¿Cuál es la verdad más triste sobre las personas muy inteligentes?

Entiendo que, cuando se hace este tipo de preguntas, por lo que he leído y observado, se suelen dar respuestas muy equivocadas, cuando no sesgadas y parciales. Son respuestas que consideran a las personas muy inteligentes como desgraciadas pero yo creo que, si hay mucho de cierto en ello, habría que matizar bastante más. De partida, y para centrarnos mejor en la pregunta, propongo que consideremos como personas muy inteligentes a las que superan un IQ = 130.

Estas personas representan solamente el 2% de la población mundial. De ellas, un 30% se encuentran entre las que gobiernan el mundo desde la sombra, y no tan a la sombra, o son personas exitosas en diferentes ámbitos pero casi nunca destacan por sus virtudes, sino por sus vicios, su poder y su dinero.

Saben que son más inteligentes que la masa y se aprovechan de ella que, algunas veces, llega hasta admirarlos y considerarlos como un ejemplo y otras los teme. Forman parte de las clases dominantes del sistema. Además de ser personas muy inteligentes, también son muy poderosas, y poseen el 75% de la riqueza del planeta.

Gracias al desarrollo de diversas tecnologías y al control de los medios de comunicación y las redes sociales consiguen que la formación de opinión de la masa (la inmensa mayoría de la población) pueda ser totalmente manipulada. Yo no creo que estas personas inteligentes sufran de tristeza y de marginación, en absoluto. Es más, leyendo algunos comentarios estarán riéndose a mandíbula batiente.

El resto de las personas muy inteligentes, 70%, es cierto que azuzadas por la manipulación de las opiniones que las clases dominantes ejercen en las masas suelen convertirse en objeto de envidia y de marginación, cuando no de persecución y odio por parte de la mayoría de la población. El hecho de ser más integrales (corazón y razón) y con principios éticos, les acerca más a las masas, pero también ello convierte a estas personas inteligentes en más temidas y vulnerables.

Ser muy inteligente y, al mismo tiempo, ser una buena persona, le convierte a la persona muy inteligente en un individuo raro y envidiado. Alguien que conviene mantener apartado y marginado. Ningún mediocre quiere trabajar con personas muy inteligentes porque lo descubren fácilmente y, por ello, se les condena al ostracismo social.

La mayoría de este grupo de personas muy inteligentes cae hasta ser anulada completamente como persona. Aislamiento social, incomprensión, drogas, alcohol, locura, soledad, marginación, etc., se ceba también en ellas. Este grupo de personas muy inteligentes suele representar un 1% de la población total (50% de las personas consideradas muy inteligentes).

Se trata de un necesario talento humano que se desperdicia constantemente por el fomento interesado de las bajas pasiones entre los seres humanos por aquellos que manejan los hilos de la opinión pública, de los estereotipos falsos y de los prejuicios sociales. Coincido en que una parte de estas personas muy inteligentes, si no se pasan al lado del mal o, tras sufrir una compleja “metanoia”, son salvados por personas sabias del lado del bien.

Con todo, en general suelen llevar una vida de incomprensión, de marginación y de tristeza, al sentirse incluso faltas de cariño y de aceptación entre sus semejantes. La soledad es el mejor escape de esta mezquina, bárbara y absurda persecución a la que se ven sometidos pero para ello han de pagar un alto precio.

Finalmente, contamos con un 20% de las personas muy inteligentes que sobrevive a la persecución, gracias al impulso y desarrollo del ser integral que llevan dentro. Participan, en mayor o menor medida, en la creación y difusión de innovaciones tecnológicas y sociales. Son personas que cultivan su humildad porque saben lo limitados que somos los seres humanos, incluso aquellos que son los más inteligentes. Se han convertido en personas sabias y los principios y valores éticos iluminan sus vidas.

Pero no son personas tristes sino todo lo contrario. Son positivas y alegres pues el motor lo llevan dentro y conocen lo que hacen y contra quienes luchan perfectamente. Son amigos de sus amigos y se rodean de personas a las que aman y son correspondidos. Ellos con los principales artífices de que este mundo mejore y de que, a pesar de los rentistas del sistema, el bien triunfe sobre el mal, aunque cuesta cada vez más porque nada es gratuito. La corrupción, la cobardía, la falta de solidaridad y la pérdida generalizada de principios y valores éticos lo ponen muy difícil, en un mundo desarrollado donde el motor que mueve la economía es la propia avaricia de los seres humanos.

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