Cada vez somos más los que colaboramos en la construcción de un nuevo modelo energético que sea sostenible. ¿Te apuntas?

Es algo que cada vez es más aceptado entre los prospectivistas que trabajamos también en el sector de la energía. Sin embargo, pocos son los países que se han comprometido de verdad con el nuevo modelo porque, en gran parte, no se atreven a eliminar el consumo de petróleo y sus derivados.

La corrupción y la cobardía de nuestros políticos a veces se convierte en un pesado lastre que nos impide avanzar hacia el futuro con inteligencia, ilusión y garantías de éxito.

Tampoco ayuda que el debate sobre el futuro de la energía suela ser un tema muy poco transparente y que se oculten datos para que, de ese modo, los planes sobre el futuro puedan ser fácilmente manipulados por los todopoderosos oligopolios del sector de la energía.

En efecto, existen lobbies muy poderosos en el sector de la energía que no quieren saber nada de una posible sustitución de la gasolina por la electricidad como fuente de energía del transporte por carretera y, por eso, frenan todo lo que pueden y más la introducción masiva del coche eléctrico y el desarrollo de redes eléctricas inteligentes como infraestructura básica para garantizar un completo despliegue del coche eléctrico con éxito.

Son los lobbies petroleros y gasistas y, absurdamente, muchas empresas eléctricas las que se oponen. Muchos políticos no corruptos que sufren todo tipo de zancadillas para no impulsar como quisieran el coche eléctrico, las energías renovables o las redes eléctricas inteligentes, lo saben muy bien.

Pero, a su vez, el gran avance de la ciencia y de la tecnología nos acerca cada vez más hacia un mundo sostenible. Así pues, a pesar de los rentistas del sistema, existen grandes y atractivas oportunidades para reducir el consumo de energía de los edificios y eliminar el consumo de combustibles fósiles. Las inversiones a realizar son muy rentables pues suponen unos costes menores y unos rendimientos más altos que en otros sectores de la actividad económica. La reducción de un 40% del consumo energético de los edificios es un objetivo que tecnológicamente es totalmente plausible y representa una condición necesaria, aunque no suficiente, para realizar la transición con éxito hacia un nuevo modelo energético basado en el desarrollo sostenible.

Por otras parte, l futuro energético del mundo y su propio desarrollo tecnológico depende del impulso que se le dé al coche eléctrico. Sólo así se producirían las sinergias que necesitamos para impulsar las energías renovables, lograr dotarnos de un sector industrial competitivo y multiplicar la introducción de innovaciones tecnológicas y sociales en todo el tejido socioeconómico europeo.

La mitigación de la dependencia del petróleo, la reducción de las emisiones de CO2, el desarrollo del software y las tecnologías para la recarga de baterías y la implementación de las redes eléctricas inteligentes —‘smart grids’— adquirirían un mayor protagonismo gracias a las grandes expectativas que nos proporciona el coche eléctrico. Poco a poco, parece que hasta los más tontos del lugar se van dando cuenta de la importancia trascendental que tiene el coche eléctrico. A ver si, por una vez, las palabras se convierten en hechos.

En suma, un país que se considere serio debería tener la obligación de dar prioridad a todas las políticas que contribuyan a la creación de empleo. La apuesta por un nuevo paradigma socioeconómico sostenible, donde el nuevo modelo energético también adquiere principal protagonismo, es la mejor manera de crear los innumerables puestos de trabajo que tanto necesitamos.

Así pues, una apuesta comprometida por una economía que sea sostenible, más temprano que tarde, será algo ineludible para todos aquellos países que pretendan encarar el futuro económico con éxito. Hacer más de lo mismo sólo contribuye a prolongar la agonía. Si no fuéramos tan estúpidos entenderíamos a la primera que el futuro será sostenible o no será.

Los empleos relacionados con la generación de electricidad en base a las energías renovables, para su utilización masiva en todos los sectores económicos, incluido el sector transporte —gracias al despliegue total coche eléctrico— al tiempo que eliminan las importaciones de petróleo, contribuyen también al logro de unos altos niveles de ahorro y eficiencia energética —sobre todo si se cuenta con las necesarias redes eléctricas inteligentes. Un dato muy importante a tener en cuenta a la hora de planificar el futuro.

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