Las mentiras acerca de las razones de la crisis continúan pero los estúpidos que creen en ellas disminuyen

Cada vez hay menos gente que se traga las mentiras de los gobiernos cuando niegan la verdad acerca de la crisis prolongada que sufrimos. Cada vez es más notorio que el modelo actual no funciona y que la inmensa mayoría de los países desarrollados del mundo están quebrados. Sin embargo, los gobiernos y las instituciones financieras mundiales intentan tapar con eufemismos la grave situación en la que nos encontramos. Cada día que pasa nos es más fácil constatar que vamos a peor. Se sigue haciendo más de lo mismo, sin cambiar lo fundamental que sería algo consistente como poner en valor el conjunto de la economía, eliminado burbujas, apalancamientos financieros arriesgados empobrecimiento progresivo de las clases medias, aumento de las desigualdades sociales y apoyo a aquellas actividades especulativas que han convertido a los mercados financieros en casinos para trileros.

Sin embargo, en las últimas declaraciones del FMI se percibe un sentimiento cada vez más angustioso y preocupado con la situación de crisis prolongada que sufrimos, y de la que no escapamos, ni escaparemos, si seguimos haciendo más de lo mismo. A las instituciones financieras internacionales ya no les queda —ni espacio, ni tiempo— para continuar con la esquiva y el disimulo pues ya han mentido demasiado.

Es ya una obviedad que la desigualdad debida a los ingresos económicos ha aumentado en todo el mundo. Es un mundo cada vez más injusto e irracional, donde el rico cada vez es más rico y el pobre —e incluso, los que no eran pobres— cada vez son más pobres. Un mundo donde, según Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo son las que poseen ahora más de la mitad de la riqueza mundial. En este sentido, y para evitar confusiones, aunque existen muchos tipos de desigualdades, principalmente, me referiré a las desigualdades debidas a las grandes diferencias en cuanto a los ingresos económicos, a la posesión de riqueza, al acceso al poder y al disfrute del bienestar social y económico.

Antes, se consideraba que la desigualdad era el precio que había que pagar para que la economía mundial funcionara, pero ahora cada vez hay más expertos que reconocen que para lograr un mejor funcionamiento de la economía mundial necesitamos crear empleo y reducir las desigualdades sociales. Estas nuevo enfoque está ya calando en el discurso del FMI y de otros organismos.

Hoy en día, cada vez hay más voces que critican y, por ello, se asume cada vez más que las desigualdades sociales son tanto inaceptables como moralmente incorrectas. Además, las desigualdades no sólo son perjudiciales para el crecimiento económico, también representan una amenaza para la propia democracia.

No podemos admitir que millones de personas vivan en la pobreza absoluta, mientras que otras pocas acumulan tanta riqueza que, aunque vivieran mil vidas, no llegarían nunca a poder gastar toda la riqueza que poseen. A su vez, el significativo aumento de las desigualdades en Estados Unidos se considera ya como un proceso que viene como consecuencia del secuestro que los más ricos han hecho de las políticas de lucha contra la crisis, para su propio beneficio.

Actualmente, los expertos del FMI resaltan cada vez más la necesidad de reconducir la economía, al objeto de incidir en la evolución de factores relacionados con el envejecimiento de la población, las infraestructuras, la disminución progresiva de las clases medias y la creciente polarización de los ingresos económicos.

El FMI internacional llega a reconocer que los ingresos de las clases medias provenientes del trabajo son los más bajos en los últimos 30 años. Una prueba evidente de que, a pesar de que se sostiene que la economía de Estados Unidos va bien, la distribución de la riqueza y el nivel de ingresos está cada vez más polarizada y la pobreza sigue aumentando de manera preocupante en dicho país.

La necesidad de atacar la pobreza es un problema urgente porque ya no depende de los niveles de desempleo. En Estados Unidos, donde las tasas de desempleo conocen unos valores muy bajos, también ocurre que el 40% de los pobres también trabaja. Lo que quiere decir que ya ni el hecho de contar con trabajo le permite a uno escapar de la pobreza. En definitiva: estamos cada vez peor, pero también somos menos estúpidos, aunque nos queda mucho camino por recorrer y muchas cosas que cambiar y eliminar, para poder salir de la Tercera Depresión Económica donde estamos atrapados indefinidamente, debido a la mediocridad, cobardía y corrupción de nuestros actuales dirigentes.

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