Es necesario impulsar en los niños un espíritu crítico con todo lo que les enseñamos para poder construir un futuro sostenible

Se acabó la impunidad de tantos falsos estereotipos que todo lo justifican y nos impiden progresar manteniendo estructuras obsoletas. Expresiones como “siempre se ha hecho así” deberían quedar eliminadas del mundo de los adultos porque, además de expresiones que son falsas e interesadas, perjudican la educación de los niños y favorecen que los frenos que impiden los cambios, se instalen en nuestra sociedad como factores paradigmáticos del arte de gobernar.

De este modo, manteniendo un espíritu acrítico, crédulo e ingenuo en el seno de la sociedad, es como los rentistas del sistema evitan que modifiquemos las actuales y obsoletas reglas de juego para que, así, ellos no pierdan sus injustos y abusivos privilegios que tanto frenan los cambios y nos impiden salir de la crisis que desde hace años padecemos.

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Todos los adultos, empezando por los padres y los profesores, deberían impulsar el espíritu crítico entre los niños y prestarse para ser “interrogados” por ellos, acerca de los miles y miles de creencias, teorías, conocimientos, reglas de conducta, principios y escala de valores, refranes, estereotipos y suposiciones que son obsoletas e hipócritas, cuando no, totalmente erróneas y equivocadas. Sobre estos mismos factores es sobre los que se asienta el funcionamiento de un modelo socioeconómico que sólo provoca desigualdades e injusticias económicas y sociales, al igual que muchas penalidades y sufrimientos.

Son un conjunto de factores sobre los que se sustentan el gobierno de nuestras vidas, pero que debemos sustituir por otros más acordes como el nuevo paradigma emergente basado en la sostenibilidad. La palanca de cambio consiste en dotar a los niños de hoy de un fuerte sentido crítico, enseñádoles a cuestionar verdades y axiomas que sabemos que no funcionan. Tal es el caso de la teoría económica, donde casi todo empieza por un repetido “supongamos” que nunca se da porque el sector financiero controla un mercado que está ya trucado de antemano.

Impulsando un fuerte espíritu crítico en las nuevas generaciones, es como podremos lograr que sean ellas las que se capaciten y preparen para modificar las actuales reglas de juego, e introduzcan miles innovaciones en un futuro. Gracias a estas innovaciones es como podremos conseguir que la humanidad continué avanzando y progresando hacia un mundo sostenible, introduciendo para ello las innovaciones tecnológicas, sociales y económicas que fueran necesarias.

Son cambios que es urgente introducir cuanto antes porque el actual modelo socioeconómico ya no funciona. Es un modelo que ya no puede mantener el Estado del Bienestar, que ni tan siquiera puede evitar la enorme y progresiva concentración del capital en manos del sector financiero y que no impide que la economía mundial se haya convertido en una creciente y especulativa burbuja que, tarde o temprano, estallará.

La única salida que tenemos es anticiparnos y crear las bases de un nuevo modelo, mediante la introducción de cambios e innovaciones de toda índole: científica, tecnológica, política, social, económica, cultural, sanitaria, insfrastestructural, educativa, etc. La tarea es enorme y exige que las nuevas generaciones se hagan con las riendas y el sentido de los cambios a introducir. Nuestro trabajo más importante es conseguir que ellas sean innovadoras y que los cambios los hagan bien.

Paralelamente, y desde un enfoque netamente científico, el Premio Nobel 2011 de Química, el israelí Dan Shechtman, aconseja a los padres educar a sus hijos dotándoles de un espíritu crítico con todo aquello que aprenden o que les llama su atención. Es como si apostáramos por el renacer del método científico de la duda permanente y que este método se implantara desde la más tierna edad de los seres humanos. La revolución de la multimedia lo permite. Actualmente, Dan Shechtman desarrolla un programa televisivo en Israel para enseñar ciencia a los niños de cinco años de edad.

Shechtman, descubridor de la fase icosaédrica en 1982 y que, en 2011, fue galardonado con el Premio Nobel por el descubrimiento de los cuasicristales, opina que un buen científico debe ser “humilde” e implicarse en que los niños estén interesados por el mundo de las ciencias.

Los israelíes preguntan mucho porque, en su cultura, no creen que todo lo que les dicen sea correcto y, mucho menos, que sirva para siempre. Por ello, simpatizan con la idea de promover en sus niños el hecho de que los pequeños, desde la infancia, sean críticos con lo que les dicen y enseñan. Los niños deben aprender a buscar respuestas en todas partes y buscarlas no sólo en los padres y en los maestros. También deben buscarlas en la televisión, en internet, en enciclopedias o contrastando opiniones con otros adultos o con niños mayores que él.

Es así como se satisface el primer deseo de aprendizaje sobre todo aquello que esté relacionado con el saber y el conocimiento. Lo hacemos mediante la habilidad que los seres humanos tenemos de ser curiosos y de querer aprender. Desgraciadamente, esta habilidad es algo que nos la castran desde niños, dentro de un modelo escolar y de educación que no permite apenas cuestionarse nada.

Necesitamos niños que sean capaces de cuestionar estereotipos que creemos verdaderos pero que no sabemos de donde vienen, de hacer preguntas sobre todo aquello que les llama la atención para así saciar la excitante e innata curiosidad y deseo de aprender que los niños tienen, en su deseo de entender, ya desde sus primeros años, el mundo que gira alrededor de cada uno de ellos.

Dan Shechtman considera que si se quiere inculcar en la gente motivación para estudiar ciencias, hay que empezar a hacerlo desde las etapas de edad más tempranas y lo dice en un país que es líder en innovación tecnológica y científica —la “Nación de las Start Up”— y donde él mismo está desarrollando un proyecto televisivo para enseñar ciencias a niños de cinco años de edad.

Comenzará a emitirse en el 2014, desde el canal 23, que es el canal educativo de la televisión en Israel. Por el momento, el objetivo es el de producir treinta vídeos, de unos quince minutos de duración cada uno de ellos, que versarán sobre física, ciencias naturales y biología, e irán dirigidos a niños de cinco años y más, a profesores y a padres de familia.

El programa televisivo se repetirá muchas veces durante el día, para que los niños lo puedan ver con sus padres y con los profesores y, de este modo comentarlos y expandir su conocimiento.

Se tocarán temas relacionados con las ciencias de verdad. Temas científicos que serán explicados en un lenguaje sencillo pero real y, además, se creará una página de internet en la que estudiantes y profesores de ciencias podrán solventar distintas preguntas y, a su vez, podrán recibir comentarios y sugerencias. Los países que progresan son, precisamente, aquellos que preparan su futuro con antelación y, además, son conscientes de que los niños y el desarrollo científico y tecnológico forman parte obligada de ese futuro que tanto les gustaría construir. El futuro no se prevé, se prepara.

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