Por un crecimiento económico que mejore el clima del planeta y nuestra calidad de vida

Necesitamos un nuevo concepto de crecimiento que nos sea útil en nuestras apuestas por garantizar el desarrollo a las próximas generaciones. El modelo actual de crecimiento económico se basa en los aumentos de consumo y, en consecuencia, en el intercambio desigual y el despilfarro y en el agotamiento de los recursos del planeta. Se trata de un modelo lineal que presenta niveles de entropía crecientes. Así no podemos seguir puesto que sería nuestra ruina y/o la de nuestros hijos y nietos. Por ello, cuando se habla de crecimiento económico, constatamos que éste es un concepto que debería diferenciarse de la idea clásica de desarrollo y enriquecerse con un enfoque totalmente sostenible. El desarrollo económico es un stock y el crecimiento es un flujo. El crecimiento económico puede ser contrario al desarrollo sostenible. De hecho, nuestro crecimiento económico se mantiene en torno al 3% pero nuestros niveles de calidad de vida apenas aumentan, cuando no ocurre lo contrario y, por tanto, disminuyen.

Sustainability

Por consiguiente, si queremos dar con las buenas respuestas deberemos dirigir su discusión hacia la calidad de vida y el bienestar duraderos. Se trata de superar las contradicciones inherentes al sistema como es el caso de los aumentos de productividad. No siempre se da el caso de que un incremento de la productividad, que consiste en la generación de un mayor nivel de “output” con el mismo o menor nivel en el uso de insumos, resulte beneficioso.

A veces, se alcanza una mejora en la productividad por “input” que induce a un consumo proporcionalmente mayor, por ser el coste de producción menor, con lo que el efecto agregado es un mayor uso de recursos que, a la postre, resulta perjudicial. Otras veces, se suele aumentar la productividad a costa de producir una mayor cantidad de residuos no sostenibles o de consumir mayor cantidad de agua. Finalmente, señalaré que más veces de las que nos pensamos el incremento de productividad se basa en condiciones del trabajo peores, etc., lo que se enfrenta directamente al desarrollo sostenible.

Ante este problema, algunos países están desarrollando índices de desarrollo específicos que incorporan conceptos de bienestar, de manera que sirvan de guía a los objetivos gubernamentales. En este sentido, se están aplicando diferentes análisis que consideran prioritario, dentro de las estrategias empresariales y gubernamentales, la transición hacia un modelo de progreso económico en clave de sostenibilidad. De este modo, se pretende convencer a los diferentes actores implicados (gobiernos, empresas y sociedad) acerca de la insostenibilidad del sistema actual.

Se persigue también dotarse de indicadores más apropiados que la clásica medición del PIB para ilustrar mejor la oportunidad y los beneficios inherentes al nuevo modelo de progreso económico en clave de sostenibilidad. En todo este proceso resulta también necesario pasar de la lógica de la satisfacción de la demanda a la lógica basada en la gestión de la demanda. En efecto, al abordar los aspectos de ahorro y eficiencia, productividad de los recursos, etc., como palancas que impulsan el desarrollo sostenible, siempre habría que considerar de manera inseparable los aspectos relativos a la gestión de la demanda. Por ello, el ahorro y la reutilización de recursos deberían formar también parte de la demanda.

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