El siglo XVI y el siglo XXI como paradigmas del fin de una era (I)

El ejemplo de una cambio socioeconómico radical lo tenemos en el siglo XVI. Fue el paso del mundo medieval al mundo moderno. Este ciclo representa un anticipo de lo que nos está pasando en el siglo XXI. Una depresión económica que se refleja en el agotamiento del modelo económico-financiero y que deberá abrir paso a un nuevo modelo económico basado en la sostenibilidad. Fue durante la época de Thomas More cuando más gráficamente se refleja el agotamiento de un modelo económico. Thomas More —también conocido como Tomás Moro— supo identificar con claridad que la humanidad se encontraba al final de una era. Lo mismo que nos pasa ahora.

Tomas Moro y el fin de una era

Quizás mejor que cualquier otro pensador de su época, era muy consciente del freno que suponían los rentistas del sistema para la aplicación de aquellas medidas que les permitieran salir de la grave crisis en la que se encontraban. More también conoció el impás o inmovilismo político, social e ideológico en el que se encontraban todos los gobiernos de los diferentes reinos que conformaban la Europa cristiana de finales del siglo XV.

Por aquel tiempo, asistían al final de una época —la Edad Media— y se enfrentaban al comienzo de otra —la Edad Moderna— que se les presentaba como un libro cuyas páginas estuvieran en blanco. Para More resultaba apasionante —y comprometedor a la vez— participar en los debates que se celebraban entre los pensadores de su círculo de amigos íntimos, entre los que se encontraba también Erasmus de Rotterdam. Las discusiones a las que se veían sometidos intentaban escudriñar, entre todos los escenarios futuros posibles, un futuro desde donde surgiera un nuevo mundo que pudiera hacer feliz a la humanidad entera. Ese mundo sería conocido como la isla ‘Utopía’. Un valor que tendremos que recuperar todos cuanto antes.

Desgraciadamente, en tiempos de Thomas More, pocos monarcas europeos se sentían comprometidos con la urgente necesidad de adaptar sus políticas a los nuevos tiempos que se avecinaban. En general, los monarcas eran cobardes y corruptos y además, en general, eran tibios y débiles pues no hacían nada para evitar que se agravara la crisis. Ello no tenía perdón pues estos monarcas eran muy conscientes de que para adaptar las políticas a los nuevos tiempos deberían enfrentarse a innumerables rentistas del sistema de las clases de la nobleza y religiosa, cosa que no estaban dispuestos a realizar, aunque se rodearan de cancilleres y consejeros renovadores. En consecuencia, no existía ningún liderazgo que intentase siquiera marcar el nuevo rumbo a seguir a la población de entonces.

A veces, cuando todo parecía indicar que las cosas se desarrollaban por los caminos naturales de la adaptación, de pronto, surgían, desde el viejo mundo moribundo de la Edad Media, nuevas voces que intentaban con fuerza frenar los cambios. Eran los sectores más reaccionarios de la sociedad medieval que querían hacer prevalecer sus privilegios, gracias al empuje de los nobles, abogados, eclesiásticos, etc. Todos ellos eran una gran obstáculo que se oponía al progreso y More lo sabía perfectamente. Thomas More sabía que, para que la humanidad encontrase por sí sola el camino de la felicidad, debería combatir a los rentistas del sistema.

La cuestión era, como casi siempre, definir primero el “qué hacer” y el “adónde ir” para, más tarde, explicar a las gentes sobre la trascendencia de los cambios a introducir en el sistema y hacerles partícipes de la oportunidad histórica que estos cambios ofrecían para acabar con la miseria y la injusticia. El tiempo apremiaba y jugaba en contra de todos. Además, como consecuencia de las modificaciones en la economía, estaban apareciendo las fatídicas plagas de la humanidad como eran las guerras, el hambre, las epidemias…, que, al unirse a otros factores de declive, estaban creando una crisis sin precedentes en Europa.

El surgimiento de una economía-mundo se produjo sobre todo a partir del descubrimiento de esa nueva frontera que representaba el continente americano para los europeos. En Europa, gracias al desarrollo del comercio, se había producido la aparición de una nueva y pujante clase social compuesta por ricos comerciantes. Sin embargo, con el desarrollo del comercio también se había desarrollado la corrupción. En todos los reinos de Europa, la corrupción se había convertido una lacra social que, de manera generalizada, se había extendido entre los nobles y demás mandatarios políticos y las autoridades eclesiásticas de finales de la Edad Media. (Continuará)

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