¿Por qué se ha ocultado la historia real acerca de los famosos almogávares (Mugabar) que hablaban en euskera y que, en realidad, eran tropas mercenarias formadas por integrantes de las tribus vascas que habitaban a lo largo de todos los Pirineos?

Cuando se habla de los Almogávares, se explica que con ese mismo nombre como se les conoce y burdamente se intenta hacer pasar por un nombre de origen árabe (con traducción y todo) y todo para acomodar la historia a un relato centrado en fundación de una España basada en la unión de los reinos de Catilla y Aragón. El hecho absurdo es que se llegue a decir que fue un ejército de aragoneses y catalanes con nombre árabe como los “Almogávares”, el que conquistó los ducados de Atenas y Neopatria.

Sería algo así como afirmar que si la selección española de fútbol fuera conocida en España como los “Red Lions” y no como “La Roja”, porque así la llamaban los ingleses. Que se diga eso en Inglaterra, aunque no sea compresible, se puede entender, pero que se diga que en España se la llamaba así sería una burda patraña.

Lo mismo pasa cuando se nos dice que los aragoneses y catalanes conocían a los Mugabar de las tribus pirenaicas por su nombre en árabe. Ello no es una estupidez, o es una solemne mentira o es que Al-Mogávares es el nombre real de esas tribus que así mismo se denominaban en vasco “Mugabarrak” y que fue recogido del árabe como Almogávares.

La historia de Catalunya también se escribió siglos después y pareció mejor decir que el germen de la lucha contra los invasores musulmanes se debió a Carlomagno que no fruto de la lucha de los vascos pirenaicos. Luego, cuando algunos lingüistas empezaron a investigar la toponimia catalana y se descubrió el pasado vasco de los Pirineos que enraizaba con la historia de Aragon, Val d’Aran, Andorra y las comarcas catalanas como la comarca del Alto Ribagorza, la comarca del Bajo Ribagorza, la comarca del Alto Pallars, la cuenca de Tremp o Bajo Pallars, la comarca de la Cerdayna, etc., se empezaron a atar cabos y uno de ellos —muy importante— fue el de comprender el origen de los famosos Almogávares.

Todo por no decir que los Almogáveres —como les llamaban los musulmanes contra los que más lucharon— eran integrantes de las tribus vascas pirenaicas. Así mismo es muy normal que se llamaran por su nombre vasco de “Mugabar” o “Mugatar” que en euskara viene a ser algo así como “habitante de las tierras de la frontera o de los límites” y que los musulmanes, que tanto lucharon contra ellos cuando combatían al servicio de los reyes de Aragón, los denominaron tal como los oían llamarse a sí mismos “Mugabar” y que, como sostiene Luis Martinez, con el artículo en árabe por delante sonaba: “Al-Mugavarin” o “Al-Mugávarun”. Así, el término “Almogaver” vendría de la forma masculina singular “Al-mugabar” o “Al-mugabarí “ (الموغابر / المغوغابري) y de ella se daría el paso al plural del nombre como se conoce en catalán: “Almogavers”.

Resulta muy curioso constatar que, como más de uno señaló al leer sobre la expedición a Oriente de los Almogávares, muy pocos hubieran reparado en que ese ejército que se describía como integrante de un pueblo prerromano estaba compuesto por vascones. Los imperios intentan falsificar la historia pero desgraciadamente chocan con la toponimia y las huellas del genoma humano que tampoco engañan.

Un vasco que conozca bien la historia y la toponimia de los Pirineos tanto navarros, como aragoneses y catalanes sabe que, incluso en Andorra, en el Valle de Arán y algunos otros valles catalanes, se habló en euskera hasta más bien avanzada la Edad Media y que más del 40% de los topónimos son de origen vasco.

Estos son datos que la cultura actual de origen latino o romance (bien sea ésta: española, catalana, bearnesa, gascona, aragonesa o francesa) tiende a ignorar que el sustrato de la cultura y de la lengua de origen vasco están muchas veces en su génesis y que, de manera ridícula, prefieren decir que proviene del gascón antes que admitir que el gascón tomó prestada esa palabra del euskera.

Sin embargo, también hay autores que lo dicen cuando señalan que los almogávares nacieron a todas luces en el Pirineo catalano-aragonés e incluso navarro y yo añadiría que la famosa Cuadrilla de Antzuola (Gipuzkoa) que luchó contra los moros en Valdejunquera, en el año 920, debió ser un anticipo de lo que serían dos siglos más tarde los almogávares.

La referencia más antigua de los almogávares se recoge en un pasaje de la Crónica Aragonesa de San Juan de la Peña, en el que se describe un hecho ocurrido durante la conquista de Zaragoza por parte de Alfonso I “El Batallador”, que pobló y fortificó en 1110 el pueblo de El Castellar con almogávares. Unos 27 años antes de la unión con el Condado de Barcelona.

El mismo reino de Aragón (Arangoi o Arangone en euskera y que significa valles altos) fue en su origen poblado por gentes vasconas, un condado de Navarra. Tenian una frontera o “porta” de Ispania, donde empezaba el territorio musulmán, y distinguían en sus fueros dos poblaciones, las gentes “Mugabar”, presumiblemente la población del norte de Aragón, vascófonos, y las gentes de de los Pirineos, la población de territorios conquistados a los musulmanes, posiblemente de habla romance o árabe, e incluso puede que también algunos vascófonos.

Por lo tanto, parece que, al menos, la génesis de Al-Mugabars se refería a las gentes de etnia vasca, seguramente descendientes herederos de las bagaudas o de las cuadrillas que integraban la resistencia vasca contra los godos.

En consecuencia, siendo rigurosos, no hay duda de que los almogávares fueron en sus inicios pastores y montañeses pirenaicos que, posiblemente, ya en tiempos de la Marca Hispánica hacían razias contra los musulmanes. Éstos, con el paso del tiempo, y siendo siempre independientes, sin obediencia fija a ningún señor feudal, fueron moviéndose según la frontera de la Corona de Aragón migraba hacia el sur, haciendo, a su vez, las funciones de mercenarios con aquel señor que pagase bien aunque tenían sus preferencias con los reinos de Navarra y, en especial, con el de Aragón y, por ende, con Catalunya.

Así pues, dejémonos de teorías que defienden que los almogávares eran guerreros pertenecientes a pueblos prerromanos o góticos, porque son teorías sin fundamento, ni pruebas. Si bien el hecho de fueran prerromanos estaría mejor fundad ya que hablando euskera hacían patente que eran extranjeros y que, por consiguiente, no eran latinos. ¡Vaya forma más simple e infantil de reescribir la historia!

Mal que a muchos les pese, los “Mugabar” vestían polainas de cuero para proteger sus piernas y calzaban “abarcas” también de cuero para los pies. Utilizaban un cinturón ancho de cuero sobre el que llevaban un zurrón con comida para un par de días y unas “piedras de fuego”, seguramente eslabones o sílex, que no sólo utilizaban para encender hogueras, y para rematar todo esto, se cubrían su cabeza con un simple casco.

Por otro lado, solían portar varias armas, como era la “azkona”, que en vasco significa lanza corta y robusta y que solían utilizar en la lucha cuerpo a cuerpo o, en caso de combatir contra la caballería. Así pues, era una especie de infantería ligera que calzaba “abarca” y utilizaba para luchar la lanza corta (“azkona”), y algunos utilizarían espadas o “Ezpata”, hachas o “Aizkora” y escudos o “Ezkutu”

En el año 1130, el monje frances Aymeric Picaud que pasó por Navarra, nos dejó también un diccionario de palabras en euskera, donde comentaba sobre los vascos: Sin embargo, se les considera valientes en el campo de batalla, esforzados en el asalto, cumplidores en el pago de los diezmos. Dondequiera que fuera un navarro o vasco se colgaba del cuello un cuerno como un cazador, y acostumbra a llevar dos o tres jabalinas lanzas, que ellos llamaban “azkona”.

Se cuenta que, una vez que ambos ejércitos se encontraban frente a frente para pelear, los almogávares realizaban un ritual común antes de toda batalla campal que se les presentase. Entonces, y de modo desafiante, todos los almogávares extraían  de sus cinturones un eslabón de cadena que siempre portaban y lo golpeaban con fuerza contra sus armas, que, a su vez, también golpeaban contra el suelo, mientras los gritos de guerra o “irrintzi” acompañaban toda la batalla.

El ruido debía ser estruendoso y ensordecedor. Un ejército de seis mil hombres creando un mar de chispas y fuego en unos instantes que sorprendía y aterraba a un acongojado enemigo, mientras que, de igual forma, la tropa para darse ánimos entonaba el grito de guerra que tanto identificaba al “Mugibar” recordando el territorio de donde procedía; “¡Arangoi, Arangoi!”

Este fue el grito de guerra que utilizaron en Bizancio y que se recoge como si fuera “Aragó, Aragó”. Pero ello, no nos dice mucho, aunque así se dice Aragón en catalán, pero es seguro que para los “Mugabar” aquello significaba algo más. Gritaban por su tierra natal, su “homeland”: “Arangoi”, puesto que iban a morir en la batalla, gritaban en honor de los valles altos de los Pirineos de donde mayoritariamente procedían estas gentes de origen vasco.

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