Informe Oxfam: Vivimos gobernados por líderes cobardes y/o corruptos al servicio de avariciosos lobos financieros

Es una reiterada constatación que, en nuestro mundo, continúa aumentando enormente la brecha de las desigualdades sociales y que los líderes mundiales siguen actuando como si esta situación, tan desagradable como injusta, no fuera con ellos, demostrando así su cobardía y servidumbre ante los avaros oligarcas que se creen que controlan nuestro futuro.

En efecto, durante años, nuestros líderes políticos nos han estado enseñando que saben ser muy fuertes con los débiles pero, sin embargo, con los poderosos, se muestran cada vez más débiles. Es una actitud propia de cobardes. Se creen intocables y abusan pero se olvidan que, en el seno de una democracia, si somos inteligentes y tenemos sentido de la dignidad, podemos cambiar de líderes.

Los de ahora, son líderes mediocres y sin ideas, sin cultura ni visión estratégica y, a veces, hasta sin principios. Líderes y partidos políticos que demuestran actuar al servicio de las clases más ricas, como si les tuvieran miedo o estuvieran en la nómina de estos poderosos grupos financieros.

El fortin de la avaricia

Lo que es grave —y ello no tiene ninguna disculpa— es que, con todo lo que está lloviendo, a los innumerables políticos corruptos les sigamos votando igualmente. Lo que demuestra que el hombre no sólo no es sabio sino que más bien es estúpido, y que, además, eso de decir que estamos hechos a imagen y semejanza del Creador, más bien parece una broma de mal gusto o un insulto a la esencia divina del Señor del Universo.

Sobre todo cuando, el pasado diciembre, durante la celebración del Foro Económico Mundial que anualmente se celebra en Davos, Suiza, la ONG Oxfam Intermon —Confederación internacional de 17 ONGs que trabajan a nivel mundial, con el objetivo de construir un futuro libre de la injusticia de la pobreza— hizo público su informe sobre el aumento de las desigualdades sociales a nivel mundial que están creciendo de manera escandalosa y sabemos de antemano que nadie que tenga poder hará algo para evitarlo.

Tan sólo el titular que ha aparecido en la mayoría de las cabeceras de los distintos medios de comunicación acerca de la noticia, te llega a llenar de indignación y de impotencia: Oxfam: 85 ricos tienen tanto dinero como 3.750 millones de pobres del mundo. El informe acusa a los inversores financieros de haberse aprovechado de la crisis y de impulsar políticas y hacer aprobar leyes que favorecen a los más ricos. En breves palabras, gracias a la corrupción reinante, los ricos de cada país se han hecho con las riendas del poder político.

El coste de la corrupcion

El informe Oxfam va acompañado de datos que plasman con nitidez el aumento de la concentración de la riqueza en unas pocas manos, desde 1980 hasta la actualidad. También analiza la brecha de las desigualdades sociales que siguen aumentando a mayor ritmo, desde del año 2008. En Estados Unidos, por ejemplo, el 1% más rico de la población ha concentrado el 95% del crecimiento económico posterior a los comienzos de la crisis financiera en el año 2007.

En Europa, los ingresos conjuntos de las diez personas más ricas superan el coste total de las medidas de estímulo aplicadas en la Unión Europea, entre 2008 y 2010.

La tibieza en la presión fiscal a los ricos, los recortes sociales o el rescate de la banca con fondos públicos son ejemplos de unas políticas perversas, fruto de la corrupción, que se diseñan y aplican en función de los intereses exclusivos de las capas más ricas. Con la crisis, el trato privilegiado y discriminatorio que recibe el sector financiero se ha hecho tan evidente y descarado que la crispación social en contra de la clase política ha crecido alarmantemente. En muchos países, el tema de la estabilidad y la paz social está empezando a volverse muy preocupante.

Las políticas económicas en curso, impulsadas por los grupos financieros, además de empobrecer al resto de las capas sociales, está destruyendo también las propias bases de la democracia ya que la concentración de la riqueza en manos de unos pocos supone una amenaza para la democracia, pues otorga un gran poder a las clases más ricas para condicionar las decisiones políticas sobre la economía y el reparto de la riqueza.

Según Oxfam, cada vez es más clara e identificable la corrupción que asola a los países del mundo. Esta realidad es la que fielmente constatan las encuentas realizas por Oxfam en muchos países, donde la mayoría de la población cree que las leyes están hechas con el objetivo de favorecer a los ricos.

Entre las políticas diseñadas en los últimos años que favorecen a la minoría de los más ricos, Oxfam destaca la desregulación y opacidad financiera, los paraísos fiscales, la reducción de impuestos a las rentas más altas o los recortes de gasto en servicios e inversiones públicas.

A su vez, el informe constata cómo, en el caso de Europa, debido a las tremendas presiones que los mercados financieros ejercen sobre los diferentes gobiernos y la propia Comisión Europea, se han impulsado drásticas medidas de austeridad que han golpeado a las clases baja y media, mientras los grandes inversores se han aprovechado de los planes de rescate públicos descaradamente.

Todos los países del mundo, en mayor o menor medida, se han visto golpeados por esta lacra social y económica que representa el aumento de las desigualdades sociales. Si en los países desarrollados, la clase más rica es la que ha acaparado la mayor parte del crecimiento económico tras la crisis, en los países emergentes, esta concentración de la riqueza en beneficio de las clases más pudientes también ha crecido enormemente.

El modelo de reparto de la riqueza vigente

Por ejemplo, el informe alude a la superminoritaria élite india —millonarios que en buena parte han forjado sus fortunas en sectores cuyos beneficios dependen del acceso a los servicios públicos básicos— al poder de las élites en Pakistán y su influencia en la manipulación legal, a la desigualdad en África, pese a la abundancia de recursos, o a lo que llama “red mundial de secretos bancarios”, que no es otra cosa que la red financiera que forman los paraísos fiscales.

La situación es grave y cada vez más insostenible. Este aumento de las desigualdades no son solo profundamente injustas y antidemocráticas, sino que también son un factor que impide el desarrollo económico y, con ello, la salida de la Tercera Depresión Económica.

Aunque aplaudo la profesionalidad y valentía del informe, considero una lástima que la organización Oxfam pecara de ingenua al final, en sus conclusiones, y no apostara con dureza por la necesidad de un cambio radical de modelo económico y exigiera un nuevo modelo económico de índole sostenible, a nivel mundial. En sus conclusiones, se limitó a formular propuestas que es cierto que son posibles pero no plausibles dados los altos niveles de corrupción imperante.

Además, iban dirigidas a un foro donde se juntan políticos —que han demostrado durante años que no piensan hacer nada para evitar el expolio que sufrimos por parte de las clases más adineradas— con los financieros más corruptos y avaros del planeta. Todos ellos se debieron partir de la risa, cuando oyeron las propuestas de Oxfam Intercóm.

Pero bueno, Oxfam hizo lo que pudo y propuso medidas que sabemos que nunca las tomarán en cuenta. Le encargaron un trabajo para hacer creer que se hace algo, para luego seguir haciendo más de lo mismo. Y sus recomendaciones son comprensibles aunque considero que no valdrán para nada, pues cayeron en terreno baldío. Lo mismo que cuando se le aconseja a un alcohólico que no beba porque el alcohol le hace daño.

Pero también es cierto que las conclusiones del informe las podemos aprovechar bastante más si las recogemos otros muchos y las difundimos en ámbitos que, hasta el momento, no son tan conscientes con lo que está pasando, ni son autocríticos con ellos mismos como para comprometerse y apoyar una causa tan noble como supone la de luchar por la equidad social de los seres humanos.

Asi pues, en un futuro próximo, aunque el G20 haya iniciado a hacer algo al respecto, estoy muy convencido de que serán paliativos y que no se tomarán medidas correctoras eficaces. Pero también es cierto que la situación socioeconómica se agravará más y más, hasta que la burbuja financiera estalle. Ello ocurrirá cuando los más ricos ya no tengan de donde chupar más riqueza y, debido al inconmensurable apalancamiento financiero sobre el que se sustenta la economía mundial y su efecto dominó, caigan del olimpo del poder y se mezclen entre los pobres.

Dado que no confío en nuestra clase dirigente de ahora, mi recomendación es la de saber esperar —el modelo actual caerá por sí sólo— y estar listos para establecer las bases sólidas que demanda una economía sostenible. Mientras tanto, nuestra estrategia deberá consistir en reforzar la solidaridad y la conciencia democrática de la población, aumentar sus niveles de instrucción y cultura e impulsar aquellas innovaciones tecnológicas y sociales que posibiliten el desarrollo sostenible.

Tenemos que terminar de preparar la alternativa al modelo económico actual para empezar a aplicarlo inmediatamente, tras el crack financiero que se avecina. Pero hemos de hacerlo antes de que resuciten, con fuerza y virulencia y en clave de populismo, los fantasmas de los totalitarismos fascistas o teo-fascistas que ya hemos conocido en épocas pasadas.

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