Prospectiva sobre el Alzheimer (XVII)

Para adaptarnos sin traumas, y a tiempo, al nuevo paradigma emergente del Alzheimer y donde de verdad se hiciera frente al azote de esta enfermedad, haría falta dotarnos de una estrategia rupturista y anticipativa y dejar de vivir en el corto plazo, como acostumbramos.

Alzheimer and the future

En el estado actual de agotamiento del modelo socioeconómico, sin poner en valor todo el modelo socio-sanitario que conocemos, no podemos aspirar a hacer frente con dignidad a aquellas enfermedades que tienen un impacto social tan importante como el Alzheimer.

Por ello, necesitamos reinventar nuestro propio Sistema de Salud, eliminando estructuras rígidas, privilegios y derechos adquiridos que impiden mejorar los niveles de eficacia y eficiencia de sus prestaciones y cobertura.

Sería una tarea que se deberá insertar dentro de lo que se conoce como el arte de la política —aquella maestría que se ocupa de preparar bien un futuro posible, realizable y deseado y que utiliza los esfuerzos y recursos del presente para poder construirlo.

Naturalmente, esta tarea conllevaría la necesidad urgente de discernir entre lo que son gastos de inversión en futuro de lo que son gastos de consumo y funcionamiento. Distinguir algo tan simple como entre el grano que va a la siembra del grano que va al molino. Sería una tarea que, en sí, no es difícil pero que, sin embargo, exige cambiar el actual orden de prioridades en la política.

Recuperaríamos así, el sentido de lo importante frente a la tiranía de lo urgente y la apropiación inmoral que los funcionarios han hecho del modelo socio-sanitario, que impiden introducir cualquier tipo de innovación que modifique la estructura socio-profesional del servicio, aún a pesar de los grandes beneficios que los cambios representen para los enfermos y sus familiares.

El futuro no se prevé sino que hay que prepararlo. Nuestros esfuerzos y estrategias deberían caminar en base a la consecución del escenario apuesta que con respecto al Alzheimer y su impactos potenciales hayamos elegido. Pero para ello, necesitamos realizar, cuanto antes, la transición al nuevo modelo socio-sanitario.

Este esfuerzo nos permitirá asumir otra concepción distinta de la sociedad del futuro y de sus prioridades con respecto a la salud, a la prosperidad, al bienestar y a la calidad de vida. Serán conceptos diferentes pero más adecuados a los retos que el amplio despliegue de la enfermedad de Alzheimer nos obligará a encarar sin remedio.

Estoy convencido de que si somos generosos con los gastos y prioridades que implica hacer frente a este reto, ello también permitirá dotarnos de una concepción del futuro más acorde con la dignidad y equidad de los seres humanos, la solidaridad inter-generacional, la justicia social y la propia sostenibilidad del Planeta.

Será un futuro que implicará grandes cambios y eliminación de privilegios obsoletos. En este reto, tanto las innovaciones sociales como los avances científico-tecnológicos tendrán mucho que decir, al igual que las nuevas formas de organización y funcionamiento de los Sistemas de Salud, pero lo que más importará será el hecho ganar la batalla de la dignidad humana.

Por ello, es bueno preguntarnos ahora —antes de que sea demasiado tarde— cómo queremos ser recordados por nuestros hijos y nietos. Obviamente, la respuesta dependerá de cómo nos comportemos con nuestros mayores cuando ellos más nos necesiten.

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