Eólica marina de aguas profundas (I)

Los países que cuentan con costas abruptas, como es el caso de muchos países, como ocurre con la cornisa cantábrica o la zona norte de Catalunya, siempre soñaron con la idea de poder aprovechar los vientos reinantes en sus costas. Tendríamos que llegar hasta la década de 1990, para que surgieran empresas cuyas actividades comerciales fueran la implementación de tecnología de turbinas eólicas en aguas profundas. El objetivo comercial no era otro que la explotación de los abundantes recursos eólicos en aguas profundas, incluso en zonas de mares con profundidades de hasta 600 metros, y que existen en todo el mundo.

La primera turbina en aguas profundas de gran capacidad, 2,3 MW, que se instaló, fue la turbina eólica flotante del Proyecto Hywind. Esta turbina entró en funcionamiento en el Mar del Norte, cerca de las costas de Noruega, en septiembre de 2009, y se puso en funcionamiento a partir de octubre de 2010.

El principal objetivo del Proyecto Hywind consistía en probar cómo el viento y las olas afectarían a la estructura de la plataforma eólica. Un segundo objetivo se centró en demostrar los ingresos procedentes de la energía generada por la puesta en marcha del Proyecto Hywind. En el año 2010, el Proyecto Hywind generó 7,3 GWh de electricidad.

Espoleados por esta iniciativa, desde comienzos de la presente década, en las costas portuguesas, se instaló la primera turbina eólica marina en aguas abiertas del Océano Atlántico y, a su vez, la primera en emplear una base flotante de tipo semi-sumergible.

Siguieron otros proyectos que se llevaron a cabo frente a las costas de Suecia, Holanda, Italia, Escocia, Francia, España, etc. Los estudios de viabilidad realizados concluyen afirmando que la energía eólica marina de aguas profundas es económicamente rentable en los mercados mundiales de la energía. Se demostró que altos costes iniciales, asociados al desarrollo de turbinas eólicas flotantes, se verían compensados por el hecho de que estos parques eólicos serían capaces de acceder a aquellas zonas de aguas profundas donde los vientos son más fuertes y fiables.

En el Reino Unido, un estudio que valoraba la viabilidad económica de este tipo de energía marina confirmó, hace varios años, que si se aprovechara tan sólo un tercio de los recursos que representan las energías debidas al viento, a las olas existentes y a las mareas y corrientes marinas en las costas británicas, se podría generar una energía equivalente a mil millones de barriles de petróleo al año; lo que equivale a la producción de petróleo y gas que anualmente se extrae del Mar del Norte.

En Estados Unidos, la empresa Deepwater Wind propuso una técnica para reducir potencialmente el peso, la complejidad y los costes de las plataformas eólicas de aguas profundas —en especial, los costes de mantenimiento— y que confirmaron en ensayos con modelos a escala, en aguas abiertas del lago Erie y de otros lugares del Océano Atlántico. (continuará)

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