La Tercera Depresión Económica y la estupidez humana

Llevamos ya siete años de prolongada crisis económica y todavía los economistas continúan engañándonos con sus falaces previsiones económicas. Como ingeniero, soy de los que considero que si una teoría no funciona es porque ésta es falsa. Es cierto que la Economía no es una ciencia exacta pero tampoco por ello tiene que ser tan inexacta. Y cómo ocurre en otras disciplinas, para intentar salir del error —y de paso, salir de la crisis— es condición indispensable tratar de explicar lo que nos pasa de forma racional e inteligible. Nunca habrá buenas respuestas si, previamente, no nos hacemos las buenas preguntas.

Con tantos fallos y errores, considero que se ha acabado la etapa de las recetas. Se terminó pues, el tiempo para las explicaciones supuestamente cargadas de razón, que a posteriori trataban de justificar los errores de las previsiones hechas a priori. Si la teoría economica vigente continúa explicando las mismas mentiras, habrá que perseguirla por fraude, como a cualquier otro tipo de actividad fraudulenta.

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Hablar de la crisis hoy no puede convertirse en un ejercicio de especulación o en una apuesta frívola y costosa de la que sólo se benefician los bancos y demás entidades financieras. Estamos viviendo una Tercera Depresión Económica y ya basta de engañar a la gente. El modelo económico actual es obsoleto y nefasto para el futuro de la humanidad. ¡A las pruebas me remito!.

Hace unos meses, el Banco Central Europeo (BCE) nos despertaba con una decisión que no conocía precedentes históricos y que suponía toda una huida hacia adelante, esperando que el inevitable crack del sistema financiero no sorprendiera a una Europa en depresión sino a una Europa en crecimiento.

Así, el BCE se sacaba de la manga 400.000 millones de € con el fin de que los bancos prestaran dinero a las empresas productivas y a los consumidores. Es decir, a la economía real. Con estas medidas, un banco de la zona euro, podría pedir dinero prestado al BCE a un 0,25% de interés, durante cuatro años, hasta septiembre de 2018, para prestarlo a la economía real a unos intereses y condiciones de pagos cómodos y razonables. Estas medidas no han funcionado y no han hecho más que agravar la situación económica de Europa.

En otro anterior post, también comentaba que si, de verdad, este dinero llegaba a la economía real, a las industrias y a los consumidores, podría funcionar pero que dudada mucho de que pudiera hacerlo porque el sistema está corrupto y, desde hace tiempo, no funciona al servicio de la economía real.

Agotamiento del actual modelo económico

El modelo económico actual es un modelo agotado y basado en la especulación financiera. La principal y más obsesiva preocupación de los gobiernos y bancos centrales es la de evitar el estallido de la creciente burbuja financiera.

Éste es el motivo por el que los diferentes gobiernos de los países occidentales y sus bancos centrales están impulsando un brutal aumento del volumen de la deuda que —que ya es del todo impagable— y que, a su vez, incrementa la insolvencia del sistema bancario occidental y multiplica constantemente la concentración de la riqueza en unas pocas manos.

La situación de Europa era desde hace tiempo preocupante, ya que su economía daba muestras de prolongado agotamiento y corría el riesgo de ser la región que pagase los platos rotos del disparatado y especulativo sistema financiero sobre el que se ha asentado la economía mundial. En el juego diseñado por ludópatas y avariciosos financieros, Europa era cada vez más claro la región perdedora ante Estados Unidos y Japón.

Por ello, la decisión del BCE de reforzar el apalancamiento financiero, haciendo crecer aún más la burbuja financiera, tenía cierto sentido si tenemos en cuenta que Japón hizo lo mismo, siguiendo los pasos de las persistentes políticas monetarias expansivas de Estados Unidos.

Apalancamiento financiero, burbujas especulativas y corrupción política

El incremento constante del apalancamiento financiero y la creación de burbujas especulativas, favorecido todo ello por la corrupción política al servicio del sector financiero y de las clases oligárquicas, es muy difícil de controlar de forma racional, ya que esta casta de rentistas sociales quebraría si se parara su crecimiento especulativo y chantajea con ello a los mediocres políticos que hoy en día tenemos.

Esta necesidad de crecimiento económico en base a las burbujas especulativas y al apalancamiento financiero, junto a la insaciable e irracional avaricia de los bancos, pretende hacerse con la mayoría de los recursos financieros, aún a riesgo de que estos recursos no lleguen nunca a la economía real y productiva. Es algo completamente estúpido. El sector financiero funciona como un agujero negro de la economía que destruye las mismas actividades que generan riqueza en sus propios países. Está matando a la gallina de los huevos de oro: la economía productiva.

Por otra parte, si continúa la concentración del dinero y los recursos en manos de unos pocos, el coste de la vida y el precio de la vivienda aumentarían aún más junto al mayor deterioro de la calidad de vida, lo que podría enfrentarnos a soportar situaciones donde nadie quisiera estar nunca. Ello ocasionaría un mayor empobrecimiento de las clases medias y, como contestación a este ultraje, se produciría el auge de nuevas alternativas sociales y políticas, muchas de ellas extremas y radicales.

Ningún político es inocente de lo que está pasando. Los diferentes gobiernos son cómplices de que se esté impulsando una economía ludópata y enfermiza que busca, a cualquier precio, el enriquecimiento del capital financiero, aunque ello implique el deterioro progresivo del Estado del Bienestar de sus ciudadanos.

Salir de la crisis, en una gran medida, depende de los líderes a los que elegimos, pero también de nuestra actitud y de nuestra aptitud en relación con el desarrollo sostenible. Un líder mediocre, que no aporte medidas rupturistas con etapas anteriores, que no luche contra la corrupción y que no apueste con fuerza por el desarrollo sostenible, en base a la innovación social y tecnológica, la mejora de la calidad de vida y la economía productiva de bienes y servicios, será siempre un obstáculo, un freno, para salir de la actual crisis económica y financiera, a nivel mundial.

Pero no nos olvidemos nunca que todo depende de nosotros. Depende de nuestra lucha contra los privilegios de las castas dominantes y de los políticos corruptos, de nuestro esfuerzo por mantener el Estado del Bienestar y de nuestra renuncia a tener que sufrir el futuro como acostumbramos. El futuro no se prevé, se prepara, se planifica de antemano y se construye entre todos, en base al escenario-apuesta.

El futuro se escribe en clave de sostenibilidad y de una economía al servicio de la competitividad, la innovación y la creación de empleo

Los países democráticos no tienen excusa para continuar en la crisis y padecerla debido al reparto desigual que origina el enriquecimiento de los bancos, a costa del deterioro del Bienestar social de los ciudadanos. En una democracia, los países siempre tienen, como gobernantes, los líderes que se merecen. Estos gobernantes son, precisamente, aquellos a quienes sus ciudadanos votan. Lo que hace que nos tomemos, muy en serio, el valor infinito de la estupidez humana.

Todo partido político cuyo programa electoral que no dé prioridad a la economía real frente a la economía financiera y no considere obligatorio impulsar políticas para mejorar la competitividad de una economía al servicio de la introducción de innovaciones y de la creación de empleo, es un partido que trabaja al servicio de la casta de los ricos. Estos partidos, en la práctica, tampoco considerarán muy importante impulsar las energías renovables para posibilitar la transición hacia un modelo de gestión sostenible de los recursos y contribuir positivamente a la equidad y a la igualdad de oportunidades, tanto social como territorialmente.

Para estos partidos al servicio de los rentistas del sistema, la política “real” significaría continuar haciendo más de lo mismo y contribuir a que el rico sea cada vez más rico y el pobre más pobre. Significaría también impedir superar la crisis y evitar la salida a la Tercera Depresión Económica, en clave de desarrollo sostenible. Es obvio que quienes voten a estos partidos políticos, al servicio de los sectores financiero y oligarca, deberían ser consecuentes con lo que votan y asumir que con su voto favorecen las politicas que empobrecen cada vez más a amplios sectores de la población.

Si tuvieran algo de honradez, tampoco deberían engañar más a sus amigos y familiares, diciendo que ellos están con el pueblo, cuando están con los rentistas del sistema, con aquellos que con sus acciones nos demuestran que el dinero es lo más importante en sus vidas. En la vida y según sean sus acciones, cada uno se saca la foto en su sitio y nos muestra lo que, de verdad, es. ¡Quién no vive como piensa siempre termina pensando como vive!.

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