El ejemplo de la isla sostenible

Se trata de una vivencia que los habitantes de la isla danesa de Samsø llevan tiempo protagonizando. Es la historia de un sueño, de una apuesta inteligente de futuro, de un deseo que se convierten en realidad. De este modo, ya no sufrirán como el resto de los mortales las penurias derivadas de los altos precios de los hidrocarburos fósiles. En efecto, en otros lugares de Europa y del mundo —ahora que el petróleo se agota— las preocupaciones sobre la seguridad de suministro energético podrán ocupar un nivel alto en la escala total de importancia, pero éste no es un problema que tienen en la isla danesa. Allí, gracias a la energía que proveen el viento, la biomasa e incluso el sol, sus naturales han logrado ya ser autosuficientes en energía, al menos, durante una década.

Samsø es una isla de 112 kilómetros cuadrados situada en la costa este de Dinamarca, junto a la península de Jutlandia. Aunque tiene tan sólo 4.300 habitantes, la isla fue el primer territorio, dentro de los anales de las energías renovables, en declarar su intención de confiar en que las energías renovables llegaran a cubrir el 100% de las necesidades energéticas de la isla.

Hace unos diez años, la isla ganó la iniciativa que el Gobierno danés propuso a las comunidades que quisieran demostrar que se podía vivir totalmente en base a las energías renovables. De este modo, la isla de Samsø, sin contar siquiera con ningún tipo de subvención directa por parte del Gobierno danés, decidió cumplir su apuesta y compromiso con la sostenibilidad. Los isleños invirtieron unos 50 millones de euros en el sistema energético. El 80% del capital provino de los inversores privados locales y el resto se financió en base al pago de tasas e impuestos según lo permiten las leyes y reglamentos de Dinamarca —también uno de los países más ricos de Europa y que, en 2006, contaba con un PIB per cápita de 23.300 €/año.

Así pues, en 1997, para el gobierno de la isla fue todo un reto la decisión que tomó para acometer la financiación del nuevo modelo energético. La financiación se lograría a partir de lo que se recaudara mediante los impuestos locales y las inversiones individuales. En la actualidad, los isleños están supersatisfechos con su hazaña pues han demostrado que, para ser autosuficientes energéticamente, se puede aprovechar los recursos naturales con que uno cuenta. A su vez, la isla de Samsø se ha convertido en el escaparate mundial de una de las industrias más dinámicas y exportadoras de Dinamarca, Vestas, que además es líder, a nivel mundial, como fabricante de aerogeneradores e instalador de parques eólicos, tanto terrestres como marinos.

Samsø es, en esencia, un ambicioso ejemplo de cómo hacer frente a los grandes retos a los que cualquier país, región, comarca o ciudad debe enfrentarse, en la carrera por convertirse en un territorio no dependiente de los combustibles fósiles. En Samsø, los hogares y empresas de las más de 4.000 personas que allí residen consumen la energía eléctrica y el calor que se obtienen por medio de los aerogeneradores situados sobre la superficie de sus campos verdes y sobre las aguas del Mar del Norte, que obtiene a partir de la quema de la paja del centeno y del trigo que se utiliza para calentar un edificios y de los paneles solares que, poco a poco, han ido instalándose sobre los tejados de los edificios.

Cuando se habla de Samsø, también se identifica a la isla como un ejemplo de lo que representa la lucha contra el Cambio Climático y, junto a otros proyectos parecidos, se ha demostrado que esta lucha es posible si hay voluntad política y movilización ciudadana en torno a un proyecto de futuro sostenible. De este modo. es como se explica que este pequeño territorio, con algo más de 4.000 habitantes, fuera capaz de, sin ningún tipo de subvenciones, invertir 400 millones de coronas danesas (56,2 millones de euros) —un promedio de más de 13.400 € por cada ciudadano y que deberían amortizar en diez años.

Situada en el centro geográfico de Dinamarca, la isla de Samsø solía ser antes conocida por su famosa patata temprana que se vendía, fundamentalmente, en los mercados daneses. Ahora, el origen de su fama ha cambiado y está más relacionada con el desarrollo sostenible. Los aerogeneradores terrestres allí instalados cubren todas las demandas de electricidad y podemos decir que el 70% de los hogares de la isla se calienta utilizando biocarburantes o energía solar.

Sin embargo, aunque algunos hogares optaron por seguir utilizando calderas de gasóleo para la calefacción y, además, los coches todavía consumen derivados del petróleo, la isla se ha convertido en un territorio caracterizado por sus cero emisiones de dióxido de carbono. Ello se logró tras la construcción de diez aerogeneradores marinos —además de los once que ya tenían en tierra.

De esta manera, se pudo compensar las emisiones locales de CO2 que producen tanto los automóviles como el que producen aquellos 30% de los hogares que siguen calentándose en base a los combustibles fósiles. Y, así, aprovechando que se produce más electricidad de la que se necesita, el excedente se vende en el continente. Para hacer que esto sea posible, sí que se cuenta con las ayudas del Gobierno danés que, al objeto de promover la energía eólica, subvenciona entre un 20% y un 50% del coste final de energía que la electricidad, obtenida de esta manera, representa para los consumidores.

De todos modos, los esfuerzos de los isleños no sólo están de acuerdo con las políticas en materia de Energía y Medio Ambiente que persigue la Unión Europea sino que han ido mucho más allá de lo que son las metas oficiales.

Tomando como base los niveles de 1990, la Unión Europea se ha comprometido a reducir, en un 20%, sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2020. De igual modo, persigue lograr que una quinta parte de toda la demanda de energía primaria se satisfaga a partir de fuentes de energías renovables como la energía eólica, solar y biomasa.

Algunos isleños sostienen que un proyecto que persiga la utilización de la energías renovables, si se quiere que sea eficaz, debe ser un proyecto que se impulse y desarrolle a partir de la iniciativa local, en lugar de basarse en el cumplimiento de reglamentos, normativas y reglas impuestas por la burocracia administrativa.

Para poder llevar a cabo un proyecto de estas características, se necesita determinación y dotarse de un espíritu positivo y comprometido, en el convencimiento de que dicho proyecto es posible y, a continuación, se necesita dotarse de una base económica para hacer que todo aquello que es posible se vuelva realizable. Aunque, a decir verdad, sin voluntad política y sin ese espíritu positivo y comprometido previo, no habría nada que hacer. Ese es el motivo porque el que aquí, entre nosotros, teniendo las energías renovables tanto potencial de desarrollo,  se hace tan poco por impulsarlas como ocurre en algunas comunidades autónomas como la vasca.

Por el contrario, en Samsø, debido a este compromiso, muchos isleños compraron acciones de la empresa de electricidad creada para explotar los once aerogeneradores ubicados en tierra firme. Una inversión que se amortizó antes de los diez años que, al inicio, se tenían previstos como periodo de amortización.

En efecto, debido a que los vientos soplaban con mayor fuerza que lo previsto —un 10-15% más de fuerza en las palas— se redujo significativamente el tiempo de amortización y, en la actualidad, el parque eólico terrestre ya está amortizado y produciendo beneficios. ‘Samsø Energy Academy’ ha declarado que cada aerogenerador le produce ya unos ingresos de unas 500 coronas al año.

Por último, he de comentar que antes de empezar con el proyecto, en Samsø, las ideas iniciales tuvieron que ser acompañadas de profundos debates hasta que perfiló el proyecto definitivo. Para ello, hubo que emplear mucho tiempo en mantener una gran cantidad de reuniones y hasta hubo que contratar a buenos expertos para enriquecer el debate, al tiempo que los isleños arraigaban su confianza en su propio instinto.

El desarrollo del proyecto también ha producido otros beneficios secundarios para los isleños. En efecto,  aprovechando que se tenían que cimentar los aerogeneradores e instalar los paneles solares, acudieron a las isla unos cuantos profesionales de la construcción que  fueron demandados por los propietarios de viviendas para que también les realizaran obras que mejoraran el aislamiento térmico de sus casas.

Esta nueva demanda contribuyó a que algunos fontaneros y albañiles de la construcción se asentaran en la isla, en un momento de cierta desaceleración económica. Además, otras cinco nuevas familias se desplazaron a la isla para emprender nuevas actividades relacionadas con las energías renovables, lo que permitió la creación de nuevos puestos de trabajo en en la isla.

El ejemplo de Samsø ha despertado un gran interés en todo el mundo. De hecho, es frecuente ver cómo los embajadores, que representan a países extranjeros en Dinamarca, se desplazan a la isla para comprobar ‘in situ’ y quedarse impresionados al ver cómo los pequeños pueblos pueden cubrir sus necesidades de energía en base a los paneles solares y a los parques eólicos.

El ejemplo de la isla de en Samsø también ha ayudado a llamar la atención mundial sobre las proezas que realiza Dinamarca en lo que se refiere al aprovechamiento de la energía eólica. Una empresa que se ha beneficiado de ello ha  sido Vestas, líder mundial y con base en Jutlandia. Esta empresa informó, hace tan sólo dos semanas, que los pedidos de grandes parques eólicos —superiores a los siete millones de euros— habían experimentado un aumento del 67% y que estimaba que la energía eólica llegaría a representar, al menos, un 10% de la energía total mundial, en 2020, cuando, hoy en día, tan sólo representa un poco más del 1%.

Esto se traduce en que el aumento de la energía eléctrica, producida a partir de la energía eólica, deberá experimentar un crecimiento anual que oscile entre un 20% y un 25%, durante los próximos 12 años. En consecuencia, es obvio, que si los diferentes gobiernos apostaran, de verdad y sin tapujos, por una economía no dependiente del petróleo, deberían apoyar a que surgieran en sus respectivos países, empresas eólicas como champiñones para satisfacer rápidamente esta demanda creciente de energía renovable. El ejemplo de Samsø es la prueba palpable de que también los diferentes municipios y comarcas, en este sentido, tienen mucho que hacer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: