Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe

Blaise Pascal como científico era un genio muy avanzado para haber vivido en el siglo XIX. Como muchos científicos de su época tenía un conocimiento universal. No se limitaba a la física sino que entraba en otras materias y sus aportaciones eran muy lúcidas.

En el caso de la existencia de Dios hizo un planteamiento genial basado en la eterna duda que acompaña al científico racional que llevaba dentro. Estableció una frase que es propia de la matemática probabilística utilizada en la Estadística y que nos habla del Error de tipo I y del Error de tipo II.

El Error de Tipo I consiste en rechazar la hipótesis H0 cuando es verdadera o, dicho de otro modo, diríamos que se comete cuando la hipótesis HO (en nuestro caso, Dios existe) es verdadera y, como consecuencia del contraste, se rechaza.

El Error de Tipo II consiste en aceptar la hipótesis HO cuando es falsa o, dicho de otro modo, diríamos que se comete cuando la hipótesis HO (en nuestro caso, Dios existe) es falsa y, como consecuencia del contraste, se acepta.

Para Pascal que, de ser creyente, podría ser catalogado como un creyente sin fe, el hecho cometer el Error de Tipo II apenas tendría consecuencias. Ya que, por el hecho de aceptar que “Dios existe” (no hablaba de religiones) siendo falso no tendría nada que perder. En cambio, cometer el Error de Tipo I, es decir: Por el hecho de rechazar que “Dios existe”, siendo verdadero que existe un arquitecto divino que creó de la nada la gran obra del Universo, Blaise Pascal intuía que tendría mucho que perder.

En breve, de manera totalmente racional y sin que mediara la fe por medio, el físico francés consideró que la opción más lógica era la de asumir que la hipótesis HO era verdadera. Es decir dar por verdadera la hipótesis HO “Dios existe” porque, en caso de equivocarse, las consecuencias serían mínimas. Personalmente, coincido plenamente como Pascal y máxime cuando la probabilidad de que exista un Universo como el que conocemos en un valor infinitésimo. Nadie en su sano juicio apostaría por algo que tiene una probabilidad de ocurrencia inferior a 0,000000000000000000000000000000000000000000000000000001.

Por ello, recurrir al azar para justificar la No Existencia de Dios, en base a probabilidades de orden infinitesimal es una locura absurda. Lo de ser un creyente sin fe me gusta mucho.

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