El peso de las inercias de los sistemas educativos es un lastre para construir el futuro

La lógica de la urgencia en la que se han instalado muchas actividades no permite, ni muchos menos, una investigación reflexiva que busque las soluciones a largo plazo. Ignora la gran utilidad de la la prospectiva por lo que las soluciones que aporta son improvisaciones y, como tales, muy parciales e incompletas. No nos olvidemos nunca de que nuestra civilización actual tiene enormes problemas que no pueden resolverse en el corto plazo pues requieren hacer frente a las grandes inercias e intereses creados que sobre los asientan los factores de cambio. El sistema educativo y el de la coherencia formación-empleo son un claro ejemplo de ello.

Además. el peso de las inercias de los sistemas educativos es un lastre muy pesado en el corto plazo que disminuye significativamente los márgenes de libertad de actuación. Solamente es el largo plazo el que permite que nos dotemos de los márgenes de maniobra que necesitamos.

Por otro lado, la transición hacia un nuevo sistema educativo reclama cambios disruptivos, a la vez que necesita respuestas que sean duraderas, que se mantengan a lo largo del tiempo. Los problemas a los que nos enfrentamos exigen una mirada que se remonte hasta un futuro que se encuentre algo más lejano en el tiempo, porque, a corto plazo, no podemos contar con las soluciones, ni desde la oferta, ni desde la demanda. En realidad, nos encontramos en una fase intermedia en la que el viejo se está muriendo y el niño, aunque haya nacido, todavía no ha crecido lo suficiente.

En consecuencia, deberemos aprender a trabajar utilizando la visión bifocal que compagina el corto con el largo plazo. A sembrar aquello que queremos utilizar después y a evitar aquellas actuaciones que hipotecarían el futuro por el que luchamos. Debemos interiorizar que la lógica de trabajar exclusivamente sobre lo urgente responde a un imperativo que busca un resultado inmediato, una especulación enfermiza, una rentabilidad que sea directa y que se corresponda con el esfuerzo realizado en el momento. Pero no es un fin en sí mismo y debe responder siempre a sus efectos sobre el medio y el largo plazo.

Por desgracia, no se trata de una tarea fácil porque esta lógica está muy arraigada entre nosotros. Así es como esta lógica se ha erigido en uno de los paradigmas indispensables de nuestra época, en un valor exclusivo de nuestras sociedades. En el reino de la eficacia que hemos instaurado, erróneamente consideramos que sólo son válidas aquellas acciones que rinden en el corto plazo.

Todo pensamiento que busque el largo plazo, lo consideramos algo inútil. Lo mismo pasa con todo intento de realizar un trabajo que sea constructivo y que transcienda a las siguientes generaciones. Paradójicamente, nuestra miopía cortoplacista nos impide considerar que planificar un sistema educativo que mantenga unos niveles aceptables de coherencia entre la formación y el empleo necesitamos realizar acciones que transciendan durante muchísimos años. Se trata de una tarea que sin ir de la mano de la prospectiva resultaría del todo imposible.

Esta es la razón por la cual las políticas educativas actuales, en un mundo que reclama un nuevo modelo socioeconómico en base a las nuevas tecnologías de la 4ª Revolución Industrial, se muestran, a veces, tan estériles y contra-productivas. El futuro no se prevé, se prepara. La tiranía de lo urgente, el síndrome del cortoplacismo, es una enfermedad social que puede y debe ser superable, aplicando una estrategia anticipativa, tanto preactiva como proactiva.

Para hacer frente a crisis educativa que actualmente se ha agudizado, convendría recordar que la mayoría de las decisiones políticas que hoy tomemos no mostrarán sus efectos más que en el largo plazo. Las políticas relacionadas con la coherencia entre la educación y el empleo, en sociedades tan complejas como la nuestra, so muy difíciles de controlar, de manera sólida y sostenible, en el corto plazo, si no somos capaces de anticiparnos a los acontecimientos. En consecuencia, necesitamos dotarnos previamente de una perspectiva que también contemple el largo plazo. Éste fue el deseo de los impulsores de este Proyecto o Incitativa CFE, a la hora de plantear esta estrategia.

La ciencia de la Prospectiva Estratégica, entendida como la ciencia que estudia el futuro para influir en él o, en su caso, para prepararnos anticipadamente y, de este modo, no tener que sufrirlo como acostumbramos, era una buena herramienta para conciliar los objetivos a largo plazo con las necesidades a corto plazo y en base a ella se desarrolló este trabajo de reflexión prospectiva-estratégica.

Este Informe de Estrategia que presentamos es una consecuencia del Análisis Estructural realizado del Sistema CFE de la CA de Euskadi, 2030. En base al los programas de análisis SPOT, se han podido establecer y evaluar los objetivos, los medios y condiciones, en función de su posicionamiento como factores Clave y Objetivo. De igual modo, se han identificado las acciones estratégicas a corto plazo, medio y largo plazo, en función de su posicionamiento como Palancas Reguladoras de 1º y 2º Grado. De este modo, se pudieron completar, de manera coherente y pertinente, las opciones estratégicas para la Coherencia Formación-Empleo, CFE, de la Comunidad Autónoma de Euskadi, en la perspectiva del año 2030.

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