¿Por qué en la Cataluña pirenaica (Val d’Aran, Lleida, Andorra y Girona) existen tantos topónimos de origen vasco?

El escritor Oscar Wilde, de origen irlandés, solía decir que “homeland” (que algunos traducimos por “tierra natal”, en lugar de traducirlo por “patria”) es el país donde tú pasaste tus años de infancia, y sobre todo, donde viviste la época dorada de tu adolescencia y de tu juventud… y estoy muy de acuerdo con lo que quería expresar pues es un pensamiento que me ha venido a la mente, como si fuera una cantinela que nunca se olvida y regresa siempre, muchas veces a lo largo de mi vida.

Los que experimentamos dichas vivencias entre los años 1950, 1960 y parte de los 1970, y nacimos en el País Vasco, tuvimos la suerte de poder amar la naturaleza y de tener un estrecho contacto con el territorio montañoso que nos rodeaba. Al tener que vivir unos entrañables años en los que para crecer en la vida apenas se necesitaba el dinero, la madre naturaleza de nuestra “Ama Lur” nos ofrecía un atractivo donde descansaban nuestras costumbres iniciáticas.

Eran brotes de sabiduría que surgían de las arterias del euskera o ancestral idioma vasco y de la milenaria toponimia de nuestro entorno físico cuajado de verdes prados de acceso a las alturas, bosques de hayas alfombrados de hojas secas y montañas de picos rocosos rodeadas de riachuelos de aguas frescas y saltarinas. Todos ellos conformaban ese medio natural en el que crecíamos en nuestras vacaciones y en muchos fines de semana para construir y trenzar el puente con el pasado de los vascos.

En este contexto natural, la conquista de los montes más altos de los Pirineos siempre formaron parte del protagonismo de nuestra juventud y la toponimia y los nombres de los nuevos territorios pirenaicos que íbamos conociendo, a medida que nos adentrábamos desde Euskal Herria —la sempiterna indómita Vasconia de los Visigodos— hacia el este, a través de Aragón, Bearne, la Occitania y su Val d’Aran, Andorra y Girona, para reconocer entre los pasos de montaña, los valles y montañas unos nombres toponímicos que nos acompañaron siempre porque comprendíamos su misterioso significado ya que eran nombres que surgían de lo más profundo del euskera ancestral.

El tránsito pirenaico de Vasconia a Catalunya: Los Pirineos del alto Aragón y su toponimia vasca

Mientas escalábamos la mayoría de los montes de los Pirineos centrales, también íbamos descubriendo los Pirineos oscenses, donde descubrimos que al “año de nieve” le llaman todavía “elurte” y entramos en un territorio salvaje de toponimia vasca donde es fácil encontrarse con nombres como: Liaga, Arrabaga, ArriIaga, Basaga, Larraga, Lizarraga, Ubaga, Benabarre, Zoriza, Oza, Quinboa, Lujiarre, Lascuarre, Luparre, Bizberri, Astu, Arbe, Axpe, Arbe, Cenarbe, Javierregay, Achar, Lizarra, Gistain, Eunate, Artaso, Artasona, Barosa, Ayerbe, Bisauri, Loarre, Aisa, Besos, Acon, Larres, Biescas, Escarrilla, Lanuza, Basaran, Bergua, Ara, Ecuain, Yaga, Arazas, Suelza, Barrosa, Yna, Ainsa, Gerbe, Nabal, Arro, Benasque, Ariste, etc.

Aquella constatación nos dejó estupefactos y admirados de comprobar como el idioma vasco cubría una página en nuestra historia hasta entonces desconocida. Luego descubrimos que aquello tenía su explicación puesto que eruditos lingüistas como Antonio Tovar ya habían estudiado que en la zona norte de Aragón, en los Pirineos, debió hablarse con anterioridad a la romanización una lengua no indoeuropea, tampoco ibérica, emparentada muy estrechamente con el idioma vasco e, incluso, podía haber sido un dialecto vasco.

Como prueba de esta primitiva área de expansión del idioma vasco, Tovar aduce las coincidencias no sólo de elementos léxicos, sino también fonéticos, entre el vascuence y los dialectos románicos pirenaicos, especialmente el gascón y el aragonés.

La Catalunya pirenaica: Val d’Aran, Lleida, Andorra y Girona donde existen tantos topónimos de origen vasco

Fue Joan Corominas, el famoso filólogo y etimólogo y autor del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, el que a los años de que atravesáramos durante más de un mes, dos veces el Pirineo catalán, y comprobar que en dicho territorio la toponimia vasca también abundaba, el que nos dejó todo completamente aclarado: “Los vascos han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico y no sólo los actuales vascos de Navarra, Soule y Vascongadas sino también los antiguos pastores vascófonos nativos del Alto Aragón y los Altos Pirineos gascones aún quizás del Pallars y el Valle de Arán, donde la muerte de los idiomas prerromanos es mucho más moderna de lo que suele admitirse”.

Los nombres de parentesco vasco en el Alto Aragón y en el noroeste de Catalunya se encuentran por todas partes. Si analizamos la toponimia de las comarcas: Ribagorza, Valle de Arán, Pallars, Alto Urgel, Andorra y Cerdaña. En ellas y en Aragón esos nombres (vascos) aparecen en cantidades tan grandes que ello nos da una sensación de gran seguridad y nos aporta elementos de comparación que son lo bastante numerosos como para quitarnos, a menudo, todas las dudas que cualquiera nos presente.

El propio Joan Corominas lo concretaba y nos establecía un porcentaje riguroso de los topónimos catalanes procedentes de la lengua vasca o euskera:

  • Comarca del Val d’Aran: de 33% a 40%.
  • Comarca del Alto Ribagorza: 35%.
  • Comarca del Bajo Ribagorza: 15%.
  • Comarca del Alto Pallars: 54%.
  • Cuenca de Tremp o Bajo Pallars: 24%.
  • Cerdaña: 57 topónimos vascos.
  • Etc.

A su vez, gracias a los maravillosos trabajos y publicaciones del historiador vasco, Aitzol Altuna Enzunza, hoy en día sabemos que, desde la zona centro de los Pirineos, del Bearne hasta Perpiñan de la Catalunya norte, tenemos los topónimos vascos siguientes:

Urgel, Garrotxa, Gurria, Gerri, Esterri, Aran, Illegerri, Muga, Arices, Arrabi, Arbizón, Art, Arudi, Aspe, Bastan, Bigorre, Esterre, Estibete, Irhaxe, Isabe, Ezeste, Laruns, Nabarrenx, Seberri, Sarrance, Urdos, Aramitz, Areta, Lana, Lurbe, Escot, Lescun, Etsaut, Ordos, Bescat, Aubisque, Aucon, Agos, Escubes Coarrece, Benejaco, Izabit, Estam, Aspin, Estarbielle, Estenoz, Ardet, Orla, Sentein, Aucacein, Herran Lacabe, Izaut, Astiz, Lescar, Monein, Meritein, Beárn, Benabarne, Garrotxa (Catalunya y Teruel), Estibeaux, Arzac, Lescar, Lez, Isabarri, Biescas, Maya, Muga, Lecarre, Bizberri, Ysabena, Ainsa, Escuain, Gardesse, Igon, Escaro, Aytua, Algerri, Gerri, Sahorre, Arria, Urbanya, Oix, Oñar, Ares, Belaitus, Ossau, Lourdias, Issor, Buci, Aressi, Lourdes…

Y, en la Catalunya que queda algo más alejada de los Pirineos, también nos encontramos, por ejemplo, con nombres tales como:

Arbós (Figueras), Alós de Balaguer (Noguera), Báscara, Ibars, Araya, Artaj, Ager, Alguerri,Algar, Aldaya, Arteas, Bugarra, Tolosa, Zarra, Algarra, Garrancha, o Caroch (todos hacia la costa) etc. En Girona en la costa, el nombre anterior de Tossa de Mar en época romana era conocida como Iturissa que, al menos, deja bien claro su reminiscencia vasca.

Aitzol Altuna nos describe los siguientes hechos que los explican todo bastante más claro: “Estos territorios donde se habló euskera en Catalunya hasta la Baja Edad Media, pertenecían entonces al reino baskón de Nabarra (Dinastía vasca), tal y como lo explica en el libro sobre la Historia del reino de Navarra en la Edad Media el historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) cuando dice que Sancho Garcés I (905-925) contaba con el apoyo del conde Ramón de Pallars, su hermano de madre y de la familia Ximena que reinó en Pamplona-Nabarra en los siglos IX-X. Después sigue Lacarra: “(…) coincidiendo con la incorporación de Ribargorza (al reino de Pamplona-Nabarra), en 1025, algunos documentos aragoneses empiezan a citar Pallars entre los territorios sobre los que dominaba Sancho III el Mayor. Esto puede responder, simplemente, a que algunos territorios de Ribagorza, que el conde Ramón III tenía ocupado, pasaron entonces a depender de Pamplona”.

“La condesa de Ribagorza era hermana del conde de Castilla y sobrina de Sancho III, siendo el condado acosado por el conde de Pallars que la había repudiado como esposa y por los musulmanes, pues Almanzor y su hijo Abd Al Malik, había llegado a principios del siglo XI hasta Roda de Isábena (condado de Ribagorza en su parte hoy aragonesa). Sancho III tomó las riendas del condado ribagorzano desde 1018 y la condesa abdicó en 1025 junto al condado de Pallars. Dio Sancho III el condado ese mismo año 1025 a su tercer hijo legítimo Gonzalo. La pertenencia a Nabarra se mantiene hasta la muerte de Alfonso I El Batallador y la separación de Aragón (1136). Alfonso I El Batallador reinaba, según un documento que él mismo firma en 1131, tanto en el valle de Arán como “desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal”.

Finalmente, narraré algo que para muchos siempre ha supuesto la guinda del pastel de la toponimia vasca en Catalunya. Arán en el idioma vasco o euskera significa Valle. Así que parece una redundancia decir “Valle del Valle”. Se sabe que el Valle de Arán pertenecía al Pueblo de los “ausko” (eusko) cuyo plural latinizado “auski” da lugar a la región de Aquitania que lleva su nombre. El nombre originario del importante pueblo aquitano que luchara contra las legiones de Julio Cesar, procede de los auscos.

En este valle nor-pirenaico se perdió el euskera hacia el siglo XIII, en la comarca catalana del Pallars se perdió un tanto antes, siglo XI-XII (que Corominas y Ferrán Soldevilla lo ratifican), así como en el condado de Urxel donde el euskera se debió perder también durante los siglos XI-XII. En la comarca de la Cerdanya, el euskera se habría perdido bastantes siglos antes, probablemente hacía el siglo V, tras la caída del Imperio Romano Occidental.

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