Prospectiva sobre el Alzheimer (XVI)

Toda prospectiva seria y rigurosa que se haga sobre la enfermedad de Alzheimer, si queremos que sea útil, requiere hacerse las buenas preguntas. Nunca daremos con las soluciones correctas si previamente no somos capaces de hacernos las buenas preguntas. Por ello, resulta también pertinente hacernos la siguiente pregunta: ¿Sería posible hacer frente al gran reto que nos presenta el progresivo envejecimiento de la población, asociado al creciente número de casos de Alzheimer entre las personas mayores, sin contar con un amplia red de voluntariado social para el apoyo a las familias e instituciones de acogida y cuidados a los enfermos?.

alzheimers-volunteer

Por otra parte, ¿Dado que nuestros recursos son limitados, sería posible atender adecuada y dignamente a los enfermos de Alzheimer sin optimizar drásticamente —mediante la implantación de modelos sanitarios de mayor eficacia y eficiencia— el funcionamiento actual de los Sistemas de Salud, eliminando los considerables gastos evitables, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología y a los eficientes modelos de organización y de funcionamiento?.

Estas reflexiones son, en gran medida, acertadas y un buen punto de partida para hacernos las buenas preguntas —condición ’sine qua non‘ para dar con sus respectivas respuestas. La puesta en marcha de dichas respuestas serán las acciones que más tarde que nos permitirán solucionar los graves problemas actuales y potenciales, de modo eficaz y eficiente y con visión de futuro.

En nuestro caso, y dependiendo de las respuestas que demos a las preguntas anteriormente formuladas sería necesario elaborar un plan B, basado, sobre todo, en la iniciativa y el dinamismo ciudadano para luchar contra este enfermedad o, en su caso, facilitarle al enfermo de Alzheimer y a sus cuidadores la dignidad que merecen.

Sin embargo, para ser más exactos, habría que añadir que éstas preguntas no son nada novedosas. Desde hace bastante tiempo muchos nos las llevamos haciendo pero nunca hemos encontrado respuesta porque nuestros dirigentes viven en el cortoplacismo, tan miope como estéril. Sólo atienden lo que es urgente.

Todos los problemas de futuro, incluso los de salud, se dejan para un mañana que nunca llega y sólo cuando estamos al borde del abismo es cuando comienzan a reaccionar, para después llegar tarde y mal —cuando no de manera traumática— a la solución de los problemas.

En nuestro caso, también nos puede ocurrir que no sepamos o no queramos ofrecer, a tiempo, una respuesta correcta y ajustada de adaptación al nuevo paradigma socio-sanitario que configura la expansión y crecimiento del número de enfermos de Alzheimer y que, poco a poco, debería irse implantando en nuestra sociedad y a escala planetaria. (Continuará)

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