La obsolescencia de nuestros sistemas educativos

Tradicionalmente, la educación ha implicado la existencia de un proceso de aprendizaje por medio del cual se llega a un estado definitivo y final, en el que un individuo se llena de conocimientos y, por lo tanto, ya está educado.

Sin embargo, en un mundo donde el cambio se muestra tan acelerado, que conoce unos rápidos ciclos de perturbación que afectan a los diferentes sectores y donde la automatización aumenta más y más, ese estado final en el que el individuo debería estar educado ya no es algo significativo. Por el contrario, sí lo es el hecho de haya adquirido agilidad mental para el aprendizaje. Lo que significa dotarse de capacidad de aprender nuevos conocimientos, de adaptarse a ellos y de aplicarlos en ciclos rápidos.

Hasta el día de hoy, los individuos han sido educados y formados para adquirir experiencias y conocimientos. Empleaban estas experiencias y conocimientos adquiridos mediante su formación educativa para hacer su trabajo durante décadas. Sin embargo, nuestra realidad actual es que el aumento de la inteligencia de las máquinas las ha capacitado para hacer cualquier cosa que se puede codificar, tanto de modo digital como automático. Esta rápida proliferación de la conectividad global y de la difusión del contenidos reduce el valor del stock de conocimientos que posee cada individuo, reduce la capacidad de un trabajador para rentabilizar, a lo largo de su vida profesional, las dosis de educación y formación recibidas e, incluso, pone en cuestión el concepto mismo de profesión que tenemos. Por ejemplo:

· El 65% de los estudiantes actuales desarrollarán trabajos o tareas que actualmente no existen
· El 47% de los empleos de hoy se automatizará en las próximas dos décadas
· En el año 2020, más del 50% del contenido de los títulos universitarios se volverán inútiles en tan sólo 5 años.

Como especie humana, hemos pasado de utilizar herramientas manuales para ayudarnos con las tareas laborales, hasta interactuar con herramientas que reemplazan enteramente al trabajo. A medida que entramos en la era de la información, pasamos de ayudar a realizar trabajos manuales a ayudar a realizar tareas cognitivas. Actualmente, nos encontramos en la cresta de lo que representa un masivo desplazamiento tecnológico humano que parte de los mismos trabajos actuales, en un momento en el que tan sólo un algoritmo puede lograr que las máquinas hagan cualquier cosa que, mentalmente, sea rutinaria o predecible.

Como una explicación de lo que significa esta innovación rupturista, señalaremos que los iniciales esfuerzos educativos se centraron en la formación de los estudiantes en el dominio de una herramienta determinada. La enseñanza consistía en aprender un programa de software o una aplicación para ser utilizada más tarde a lo largo del periodo de educación y de la carrera profesional.

Por el contrario, actualmente las herramientas se construyen como plataformas de aprendizaje adaptativas y están diseñadas para poder comprender el progreso del alumno y el nivel de competencias adquirido. De esta manera, se puede avanzar en la enseñanza con un grado ajustado de fricción y frustración que permita progresar con el aprendizaje. Se trata de un desplazamiento masivo que ha pasado de aprender a dominar la herramienta, a aprender también cómo colaborar con la propia herramienta.

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