La situación angustiosa de Grecia es una crónica anunciada para el resto de la UE

El problema de no tener una moneda nacional es que ello impide a los países dotarse de un mecanismo eficaz para contrarrestar los desequilibrios comerciales por cuenta corriente. Idealmente, las exportaciones y las importaciones de cualquier país deberían buscar un equilibrio, pero en el mundo real, esto no ocurre. Así, en los diferentes países, el comercio funciona a pesar de que luego se originen importantes excedentes o déficits comerciales. Un déficit comercial es un saldo negativo en la balanza comercial y ocurre cuando las importaciones de un país superan sus exportaciones. Un déficit comercial se liquida mediante el pago monetario de la deuda comercial contraída, lo cual implica que la moneda nacional entre en los mercados extranjeros.

Greek Flag and debt

De este modo, los países con excedentes comerciales terminan con dinero de sus socios comerciales, mientras que los países con déficits comerciales deben pagar a sus socios comerciales la diferencia entre las exportaciones y las importaciones mediante abonos efectuados con su propia moneda nacional. Y aquí comienza el problema para los países con déficit por cuenta corriente: ¿De dónde sacan el dinero para liquidar su saldo comercial negativo?

Los países que cuentan con sus propias monedas, lo que hacen, simplemente, es sacar dinero de la nada. Es decir: sus bancos centrales crean millones de moneda nacional que antes no existía. Esto es, en esencia, cómo Estados Unidos, Reino Unido, Rusia financian sus enormes déficits comerciales.

Esto funciona siempre y cuando el país que quiera hacer frente a sus déficits comerciales no imprima su moneda de manera desenfrenada. Si un país imprimiera su moneda en exceso, la moneda perdería valor, y las importaciones se volverían más costosas para sus ciudadanos. Dado que el coste de las importaciones (precio en moneda nacional) aumentaría, la gente no podría permitirse el lujo de seguir comprando tantas importaciones como antes y las importaciones disminuirían, lo que también reduciría el déficit comercial.

En el otro lado de la balanza comercial, nos encontramos con que las exportaciones de un país que está depreciando su moneda se vuelven más baratas, debido al cambio más favorable que experimentan las otras monedas. La devaluación hace que crezcan las exportaciones ya que aumentan los compradores a nivel internacional, aprovechándose de la oferta de bienes y servicios más baratos que es capaz de proveer un país con la moneda devaluada.

De esta manera, las monedas nacionales proporcionan un mecanismo para reequilibrar el déficit comercial. Pero en el caso de Grecia, y en el resto de los países de la UE con grandes déficits comerciales este mecanismo ya no existe. Mediante la eliminación de las monedas nacionales, la Eurozona también eliminó el único mecanismo de mercado para reajustar los desequilibrios comerciales.

Debido a ello, los diferentes países con saldo comercial negativo que no tienen moneda propia, como es el caso de Grecia, se ven obligados a pedir dinero prestado para financiar su déficit comercial. Éste ha sido el motor de la deuda griega desde que el país heleno adoptó el euro en 2001.

Si Grecia hubiera mantenido el dracma, su moneda nacional, el déficit comercial habría disminuido depreciando el dracma y hubiera sido capaz de reducir el déficit comercial al dispararse el costo de las importaciones para los griegos.

De igual modo, los bancos prestamistas europeos pecaron de avariciosos e insensatos al prestar dinero apalancado, y que realmente no tenían, a países que nunca podrían devolverles la deuda. Basaron sus préstamos en esa garantía ilusoria que se deriva del hecho de ser un país como Grecia, miembro de la Eurozona.

Para los países de la Eurozona, con grandes déficits comerciales estructurales, la pertenencia a la zona euro será una garantía de su próximo desastre financiero, ya que la única manera de financiar el déficit dentro de la zona euro es la de pedir prestado cada vez más dinero.

Las importaciones en Grecia actualmente exceden en un 75% a sus exportaciones y su deuda pública representa el 175% del PIB. Tal como funciona la Eurozona, y sin una gran quita por parte de los acreedores, no hay manera posible para que Grecia solucione su problema de la deuda.

En estas condiciones, y si los griegos siguen manteniendo el euro como su moneda, todo acuerdo o supuesta solución que se negocie con la Troika que no aborde la causa principal de la deuda no será más que un mero teatro para prolongar tanto la agonía de Grecia como la de otros muchos países europeos. La necesidad de crear la Europa Política que acabe con los nacionalismos de sus Estados miembro, para que controle y dé sentido a la Europa Económica y a la Europa Social es también una condición “sine qua non”.

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