¿Qué es lo que hace que dos personas se sientan atraídas?

Indudablemente la química actúa entre dos personas que se quieren. El amor simplemente sucede. ¿Cuántas veces has escuchado a personas quejarse de que constantemente están buscando amor, un alma gemela, un ser querido, etc., pero que sus búsquedas generalmente no tienen éxito?

Bueno, el amor no sucede así como así. El amor no se puede encontrar de la misma manera que encuentras las llaves que faltan. No, el amor simplemente sucede, a veces cuando menos lo esperamos. Las personas que buscan una pareja esperan principalmente sentir la verdadera química primero y luego amar.

Algunas estadísticas incluso muestran que sin química entre una pareja no hay posibilidad de una relación exitosa. Sin embargo, como la mayoría de las cosas intangibles, algunas características de la química del amor a veces pueden ser engañosas o malentendidas.

Antes de esa chispa inicial de amor, necesitas sentir algo de química con alguien, un sentimiento especial, fuerte e indescriptible. Ocurren cosas extrañas que no son fáciles de dales una explicación. Son señales que nos avisan de que algo raro te está pasando y dibujan un cuadro que recoge las características de la química en el amor entre dos personas y los signos que muestran que dos están destinados a estar juntos.

Sin saber porqué, la pareja empieza a mirarse todo el tiempo. Necesitan mirarse a los ojos y sentirse cómplices en un mundo nuevo que, poco a poco, la pareja va creando. El lenguaje corporal es un fuerte signo de química y es tan fuerte que no quieres irte. De repente, empiezas a no prestar atención a otras personas y comienzas a sentir una extraordinaria felicidad que te hace estar sonriendo todo el tiempo.

La verdadera química proviene de las feromonas que son sustancias químicas secretadas por los seres vivos, con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie. Son un medio de transmisión de señales que pueden ser tanto volátiles como no volátiles. Es un forma de querer llamar tu atención al otro ser que te atreves a hacerlo con locura.

En conclusión, todo lo que hacemos en la vida está inspirado en nuestro sistema interno de valores. Nos gusta todo lo que coincide con nuestros instintos y encaja con nuestra rutina de vida deseada, mientras que rechazamos las cosas cuando simplemente no tenemos un buen presentimiento al respecto.

Hoy en día, las personas tienen muy poco tiempo para conocer a otras personas, por lo que, generalmente, las evaluamos de acuerdo con su apariencia y comportamiento, y con aquellas cosas que nos engañan con mayor frecuencia.

La química también se puede sentir con un ser que sea completamente desconocido, siempre que podamos inferir suficiente información para que nuestros sistemas de valores coincidan. Con el tiempo, nuestros sistemas de valores cambian y la química puede desvanecerse. Lo que antes nos atraía de la otra persona ahora puede ser que no tanto.

Entonces, en el momento que se llega a dicha situación, debe darse un paso hacia adelante que garantice una mayor comprensión y madurez en la relación. Este paso a menudo no llega, y es cuando el amor se enfría, la llama se apaga y la relación deja de existir. No es suficiente con confiar en la química. También es necesario mirar lo que hay debajo de la superficie y adaptarse a las nuevas situaciones que con el paso de los años y el nacimiento de hijos puedan ir emergiendo.

De esta manera, compartiendo un futuro común entre la pareja donde ambos aportan lo mejor de cada uno, es cuando se maneja mejor la relación para colocarla en la dirección correcta y es entonces, cuando se establece una base sólida para lograr que el amor crezca en un ambiente nuevo pero manejable y madure la magia compartida del amor a lo largo de toda la vida que aún les queda.

Un sentimiento que ya no es una flor, sino un árbol de flores nacido para ser tan maravilloso que, si se riega y se cuida con esmero y cariño, fertilizará dando sus frutos a lo largo de toda la vida y que, a su vez, irá descubriendo que el amor no sólo no tiene fin sino que renace rodeado con nuevos encantos según las edades, los deseos y las circunstancias valoradas en términos de entrega del uno al otro.

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