Los basureros de la historia están llenos de tendencias prolongadas

A comienzos de este mes, el Banco Central Europeo (BCE) tomó una decisión que no conocía precedentes históricos y que supone toda una huida hacia adelante esperando que el inevitable crack del sistema financiero no sorprenda a una Europa en depresión sino a una Europa en crecimiento. Es el Paso del Rubicón donde no hay vuelta atrás. Poco importa si la burbuja financiera haya de crecer hasta más allá de los límites que la razón y el sentido común imponen. Nuestro líderes actuales no gozan de esos atributos al haber supeditado las riendas de la economía a los exclusivos intereses del capital financiero y que nos resulta tan codicioso y depredador.

La gran burbuja financiera

En un mundo donde la economía se encuentra financieramente tan apalancada, cualquier salida requiere que, cuando todo estalle, el tiempo de poner en valor la economía real, y de empezar de nuevo en base a un modelo económico de índole sostenible, sea el más corto posible. Para ello es necesario evitar que el crack financiero mundial se produzca cuando un determinado país o región se encuentra en una situación de recesión económica.

La situación de Europa era desde hace tiempo preocupante ya que su economía daba muestras de prolongado agotamiento y corría el riesgo de ser la región que pagase los platos rotos del disparatado y especulativo sistema financiero sobre el que se ha asentado la economía mundial. En el juego diseñado por ludópatas y avariciosos financieros, Europa era cada vez más claro la región perdedora ante Estados Unidos y Japón.

Por ello, la decisión del BCE de reforzar el apalancamiento financiero haciendo crecer más la burbuja financiera, aunque ello conlleve la necesidad de tomar medidas muy arriesgadas, tiene su sentido. Todo se debe inscribir en un contexto donde donde la UE se juega quizá su última carta para escapar de la quiebra, como ya lo hizo Japón hace poco, siguiendo los pasos de las persistentes políticas monetarias expansivas de Estados Unidos.

Es sabido que los los bancos centrales determinan la oferta y la disponibilidad de dinero, así como las tasas de interés que fijarán los costos de los préstamos. Los bancos centrales —como la Reserva Federal, el BCE y el BoJ utilizan herramientas de política expansivas o contractivas para afectar el suministro de dinero. La Unión Europea debía dar un giro importante apostando también por la políticas expansivas.

Así, las medidas adoptadas por el BCE, entre otros objetivos, persiguen reducir los tipos de interés a la tasa histórica del 0,15%, cobrar a las entidades financieras sus depósitos en Frankfurt, con el propósito de que muevan ese dinero para la concesión de crédito, e inyectar 400.000 millones de € para que las empresas y demás entidades no financieras puedan acceder al crédito con facilidad y, de este modo, se reanime y se ponga en marcha la economía, creando empleo y generando riqueza.

Técnicamente, los bancos europeos están sufriendo un constante riesgo de quiebra. Son instituciones financieras que están terriblemente apalancadas. Así, cuando valoramos un gran banco como el Deutsche Bank, no podemos más constatar que su balance indica que se encuentra 55 veces apalancado. Y así, o peor, se encuentran el resto de los bancos europeos. Lo que coloca al sistema bancario de la UE en una situación fundamentalmente débil y vulnerable.

Los bancos europeos lo saben y prefieren que su deuda cuente con la garantía soberana por parte del BCE. Por ello prefieren poner el dinero en depósito en el Banco Central Europeo con el fin de disminuir el riesgo sistémico. Porque de lo contrario, tendrían que prestarlo a otros bancos, a través del mercado interbancario, y como se saben que muchos de ellos están quebrados prefieren evitarlo.

Con estas medidas, el BCE se saca de la nada 400.000 millones de € y está tratando de hacer que los bancos presten dinero al sector no financiero. Con estas medidas, un banco de la zona euro, podrá pedir dinero prestado al BCE a un 0,25% de interés, durante cuatro años, hasta septiembre de 2018 y prestarlo a las iniciativas empresariales a unos intereses y condiciones de pagos cómodos y razonables.

No tengo ninguna duda de que, a pesar de las críticas, estas medidas podrán funcionar si de verdad este dinero se dirige a la economía real, a las industrias y a los consumidores. Lo importante es el fomento del dinamismo empresarial y la creación de riqueza y empleo. También valoraremos si el resto de las economías digiere estas medidas aunque esto es menos importante pues, al fin y al cabo, todas están tanto o más apalancadas.

Pero tampoco tengo dudas de que mientras no se elimine la corrupción política al servicio del sector financiero, la avaricia de los bancos se hará con la mayoría de estos recursos y éstos no llegarán a la economía real y productiva. La concentración del dinero en manos de unos pocos podría incrementarse hasta límites insoportables.

Lo que supondría un mayor empobrecimiento de las clases medias y, como contestación, el auge de nuevas alternativas sociales y políticas, muchas de ellas extremas y radicales, que ponga fin al deterioro progresivo del Estado del Bienestar y acabe con el liderazgo y la corrupción de los partidos políticos tradicionales. Los basureros de la historia están llenos de tendencias prolongadas y esta Tercera Depresión Económica que sufrimos esta cada vez más cerca de su Big Bang.

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