a la Presidencia de Estados Unidos.

Estas empresas disponían de desarrollados algoritmos que combinaban la psicología del comportamiento con una metodología de investigación que fuera estadísticamente sólida, al objeto de obtener una imagen completa del comportamiento del electorado, sus características y competencias, así como las propias tendencias condicionales de voto. De este modo, podían predecir los deseos de los electores y sus variaciones con el tiempo. Todo ello iba provocando una erosión dramática de la democracia.

Los índices relativos a la salud de la democracia y la gobernanza en más de 130 países del mundo, ofrecían unos resultados muy desalentadores, Crecían las desigualdades sociales y se contemplaba la reducción del estado de derecho y la pérdida de libertades políticas en unos 60 países, incluidos algunos países con democracias avanzadas.

VI

En abril del año 2021, dos meses antes de la inauguración y puesta en marcha del superordenador cuántico de 100 cúbits en el Laboratorio de Future Brain de San José, California, aprovechando una reunión con miembros de la Oficina del Presupuesto del Congreso, CBO, en Washington D.C., Joseph Finkelstein decidió quedarse unos días más en la capital estadounidense, para pasar el fin de semana con su amigo Riccardo Della Rovere. Tenían que hablar de todos los temas que quedaban pendientes, resolverlos y llegar a acuerdos y, al mismo tiempo, discutirlos por videoconferencia con su común amigo Maurice Garnier. El tiempo apremiaba y, entre los tres, tenían muchas decisiones que tomar ese mismo fin de semana.

Trabajaron intensamente todo el día del viernes. Riccardo se tomó ese día libre para poder librar el sábado, pues sabía que su amigo Joseph, aún no siendo religioso, como buen judío que era prefería no trabajar en Shabat y dedicarlo al descanso con la familia y los amigos. Empezaron a trabajar muy pronto el viernes por la mañana. Tuvieron tiempo para tocar todos los temas pendientes y acordar el qué hacer, que no era poco. Posteriormente, después de un almuerzo ligero, a eso de las 15.00 horas de Washington DC —21.00 horas, según el horario de París— llamaron por videoconferencia a Maurice Garnier.

Era obvio que si querían salvar el mundo de la dominación fascista que le aguardaba, debían anticiparse cuanto antes para no tener que sufrir luego las consecuencias. Sabían que bastantes mega-entidades como la que lideraba Page Capital perseguían hacerse con un superordenador cuántico de 50 o 100 cúbits que les permitiera crear, y más tarde hacer operativo, un programa informático para el control y dominio del Sistema Socioeconómico Mundial. Pero, para ello, habrían de contar con un algoritmo tan complejo que necesitarían casi 15 años para obtenerlo. Las tareas a realizar comprenderían las mismas etapas que las que Joseph Finkelstein, Riccardo Della Rovere y Maurice Garnier habían establecido la semana anterior:

  1. Identificar las variables que condicionan la evolución del sistema complejo de dominación mundial mediante encuestas y minería de datos de carácter permanente
  2. Conocer, evaluar y medir, mediante la analítica, las tendencias, absolutas y condicionadas, de todas las variables que intervienen en el sistema
  3. Establecer las relaciones directas y las indirectas de grado 15, entre todas las variables mediante la aplicación del análisis estructural Big Link
  4. Dibujar en 3D los multidimensionales mapas explicativos del funcionamiento real del sistema de dominación mundial en la perspectiva del 2040
  5. Elaborar el Eje de la Estrategia del sistema y sus diferentes subsistemas geopolíticos y geoeconómicos
  6. Realizar de forma secuencial el análisis multicriterio SPOT para el diseño y su adaptación del “ADN” o esqueleto del algoritmo.
  7. Construir el “ADN” del algoritmo de dominación mundial
  8. Incorporar sistemas de descodificación de bases
  9. Establecer de manera permanente la conexión —en tiempo real y salvando todo tipo de contraseñas y sistema de encriptación— con cualquier base de datos existente, privada o pública, con información clasificada o no, y con todas las redes sociales, así como con todo tipo de otras fuentes de información y comunicación online, incluidas las redes móviles.
  10. Realizar de manera secuencial la analítica de millones de datos diarios para el ajuste del Eje de la Estrategia y la actualización del algoritmo
  11. Construir el primer prototipo del algoritmo de dominación mundial. Finalizar la fase Alfa
  12. Definir la fase Beta (a concretar en fechas posteriores)
  13. Desarrollar la fase Beta y la versión candidata a definitiva —Release Candidate, RC— (a concretar en fechas posteriores)
  14. Elaborar y desarrollar la versión de disponibilidad general —Release to Manufacturing, RTM— (a concretar en fechas posteriores)

Joseph Finkelstein era bien consciente de que, utilizando el superordenador cuántico de 100 cúbits, la construcción del algoritmo de dominación mundial podría necesitar tan sólo dieciocho meses. Dentro de dos meses, el superordenador cuántico de 100 cúbits entraría en su última etapa RTM. Su versión sería entonces muy estable y relativamente libre de errores como para poder trabajar en él. Además, él era el director del Proyecto Chronos y, antes de dejar el cargo, se encargaría de que se aceptara la utilización del superordenador cuántico por parte de él y por su equipo. Para evitar problemas, la solicitud se haría a petición del propio director general del Fondo Monetario Internacional.

El superordenador cuántico de 100 cúbits trabajaría con una capacidad y una rapidez de procesamiento que serían las adecuadas para construir el algoritmo en poco tiempo. En efecto, si se empezara a trabajar en ello, a lo más tardar en Septiembre de aquel año 2021, el algoritmo de la dominación mundial estaría funcionando para el mes de Marzo del 2023. De este modo, tal como ocurriría si se supiera previamente las jugadas del contrincante en el juego del ajedrez, aquí también se podría conocer de antemano las jugadas del actor o grupo de actores que quisieran dominar el mundo, y anularlos antes de que movieran ficha.

Faltaba elegir el equipo que se haría cargo de la construcción del algoritmo y cerrar el tema de la financiación para llevar a cabo este trabajo que se estimaba que rondaría los 240 millones de dólares. Riccardo Della Rovere había hecho una propuesta que era muy factible. El italiano ya había adelantado a sus amigos que ese gasto lo cubriría el FMI. Para la financiación íntegra del proyecto, se utilizaría una reserva de fondos de libre disposición que él podría otorgar directamente. Sólo se necesitaría dar cuenta de ello a un pequeño comité integrado por tres países que él mismo se encargaría de convocar para constituir la comisión de seguimiento y control.

El Presidente de Estados Unidos, John Benjamin Brown, el Primer Ministro británico, David Robinson y el Presidente del Consejo de Ministros de Italia, Luigi Salviati habían accedido a que sus respectivos países integraran el comité. Por razones obvias, las deliberaciones dentro del comité se mantendría siempre en secreto. No se podía revelar a nadie nada acerca del algoritmo de dominación. Ese era un tema que debería guardarse en el más estricto secreto.

Maurice Garnier ya había propuesto las cinco personas que integrarían, junto con ellos tres, el equipo. Se trataba de gente muy capacitada y con experiencia, de edades más jóvenes que las de ellos. La mayoría, aunque no todos, eran prospectivistas que habían trabajado en proyectos similares de elaboración de algoritmos sobre la formación de criterios y opinión, en el seno de la masa humana y que combinaban la ingeniería, en sus diferentes ramas, con la economía, la sociología, la psicología e, incluso, la historia.

Dichos candidatos eran Alison Blair y Ashley Scott, ambas investigadoras de la Universidad de Harvard, Massachusetts; Rachael Adler, investigadora de la Universidad de Stanford, California; Ariel Shem-Tov investigador del Instituto Tecnológico de Israel, Technion, de Haifa e Iñaki Andraka, investigador de la Universidad Curtin de Perth, Australia.

A su vez, Maurice Garnier había enviado también sus curriculum vitae correspondientes. A Finkelstein y a Della Rovere les parecieron espectaculares los curriculum y ya deseaban conocerlos para empezar a trabajar cuanto antes. Durante la videoconferencia acordaron, junto con Maurice Garnier, que el inglés Finkelstein se encargaría de contactar con el australiano Iñaki Andraka, el francés Garnier se encargaría de contactar con el israelí Ariel Shem-Tov y el italiano Della Rovere lo haría con las tres estadounidenses: Alison Blair, Ashley Scott y Rachael Adler.

La fase inicial y hasta el final de la fase Alfa se desarrollaría en el Instituto Tecnológico de Israel que contaba con un pequeño superordenador cuántico que, si fuera necesario, podría conectarse al superconductor cuántico de 100 cúbits de Future Brain Research de San José, California. La fase Beta, y hasta el final de la construcción y aplicación operativa del algoritmo de dominación mundial, se desarrollaría en California, desde un lugar que estuviera conectado al superconductor cuántico de 100 cúbits y se precisaría más adelante desde donde trabajar, a medida que avanzara la fase Alfa. En principio, se consideraba que, tanto la Universidad de Stanford como la Universidad californiana Berkeley, eran unas firmes y perfectas candidatas. También podrían ser las dos. El tiempo y la oportunidad lo diría.

VII

Habían transcurrido casi dieciocho meses desde que comenzaron las tareas de construcción del algoritmo, a finales de Septiembre. La fase Alfa se había desarrollado todo el tiempo en el Technion de Haifa, Israel. Al principio surgieron muchas dificultades pero, poco a poco, se fueron solucionando una a una. Se trataba de un trabajo tremendamente ambicioso que no tenía nada que ver con lo que hasta entonces se había hecho. Además cuando desde el Technion se conectó con el Future Brain Research de San José, la velocidad del superordenador cuántico de 100 cúbits que era tan grande hacía que todo cálculo que se le planteara lo resolviera en segundos. Su capacidad de almacenamiento eran también insaciable.

Los programas que se realizaron para descifrar documentos los aplicaba rápido y sin problemas. Lo mismo pasaba con los accesos a bases de datos. No hubo contraseña, por complicada que ésta fuera, que se le resistiera. El superordenador cuántico de Almaden podía hackear miles y miles de bases de datos y su único problema para ir más o menos rápido era la velocidad de las redes de trasmisión de datos que solían crear cuellos de botella. Sin embargo, se consiguió aumentar la velocidad de trasmisión, utilizando la tecnología Led-Li-Fi y manipulando el uso distribuido de los cables de fibra óptica para crear supercanales de trasmisión de datos, hasta alcanzar una velocidad máxima transmisión de datos de 42,7 terabytes por segundo.

A los tres meses, la minería y el análisis de datos funcionaban de una manera espectacular como nunca se hubiera imaginado tan solo unos años antes. Era capaz de procesar todo el tráfico de internet, y realizar su analítica de datos que adaptaba el algoritmo en tiempo y resolvía todas las ecuaciones. El mayor problema surgido en la fase Alfa, y que se corregiría, durante la fase Beta fue la disonancia entre el escenario real y el que surgía de la aplicación del algoritmo de la denominación mundial que no había tenido en cuenta, ingenuamente, la realización de acciones criminales, crueles, sangrientas y hasta genocidas.

Durante la fase Beta, también surgieron otras incongruencias y desajustes entre los escenarios reales y los surgidos a partir del algoritmo. Se había detectado que después de la fase Beta, dichos problemas continuaban apareciendo; en especial, en un eventual escenario en el que se producía un desplome financiero mundial. La secuencia algorítmica que impulsaba las actuaciones de las empresas en los mercados de valores, generaba un bucle de venta de acciones que era imposible de frenar, de manera que el propio algoritmo, no sólo aceleraba el crack financiero, sino que también impedía cualquier corrección humana para evitarlo. Dicho error se pudo componer, durante la fase posterior a la fase Beta, durante la Fase RC.

VIII

La construcción del algoritmo de dominación mundial también tuvo sus problemas que se subsanaron con esfuerzo y dedicación de todo el equipo trabajo; de manera especial, los colaboradores que trabajaban bajo la supervisión de la profesora Rachael Adler de la Universidad de Stanford. Todas las semanas la profesora Rachael Adler, como responsable de las fases finales y puesta en marcha del algoritmo de dominación mundial, informaba al resto del equipo sobre la marcha del proyecto y todo indicaba que el proyecto iba a conocer un final feliz, cuando una mañana de un día de finales de Febrero de 2023, el Director General del FMI, Riccardo Della Rovere, recibió una visita que no había sido concertada previamente por parte del Director del FBI, Robert Stone.

Se había producido una fuga de información muy importante en la Casa Blanca, con respecto al proyecto de creación del algoritmo que el FMI estaba realizando en secreto. Aparte de propalarse una información detallada sobre los propósitos el algoritmo, también se han difundido tres nombres. El nombre de Joseph Finkelstein, el de Rachael Adler y el de Riccardo Della Rovere.

La fuente de la filtración ya había sido detectada. Se trataba de la Oficina de Vicepresidente de Estados Unidos, sita en el Edificio de la Oficina Ejecutiva Eisenhower. El chivatazo había partido de Donald Ford, asesor y Jefe de Gabinete del Vicepresidente George Clayton, que fue quién le dio la información y la orden para enviarla a una cuenta de correo electrónico de Page Capital. Por orden expresa del Presidente Brown, el FBI estaba interceptando los correos electrónicos y las llamadas telefónicas de todos los que trabajaban en la Oficina del Vicepresidente, pero hasta el momento no había habido más filtraciones.

IX

Tres días más tarde de la visita que hizo el Director del FBI, Robert Stone, Riccardo Della Rovere se reunía en su casa, situada en el barrio de Georgetown, con la investigadora de la Universidad de Stanford, Rachael Adler, y su entrañable amigo Joseph Finkelstein. Ambos habían volado muy temprano desde el aeropuerto internacional de San Francisco al aeropuerto internacional Dulles de Washington DC para reunirse con Riccardo. La información que traían era muy importante.

— ¡Empecemos desde el principio Riccardo! Cuando tú nos enviaste el mensaje encriptado acerca de lo que habías hablado con Robert Stone —inició la explicación Finkelstein— Rachael y yo volcamos la información que teníamos actualizada en el algoritmo sobre Page Capital. Lo primero que descubrimos es que la cuenta de correo de Page Capital secreta tiene sólo un usuario y ese es el mismo Arnold Page. Luego quiere decir que ya sabemos a quien iba dirigida la información que envió un tal Donald Ford, al que conozco desde hace tiempo, y desde la Oficina del Vicepresidente Clayton. Después, aprovechamos para registrar esa cuenta de correo electrónico y los documentos que por ella habían pasado, bien éstos fueran enviados o recibidos, y que, posteriormente, se habían eliminado.

Gracias a nuestro superordenador cuántico de Almaden Valley, recuperamos la mayoría de esos documentos de cuyo contenido prefiero que te lo explique Rachael —concluyó el inglés, esperando a que Rachael, antes de tomar la palabra, abriera una carpeta que contenía más de veinte fotocopias y repartiera una copia igual a cada uno de los dos hombres allí reunidos.

— Las fotocopias que os acabo de entregar están ordenadas por orden cronológico. Todas estas clasificadas desde hace un mes para acá. Existe una correspondencia entre el Vicepresidente Clayton y Arnold Page que es muy interesante ya que, a través de los emails que se han intercambiado entre ellos, podemos conocer qué es lo que traman. Entre paréntesis añadiré que este hackeo que hemos realizado nos ha servido mucho para afinar el algoritmo. Hasta ese momento, estas informaciones tan vitales casi nunca se rastreaban, a menos que se lo ordenáramos previamente nosotros. Ahora ya sabemos que la autorización deber ser permanente y para siempre y con cualquiera que al algoritmo le resulte sospechoso —Rachael miró a sus amigos y, como viera que no preguntaban nada, prosiguió:

— Estamos en el punto de mira de Page Capital y de los poderes fácticos que le acompañan. A ti, Riccardo, y a ti, Joseph, os diré que, en los documentos descifrados que recuperamos de la cuenta de Arnold Page, os citan más de treinta veces. Los dos sois personajes públicos y conocidos por lo que sólo hablan de vosotros para comentar sobre lo que hacéis y sobre lo que pretendéis. Os consideran la peor y la más peligrosa clase de enemigos que pueden tener. Os consideran los líderes de un secta ciento por ciento eliminable, que combina la masonería con el judaísmo, los grandes enemigos históricos del fascismo. En definitiva, saben que sois muy peligrosos para ellos, saben quiénes sois, saben dónde vivís y quieren asesinaros pronto y a como dé lugar. Pero antes, quieren hacerse con el algoritmo y ahí es donde aparece mi nombre —aclaró Rachael Adler poniendo un tipo de voz más grave— A mi también quieren hacerme algo pues saben que también soy el personaje más débil de aquellos que tienen la llave para hacerse con el algoritmo de la dominación mundial —concluyó Rachael dejando asomar unas lágrimas de temor por sus ojos.

Trascurrió un silencio semejante al que se percibe instantes antes de estallar la tempestad. Aquel silencio denotaba que los allí reunidos estaban más próximos al cadalso o patíbulo que lo que un mes antes se hubieran imaginado. De pronto, Riccardo Della Rovere se dio cuenta de que los tres estaban como en un escenario, representando a Jesús, flagelado y con una corona de espinas y vestido con un manto rojo púrpura, y que había sido llevado así ante Poncio Pilatos, en el preciso momento en el que el gobernador romano de Judea pronunciara aquella famosa frase: “Ecce homo”.

Con la impactante imagen de esa representación ante sus ojos, Riccardo se levantó de su asiento y fue hasta la mesa de su escritorio para recoger dos sobres. Después entregaría un sobre a cada uno, para decirles a continuación:

— ¡Amigos míos!, creo que ya no hay ninguna duda de que vienen tiempos duros y peligrosos y de que la muerte ronda nuestras cabezas. Pero también es cierto de que tenemos una misión transcendente que cumplir, que lo estamos haciendo muy bien pero que necesitamos tomar precauciones para que no nos pase nada desagradable. A partir de hoy será mejor que cuando menos sepa uno sobre lo que hace el otro mejor. Nuestro objetivo máximo y principal es el de salvar el algoritmo, evitando que caiga en malas manos. Como diplomático que he sido e italiano proveniente de una familia ilustre que soy, conozco por mis antepasados a la perfección, los Della Rovere, lo que son las luchas palaciegas, las tracciones rastreras y las crueles torturas de la Inquisición, por eso domino el arte de la astucia y sé mejor que ninguno de vosotros dos lo que hay que hacer en estos casos. Os he entregado dos sobres sobre lo que cada uno de vosotros tiene que hacer de hoy en adelante pero, por si acaso, os recuerdo que no sería muy sensato, ni inteligente que os contarais entre vosotros lo que esos sobres dicen —Rachael y Joseph se miraron perplejos pero no dijeron nada, tan sólo hicieron un gesto de asentimiento y se guardaron los sobres.

Cada uno de ellos tenía una misión que cumplir. Rachael Adler debería contactar con una persona a la que debería entregar, para su custodia, la única versión Beta mejorada del algoritmo. Sólo debería existir una copia. Por lo tanto, ella debería seguir escrupulosamente el procedimiento que se le describía en el sobre y cuando lo hubiera cumplido, debería destruir el resto de las copias de la versión Beta mejorada del Algoritmo. A continuación, Riccardo Della Rovere enviaría su valija diplomática a donde ella para recoger una copia de la versión Alfa y que también se guardaba otra copia en el Technion de Haifa. Todo este proceso debería concluir antes del martes, 28 de Marzo del 2023.

Por su parte, Joseph Finkelstein debería contratar para garantizar su propia seguridad en Estados Unidos, que estaba claramente amenazada, a una determinada agencia de detectives de Los Ángeles. Las instrucciones sobre cómo hacerlo y las condiciones para la contratación de los servicios de esa agencia de detectives estaban recogidas en los documentos que iban dentro de su sobre. De igual modo, la agencia debería estar contratada para antes del 28 de Marzo de 2023. Así pues, tanto Rachael Adler como Joseph Finkelstein deberían contactar con una persona determinada lo antes posible. Lo que no sabían ellos era que se trataba de la misma persona: Jeff Miller, director de la agencia de detectives de Los Ángeles. Finkelstein sí sabía quién era Jeff Miller y lo sabía desde hacía tiempo, pero Adler aún no.

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