¿Qué opina de General Motors que compró la red de ferrocarriles urbanos de Los Ángeles (la más grande del mundo: 1.800 km de vías) para desmantelarla y sustituirla por autobuses fabricados precisamente por esa empresa?

21 marzo, 2020

Otra pregunta muy interesante hubiera sido la de saber si hubo una conspiración para acabar con el transporte público en Estados Unidos. Un pregunta en voz alta con la que Jaime González empieza un apasionante artículo que publica el Sitio BBCNews/Mundo. Tal es el caso de Los Ángeles.

En efecto, actualmente, Los Ángeles es la ciudad del automóvil y las autopistas por antonomasia, pero hubo una época en la que la urbe californiana contaba con el sistema ferroviario más importante de Estados Unidos y uno de los más extensos del mundo.

Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, el tranvía era el modo de transporte más utilizado por los angelinos, ya que les permitía llegar con facilidad a los nuevos núcleos urbanos que se estaban contruyendo en una región que se encontraba en pleno crecimiento.

Tranvías desmantelados para eliminar un transporte limpio como el de los tranvías eléctricos y sustituirlo por un trasporte sucio en Los Ángeles, como el los de automóviles más contaminantes de GM a base de combustibles fósiles.

Lo mismo sucedía en la mayor parte de ciudades estadounidenses, en las que, según algunos cálculos, alrededor de 1920 cerca del 90% de los desplazamientos se realizaban sobre raíles, en un momento en el que sólo uno de cada diez ciudadanos tenía carro.

Todo cambiaría a partir de los años 30, cuando los automóviles dejaron de estar al alcance de unos pocos, al tiempo que compañías privadas empezaron a comprar las empresas que operaban los tranvías y trenes de decenas de ciudades de Estados Unidos para acabar desmantelándolos y sustituyéndolos por autobuses.

Después de la Segunda Guerra Mundial se supo que detrás de dos de esas empresas se encontraban como principales inversionistas el gigante automovilístico General Motors (GM) y las petroleras Standard Oil y Phillips Petroleum, así como el fabricante de llantas Firestone. Un ejemplo muy claro del capitalismo salvaje y sin piedad que arrasó con todo lo progresista y avanzado con tal de que su negocio se desarrollara.

Tampoco el importó a General Motors colaborar estrechamente con la Alemania Nazi. GM fue el mayor fabricante de camiones militares del nazismo a través de su filial alemana. Para fabricar esta ingente cantidad de modelos que sirvieron para que Hitler se adentrase con sus tropas en Austria se sirvió de esclavos de los campos de concentración. ¡Cuánta infamia y cinismo juntos!