¿Cuáles son los cinco gigantescos proyectos con los que China quiere seguir demostrando su poderío científico?

Las ambiciones científicas del país asiático son inmensas: desde la construcción de las instalaciones experimentales más grandes que se hayan visto jamás, pasando por la puesta en marcha a gran escala de los últimos avances médicos, hasta la superación de los límites de la exploración del océano y del espacio.

Hace unas décadas, este país apenas aparecía en los ranking científicos mundiales. Ahora, en términos de inversión y ensayos publicados, sólo Estados Unidos supera a China.

Sin embargo, a pesar de su rápido progreso, China todavía tiene varios retos por superar y que coinciden con los cinco proyectos clave con los que China quiere destacar. Sobre estos cinco proyectos Rebecca Morelle escribió un interesante reportaje en el Sitio BBC News. Los cinco proyectos clave eran los siguientes:

1.- El radiotelescopio más grande del mundo, FAST

Según el sitio Xataka, tras poco más de tres años de pruebas, el bautizado como ‘Five-hundred-meter Aperture Spherical radio Telescope’, también conocido simplemente como FAST o telescopio esférico de 500 metros, se puso en funcionamiento de forma oficial, lo que también incluye su apertura para investigaciones internacionales.

De acuerdo a la agencia oficial de noticias china, FAST concluyó su periodo de pruebas de forma “satisfactoria”, por lo que ahora se preparan para que haga importantes descubrimientos científicos en los próximos años, donde se incluyen en conocer el origen del universo y buscar otras formas de vida en la galaxia.

“El gran ojo de China en el cielo”

El telescopio, también apodado “China Sky Eye”, es una obra faraónica que cuenta con un diámetro de medio kilometro, lo que lo convierte en el radiotelescopio más grande del planeta. Antes del FAST, el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, era el más grande de su categoría gracias a sus 305 metros de diámetro.

FAST es un telescopio de un solo plato y está ubicado en la ciudad de Guiyang, al suroeste de China, que el pasado 11 de enero inició sus primeras observaciones como parte de investigaciones oficiales de investigadores chinos. Según Xinhua, el telescopio alcanzó y superó los niveles de sus indicadores técnicos, lo que lo colocan no sólo como el más grande, sino también como el de mejor desempeño en el mundo.

FAST inició sus pruebas en septiembre de 2016, y es unas 2,5 veces más sensible que el telescopio de Arecibo, por lo que es capaz de recibir un máximo de 38 gigabytes de información por segundo.

2.- Córneas de cerdo para ciegos

La industria porcina es enorme en China. Los cerdos son criados para la alimentación, pero ahora hay un nuevo destino para las partes del cerdo que no terminan en la mesa.

Una vez que el animal es sacrificado, se separan sus córneas para ser trasplantadas en seres humanos.

Un quinto de la población mundial de ciegos -unos 1.400 millones- se encuentra en China. Y la enfermedad de córnea es la responsable de ello en entre 3,5 y 5 millones de los casos.

Una lesión o infección en la córnea, si no es tratada, puede llevar a la pérdida de la vista; para muchos, un trasplante de córnea es la única solución.

Pero la lista de espera es demasiado larga.

3.- Las partículas subatómicas más raras del cosmos

En lo más profundo de una montaña de granito en la bahía Daya del sur de China, a 300 metros bajo la superficie, científicos estudian una de las partículas subatómicas más extrañas del cosmos: los neutrinos.

Los neutrinos se generan a partir de reacciones nucleares y son unas de las partículas más abundantes en el Universo. Miles de millones de neutrinos pasan a través de nosotros cada segundo, pero no podemos sentirlos o verlos; no tienen carga y apenas una pizca de masa.

Estas partículas se han descrito como lo más cercano a la nada que pueda haber. Pero lo más raro de los neutrinos es que constantemente están cambiando; a medida que viajan por el Universo, van variando de formas (o sabores, como lo explican los científicos). Hasta donde sabemos, no hay ninguna otra partícula que haga esto.

El experimento en la bahía Daya de 2012 fue uno de los pocos en el mundo que ayudó a los científicos a entender este extraño comportamiento del neutrino. “Cada día detectamos miles de neutrinos. Es una edad de oro, es muy emocionante para la física de los neutrinos”, afirmaba el físico Cao Jun. Su equipo de científicos logró calcular con más precisión que nunca qué tan posible era que un neutrino cambiara de una forma a otra.

Sin embargo el Proyecto Daya Bay Collaboration midió el espectro de energía anti-neutrinos, y descubrió que los anti-neutrinos a una energía de alrededor de 5 MeV están en exceso en relación con las expectativas teóricas. Este desacuerdo inesperado entre la observación y las predicciones sugirió que el modelo estándar de física de partículas necesita mejoras.

El Observatorio de neutrinos subterraneos de Jiangmen

En el año 2014, China planeó construir para fines de ese año un gran laboratorio para experimentos con neutrinos en Jiangmen, en la provincia meridional de Guangdong.

El proyecto estaba encabezado por China con más de 200 científicos de más de 50 institutos de investigación y universidades de todo el mundo, dice un comunicado del Instituto de Física de Alta Energía (IFAE) de la Academia China de Ciencias Sociales, publicado hoy.

Una vez que esté completado, el laboratorio será el segundo proyecto de neutrinos chino y ayudará a los científicos a determinar la jerarquía de la masa del neutrino.

Tras el Experimento de Neutrino del Reactor de la Bahía Daya en Guangdong, físicos chinos y extranjeros anunciaron en 2012 que habían confirmado y medido un tercer tipo de oscilación del neutrino.

El observatorio de Jiangmen, que se construirá a 700 metros bajo tierra, será 100 veces mayor que el proyecto de la Bahía de Daya. Se esperaba que la construcción concluyera y que el laboratorio fuera ya operativo para fines de 2019. “Nos ayudará a entender mejor las reglas del universo y el mundo de las partículas”, indicó Wang Yifang, director del IFAE. Sin embargo, por diferentes problemas que surgieron el observatorio no será operativo hasta el año 2021.

En efecto, El Observatorio de Neutrinos Subterráneos Jiangmen (JUNO por sus siglas en inglés Jiangmen Underground Neutrino Observatory) es un experimento de neutrinos del reactor de línea de base mediana en construcción en Kaiping, Jiangmen en el sur de China.

Su objetivo es el de determinar la jerarquía de masas de neutrinos y realizar mediciones de precisión de los elementos de la matriz de Pontecorvo-Maki-Nakagawa-Sakata. Se basará en los resultados de los parámetros de mezcla de muchos experimentos anteriores. El cronograma apunta a comenzar a tomar datos en 2021. La Academia de Ciencias de China proporciona fondos, pero la colaboración es internacional.

4.- El barco gigante que explorará los oceános

El buque de oceanografía “Xiang Yang Hong 01” es una embarcación de 100 metros de eslora está equipada con un labotarorio y lo último en tecnología científica y desde que se puso en servicio en el año 2016, tiene como misión explorar los océanos. Pero también le sirve a China como una plataforma de lanzamiento para que los submarinos puedan llegar a las partes más profundas del océano.

“Los seres humanos sabemos mucho menos del océano de lo que sabemos de la Luna y Marte. Por eso quiero desarrollar esta instalación, para que los oceanógrafos lleguen a aguas profundas”, explica el profesor Cui Weicheng.

La embarcación de 100 metros, es le barco de investigaci´ñon marina más avanzado de China, puede desplazar 4.980 toneladas y tiene una distancia máxima de navegación de 15.000 millas náuticas sin repostar. A su vez, cuenta con suficientes dispositivos de detección remota para explorar una profundidad de hasta 10.000 metros.

A pesar de su tamaño, sa embarcación está completamente automatizada y puede ser pilotada por una sola persona. La banda ancha satelital permite las videoconferencias a bordo, explicó Yang Zhigang, presidente del consejo del constructor del barco, el Grupo de Industria de Fabricación de Barcos de Wuchang, en la provincia central china de Hubei.

Uno de sus submarinos no tripulados alcanzó los 4.000 metros de profundidad en su prueba más reciente.

Entre sus objetivos destaca la misión de realizar exploraciones tripuladas y llevar a seres humanos a lo más profundo del océano: la fosa de las Marianas, en el Pacífico, con una profundidad de 11.000 metros.

5.- Viaje a la cara oculta de la Luna y otros proyectos espaciales

La primera incursión de China en el cosmos se produjo en 1970. Un satélite pesado y esférico fue enviado al espacio emitiendo una canción en la que exaltaba las virtudes del presidente Mao.

En las décadas siguientes -con lanzamientos de vehículos orbitales, sondas y taikonautas- el país se posicionó como un actor clave en el espacio.

A diferencia de la mayoría de las agencias espaciales del mundo, como la NASA (Estados Unidos), la ESA (Europa) o Roscosmos (Rusia), el programa espacial chino está dirigido por militares. En 2013, descendió sobre la superficie de la Luna la primera sonda china en casi 40 años.

El profesor Wu Weiren, director de diseño del programa lunar de China, asegura que “el programa espacial chino pone el énfasis en el éxito”.

“La Unión Soviética y Estados Unidos han descendido varias veces en la Luna, pero ambos lo han hecho en la parte frontal (la que mira hacia la Tierra), nunca en el lado más alejado”, dice Wu.

No pudieron, sin embargo, ir a la Estación Espacial Internacional, pues a Estados Unidos no le gustaba el carácter militar de la agencia espacial china. La solución fue crear su propia estación espacial. El primer prototipo se lanzará este año.

Yang Hong, el diseñador del primer laboratorio espacial chino, el Tiangong-1, ha afirmado que, “de alguna manera, el bloqueo de las naciones extranjeras ha impulsado la innovación tecnológica de su país”. La estación espacial china estará en marcha, si todo va según lo previsto, en 2022, poco antes de que se desmantele la EEI, y el país ya ha ofrecido ese nuevo laboratorio como un espacio para la cooperación internacional.

La exploración tripulada continúa siendo una prioridad

En 2003, Yang Liwei se convirtió en el primer taikonauta del país. Pasó 21 horas en el espacio y regresó a la Tierra convertido en un héroe nacional. Nueve más le siguieron y -este año- China se prepara para poner en órbita una nueva tripulación.

Desde entonces, el país asiático ha logrado mantener los plazos previstos para sus misiones con una rigurosidad sorprendente en una industria acostumbrada a los retrasos. Sin embargo, también ha sufrido reveses. El nuevo cohete Larga Marcha 5, que servirá para montar la estación espacial, falló en su segundo lanzamiento y el robot explorador de la misión Chang’e 3, antecesor de la Chang’e 4, se averió después de recorrer poco más de cien metros sobre la Luna.

Además, por ahora, sus previsiones, aunque ambiciosas, siguen a mucha distancia de los planes estadounidenses. En 2020, tiene previsto llevar una misión a Marte, en 2022 a un asteroide, en 2029, a Júpiter y para 2035 prevé tener un cohete reutilizable al estilo de los que ahora prueba la compañía SpaceX. Todos estos retos habrán sido superados por EE UU con décadas de antelación.

Pero el país asiático tiene una visión a largo plazo y, como ha sucedido con la cara oculta de la Luna, podría empezar a obtener victorias parciales en esta nueva carrera espacial. En la década de 2030, trataría de enviar sus primeras misiones tripuladas a nuestro satélite y ya ha habido contactos con la Agencia Espacial Europea para planear una posible base lunar.

En 2017, la Universidad de Beihang puso a prueba el Yuegong-1, un laboratorio para simular una base lunar en la Tierra. Allí, ocho estudiantes vivieron durante 365 días en unas condiciones que pretendían imitar las de la Luna y pusieron a prueba un sistema de soporte vital en el que el oxígeno, la comida y el agua se reciclaban para crear un entorno habitable y donde los estudiantes cultivaron patatas, trigo o zanahorias.

En las próximas misiones a la Luna o a Marte, las sondas chinas incorporarán estos sistemas para probar si funcionan en el espacio y ya han realizado experimentos que dejan entrever la visión de futuro del país asiático. En 2016, lanzó al espacio 6.000 embriones de ratón a bordo del satélite recuperable SJ-10.

Cuando regresó, algunos se habían desarrollado hasta ser blastocistos, la forma en la que podrían ser ya implantados en un útero. En aquella ocasión, como ayer, los chinos lo hicieron primero. En conclusión, el gobierno chino está muy decidido a continuar invirtiendo en ciencia, pero también quiere darle a esta un papel central en la próxima década.

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