¿Por qué unos países y ciudades impulsan iniciativas para reducir las emisiones de CO2 y otros no lo hacen? La respuesta es evidente y confirma que todo esto ocurre debido a la corrupción política

Cuando leí un artículo de Anna Martí que publicó el Sitio Web Xataka, y que venía a decir algo así  como que 9.500 autobuses de Londres funcionarían con biocombustible fabricado a partir de los posos de café, me quedé muy pensativo. La idea era clara y muy lógica, a la hora de ayudar a frenar las emisiones de CO2, pero porqué algunos países y ciudades lo hacen y otros no, a pesar de cacarear que también luchan por el desarrollo sostenible, contra el Cambio Climático, contra la contaminación de las ciudades, etc, y demás mentiras juntas.

No solo se trata de la necesidad de paliar el ya inevitable Cambio Climático y de que, por lo menos, podamos evitar el Cambio Climático Abrupto que condene a Europa y America del Norte a sufrir una nueva glaciación. Ese esfuerzo no es nada gratuito; lo mismo que sin sembrar tampoco se puede esperar que luego haya cosecha.  En nuestro caso, no podemos seguir engañándonos pensando que hacemos, cuando no hacemos nada. Eso no nos va a ayudar y mucho menos a pedir luego milagros por algo que debimos hacer y nunca hicimos.

Para el que no sabe, le informo que cada año que pasa nuestras emisiones de CO2  van en aumento y batimos récords de emisiones que se acumulan año a año. También le comunico que los gases de efecto invernadero que echamos a la atmósfera permanecerán casi dos siglos. Que es mentira que hacemos algo serio para evitar el Cambio Climático. La prueba es que el consumo de combustibles fósiles representaba 3/4 de la energía total en el año 1980, igual que lo hace en el año 2020. Si además, tenemos en cuenta que el consumo total de energía se multiplicó por tres podemos sacar cuentas de hasta qué punto todo es una falacia para hacernos creer que el Cambio Climático les ha importado alguna vez a los políticos y  a la mayoría de las empresas, en especial, a las que viven del negocio de los combustibles sucios. ¡Basta de hipocresías y de mentiras!

Por ello, el ejemplo de Londres me conmueve ya que algunos han tenido la brillante idea de que los autobuses pueden moverse con el mismo combustible que nos mueve a muchos seres humanos: el café. Pero, lo que me preocupa es que esa misma Iniciativa no la impulsen otras ciudades como Paris, Madrid, Barcelona, Roma, Berlín, Nueva York, etc, donde todos sabemos que se bebe café bastante más que en Londres y que daría para más fabricar más eco-autobuses, para que se crearan nuevos puestos de trabajo y, a su vez, para que no fuéramos tan hipócritas en lo que a la lucha contra el Cambio Climático se refiere.

Esta buenísima idea, aunque representa un poco de lo mucho que habría que hacer, electrificando todo el transporte, ha sido un compromiso de varias empresas.  que han llevado a cabo las compañías Shell, Argent Energy y Bio-Bean —empresa ésta última que precisamente se dio a conocer por la iniciativa de crear biodiésel a partir de este residuo— está dando muy buenos resultados. Se trata de eliminar el gasóleo que consumen los autobuses públicos y reducir los niveles de partículas en suspensión y NOx que tantas enfermedades y muertes causan en la ciudades, sin que parezca que eso conmueva a la mayoría de los políticos presionados por las empresas ligadas a los combustibles fósiles.

El biodiésel puede tener diversos orígenes, desde los aceites usados hasta los residuos de granjas, y la idea de extraerlo de café es de las más recientes. En 2014 se planteaba la idea en una investigación de la Universidad de Bath, aunque según contaba el diario Telegraph, Arthur Kay, creador de Bio-Bean, ya llevaba recogiendo posos de café con este propósito desde 2013.

No le debió ir mal cuando ahora 9.500 autobuses de Londres se están moviendo gracias (en parte) al combustible producido a partir de posos de café. Explican en la web que la colaboración con Shell y Argent Energy forma parte de la Iniciativa #makethefuture, y que lo que se utiliza es “B20″, una mezcla de aceites cuya combustión produce una reducción del CO2 con respecto al diesel tradicional, según la compañía.

Según explica el New York Times, la propia empresa productora de biodiésel de café ha publicado que unos  6.000 litros sería el volumen suficiente de combustible como para que un autobús circule durante un año.

¿Cómo se obtiene este biocombustible a partir de los posos de café? Por medio de la transesterificación, lo cual se utiliza en la obtención de otros biocombustibles. Una metodología que permite obtener ácidos grasos y glicerina a partir de alcohol. Un compuesto oleoso que en este caso se mezcla con otras grasas y aceites para producir biocombustible que consumen esos autobuses.

Buscando un doble beneficio

La idea tiene un objetivo que recordábamos al principio: intentar depender menos de los combustibles tradicionales, en primer lugar para que las emisiones se reduzcan en la ciudad del smog, que ya sobrepasaba el techo de emisión de óxido nitroso para todo 2017 en los primeros cinco días del año. Pero, además, lo que se busca recurriendo a materias como los desechos de café es que éstos acaben produciendo una dosis extra de metano que luego se emitan a la atmósfera durante la fase de procesamiento.

Además de estos autobuses “verdes”, en Londres se está trabajando para que una sexta parte de la flota que esté impulsada por autobuses híbridos. La idea es que esta proporción se amplíe y que los 300 autobuses de un solo piso acaben funcionando con hidrógeno o con electricidad. Con respecto a los autobuses eléctricos, los avances conseguidos  por los autobuses completamente eléctrico son ya espectaculares.

Además de ser cada vez baratos, especialmente los chinos y los coreanos, son capaces de recorrer casi 300 kilómetros con una sola carga. Por ahora, la situación en Europa es lamentable. En lo que se refiere a la  fabricación de autobuses eléctricos Europa no es competitiva porque no ha habido voluntad  política y todos sabemos qué tipo de intereses lo han frenado. El hecho de que sigamos con el mismo porcentaje de consumo de energías fósiles sobre el total de la energía que hace 40 años… ¡Es algo que clama al cielo!

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